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"Ka ora! Ka ora!"
(¡Vivo! ¡Vivo!)
haka maorí
I
Paul McCartney afirmaba que la melodía de "Yesterday"
se le había ocurrido mientras dormía. Pensé que presumía.
Pero cuando dijo que el título que le rondaba por la cabeza era
"Scrambled eggs" (huevos revueltos) la historia me pareció
más creíble.
Años más tarde conocí a un pianista de Liechstenstein.
Me contaba que a pesar de (o precisamente por, añado) las muchas
horas que tocaba al día, los temas más redondos surgían
como si alguien se los dictara… Como este hombre tenía una
vena esotérica de mucho cuidado, no le concedí mayor importancia.
Pero es que ahora son las cuatro de la mañana ("¡Ka
ora!") y os juro por la memoria de mi padre que me he tenido que
levantar de la cama para escribir estas líneas al dictado.
Esta madrugada mi neurona O'Nírica (debe de ser irlandesa), que
es medio médium, se ha puesto a dar la vara al resto de neuronas:
“¡Tengo un mensaje, tengo un mensaje!”. Le han tirado
un cubo de linfa ("¡Que te calles!") y han avisado a la
patrulla de glóbulos blancos, pero ha conseguido despertar a todo
el sistema neurovegetativo.
(Y aquí estamos mi neurona O’Nírica y yo escribiendo
de corrido:)
II
Mi padre tenía problemas auditivos. (Yo los tengo con Mayor Oreja
y por eso le hago oídos sordos. Me viene de familia.) Le gustaba
jugar con los malentendidos que abonaba su sordera. Si oía "estuvimos
en Calcuta", él decía "¿que estuvisteis
con quién…?".
Un día, aparentando seriedad, me interpeló con estas palabras:
"¡NO ES LO MISMO NOVEDADES, TEJIDOS Y CAMISERÍA que
NO VES NADA, TE JODES Y A COMISARÍA!".
Se me quedó mirando como un bonzo después de vacilar a su
discípulo con un koan y a mí me dio un ataque de risa, reacción
que se repetía cada vez que él volvía a citar la
frase, como si lo hiciera para provocarme ("Ahora ya lo sabes: ¡NO
ES LO MISMO NOVEDADES…!", y yo, ¡hala!, a troncharme
de risa). En los primeros momentos mi padre hacía como si no entendiera
mi actitud. Intentaba mantenerse serio, como si le sorprendiera el efecto
que me causaban sus palabras, pero se le escapaban las carcajadas. Era
como un conjuro hilarante… y cómplice.
Aquel primer y fulminante ataque de risa es uno de mis mejores recuerdos
y, sin duda, ILUMINÓ mi vida.
III
"En efecto, estaba yo merendando en el hipocampo –recuerda
Moisés, mi neurona profeta-, cuando de repente se me apareció
una mitocondria en llamas, y oí una Voz que clamaba: `¡NO
ES LO MISMO NOVEDADES…!'. Tuve un subidón de adrenalina que
aún me tiemblan las dendritas al recordarlo. Hubo un resplandor
de neurotransmisores y sonaron las trompas de Eustaquio. Todas las demás
neuronas se echaron a temblar. Cuando desperté del trance, había
junto a mí unas Tabletas de color amarillo fluorescente con unas
curiosas inscripciones. ¡Transcríbelas, Necha, que para eso
te he despertado!"
(-Voy p’allá –respondo. Y transcribo:)
“1) No tendrás otro Bios que la Vida.
2) No te inclinarás ante los ídolos mediáticos, políticos
o clericales, ni les servirás.
3) Usarás mi Nombre con generosidad y alegría.
4) Santificarás las fiestas de la mejor manera que tus santas hormonas
te den a entender.
5) Te lo pasarás de puta madre siempre que puedas.
6) No matarás a nadie de risa (puedes hacer que se partan, se desternillen
o se descojonen vivos, que se caigan o que se congestionen y les den convulsiones,
pero matarlos, de ninguna manera). Muchas mentes enfermas te dirán
que el sexto punto prohíbe otras cosas, pero no les hagas caso:
han hecho una versión gilipollas de la Ley.
7) No te olvides de mis palabras cuando seas adulto. O sea: cuando crezcas,
no te adulteres. ESO sí que sería un adulterio.
8) No robarás chistes a nadie, y si los tomaras prestados, agradécelo
públicamente a sus creadores.
9) Si tienes envidias, échales salsa de roquefort y cómetelas
(envidias al roquefort… humm; me encantan los chistes fáciles).
10) Te reirás del prójimo como de ti mismo.
“YA VES."
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