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La conciencia no tiene fronteras

 

Julián PERAGÓN
Director de
Conciencia sin Fronteras.
Antropólogo.
Formador de
Profesores de Yoga.



Arantza Corrales
Periodista. Colaboradora de la revista. Profesora de técnicas corporales.
Ver Blog: Todo es lo mismo.

 


Los primeros boletines que hicimos, no hace tanto, los hicimos con máquina de escribir, recortando dibujitos, pegándolo todo en una cartulina e impreso por fotocopia. Lo que se dice una delicia. Ahora tenemos más medios pero la labor sigue siendo igual de ardua. Lanzar un fax velozmente al otro lado del océano y cruzar los dedos; insistir tenazmente para conseguir una entrevista; aplicarse con las correcciones de textos y los malditos diptongos que se acentúan; buscar aquel archivo que nadie sabe qué nombre se le puso, y por supuesto, lanzar algún improperio cuando el ordenador se empeña en quedarse en sus trece enviando mensajes como error tipo 3, rutina de bajo nivel sin implementar o quedarse más colgado que un jamón sin mediar mensaje alguno. Al final las decisiones de última hora, la imagen que nos falta, aquel articulito que no llegaba, la editorial todavía por hacer, horas nocturnas en busca del gazapo y vuelta a cruzar los dedos para que ningún duende indeseado haga magia con las fuentes, las imágenes y las páginas que por fin quedaron ordenadas, para que el maremagnum de la red no trastoque una cosa por otra y para que no añadamos más confusión a la ya existente.

Sin embargo hemos dado un paso hacia delante. Gracias a la tecnología nuestra voz tiene más amplitud, puede ser oída. A pesar del empacho al que estamos todos sometidos delante de unos prepotentes medios de comunicación copados por unos pocos que escriben, hablan o actúan, prolongando una cierta censura, sutil, a veces caprichosa, bien enmascarada. Nuestra tímida reivindicación es la crear espacios más humanos donde todo aquel que tiene algo que decir pueda decirlo. Una tertulia, unas jornadas, pequeños encuentros, esta misma revista digital son espacios que se oponen a la uniformidad de lo público, que se abre en varias direcciones más allá de la unidireccionalidad de los medios, en definitiva que posibilita el diálogo. Valorar la investigación por encima del prestigio, la honestidad por encima de la fama, el fondo por encima de la forma, lo cercano por encima de lo milagroso.

Hablemos del fondo, del contenido. En estos momentos, el giro que estamos haciendo hacia un nuevo paradigma es evidente. Lo que se ha llamado la Era de Acuario está creciendo a trompicones. La irrupción de lo psicológico, lo espiritual y lo ecológico en un planeta que está perdiendo sus fronteras más visibles es una realidad. Sin embargo, con la excusa de lo nuevo se están llevando a cabo las mismas miserias de lo viejo. La Nueva Era está siendo rentable y bajo las etiquetas del nuevo despertar de la humanidad se esconden, harto sabido, deseos inconfesables, bien mundanos. Por eso creemos en una labor crítica y siempre pedagógica. Reinterpretar una vez más lo que entendemos por espiritualidad para dejar sin argumentos al pseudogurú; redefinir los conceptos de salud y enfermedad para destapar los miles de remedios milagrosos; insistir en la madurez psicológica para distinguir lo terapéutico de la charlatanería.

No estamos ya en la época en la que ideológicamente oponíamos lo marginal liberador a lo oficial represivo, una medicina holística a la otra que producía yatrogenia, una psicología comprensiva a una conductista que experimentaba con ratas, o una psiquiatría que anestesiaba a enfermos enajenados. Es momento de perder la inocencia y de aplicar la misma y severa crítica a lado y lado de esta ilusoria oposición. Hay que despertar de una mentalidad limitada y jerárquica que ha impuesto su orden en el pasado, pero también hay que avanzar prudentemente hacia cualquier cambio sin olvidar una realidad global y cotejando verdaderamente los resultados, preguntarse siempre por qué y hacia dónde.

En EEUU es fácil contabilizar más de 250 terapias anunciadas en las revistas especializadas. Nosotros también vamos por el mismo camino. Doscientas terapias compitiendo por los efectos más milagrosos y cada una oponiéndose al resto, creando corazas, males, estrategias, lenguajes nuevos. Bastaría mirar de frente, con simplicidad y con claridad para verlas reducidas a no más de los dedos de una mano, pues, a menudo, son los miedos y la incertidumbre, la confusión y la inseguridad las que crean congojas y sufrimientos que merecen atención. En este sentido es importante poner orden, organizar el caos, comprender los diferentes niveles de la persona y saber qué herramientas tenemos a nuestro alcance. No está de más clarificar que los ungüentos no llegan donde llegan las intervenciones quirúrgicas y que ambos son importantes, que las pastillas no sustituyen las relaciones amorosas, que ningún maestro tiene todas las respuestas, que ningún extraterrestre va a salvar la tierra, pero también es necesario decir que ningún terapeuta se forma en quince días intensivos, ni la espiritualidad se esconde en técnicas complicadas de meditación, y que de poco sirve hacer un sesshin de zen queriendo matar al ego ilusorio cuando todavía somos angelitos con dificultades en la realidad más mundana.

Es momento de crecer, es momento de ampliar la consciencia y mirarnos sin complejos en el espejo de nuestras realidades. Momento de rescatar lo esencial una vez que todos los escondrijos son sospechosos y que cualquier guarida ya no nos protege de la duda. Crecer en el sentido de no trasladar nuestra dificultad o irresponsabilidad de un médico de bata blanca a otro de hierbas secas, o de pasar del confesionario al diván sin mediar una voluntad de ser autónomo, de apoyarse en los propios recursos, de rastrear la libertad que tenemos en nuestra mano.

De momento, no nos olvidemos que vivimos en un mundo, que tenemos una mente que capta ese mundo, que se comunica con otros y que quiere ajustarse y aprovechar esa misma realidad. Tampoco nos olvidemos que hay algo que percibimos como más esencial en nosotros y que lo sentimos en todo lo que nos rodea. Es precisamente la integración de estos tres elementos lo que nosotros entendemos como claves en esta nueva sociedad que estamos haciendo. Cuerpo, mente y espíritu como expresiones indisociables de una misma vida. Integración, diálogo, comprensión, síntesis son los hermanos de ese Sin Fronteras que anunciamos. Sabemos que es un momento adecuado para escuchar lo que dice el antropólogo, el psicólogo y el teólogo, y así el economista, el biólogo, el físico, sin olvidar al poeta, al místico y al artista, voces todas ellas de la multiplicidad de lo Mismo. Pues no es sólo la interdisciplinariedad entre ciencias, es sobre todo, la interconexión de todas nuestras partes que demasiado a menudo se expresan como escindidas, mudas o reprimidas.

En esta nueva singladura, deseamos aprender a trabajar juntos, a saber derivar pero también a encajar lo que a cada uno nos toca. Creo que estamos llegando a una nueva etapa, a un punto donde compartir más allá de la autocomplacencia del individuo aislado en su bienestar. Es preciso no olvidar los espacios de acción y de encuentro que son poderosas fuerzas arquetípicas amordazadas por estos tiempos. Y esto, claro está, nos lleva de lleno a la utopía que si bien, en su esencia, se refiere a lo que es imposible realizar, no por ello deja de ser un motor de vida con muchos caballos de vapor.

Durante estos años nuestro enfoque se ha desarrollado fundamentalmente en tres temas: la salud enfocada desde una óptica holística, el crecimiento personal a través de las terapias corporales, psico-corporales y otras, y la espiritualidad entendida como un anhelo de trascendencia de todo ser humano. Hemos creído necesario una revista que trate los temas de espiritualidad, psicología transpersonal, salud y ecología de una manera seria y no de una forma divulgativa y banal a la que estamos acostumbrados en las actuales publicaciones. Somos muchos los que necesitamos una publicación de calidad que no esté a expensas de la publicidad y de la sociedad de consumo.

Hemos conseguido evitar el mercadillo Nueva Era y la divulgación barata de temas profundos, hemos mantenido una calidad en los temas expuestos sin publicidad. Atendiendo al despliegue extraordinario que tiene internet como medio de comunicación, hemos decidido implantar la revista en el medio electrónico. La revista impresa tiene la cercanía y la calidez de la lectura que todos conocemos, pero su impresión es costosa, limitada en páginas y de difíicl distribución, sobre todo cuando hay un espíritu de que sea gratuita.

www.concienciasinfronteras.com es una buena plataforma para consultar todos los números anteriores, para poder ver una relación de centros o autores que colaboran y sus artículos, para vincular estos artículos con las páginas webs de cada colaborador, y para añadir temas de salud y crecimiento, informaciones de todo tipo y conexiones con otras entidades afines.

Hay que decir que nuestra plataforma no tiene orientación política, religiosa o económica específica. Tampoco se hace responsable de las opiniones de los autores que escriben en sus páginas.


Afectuosamente,
Julián Peragón 
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