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En
toda filosofía terapéutica subyace una idea de salud, y
es hacia ese lugar adonde el terapeuta orienta o hace encaminar, de uno
u otro modo, a su paciente. Asímismo, subyace una idea de enfermedad
que, además de utilidades diagnósticas y pronósticas,
implica a toda la estructura o pautamiento del proceso terapéutico.
Entonces: ¿ qué es estar sano y qué es estar enfermo...?.
El punto de vista del enfoque gestáltico se caracteriza en mi opinión
por incidir en tres aspectos fundamentales : la capacidad de “ser
sustantivamente” en lugar de “ser adjetivamente”; un
ritmo de contacto-retirada pleno, fluído y adecuado a la necesidad
dominante del individuo; y el tránsito del heteroapoyo al autoapoyo,
del apoyo ambiental al autosoporte.
Fritz Perls (1893-1970), el fundador de la Terapia Gestalt, entiende la
neurosis –y por extensión la enfermedad psicosomática–
como una estrategia de evitación del dolor psíquico que
lo transforma, paradójicamente, en sufrimiento crónico.
Y el dolor más grande fue seguramente el dolor de no ser, la temprana
experiencia de separación de Aquello que fue nuestro origen y será
nuestro destino.
Es decir que la salud pasa en primer lugar por la consciencia de ser,
más allá de cómo uno sea a cada momento. La enfermedad
empieza cuando uno decide “...Esto no lo pensaré, esto no
lo sentiré y esto no lo haré… porque produce dolor,
desagrado o disforia… y esto, o así, no soy yo...”.
Y “…Esto sí lo pensaré, esto sí lo sentiré,
o esto sí lo haré… porque produce placer, agrado o
euforia… y esto, o así, soy yo”. Aunque también
puede ser justo al revés. De tal suerte que se produce, en todo
caso, una escisión fundamental entre el ser en sí y el ser
de una u otra manera específica (poco importa cuál), con
toda la carga y el esfuerzo al que uno se condena para mantener la barrera
que garantiza la escisión.
Así pues, el estado saludable requiere de la no identificación
del ser o del no-ser con ningún aspecto de uno mismo en particular.
Fritz utiliza un hermoso concepto para explicar esto, el de “nothingness”,
palabra compuesta por “nothing”, nada o ninguna cosa, y el
sufijo “ness”, que lo sustantiva. Su traducción literal
sería “nadidad”, “cualidad de la nada”,
o “capacidad de ser nada”.
El camino hacia la salud pasará entonces por volver a poseer las
partes desposeídas o alienadas de la personalidad, sobre todo aquéllas
que uno colocó en el cajón de “esto no soy yo”.
Ese proceso conduce a una autoactualización, lo cual faculta ,
tal como señala Fritz, para vivir cada nueva situación del
presente como nueva que es, yendo más allá de los automatismos
y condicionamientos con los que uno vivió hasta ese momento, y
que hacen reaccionar frente a una nueva situación con un patrón
viejo y crónico, como si fuera “aquella otra”.
El segundo criterio de salud para Perls es la adquisición de un
ritmo de contacto-retirada con el entorno pleno, fluído y adecuado
a la necesidad dominante del individuo. Pleno, puesto que el neurótico
se caracteriza por no hacer ni un verdadero contacto ni una verdadera
retirada. Fluído y adecuado porque la interacción individuo/entorno
es siempre cambiante, y no valen programas prefijados ni actitudes rígidas
. El precio de querer ahorrarse la atención constante, de querer
economizar pilas de la linterna del estar presente en el aquí y
ahora de lo que uno experimenta –de ser consciente de lo uno vive,
piensa o hace; y de responsabilizarse de todo ello–, suele ser la
interrupción del contacto, el ausentarse; la consiguiente victoria
del automatismo egoico sobre el verdadero estar, y su consecuente carga
de malestar o enfermedad.
El tercer criterio, ligado íntimamente con lo que acabo de comentar,
es el tránsito del heteroapoyo al autoapoyo, del apoyo ambiental
al autosoporte. Dirigirse hacia la salud es pues, desde este tercer aspecto,
el proceso por el cual el individuo aprende a caminar sobre sus propios
pies, solicitando del entorno lo verdaderamente necesario en una perspectiva
de interdependencia, pero no lo innecesario y manipulativo. Así
que podemos entender el caràcter –la estructura fija, repetitiva
y crónica con la que nos identificamos cuando éramos niños–
como el conjunto organizado de los medios de manipulación aprendidos
para obtener apoyo actualmente innecesario. Y el autosoporte o maduración,
como compuesto de “...disminución del apoyo ambiental, aumento
de la tolerancia a la frustración, y desmoronamiento de roles infantiles
y adultos…”.
Me parece que los tres criterios citados se reúnen, en realidad,
entorno a algo que los engloba y que podríamos entender como una
disolución del ego, o personalidad adquirida. Claro, si constato
que sigo viviendo sin aquello que se suponía que era imprescindible
y que, en parte, constituía mi identidad (el apoyo ambiental realmente
innecesario, conseguido fundamentalmente a base de manipulaciones); si
sobrevivo a aquello tan terrible (que me digan que no, que no haya aquéllo...
y en general a la disforia); si experimento que yo soy algo más
que mis máscaras… entonces no tengo más remedio que
concluir que yo soy algo más o algo menos, en todo caso algo diferente,
de lo que creía ser. Transitar estos momentos con consciencia nos
permite cambiar el punto de vista subjetivo, pregnado de automatismos
distorsionadores de nuestra realidad interna y externa, por un punto de
vista más próximo a lo que Friedlander definía como
el punto cero o punto de “indiferencia creativa”, en el que,
a través de la atención al vacío interpolar, muchas
más opciones de una determinada situación o de una determinada
respuesta son posibles y aceptables como propias.
Recordando por último que “sano” y “santo”
comparten el mismo campo semántico –y que ambos vienen a
significar “íntegro”– ¿no será
ésta de Perls una hermosa manera de entender la santidad…?.
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