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Equinoccio vernal

Nuevos aires de esperanza parecen estar soplando. En Barcelona, en Roma, por ejemplo, anticipando una primavera globalizadora democrática y social, un resurgir de la dimensión política del ser humano, un renacer del poder cívico, el pueblo –rancia palabra soslayada del lenguaje mediático– ha clamado: Un mundo mejor es posible. Y se ha dirigido a sus "representantes"–rancio concepto soslayado del hacer político– que asimismo declaran ante las cámaras que un mundo mejor es su objetivo. Palabras parecidas, anhelos disímiles, un gran abismo.

El significado que la astrología traslada a los cielos, que "cuelga" precisamente en ese fenómeno celeste que es el momento en el que el planeta tierra está a mitad de camino desde su perihelio yendo hacia su afelio, es una capacidad fundamental del ser humano, de todo ser humano; una característica esencial de la vida, de toda forma de vida; una función necesaria para la viabilidad de cualquier colectivo. Incluso la primavera o el elemento fuego vienen a auxiliarnos en la comprensión de esta idea. Es necesariamente una abstracción fruto de la observación humana de la vida y del humano. Y no es más que la sencilla idea –todas las ideas lo son una vez formuladas– de que todo ser está capacitado para ser el que es, para vivir la vida que él mismo quiere vivir, para anhelar lo que le queda connatural anhelar, para dirigirse a su particular expresión de felicidad por su propia cuenta fundamentalmente y en cooperación con otros seres también autónomos en su hacer. Así el colectivo queda libre de cargar con individuos dudosos de sí, de sus propias capacidades y anhelos; y queda asistido en su necesidad de nuevos horizontes, que se abren justamente porque hay individuos conscientes de su soberanía y, por lo tanto, se van capacitando cada vez más en la función social de abrir camino, de pionerizar la aspiración de todos.

Esta idea bien puede llamarse esperanza, un rasgo del espíritu humano activo, modificador de la realidad circunstancial inmediata porque en cierto modo la desconoce. Esperanzarnos no consiste en pretender algo que no podemos avalar por nosotros mismos, su aval es nuestro hacer decidido y arriesgado dentro de lo que nos cabe como natural.

Un mundo mejor es posible pues para todo aquel individuo o colectivo que esté dispuesto a morir en pos de su anhelo sin esperar, mucho menos exigir, ser subvencionado. Un mundo mejor es posible pues con individuos plenamente autónomos hasta donde puedan serlo y naturalmente autónomos en consonancia a lo que son sus espíritus. Un mundo mejor es posible si hoy hago algo por ello. Un mundo mejor es posible si desoigo conscientemente el dictamen del mundo.

Quizá visitando y verificando frecuentemente el valor y las infinitas expresiones vitales de esta idea un amante de la astrología pueda dirimir dónde sí hay esperanza, si en la voz del pueblo o en las pantallas del televisor, o en cualquier otro lugar. Quizá los amantes disciplinados de la astrología también estemos posibilitando un mundo mejor, en otro escenario y con lo que nos queda posible hacer.

 

 

Albert Barbé  
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Equinoccio Vernal - Poema
 
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