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La
Homeopatía nació de un árbol y de un hombre insatisfecho
con la medicina que se practicaba en su tiempo. El hombre se llamaba Samuel
Hahnemann, el árbol era del Perú y de él se extraía
la quinina (sustancia purificada a partir de la corteza), y que se utilizaba
para el tratamiento de la malaria a causa de sus propiedades febrífugas
y astringentes. Existen indicios, de que esta sustancia era ya utilizada
por los pueblos indígenas desde finales del siglo XIV.
La quinina se introdujo en Europa a mediados del s. XVII, siendo usada
con éxito para el tratamiento de la malaria. Actualmente, la medicina
convencional utiliza un producto sintetizado a partir de la quinina para
el tratamiento de dicha enfermedad.
Corría el año 1790, S. Hahnemann trabajaba como traductor
pues había renunciado a practicar la medicina. Traduciendo un libro
del prestigioso médico escocés W. Cullen, entró en
polémica con el autor respecto a la acción y propiedades
de la china o quinina.
Entonces, llevado por su extraordinaria intuición, decidió
experimentar en sí mismo dicha sustancia y aquí empezó
la gran aventura de este científico que culminó con la creación
y sistematización de un nuevo método terapéutico
apoyado en la Ley de Semejanza.
Al experimentar sobre sí mismo y sobre otras personas que colaboraban
con él, muchas de ellas médicos, se dió cuenta que
al tomar la quinina, aparecían en los experimentadores/as unas
fiebres y otros síntomas muy parecidos a la malaria. Fue entonces,
que intuyó que la Relación Terapéutica que seguramente
debiera existir entre el enfermo/a y el medicamento, debiera ser la Ley
de Similitud.
Llevado por este hallazgo, empezó a investigar y experimentar con
otras sustancias y siempre con resultados idénticos. Cada sustancia,
reproducía de forma sorprendente, alteraciones en el estado de
salud -podemos llamarlas enfermedades artificiales- parecidas a las enfermedades
naturales.
Así nació la Homeopatía, de un árbol... que
dió extensos y fructíferos frutos hasta nuestros días,
ya que disponemos de unos dos mil medicamentos y miles de médicos
homeópatas esparcidos por todo el mundo.
Todos los medicamentos son obtenidos a partir de los tres reinos de la
naturaleza: animal, vegetal y mineral. Los procedimientos requeridos para
su presentación como medicamentos homeopáticos son específicos
de la farmacopea homeopática.
En cada planta, animal o mineral está escondida la vida, está
dormido el poder medicinal, que se despierta y despliega a través
de la transformación que sufren las sustancias convertidas en medicamentos.
Los medicamentos homeopáticos, no tienen capacidad de producir
efectos tóxicos para el organismo y su función está
orientada a activar los mecanismos necesarios que cada ser vivo poseee
para volver a un estado de mayor equilibrio y óptima salud, de
acuerdo a las posibilidades y límites de cada persona. Y en cada
persona, en cada paciente late la vida, circula la energía vital
que con su fluir constante crea, armoniza, construye y mantiene la vida
del ser humano, en estado de salud y también en el de enfermedad.
Y ahora sí, podemos decir que de ese encuentro con el/la otro/a,
con el similar, el /la paciente se encuentra con algo que reconoce, que
vibra de forma parecida y que es capaz de recordar a su fuerza vital,
el camino que le lleve a un nuevo y mejor equilibrio.
El medicamento ha sido transformado para ese encuentro a dosis infinitesimales,
a través de progresivas diluciones y dinamizaciones (sucusiones),
convirtiéndolo en un estímulo dinámico/ energético.
Así podemos decir, que la vida circula por ambos: en el paciente
y en el medicamento, por lugares invisibles al ojo humano y sólo
comprobable y perceptible por las manifestaciones y fenómenos observados.
Desde la Homeopatía, la enfermedad es la manifestación de
un desequilibrio en el libre y armónico fluir de la energía
vital y se muestra en forma de síntomas y signos, que agrupados
entre sí dan nombre a las diferentes y numerosas enfermedades descritas
por la medicina convencional.
Para el médico homeópata, la recogida de datos efectuados
a través de la historia clínica, es fundamental para realizar
un diagnóstico individual de acuerdo a cómo cada persona
sufre, piensa y siente cuando está enferma.
El medicamento homeopático más parecido o semejante a la
forma de enfermar de un/a paciente determinado/a es el que se elige para
iniciar el tratamiento.
Pero el semejante es también el/la otro/a, y la vida transcurre,
circula entre ese espacio, porque la vida es movimiento, intercambio,
relación, comunicación y transformación.
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