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Descalzo
 



ESOS HILILLOS. 2002.
Zapato usado y resina. 30 x 29 x 11 cm.
Fotografía: Carlos Romero.













T
enemos tan a pie los zapatos. Y cuando están usados nos cuentan tanto, que los encontramos representados en la historia del arte desde unas pinturas rupestres de la época magdaleniense como parte fundamental de la indumentaria. A finales del s. XIX adquieren otros significados en la mirada de los artistas. Creo que el zapato, próximo, complejo y simple a un tiempo, no se le ha escapado a ninguno de los grandes, su presencia en el arte del s. XX es colosal.


UN RECUERDO
De mis tres a mis nueve años vivimos en un piso en la calle Gerona de Barcelona. Saliendo de casa las características baldosas de las aceras del eixample cambiaban, a la vuelta de la esquina con la calle Aragón, por otras más grandes, teñidas pero sin dibujo. Se organizaban para un niño en franjas negras y blancas y el juego a menudo consistía en pisar solo unas u otras. Saltando de esa forma y de la mano de mi madre, llegábamos al zapatero.
Me impresionaba desde la calle aquella pecera modernista dentro del portal nº 336. Cristales sucios y madera vieja. En invierno al abrir la puertecilla te saludaban unos ojos de nomo y ese vaho especial de calor distinto. Una minúscula estufilla eléctrica enrojecía la cueva y a su mago; olor a pegamento, a cuero y a sudores de cien humanos. Atmósfera de herramientas colapsada de pedazos y zapatos enteros que parecían bicharracos disecados. Solíamos permanecer allí de pie unos minutos. Yo, hechizado, escudriñaba al zapatero afanándose por terminar de cortar una goma o resolver cualquier otro acabado. Ese pequeño brujo curvado, arrugado, de gestos eficaces e imposibles, destripando y acariciando a la vez cada rincón de las piezas, engullido por el espacio y bailando fuera del tiempo las devolvía a la vida.
Envueltos los zapatos en un periódico, salíamos a la calle con ese olor en la ropa. Al llegar a casa, si eran míos, alargaba la sensación desenvolviendo con cuidado el papel: olían más a nuevos que los nuevos.

CREACIÓN DE LOS ZAPATOS
ZAPATOS Y PODER

Los humanos empezaron a calzarse. ¿Para resguardarse de las inclemencias del clima y el terreno? ¿Para denotar su condición de poder, su origen y ser superior ante otros? ¿O no simplemente para la guerra psicológica, sino también para la armada? ¿Para la protección, o para la ostentación y el sometimiento del otro?
Atendiendo a la idea de protección recordemos que ni todos los climas y territorios son agresivos, ni de hecho el pie desnudo está tan indefenso. Generamos callos muy eficaces, fuertes duricias que permiten brincar sobre la tierra, los barros y las piedras, con buenos resultados y menos dependencias. Tampoco la vegetación es un problema para el pie descalzo. En la selva, por ejemplo, bajo la mirada de los nativos descalzos el foráneo calzado que anda con ellos, saca a cada rato su pie desnudo sorprendiéndose de la capacidad succionadora del terreno que traga los zapatos.
En cuanto a la relación con el poder, sabemos que en Egipto el faraón usaba sandalias. Pero vemos en numerosos relieves como anda descalzo y es un esclavo que va detrás quien lleva las sandalias en la mano como única y permanente misión. La cabeza en el cielo y los pies en la tierra. Los pies nos anclan a la tierra, mundana y corrupta, y el calzado aisla pero permite pisarla en las ceremonias y los actos destacados. Las sandalias están al mismo nivel que el cetro y la espada, representando la hegemonía en lo terrenal.
Un cuento budista habla de un rey que, teniendo que abandonar la capital de su país con motivo de un largo viaje, dejó sus sandalias para que impartiesen justicia en su lugar. Si las sentencias pronunciadas por el consejo ante ellas eran justas, las sandalias permanecerían inmóviles, si no lo eran, se agitarían para mostrar su disconformidad con el dictamen.
Múltiples anécdotas, e incluso muchos de los mismos diseños del calzado en la historia, nos refieren a lo mismo: los zapatos no eran para usarlos en lo cotidiano, más bien servían como arreglo distintivo en determinadas situaciones públicas. Así, la normativización sobre usos, tipos, tamaños y colores del calzado es abundante en la historia de las culturas calzadas.
Un alto ejecutivo me contaba que lo importante de sus zapatos era la suela dura, con el ruido anticipaba su presencia. Pisando fuerte.

CULTURAS DESCALZAS
Otras culturas descalzas se sentían parte del mundo, se pensaban al mismo nivel que cualquier otro ser de la naturaleza. Todavía sobreviven algunas de ellas, amenazadas por todo tipo de especulaciones ya globalizadas desde el norte. Humanos descalzos. Humanos toda la vida descalzos.

            Descalzos estamos en el mundo. Calzados, estamos sobre el mundo.


Nos separamos del suelo adueñándonos del territorio que pisamos sin pisar y denotamos los rangos más sutil o más groseramente, status, aspiraciones sociales, riquezas y diferencias. Era mucho más evidente hasta hace poco, en los zapatos hechos a mano, a medida. Antes de la producción en series masivas que no han parado de crecer desde que aparecen las primeras máquinas complejas a mediados del s. XIX. Ahora, calzado ya todo el mundo rico y buena parte del usurpado, si vemos imágenes de humanos transitando tomadas a ras de suelo – como las que cada vez abundan más en los medios creadores de realidad- rápidamente nos hacemos una idea de lo que nos muestran.
El zapato siempre denota.
Por ello distintas órdenes religiosas se han proclamado “descalzas” refiriendo su renuncia a la ostentación y al poder material.
Descalzarse, claro, se consideraba una forma de respeto en muchas culturas y todavía pervive ese gesto significativo. Muchos hombres y muchas mujeres llevan zapatos pero entran en su casa siempre descalzos. Otros se descalzan antes de entrar en los templos o para comer, otros trabajan sin zapatos incluso en oficinas.
¿En cuántas vivencias llevamos puestos los zapatos en Occidente? ¿Qué parte de nuestras vidas transcurre con ellos?
¿Existe un momento más íntimo y libre que cuando nos desamarramos los zapatos? Aquí nos sacamos los zapatos para ponernos otros, para el descanso o para el amor.
La formación en Psicomotricidad Relacional con André y Anne Lapierre se organizaba en una serie de cursos intensivos que duraban una semana en la que trabajábamos mañana y tarde con diversos elementos simbólicos en grandes salas o gimnasios preparados para ello. Cuando uno llevaba ya varios cursos sabía que un recién llegado no volvería al día siguiente si en las dos primeras sesiones no se había sacado los zapatos. Es imposible realizar un trabajo psicológico a fondo manteniendo las defensas.









EXPLOSIONES EN LA ARENA
. Marzo 2003.
Zapatos usados y petardos
Fotografía: Jacob González-Solís


ZAPATOS PARA LA GUERRA
Il faut attendre la sandale pour prondre vraiment pied dans l´Histoire. Paul Weber
El calzado más usado en la antigüedad fueron muy probablemente las sandalias y sigue siéndolo al empezar el siglo XXI, en su variedad de plásticos: cholas, chanclas, chancletas, etc.
...Cuanto menos desde la civilización egipcia, en muchas ocasiones se pintaban los rostros de los enemigos en la suela de las sandalias para irlos pisando.
Finales del siglo IV: Las sandalias de los ejércitos romanos no detienen a los bárbaros que en las grandes invasiones acaban imponiendo su calzado: pieles cubriendo el pie sujetadas al tobillo con un cordón. El refinado calzado romano queda restringido a los grandes mandatarios. Hasta el s VII con los carolingios no aparecerán nuevas formas.
1.386: En el sur de Francia, por decreto se rige el largo de las puntas de los zapatos afilados, de las polainas. La cuestión era de tal magnitud que llegaron a perder la batalla de Sempach los caballeros con armadura por llevar polainas metálicas articuladas de 20 cm. Los supervivientes se las cortaron ellos mismos con sus espadas para poder escapar.
Principios del siglo XVI: En Francia y los Países Bajos los toscos zuecos campesinos sabots que contrastaban con los zapatos de señores y caballeros, generan el término sabotaje al pisar un campesino la cosecha de su señor.
1.942: Los nazis obligaban a los oficiales alemanes considerados culpables en consejo de guerra, a desgastar los miles de pares de botas destinadas para el frente con el fin de ablandarlas y evitar, con su sufrimiento, el dolor a los soldados.
1.969: Televisada la huella de astronauta USA en la luna. Voces silenciadas afirman que esa huella fue un montaje más de la guerra fría, en realidad está hecha sobre polvos de talco en un desierto americano.
Finales del siglo XX: Se confirma que fábricas Nike utilizan mano de obra infantil para coser zapatillas deportivas.
31 octubre 2001: USA reparte uniformes y botas a los afganos de la Alianza del Norte en su barbarie contra los Talibanes. Muchos soldados de la Alianza del Norte no se ponen las botas, las enseñan a la cámara, colgadas al cuello. Siguen con sus deportivas, con sus sandalias o descalzos.
22 marzo 2003: Plena sangría en la invasión de Irak.
Estallo siete zapatos en la arena de Las Canteras con petardos TK Trueno Gas de venta legal. La acción sin convocatoria queda documentada en fotografía y vídeo.

ZAPATOS VACIADOS
Hablo de la huella, de cada gesto realizado por un humano. Algunos dejan huellas que para bien o para mal transforman el desarrollo de muchos, y todos damos nuestros pasos hasta que la muerte los unifica en la memoria de otros que siguen andando. La pisada simboliza por excelencia ese ser andando, vivir. Lo pisado es lo vivido, lo andado es lo que somos.
Y no podemos no dejar huella, vivamos lo que vivamos, hagamos lo que hagamos a cada bocanada de aire somos arte, en el más crudo sentido de crear. Somos creaturas que nos recreamos hasta la muerte. Si acaso, luego en otros tus evolucionamos, pero la existencia de ese yo queda completa cuando ya no puede dar ningún tipo de pasos, coherentes o totalmente imprevistos, buenos o malos, verdaderos o falsos, feos o bellos, interesantes o estólidos.
      
                 Al morir somos el conjunto de pasos que dimos, ni más ni menos.

Cuando pisamos descalzos nuestra huella queda integrada en el mundo, disipada generalmente al poco tiempo. Cuando pisamos con zapatos ellos atrapan la huella. Una franja física de esos pasos, no solo simbólica, queda registrada en el interior de nuestros zapatos.
En los zapatos que me dan observo esas huellas cazadas, interiores. Son referencias hechas, conservan exactamente la memoria. Los zapatos usados hablan, hablan por las ausencias, hablan por los talones. Nos cuentan el hueco, son puro y duro espacio deshabitado, dispuesto, apropiado, arquitectura íntima. Nos escondemos en ellos, nos guardamos en ese interno suyo. Les entramos y nos salimos y permanece ese nido oculto incluso a la vista de su dueño... La oscuridad, el abismo inconsciente que vamos modelando al movernos.
Relleno los zapatos y extraigo la huella positivada, esencia de andares. Verdaderas huellas con las que reconstruyo caminos, celosías, encuentros, siempre relaciones, vínculos de redes comunicativas. Algunos vaciados registran los dedos como fantasmas de lo que el zapato atrapó, de lo que sabía.
Amigos y conocidos me regalan esas biografías impresas. Zapatos usados, pero algunos más que llevados están pasados por el tiempo. Solamente amigos muy próximos me los han dado verdaderamente usados, machacados y apestosos. Existe aquí un pudor muy marcado y parece que nos avergonzamos de nuestros olores corporales, cuanto menos para con los otros y especialmente en la vida urbana occidental. Y a la vez nos apegamos a esas cosas de uso cotidiano proyectando sensaciones y emociones básicas de identidad... Mucha gente me ha contado que le cuesta deshacerse de sus zapatos viejos. Llegamos a quererlos por lo vivido en y con ellos. Pero no conozco a nadie que ponga esa bota estimada, que tanto ha pateado, encima de la mesa del comedor.

ZAPATOS SEXUADOS
Los zapatos masculinos, sobre todo cuanto más fuertes y robustos son, simbolizan la protección del pene. Los femeninos, especialmente si son puntiagudos y con tacón de aguja, representan un medio para vencer la angustia de la castración. Sigmund Freud
Si ya son nuestros de verdad, si ya los conocemos, penetramos en nuestros zapatos como de golpe, en un gesto de inteligencia muscular no consciente.
Las puntas siempre tiesas evocan los dedos tensados, dedos estirados...
Pero al hablar del erotismo del zapato miremos un momento para Oriente. ¿Recuerdan las pezuñas-zapatos que han torturado a tantas chinas durante generaciones? Confucio, s.V a. de C., impuso la reducción del pie de las mujeres hasta un tercio de su tamaño, evocando la flor del loto y el ondear flexible del sauce. Puede observarse en los antiguos dibujos pornográficos chinos y japoneses, cómo en las penetraciones, frecuentemente, el hombre no agarra otra cosa con las manos sino esos minúsculos botines que encajan los muñones. Las radiografías son tremendas. En occidente ocurrió mucho de lo mismo, por ejemplo en la corte francesa del s. XVIII donde se sometía a las mujeres a zapatos extremadamente estrechos. Con los pies deformados poco podían andar, no digamos correr...
Y seguimos en la actualidad con los zapatos de tacón, corona del erotismo paradigmático. Afilados los tacones celebran la epopeya de lo penetrante y en su altura disparan los pechos y los glúteos de las bellas. Todavía fetiche sexual para toda una cultura, los zapatos de tacón sustituyen a las bellas mismas. Ya sabemos que La Cenicienta perdiendo el zapato pierde la virginidad.

                Un zapato sin pie es vagina y pene a la vez.

El 17 de septiembre del 2000, con Ana en Tenerife, nuestro amigo Oscar Lorenzo (que ha pintado La Palma como nadie) nos llevó al mercado de Santa Cruz. Después de comprar entre verdes, nos metió en uno de los baretos exteriores adosados al mercado. El minúsculo cubículo de La Dama de los tollos. Ella, achaparrada, gorda, fea y bigotuda, a la que abre la boca borgotea inteligencia. Nos dedicó un auténtico despliegue de chistes, en ese espacio reducido con una mesita, nosotros tres, el marido y La Dama con su delantal, rebosando socarronería. En la calle, al otro lado de la barra alta, cuatro hombres jaleándola, con la botella de ron. Al terminar, ya cobrándonos, todos felices de risas y buena comida, remató el último golpe: dio un paso atrás, ladeó la cara, se apartó el pelo y mirándonos seductora entre la seriedad solemne y el más profundo descojono, espetó: mañana cierro que voy a la zapatería.




COLUMNA DE PLAYERAS CON ESCAYOLA. 1999.
Playeras usadas con escayola. 59 x 26 x 23 cm.
Fotografía: Jacob González-Solís.





TONGAS Y COLUMNAS

Hoy solo tengo ansias de arrancarme / de cuajo el corazón / y ponerlo debajo de un zapato. Miguel Hernández
Llevar zapatos nos adocena las huellas.
Constreñimiento social. Globalización-occidentalización. Esbirros bien calzados.
Siniestra y rabiosa realidad del sistema que sin embargo esgrime el discurso contrario, el mito del triunfo individual. Normativización, normalización, marginación, suma y uso de conciencias objeto, amputación, competitividad esterilizante en dinámica estupidizada de grupos, dolor en las pautas del mercado. Trabajo en la nada. Alineación, claro. Muerte. Múltiples formas de muerte en vida. Vendedores y compradores de muerte.

               ¿Qué decían las cartas que dejaron los Reyes en tus zapatos?

La columna sostiene, somete, organiza y permanece. Celo y recelos se elevan permitiendo mayores plataformas complejas.
Columnas de humo, de humanos, de basalto. Columnas vertebrales, generacionales. Repeticiones en desarrollos modulares al borde de la clonación; ensartados por la misma brochett.
Casi no quedan desertores: Corría por Las Palmas en los años sesenta un Juan, vivía en la calle pateando la ciudad siempre descalzo. Le dieron unos zapatos y los llevaba colgados al cuello. Al preguntarle siempre respondía que sí, me los dio el Ayuntamiento y yo los llevo.








RED NEURONAL. 2002.
Zapatos usados, cable de acero flexible y mosquetones.
Medidas variables.
Fotografía: Carlos Romero.



REDES
Somos andando. Paulo Freire
Asumiendo que vamos a morir, nos queda la aventura. Vínculos libres, escogidos. Las buenas redes son constructos relacionales que comparten lo mejor. Generando desde cada cual y con los otros. Creando en grupos: más allá de la inevitable propia mirada parcial.
Estamos solos y abandonados, pero con los otros y lo otro.
En la vida van quedando redes donde celebrar revínculos sin monolitos. Ese compartirse en síntesis mayores de olores reales.
Vivimos entre redes que acompañan y redes que atrapan. Redes que potencian, multiplican, redoblan la unidad. Muchas con resituaciones y esfuerzos constantes por los respetos. Algunas volcadas a conocimientos y miradas sorprendentes. Otras muchas son redes que uniformizan, globalizan únicamente para mantener sus rentas, desde hace mucho fluyen por el aire y por los cables.

ZAPATO-COCHE
Sí, el coche en el s. XX reúne y supera esos mismos viejos anhelos psicológicos. El coche es el verdadero nuevo zapato. Zapato familiar, seriado y cada vez más accesible, depreda y ordena el territorio y las vidas mismas. Zapato con ruedas al que se entra completamente.

                       Zapatos y coches, menuda civilización.


Xavier G-Solís
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(Xavier G-Solís Las Palmas, noviembre 2003)
Selección bibliográfica:
PILAR CINTURA (1.988) : “Historia del calzado”. Ediciones Aguaviva. Zaragoza.
JENNA T. KUTTRUFF, S. GAIL DEHART, MICHAEL J. O’BRIEN. (1998) “ 7500 Years of Prehistoric Footwear from Arnold Research Cave, Missouri”. Science July 3; 281: 23-25.SAMUEL MAZZA (1960): “Cinderella’s Revenge”. Chronicle Books. San Francisco.
LINDA O’KEEFFE (1997): “Zapatos”. Könemann. Hong Kong.
ANGELA PATTISON Y NIGEL CAWTHORNE (1998): “Un siglo de calzado”. Status Ediciones. Vizcaya.
J. B. YERNAUL: “La chaussure a travers les ages”. A. Bieleved Editeur. Bruxelles.
PAUL WEBER (1980): “L’histoire de la chaussure” .AT Verlag. Aarau (Suisse).
 
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