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Según un importante diario
español, un 57% de los españoles está a favor de
la “intervención exterior” (bonito eufemismo para un
bombardeo) en Kosovo. Un 13% no sabe/no contesta. Se dice que “el
que calla otorga”
Invito a ese 70% de la población española a leer el artículo
de Robert Fisk “Esperando a que Jamie nos diga la verdad”
(El País, domingo 18 de abril de 1999).
Jamie es el portavoz de la Alianza Atlántica, el cual ¡qué
curioso! parece quedarse mudo a la hora de explicar los “errores”
de sus pilotos. Otro bonito eufemismo para hablar de la masacre de centenares
de seres humanos a los cuales, según dicen, se está salvando.
Reproduzco sólo unas lineas de ese artículo: “…el
anciano desgarrado por la mitad y estrellado contra un árbol en
Gradis; el esqueleto humeante con un pie todavía sanguinolento
y con restos de carne adherida, encima de un remolque en Terezicki Most;
el hombre muerto y desnudo, caído sobre el volante de un tractor
quemado…”
Invito a ese 70% de españoles a que hagan un simple ejercicio de
visualización: Siéntense en su butaca, relajen el cuerpo
y dejen que su respiración se haga lenta y profunda. Cuando se
sientan confortables y en calma, visualicen ante sí el anciano
desgarrado, el esqueleto humeante, el cuerpo exánime. No retiren
de su mente esa imagen, manténganla por un instante ante sí
mientras se repiten “yo estoy de acuerdo con esto”.
No me cabe la menor duda de que este 57% de población tan humanitaria
ha mantenido durante su vida un intenso compromiso en la lucha por la
libertad y los derechos humanos. Seguro que todos son miembros de alguna
de las organizaciones que luchan denodadamente por la justicia, la paz
y el desarme, la protección de los pueblos indígenas, los
inmigrantes, la igualdad de razas y géneros… Seguro que en
su momento, integrantes de este nutrido grupo de población manifestó
su apoyo a la lucha contra las masacres en Guinea, Ruanda, Afganistan…
El exterminio de los indígenas en Guatemala, Brasil, México…
El genocidio en Chile, Argentina… y en nuestra pequeña masacre
particular durante la dictadura de Franco.
Estoy segura de que esta población tan bien intencionada no ha
podido encontrar un adalid mejor para tan elevada “campaña
humanitaria” que la de un país que ha promovido todo tipo
de dictaduras y golpes de estado regados de sangre. Un país que,
mira qué casualidad, es la primera potencia mundial en industrias
de armamento. Y un jefe de estado de ese país que no ha dudado
en organizar un bombardeo a un pueblo ya anteriormente devastado por ellos
para desviar la atención de sus líos de faldas.
Por cierto que esto de ir tirando bombas por ahí, ya se está
convirtiendo en una costumbre.
La otra parte de la historia, la compone el silencio, el estruendoso silencio
de ese otro 30% de los españoles que no estamos de acuerdo ni con
los genocidios explícitos de unos ni con los encubiertos de los
“salvadores del mundo”. Quizás nos hemos tragado eso
que el sistema tiene tanto interés en hacernos tragar: que no podemos
hacer nada.
Invito a quien aún se sienta vivo y dueño de su parcela
vital a ejercer esa vida allá donde tenga acceso: Cartas en los
diarios; “buzonadas” en la propia finca; banderas en balones
y ventanas negras de luto o blancas por la paz y el desarme, carteles
denunciando el genocidio de las dos partes y la violenta demostración
de los “salvadores” de que son los amos del mundo…
Sería hermoso ver convertido ese silencio en 12 millones de voces.
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