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Carta
abierta a mis coleguitas... de buen rollo.
Buenas noches, coleguita. Este texto pretende herir tu querida sensibilidad.
Que lo disfrutes.
Vamos a empezar por el principio, sin rodeos: Somos asesinos. Nonatos,
pero asesinos. Asesinos legales, nuestros asesinatos son legítimos.
Y además limpios. No matamos nosotros. No matamos nosotros, directamente.
Matan por nosotros. Tenemos un maravilloso invento que nos lo permite.
La democracia, el gobierno de la mediocridad. Es fantástico. Con
este procedimiento manda el mejor postor, el más interesado, el
que mejor vende. No nos tenemos que preocupar, porque con este sistema
todo irá siempre bien.
Tenemos los medios de información para facilitar la desinformación
y dar una apariencia de justicia a las masacres. Se puede matar, matar
y matar con total impunidad. Se puede morir, quitar la vida, destruir,
acabar con pueblos enteros, destrozar... pues porque nos interesa la madera,
o el petróleo, o parecer amigos de alguien, o entretener, en un
alarde malabar, la mirada del público en un punto y hacer algún
desfalco en otro lado, o sencillamente practicar y usar armas, que para
eso están.
Claro que sin usar palabras tan fuertes. Somos finos y delicados y no
podemos escucharlas sin rubor. Es más elegante hablar de conflictos
de baja intensidad, limpiezas étnicas, daños colaterales
o trágicos errores. Impone más y le da seriedad a la cosa.
Somos asesinos y esto es una farsa, queridos. Pero hay que hacer un poco
la vista gorda. No podemos ir matando descaradamente. No sería
un arte. Hay que encontrar razones y argumentos, darle un sentido a las
matanzas. También tenemos nuestro corazoncito y no podemos hacerlo
de cualquier manera, ha de ser justificado, ha de haber un malo. Si no,
no tiene gracia. Asesinos sí, señora, pero educados. Cómo
le vamos a enseñar a nuestros hijos, si no es con un poquito de
hipocresía...?
Por otra parte estamos en un momento especialmente cobarde lleno de rajados
y maniáticos puretas que protestan y se rasgan las vestiduras.
Necesitamos más que nunca lavarnos las manos con tranquilidad,
mientras escuchamos los cuarenta principales y seguimos, eso sí,
con preocupación, los avatares del Barça, cómo está
el tobillito de Guardiola, pobre, o la rodilla del gemelo holandés.
Y mira que hay algunos que no se enteran de que así es el sistema,
y nosotros con él. No es preciso insistir, a estas alturas, en
que nosotros somos el sistema. Son ganas de joder con la pelota! Pues
claro que todos participamos de un solo corazón, del ser humano,
de la vida. Y claro que la vida de este ser es lo que hacemos con ella.
Qué se creen, que no lo sabemos? Por eso precisamente este odio
frío y limpio nos sienta tan bien. Porque todos sabemos que esperamos
en el pasillo de la muerte por el traje de madera.
Sabemos que estamos solos y abandonados en este planetita tonto. Y es
condición de nuestra estupidez que la evolución de la inteligencia
no vaya pareja a la comprensión de la existencia y del valor de
la vida. Y mucho menos al desarrollo de la conciencia. Y esto es jodido.
Y lo sabemos. Pero algunos no se enteran todavía de qué
va la copla.
La vida no vale nada. Cuando nos paramos y sentimos y dejamos de entretenernos,
no sabemos qué hacer, ni cual es el sentido de nada. Nacemos y
nadie nos pide permiso, morimos y tampoco. A veces nos despistamos y amamos
a alguien, craso error. Sabemos que más tarde o más temprano
nos tendremos que despedir. Y nos dolerá. Cada vez que amamos,
sabemos que la cagamos y tenemos que olvidar. Sólo podemos amar
si olvidamos. Ahí debajo tenemos que callar las amenazas del dolor
que vendrá. Sólo podemos entregarnos por partes. Además,
entregar qué? si sabemos que somos una mierda. Cada vez que ganamos
algo, a no ser que aumentemos nuestra inconsciencia, tenemos negado el
disfrutarlo, porque sabemos que nos lo pueden quitar, o se puede estropear,
o se acabará. Sólo podemos disfrutar si olvidamos. Cómo
no vamos a sentir odio y rabia? Pues algunos no se enteran de lo que cuesta
mantener este olvido.
Gracias a dios tenemos la ignorancia. La ignorancia, de la que participamos
todos, y que cuidamos con tanto mimo, nos salva. En nuestras casas estamos
seguros, en nuestras ciudades, en nuestra cultura, en este paraíso
virtual televisivo, en el que presenciamos lo mal que está un mundo
que nos ha de ser ajeno completamente. Vivimos a través del cine,
la tele y el periódico y ahora nos comunicamos por internet y los
móviles. Entre película y película, podemos confundir,
gracias a dios, qué es película y qué es realidad.
Así ha de ser. Tenemos que endurecer nuestras almas. Masacres de
indecible crueldad, éxodos masivos de naciones enteras, niños
agonizantes, mujeres rotas, hombres perdidos atravesados de odio y pánico...
pues, como nosotros. Es necesario que sea así. Ya bastante nos
afecta la muerte de un ser querido, como para que nos importe la muerte
de alguien que no conocemos.
Gila dio un ejemplo el otro día muy bonito. En ese maravilloso
programa de risas y estrellas, que ayuda tanto a soñar, después
de su cínica escena sobre la guerra telefónica, y el divertido
cotilleo sobre tanques y cohetes, se puso serio y declaró su sentimiento
sobre las guerras. Relató el combate de boxeo de una película
de Jodorowsky, en la que los dos púgiles se golpean con guantes
de alambre de espino hasta que caen muertos; alguien pregunta por el que
ganó y un juez responde: el que cayó último... Sabemos
que nos pasará a nosotros. Mientras seamos amigos de los americanos
ganaremos todas las guerras... El que cae último, cae mejor, Entiendes?
Claro, lo de Kosovo es que nos queda muy cerca, y esos algunos que no
se enteran, se ponen nerviosos. Qué tontería. La expoliación
y el exterminio de los indígenas de la selva americana o de las
selvas de Indonesia, no molesta a nadie. Lo que pasó en Chile o
en Chiapas o Argentina o Etiopía... Las matanzas de Uganda o de
Argelia, la catástrofe del Golfo o aquellos miles de desgraciados
pakistaníes, o la expulsión de los tibetanos de su tierra,
o la lenta agonía de Rusia, o tantos otros desastres... No molestan
a nadie... Claro que tuvimos que comentar que hay que ver como está
el mundo y eso, pero seguimos tan campantes arropados por la suave idiotez
de nuestras chorradas cotidianas. Así ha de ser.
Estamos en guerra. Siempre estamos en guerra. Y delegamos en nuestro amigo
Solana o Clinton o Milosevic, para que decidan apretar botones y maten
por nosotros. Para eso están. Queremos matar gente y tenemos ejércitos
y fabricamos armas y pagamos lo que haga falta para que así sea.
Nosotros también morimos un poco cada día y no es para tanto.
Ya procuramos fumar lo suficiente para tener nuestro cancercito. Ya comemos
suficientemente mal. Ya bebemos el alcohol necesario para castigar bien
nuestro organismo. Ya procuramos suicidarnos unos cuantos cada fin de
semana en la carretera. Ya vivimos suficientemente desconectados en esta
fiesta gris de la mediocridad, anestesiados, inmunizados, agilipollados,
dormidos, muertos, más muertos que los que salen en la pantalla.
Y no es para tanto. En realidad, cuando estamos asomados al telediario,
mientras cenamos tranquilos, somos una pandilla de muertos asistiendo
a una lenta y mutua ejecución... No es para tanto.
Es sencillo. Es así de sencillo. Quien quiera justificar algo que
se lo explique a su espejito de tocador. Esto es así. Esto es así
fuera y es así dentro. Vivimos a pesar nuestro. Como dice Morente
"vivimos de puro milagro". No sabemos qué nos mueve a
hacer lo que hacemos, desde que se inventó el chollo del inconsciente,
tenemos permiso para la impunidad. Tenemos permiso para no saber nada
de nosotros. Hemos perdido el contacto con nuestra esencia y todas las
revistas de terapias alternativas hablan de ello. Por eso relajémonos,
meditemos, saquemos nuestro artista interior y expresémonos, investiguemos
la biorregulación espiritual y las vidas pasadas y las músicas
chamánicas, lo que se tercie... Así conseguiremos una bonita
mirada al horizonte y no nos engancharemos con nada, nuestro ego reposará
confortablemente en un lecho de místico desapego. Y seremos, como
vaticinaba el maestro Gurdjieff, unos perfectos e inodoros sepulcros blanqueados.
Mientras tanto hacemos lo que podemos. Sólo somos asesinos, no?
pues ya!
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