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Julián
Peragón (Arjuna): Hola Joan, me gustaría
que pudiéramos hablar hoy de forma extensa sobre nuestra visión
de la terapia y la espiritualidad. Yo creo que en esta época se
está hablando mucho tanto de espiritualidad como de terapia, pero
pienso que no estamos yendo a fondo de lo que significa el hecho terapéutico
y de lo que significa el camino espiritual. Entonces diría de entrada,
como propuesta para discutir que, viniendo del mundo espiritual, creo
que al mundo espiritual le hace falta un buen repaso terapéutico
–ya hablaremos más adelante- y no lo sé, ya dirás
tú, pero al mundo terapéutico a veces le falta un poco el
anhelo espiritual. Entonces cómo podemos desde cada ángulo,
desde cada línea de trabajo interior, integrar esos dos aspectos.
Joan Garriga: Realmente nos metemos en asuntos muy complejos.
Creo que la palabra que más nos acerca a la espiritualidad es una
simple sílaba, –lo digo también en este libro de ¿Dónde
están las monedas?*- que es la sílaba Sí, el
gran afirmativo. Esto lo enseña también Arnaud Desjardins,
discípulo de Prajnanpad. ¿Qué significa decir Sí?
Significa rendirse y asentir a todo lo que la vida crea, entregarse absolutamente
a todas sus formas, sin ninguna oposición. Esto es el reto y la
gran audacia del desarrollo espiritual. Muchas tradiciones espirituales
coinciden en este punto, en el Sí, en una entrega a la vida tal
como es, con todas sus formas, tanto si son bonitas como si son feas,
tanto agradables como desagradables, tanto si traen vida como si traen
muerte, dicha o quebranto. El Sí verdadero siempre es ahora y viene
del ser esencial más que del pequeño yo con su pequeños
intereses y temores. Ciertas formas de psicoterapia, que además
de encontrar soluciones para los problemas se inspiran en ciertas tradiciones
filosóficas de sabiduría, investigan aquello que las personas
no logran integrar en sus vidas para encaminarlo a la aceptación,
al sí en definitiva, con la idea de que todo lo que la vida trae,
sea lo que sea, incluido lo que parece envuelto en fatalidad, puede ser
aprovechado al servicio de la vida y reconocer en ello el reflejo del
espíritu del creador. Oponerse es sufrimiento. Asentir es liberación.
Arjuna:
La pregunta que yo hago a la psicoterapia es si se pueden resolver problemas
sin tener en cuenta el alma.
Joan: Los grandes asuntos existenciales conciernen al
alma. Últimamente vengo diciendo que en resumidas cuentas cualquier
problema que afrontamos en terapia guarda relación con que hay
algo que no somos capaces de amar o integrar, que no somos capaces de
darle un buen lugar en nuestro corazón. Y esto trae consecuencias:
enfermamos, aparecen los síntomas, las malas relaciones, los problemas,
etc. Decimos no a algo o a alguien y retraemos nuestra alma en lugar de
extenderla. Este algo puede ser algo de la realidad y de los hechos, como
el amigo que enfermó, el padre que murió, etc. A Buda por
ejemplo se le murió la madre al tercer día de su vida. Uno
puede decir “esto no debería ser así” y entonces
no podemos amar ni apreciar esta parte de la realidad. O a veces no podemos
amar o apreciar algo de nosotros mismos y decimos “No, es que yo
no debería sentir esta timidez” o “No, yo no debería
tener miedo” o “debería ser más simpático”
o “debería tener más éxito” y entonces
en el fondo consideramos que hay partes de nosotros que no se merecen
ser apreciadas y estamos en pelea con ellas, es decir, decimos No y estamos
en guerra interior con nosotros mismos. A veces decimos No a las personas,
decimos “mi padre se portó mal y le cierro mi corazón”
o “mi abuela hizo esto y le puso los cuernos al abuelo y le cierro
mi corazón” o “mi amigo debería de tratarme
de x manera”. Entonces estamos en guerra interpersonal. Cuando miramos
al final los problemas que se presentan en la terapia siempre podemos
rastrear y encontrar algo que la persona no le dice que Sí, le
dice que No. Entonces de lo que se trata es de lograr la manera en que
pueda integrar lo que rechaza y extenderse en lo que cierra. Y en este
sentido yo creo que espiritualidad y psicoterapia apuntan en una misma
dirección, pero bueno esto muchos psicoterapeutas lo negarían
y dirían que la psicoterapia no tiene nada que ver con la espiritualidad
y sin duda hay muchas técnicas que hacen que algunas personas resuelvan
problemas y cambien que poco tienen que ver con la espiritualidad. Aunque
de hecho si las analizáramos con precisión vemos que en
el fondo casi siempre conducen a una mayor toma de responsabilidad de
las personas sobre su realidad. La terapia puede manipular el ego para
apartarle de lo que tiene que enfrentar pero se trata de soluciones pasajeras
y calmantes que duran un tiempo. El gran cambio, el que dura, cambia algo
esencial en nuestra actitud. Integra en lugar de destruir, une en lugar
de separar, acoge en lugar de amputar. Dice Si.
Arjuna:
Sí, claro, pero es igual que yo viniendo del mundo del yoga, es
decir, está claro que el yoga te hace estar más sano porque
te permite relajar, respirar haciendo posturas, pero nunca podríamos
reducir lo que es el yoga a unas técnicas corporales de relajación,
va mucho más allá, es toda una filosofía, es por
eso que también pienso que la terapia entendida en profundidad
tiene que contar con lo profundo del ser. Cuando has hablado del profundo
Sí, he recordado un poco la base del Tantra, que tan mal se entiende
en occidente, porque se entiende como una sexualidad exótica, pero
el Tantra diríamos que es una espiritualidad descendente en el
sentido de que no es un No a la vida, sino un profundo Sí, en la
idea de sacralizar, tanto a la vida como al propio cuerpo y decir Sí
a todo porque todo es una oportunidad para el crecimiento, para el desarrollo
del ser. Sin embargo, yo creo que deberíamos redefinir lo que entendemos
por espiritualidad porque sino estaríamos dándole vueltas
sobre un concepto que se utiliza en tantos términos y de tantas
maneras. A mi me gusta recordar que religión viene de religare,
que significa religarse con algo mayor que lo que uno es, en el sentido
de dejar de estar solo, una soledad que no sería más que
el fondo de la neurosis. Cuando uno está desconectado con la vida
que le rodea, entonces ese conectarse con algo mayor, ya sea la naturaleza,
ya sea el cosmos, ya sea lo divino, pues me parece que es un buen símbolo
de lo que es la espiritualidad. Y también se podría reinterpretar
desde el concepto de religere, es decir, espiritualidad es la
posibilidad de releer la propia experiencia. O dicho de otra manera, no
basta con vivir, no basta con experimentar, hay que saber a donde apunta
esa vivencia, esa experiencia, si no hay, dicho de otra manera, un sentido
a la propia vida, esa vida es de alguna manera una vida fallida. Recuerdo
un terapeuta amigo que me decía que la gran mayoría de clientes
que venían tenía que ver con una falta de sentir la vida,
una carencia de sentido.
Joan: Sí, pero déjame hacer un inciso,
yo creo que éste es un camino –el del religere-
peligroso. Ahí no nos adentramos en la espiritualidad, únicamente
en el significado, en la explicación, en la comprensión
de las cosas y yo no creo que el sentido de la vida sea algo que podamos
decir, algo que podamos formular. Es que la vida no tiene ningún
sentido más que ser vivida, es decir, vivir la vida. O aún
mejor: que la vida viva a través nuestro, entonces esto es la espiritualidad.
Es un rendirse al simple hecho de vivir. En cambio si pretendemos destilar
el significado de la vida en una explicación que le dé sentido
entonces ya entramos en otro nivel, el nivel de las palabras, de las comprensiones,
pero esto no es muy importante, porque desde la perspectiva de la espiritualidad
esto no tiene mucho interés. Vivir con sentido, entregados a todos
los momentos es mejor que tener una deducción narrativa sobre el
sentido de nuestra vida por muy importante que esto pueda llegar a ser.
John Lennon dijo que el sentido de nuestra vida es aquello que ocurre
mientras nos preguntamos justamente sobre el sentido de la misma. Yo estoy
más de acuerdo con la parte que decías de religar, de conectarnos.
Vivimos siempre conectados en una gran alma, en un destino común,
en una red gigante donde todos estamos en resonancia con todos. Para mi
la espiritualidad empieza justo en aquel momento donde aquel al que llamamos
yo entra un poco en stand by, entra en silencio, disminuye su
potencia, su fuerza y entonces entra la fuerza no del que llamamos yo
sino la fuerza del que llamamos tú o del que llamamos nosotros
o del que llamamos Él, lo más grande, o del que llamamos
el propósito de la vida y entonces estamos entregados en este sentido.
La vida es una dialéctica entre los propósitos del yo y
los propósitos de la vida.
Arjuna:
Una de las cosas que normalmente en el mundo espiritual se dicen machaconamente
es que hay que matar al ego, entonces creo que aquí entramos en
otra confusión pues se entiende al ego como un enemigo cuando en
realidad debería ser un gran aliado. De hecho el problema no está
tanto en el ego como en la identificación con el ego, es decir,
la reducción a esa mente que piensa y no a otras dimensiones más
globales pero claro en cierta medida diríamos que si la tendencia
del mundo espiritual es la de disolver el ego, tal vez la terapia por
el otro lado lo que hace es reforzar el ego, o diríamos que con
un ego débil el mundo te aplasta pero con un ego demasiado fuerte
de alguna manera te vuelves impermeable a lo sensible de la vida.
Joan: Lo que pasa es que yo creo que el desarrollo espiritual,
sea lo que sea, no se logra a través de la pretensión y
del esfuerzo, sino que se logra a través de la gracia. Porque la
vida te lo da, o Dios te lo da o quien sea te lo da. O te lo quita. Y
el camino que en mi opinión más le suele gustar a Dios para
dar la gracia es a través de los golpes y del sufrimiento. Por
eso que a veces cuando la vida golpea a las personas también les
ofrece la posibilidad de desnudarse más de sí mismas, de
despojarse de sus identificaciones y apegos, para rendirse ante algo mayor.
Por eso, por ejemplo, se cuenta la anécdota de que San Pablo cayó
del caballo y se golpeó, entonces allí hubo una transformación
y se le atribuye a San Pablo la frase “ahora ya no soy yo quien
vive sino que es Él quien vive en mi” y esto es una
diferencia importante ¿El ego, el yo, es el Señor y amo
y está al servicio de sí mismo o el ego, el yo, es vivido
por Dios o por una fuerza más grande que toma a todas las personas
y a todos los egos a su servicio para cumplir con el misterioso juego
de las cosas tal como son? San Agustín también dice: “Dios
es más yo que yo mismo”. Si somos vividos por la vida
más que no vivirla, este discurso de matar al ego me parece muy
soberbio y militar, dirigido por el propio ego. La vida habla mucho más
claramente que nuestras pretensiones espirituales de acceder a vete saber
dónde. Muchas veces mientras pretendemos o queremos ascender a
vete a saber dónde en realidad no llegamos a ninguna parte y sigue
siendo un deporte al que jugamos.
Arjuna:
Es cierto que el camino de la voluntad tiene un techo, lo que pasa es
que si uno no se empeña a través de un camino, en una primera
etapa de esfuerzo, en un camino masculino, de conquista de la realidad,
es más difícil que sobrevenga la gracia que es un camino
más de abandono, más femenino. De todas maneras a mi me
encanta el mundo simbólico y a veces parece que tengo que pedir
disculpas cuando hablo del tarot como herramienta de meditación,
pero hay dos imágenes que a m me parecen interesantes. Una es la
carta número siete que es El Carro, donde aparece digamos
un rey, su majestad coronada con las ínfulas de poder subido a
un carro como el símbolo de éxito, de efectividad, de capacidad
de manejo de la realidad, pero ese personaje tiene un toldo que lo separa
del cielo como simbolizando una desconexión con su ser más
profundo y también un carro que le dificulta la conexión
con los caballos que sería su parte instintiva. Y parece claro
que esta carta expresa la función del ego, la de dominar la realidad
aparente del mundo, la de manejar el carro hasta el confín del
mundo y hacerse independiente y fuerte en ese pulso con el mundo.
Ahora bien, en el otro lado del tarot, después de pasar por el
arcano de la muerte (XIII) donde supuestamente el ego se disuelve aparece,
eso es lo que me parece interesante, un personaje de dimensión
humana, mucho más pequeño que ese carro que simbolizaba
el ego, desnudo en el sentido de vulnerable o humilde delante de la vida,
de espaldas como simbolizando que el ego ha cortado con su verdadera función
y es anónimo, es decir, no tiene que dar la cara, no tiene que
mirar a la galería, y en comunicación con otros personajes
que están ahí. Esta es la carta de El Juicio (XX),
donde hay un renacimiento, y es la primera vez en todo el viaje del tarot
que simboliza el viaje de la realización del ser humano, donde
lo de abajo mira hacia arriba, donde ese ego renacido mira al ángel
que toca una trompeta. Entonces ahí están representadas
las tres partes del ego, es decir, el ego que necesita dominar el mundo,
el ego que tiene que pasar por una disolución y el ego que renace
ya acorde a ese mandato más interno del ser. Creo que no nos podemos
saltar ninguna de estas fases.
Joan: Lo expresas de una manera muy bella. Me parece
un lenguaje simbólico pero bastante ajustado también y lo
comparto. En este sentido a mi me gusta decir, y esto es pura metáfora,
que en la primera mitad de la vida más o menos (que a lo mejor
dura muchos años o menos, depende de cada persona), se trata de
ascender a la montaña, donde nos esforzamos, donde luchamos, donde
perseguimos, donde tenemos metas y sueños, donde tenemos propósitos
personales. Algunas personas con suerte, o sin suerte quizá, (qué
sabemos sobre lo que es mejor para el alma), llegan a un momento en que
alcanzan lo alto de la montaña, la cima de algo, y entonces llenos
de sudor pero al mismo tiempo de euforia e importancia gritan a los cuatro
vientos “Yo existo”. Desde luego que habla el ego
fuerte y dominante. Se expresa el yo triunfal: alguno egos triunfan con
éxito, otros con fama, otros con desdichas, etc. Sin embargo, entonces,
sólo algunos, los afortunados, escuchan la voz sutil del universo
que contesta: “Y a mí qué”. Ya que
el universo se ocupa de los asuntos esenciales y no acepta relaciones
de tuteo. Sin embargo, esto no es lo más dramático ni lo
más interesante. Lo más interesante es que después
de un buen rato que están en lo alto de la montaña en pleno
goce de sí mismos, viene inevitablemente el descenso y así
como el ascenso a la montaña era un proceso supuestamente de ganar,
de ganar posesiones, de ganar afectos, de ganar conocimiento, de ganar
amistades, de ganar seguridad, luego viene un proceso de perder, de ir
despidiéndose de tantas cosas, por ejemplo a veces se pierde la
salud, se pierden ciertos amigos, se pierde a los padres, es decir la
vida empieza a visitarnos con pérdidas, la vida declina, se estrecha,
nos prepara para la última y definitiva puerta (tú lo llamaste
disolución del ego). La puerta del morir inevitable para todos.
Con suerte algunos encajan el proceso de perder con la misma alegría
que la del ganar y se conectan con el ser, el profundo mandato del ser
como lo decías con tus palabras.
A algunos ya los visita la pérdida la primera semana de vida y
pierden a la madre como Buda por ejemplo, pero esto es una metáfora
de que todos perderemos lo que ganamos. De manera que hay un proceso de
ascenso y un proceso de descenso, un proceso de ganar y un proceso de
perder, y al final del descenso viene la gran pérdida, la gran
entrega, es entregar la propia vida y devolverla a donde pertenece y nosotros
regresamos también a donde pertenecemos. Baltasar Gracián,
a quién no se podría acusar de ser la alegría de
la huerta, decía que no deberíamos haber nacido, total para
qué, pero ya que hemos nacido por qué narices debemos morirnos.
En definitiva es una bendición el ganar y el ascender y es una
bendición el descender y el perder. La vida cumpliendo en cada
uno de nosotros su ciclo interminable. Para la vida el Yo personal no
es tan importante.
Arjuna:
Porque el perder implica también otro tipo de ganancia.
Joan: Y es ahí
donde la terapia hay que pensarla también en estos términos.
A veces cuento la historia, que la cuento de mil maneras, que también
unos padres le dan al hijo no las monedas como lo escribo en mi cuento,
sino además cuando tiene 18 años, un cofre con una llave
dentro. El hijo toma la llave y pregunta “¿pero si voy
por el camino y encuentro dos puertas cómo voy a saber qué
puerta abre esta llave?”, los padres le dicen “tú
abre la de la derecha” y el hijo pregunta “¿dónde
conduce la puerta de la derecha?”, los padres dicen “la
puerta de la derecha conduce a la vida”, entonces el hijo pregunta
“¿y la de la izquierda?”, los padres dicen
“la llave abre también la puerta de la izquierda”
“¿Y dónde conduce la puerta de la izquierda?”
pregunta el hijo, la repuesta es “a la vida también”,
ahora bien, "la puerta de la derecha es la puerta del ganar,
la de la izquierda es la del perder y sólo cuando estés
muy avanzado en tu camino descubrirás que son una misma puerta
porque todo lo que ganamos asimismo lo perdemos”.
El yo trata de ganar, hace sus apuestas en la vida, invierte en aquello
que desea pero al mismo tiempo la vida tiene sus propósitos y sus
leyes, de manera que no gobernamos totalmente el barco, el barco está
también a merced de los elementos de la vida y sabemos necesariamente
que vamos a morirnos también. Para mí la espiritualidad
parece que se parecería más al proceso de encarar el perder
para desnudarnos progresivamente de aquél que llamamos yo y entonces
encontrar aquél que llamamos tú, o él, o lo grande.
En cambio la psicoterapia se ocupará más del proceso de
ayudar a las personas a ganar, de afirmar este yo que quiere conseguir
estos resultados, que quiere lograr estas metas, que quiere criar perfecto
a los hijos por ejemplo, que quiere estar a salvo, que quiere deshacerse
de ciertas dificultades o problemas, que quiere que siempre vaya todo
bien. Las dos cosas son importantes y necesarias. En ambas direcciones
puede proveerse ayuda: La terapia para expandir el Yo y la terapia para
acompañar las contracciones del Yo.
Arjuna:
Una de las cosas de las que me doy cuenta en nuestro mundo espiritual
es que muchas veces queremos matar el ego cuando tenemos un ego como un
pajarito, y lo que lo que necesitamos no es disolver el ego sino realmente
reafirmarnos y que realmente nuestra vida tenga un cierto orden, por eso
muchas veces en la tradición zen cuando el discípulo va
al maestro y le pide refugio, le pide la iluminación, primero lo
manda al mundo y le dice "primero hazte rico y cuando te hagas
rico, deja todo y vuelve", lo que quiere decir, a mi entender,
es que no podemos hacer que el mundo espiritual sea un refugio de una
vida pobre y con dificultades porque sino evidentemente nos vamos a encontrar
en un camino mucho más difícil que la realidad del mundo,
nos vamos a encontrar con muchas más dificultades. Yo diría
que en este "nuestro" mundo espiritual muchas veces podemos
pecar de disolver el ego cuando todavía no hay que disolverlo.
La gran mayoría de gente en occidente que está accediendo
a lo espiritual todavía tiene que reforzar el ego, aunque también
es posible que en el mundo de la terapia se esté reforzando un
ego a gente que lo que necesita es un buen palo, en un sentido metafórico,
claro.
Joan: La espiritualidad
no puede separarse del mundo, es en el mundo. El Ego o el Yo se adiestra
en la confrontación con el mundo. La voz más autorizada
es la voz de la vida y los palos al igual que las bendiciones los da la
vida más que los terapeutas y los maestros espirituales. Todo esto
son juegos, son deportes, son sensibilidades y ahí se mueven mucho
los afectos y por supuesto que muchas veces la vía espiritual no
es ninguna vía espiritual, es la búsqueda del padre, es
la búsqueda del llenar unas carencias, de calmar el malestar, etc.
Incluso regodearse en un exceso de perfeccionamiento terapéutico,
o de obsesión en la práctica espiritual, también
puede seguir siendo una carencia de seguridad fundamental, de fe en la
vida, de fe en la gran madre. De manera que las cosas son muy paradójicas.
Arjuna:
Por eso está bien hablar de las falacias, porque alguien que está
viviendo íntimamente lo espiritual no necesita proclamarlo a los
cuatro vientos. Todo ese montaje, todo ese mercadillo de la espiritualidad
es sospechoso porque en realidad yo creo que es un ego enmascarado que
quiere reconocimiento, poder, éxito, ser considerado, etc., etc.,
y creo que se está hinchando tanto ese mundo que es hora de que
digamos que hay que revisarlo, que hay que poner las cosas quizás
en su sitio.
Joan: Alguien dijo
que la riqueza no da la felicidad pero sólo los ricos lo saben.
Lo mismo podríamos decir de todo lo demás: la fama, el poder,
la justicia, la belleza, etc., etc. Muy a menudo la intensa necesidad
de las personas nos lleva a buscar amparo en el primer árbol donde
parecería que hay sombra o parecería que no llueve. Pero
el cielo quizá sea de los caídos y de los humildes y de
los desesperados, de los que ya no apuestan a nada. Tal vez la espiritualidad
ha sido muchas veces esteticismo o cultivo de poses o de posturas o parafernalias,
y que en realidad igual hay gente que no hace tanto ruido pero goza de
un silencio natural que la vida le ha traído, de una mirada limpia
e inocente, o que goza de una bondad que es muy natural, muy espontánea,
y que no necesita hacer ruido ni necesita grandes acólitos ni grandes
movimientos. Quizá la espiritualidad tenga muy poco que ver con
las religiones y con las organizaciones. Y luego tenemos el asunto de
la competencia espiritual que no es diferente de la competencia en las
carreras de coches, de la competencia dentro de la empresa, o para lograr
la mujer o el hombre más guapo, etc. Pero esto son deportes, son
entretenimientos, son formas de vivir. Insisto en la idea de que la gracia
visita a las personas muchas veces cuando hay pérdidas, cuando
hay algún descenso. Le escuché decir a Claudio Naranjo que
las fases no de expansión, que están muy bien, sino de retracción
son a veces grandes bendiciones espirituales.
Por ejemplo, eso es muy terrible, muy extremo, pero personas que perdieron
un hijo o tuvieron un divorcio inesperado, etc. es tan fuerte la pérdida
que a veces con el tiempo ganan una libertad extrema también, un
despegamiento, se despojan y por este despojamiento es por donde entra
la gracia, que es una libertad, un estar más a las anchas en el
mundo o no mirar al mundo ya como si hubiera algo que agarrar y algo que
rechazar, que es lo que dicen los budistas también. Entonces la
liberación es un proceso que tiene más oportunidades de
ocurrir aunque es obvio que no por ello buscaremos pérdidas. Eso
sería una estupidez. El Yo no gobierna el barco en absoluto.
Arjuna:
Yo digo muchas veces que el primer paso, el segundo y a veces el tercero
que se da en el camino espiritual no lo da, digamos, el alma sino que
lo da el ego, que va en busca de una imagen remozada de lo que sería
el ideal del yo. Lo que pasa es que creo que hasta que para uno el mundo
no ha perdido entereza, hasta que uno no está asqueado del mundo
muy difícilmente puede haber una búsqueda verdadera interior.
Joan: ¿Tú
crees esto de que hay que asquearse del mundo?
Arjuna:
Lo que quiero decir es que hasta que uno no ha visto la trampa ilusoria
del deseo es muy difícil buscar dentro, de verdad, y que no sea
el ego el que busca, por eso los grandes sufrimientos son una gran oportunidad,
no siempre, de esa búsqueda espiritual.
Joan: De trascender
los límites del pequeño yo. Lo que decía antes del
ascenso a la montaña. Hacemos apuestas que nos guían. Decimos
“yo apuesto por ser famoso o yo apuesto por el poder o yo apuesto
por la riqueza o yo apuesto por el amor, etc.," son apuestas
y lógicamente la mayoría de estas apuestas son en realidad
esperanzas que a donde llevan tarde o temprano es a la desesperanza y
a la decepción. Es decir, aquello que parecía que iba a
dotar de no sé qué mi vida, pues tampoco hay para tanto.
En este comprender que nada le llena a uno es donde hay también
la posibilidad de hacerse más amigo del vacío en sí
mismo, de adentrarse más en el vacío en sí mismo
y a veces quizás hasta se puede llegar a descubrir que es muy agradable
este vacío, que es muy apacible porque en sí mismo lo que
parecía lo terrible es la solución, que no se trata de escapar
del vacío sino de entregarse al vacío porque paradójicamente
todo lo acaba llenando, pero no lo llena con aquello que desearíamos
que se llenara. Porque en el vacío ya todo está lleno y
se muestra cuando no hay tanto deseo ni tanta pretensión de llenarlo
ni tanto rechazo de su vacuidad.
Por otro lado vivimos en la tierra, vivimos aquí y todos tenemos
nuestras inclinaciones y a uno le gusta el color verde y al otro el amarillo
y esto forma parte del juego de la vida. Sobre lo que decías antes
del ego, yo leí el libro Aproximación al origen
de Salvador Pániker, ya hace muchos años. En el hablaba
de un concepto curioso y muy interesante: lo retro-progresivo. Por ejemplo,
los bebés o los niños pequeños no conceptualizan
la realidad sino que están en la realidad, están en pura
observación, en pura contemplación y la mente todavía
es silenciosa porque no ha creado las redes del pensamiento, de la conciencia,
de la auto observación y tampoco puede evaluar la realidad, pero
claro después viene la caída en la conciencia personal que
viene del Yo. Se instaura el Yo. En la metáfora bíblica
de la expulsión del paraíso es también así,
nos visita el árbol del conocimiento, nos tienta y sucumbimos a
su trampa y su promesa de conocimiento, caemos en la concepción
del bien y del mal, ya no vivimos en la realidad sino que la pensamos,
la evaluamos, la discutimos, la peleamos, la comprendemos, a través
de la conciencia moral o ética. Es decir, se crea una separación
con la realidad y el que crea la separación es este órgano
que la piensa más que la vive. Lo que decía Pániker,
tal como lo recuerdo, es que el yo y la función del yo o del ego
es desarrollarse y ganar toda su fuerza, arriesgarse en la dirección
de lo que para cada uno es importante para lograr un yo fuerte, un yo
grande, porque el yo grande es el que puede comprender también
a través de la propia conciencia de este propio órgano pensante,
que esto no le lleva a ninguna parte, que le acaba encerrando en un cárcel.
La conciencia que nos atrapa es al mismo tiempo el vehículo que
nos permite comprender que estamos atrapados. El órgano que nos
extravió del paraíso original, por decirlo de alguna manera,
es el que nos permite comprender que estamos extraviados y entonces a
medida que más avanzamos en nuestro desarrollo más retrocedemos.
Es decir, avanzar significa retroceder y retroceder ¿a dónde?
Al lugar donde esta conciencia o este yo no se había instalado
como dominante. Retroceder a la contemplación del mundo.
Arjuna:
Es obvio que el ego no tiene capacidad de elevación pero es el
mismo ego en su frustración no se da cuenta. Yo creo que hay una
psicoterapia dentro de las grandes tradiciones, por ejemplo en yoga hay
un concepto: svadhyaya que significa auto indagación,
es como responder a la pregunta ¿quién soy yo? Pregunta
que se ha respondido tradicionalmente a través de los libros sagrados
y a través de la relación con los maestros. Ahora diría
que como los maestros no están tan al alcance muchas veces esta
auto indagación se hace a través de la terapia, pero la
terapia en sí estaba implícita dentro de las tradiciones,
no digamos del budismo que es la gran tradición que ha observado
y diseccionado la mente. ¿Hasta dónde ha bebido el mundo
terapéutico occidental de estas grandes tradiciones, dónde
las ha cogido, dónde las ha dejado, dónde las tiene todavía
en el horizonte o simplemente ha seguido su propia autonomía?
Joan: La ayuda emocional
y la cura de almas, antes de que fuera formalizada por Freud, que sería
como el padre, y se creará la metodología del psicoanálisis
y la terapia, siempre había estado inmersa en la magia, los espíritus,
las fuerzas misteriosas. De hecho Freud también dice que hay fuerzas
que nos manejan, que no gobernamos, que desconocemos y a esto se le llama
el inconsciente. Más adelante hay una revolución anti Freud
que dice que la ayuda tiene que caminar por circuitos científicos,
bien mesurados y contrastables, y entonces tratan de hacer una psicología
más experimental, más reducida y conductual, donde no hay
un algo interior sino solo lo visible, lo evidente. Luego hay otra revolución
que es la humanista, que dice que ni uno ni lo otro, que no sólo
lo invisible ni tampoco lo visible y la psicología humanista también
llamada movimiento del potencial humano, entre otras muchas cosas, se
empieza a llenar de ideas más o menos espirituales, o se contagia
del budismo zen, o se contagia de algunas aportaciones del hinduismo,
del yoga, de los técnicas que mueven la energía, el tai
chi, etc. Surgen las grandes técnicas como la gestalt, el trabajo
con el cuerpo, los grupos de encuentro, el psicodrama, etc. Después
vendrá el constructivismo, los abordajes sistémicos, etc.
Arjuna:
No sé si me he explicado en la pregunta, por ejemplo cuando uno
lee los yamas y niyamas explicados en los Yoga Sutras de Patanjali,
que son casi idénticos a los listados budistas, donde se habla
de no robar, de ser sincero, digamos de no ser violento, etc., pareciera
de entrada que son los diez mandamientos, como una actitud moral y yo
creo que la terapia se ha distanciado de la cuestión moral en alguna
medida, lo que pasa es que si indagamos en estos términos de la
tradición nos damos cuenta de que en realidad no eran observaciones
morales sino que eran herramientas de trabajo, para conquistar un poder
y no quedar atrapado en el laberinto del mundo social y de vínculos,
ni tampoco empantanado en las inercias internas. Había un trabajo
muy exquisito en cuanto a la mente, pero yo no sé si la terapia
al desvincularse de lo moral ha dejado al individuo en un cierto vacío.
Joan: Yo no conozco
tan a fondo svadhyaya pero yo más bien pienso que las
órdenes, las reglas -son muy parecidos los diez mandamientos a
otras reglas de otras tradiciones o culturas- son metas, lugares a los
que llegaron los que hicieron un camino y espontáneamente se volvieron
respetuosos, benevolentes, espontáneamente honraron a los padres,
espontáneamente sintieron que no debían matar, que no debían
mentir, porque esto ocurría espontáneamente. Yo creo que
el error es que entonces esto se ofrece a la gente como un decálogo
de obligado cumplimiento, un conjunto de deberías, pero esto no
tiene sentido. Los mandamiento son comprensiones a las que se llega después
de un proceso experiencial, además de que instintivamente por sentido
social y de pertenencia al grupo las personas nos abstenemos de dañar
a los propios.
Cierta terapia y ciertos abordajes se limitan únicamente a resolver
problemas. Otros se orientan más a desarrollar a la persona, a
reflexionar en común sobre el sentido, los valores, el bien vivir,
etc. y, en este sentido, la terapia en general no apela a la moralidad,
no apela a las reglas morales, sino que se confía en el proceso
emocional de la persona con la expectativa de que espontáneamente
llegará a una comprensión buena acerca de lo que es correcto,
de lo que es adecuado. Y lo que decía antes, que hay una terapia
que se orienta al ganar, a resolver problemas, al reforzamiento del Yo
y de que hay una terapia que se ocupa de los grandes temas del descenso,
de las pérdidas y esta terapia conduce, o colabora, o apoya, o
camina con las personas para llegar a lugares donde ya no es la terapia
la que habla sino que es la vida. Son procesos de auto conocimiento profundo,
procesos de desarrollo profundo o procesos de ponerse en sintonía
con los propósitos de la vida y en este sentido la terapia sí
que se vuelve muy espiritual. Es muy distinto tratar en terapia a una
persona que por ejemplo tiene un problema de ansiedad cada vez que tiene
que hablar con su jefe, de la persona que está con una enfermedad
crónica desde hace cinco años, o de la persona que acaba
de tener un duelo importante, porque entonces lo que se refleja, lo que
se mueve, es muy distinto.
Arjuna:
Yo recuerdo una frase de Ken Wilber, psicólogo transpersonal norteamericano,
que hablaba de los peligros de ir a lo transpersonal sin pasar por lo
personal. En este sentido por haber pasado por un cierto bagaje terapéutico
en mí mismo, en mi propia carne, tanto desde la gestalt como el
mismo Eneagrama, yo aconsejo a mis alumnos que detecto una cierta confusión
en el carácter que pasen por lo terapéutico, porque creo
que es importante esta función terapéutica de clarificar
donde estás tú, donde está el otro, cuál es
tu relación con el mundo, cuáles son tus vínculos,
porque el mundo espiritual es infinitamente sutil y complejo y tiene mucho
más que ver con el perder que con el ganar.
En ese perder, en ese asumir el propio sufrimiento y el sufrimiento de
los demás, está todo el trabajo. El otro día meditábamos
en parejas y entonces se trataba de que uno, simbólicamente si
quieres, absorbiera el sufrimiento del otro y devolviera luz o compasión,
y claro, esto no es un juego. En realidad lo que podemos entender por
iluminación tiene que ver con un enfrentamiento con lo que es el
sufrimiento, porque tanto el yoga como el budismo, y tantas otras tradiciones,
son respuestas al sufrimiento de la vida, que no significa desconectarse
del dolor porque el dolor forma parte intrínseca de la vida, lo
que hay que cuestionar es ese plus emocional que nosotros le añadimos
a la propia naturaleza del dolor o de las pérdidas que conlleva
la vida.
Joan: Justamente yo
creo que la entrega al dolor natural de los sucesos de la vida es lo que
nos permite liberarnos del sufrimiento también, porque muchas veces
el sufrimiento está hecho del intento de evitar el dolor y entonces
lo complicamos con otras emociones. Sentimos pena, o rabia, o culpa, o
vergüenza, etc. y todos estos sentimientos vienen de un dolor en
origen. A veces en la entrega a lo que se pierde o detrás de un
intenso dolor luego hay una liberación y una dulzura infinita.
Pero volviendo al tema de la terapia y la espiritualidad estoy totalmente
de acuerdo contigo de que hay que ordenar los asuntos del mundo, de que
hay que ordenar los asuntos de los afectos, de los vínculos, de
las relaciones, de los amores, de los rechazos, de las heridas, hay que
poner orden y cuando en el alma de las relaciones hay un cierto orden
entonces uno está libre para caminar en cualquier dirección.
Sin ninguna duda la vía espiritual también es refugio para
los lastimados que tratan de encontrar amparo en una vía espiritual,
pero este amparo es una doblez porque por un lado les da como un cierto
consuelo pero por otro lado les impide enfrentarse con asuntos muy obvios,
y con dificultades y conflictos y problemas muy obvios que necesitan clarificarse.
Me he encontrado con gente budista que a veces me han dicho “yo
creo que tendrías que venir a dar talleres de constelaciones familiares
entre nosotros” y yo me imagino que como en todas partes pues
habrá gente que le vendría muy bien hacer un taller y clarificar
su afectividad y clarificar los vínculos con el padre, con la madre,
con los hermanos, es decir, ponerse en orden con la vida, con las personas
y consigo mismo. Luego que vuele o que viva en la dirección que
quiere. Y al mismo tiempo el espíritu todo lo abarca, al mismo
tiempo hay soluciones o hay caminos que no se pueden satisfacer en el
plano de lo humano, y el espíritu aquí sería este
Sí con el que empecé a hablar.
A veces cuando la vida muestra su cara más terrible, para algunas
personas, lo único que les sirve para poner orden en ciertas cosas,
porque es imposible más allá de eso, es decir Sí,
así son las cosas y así lo tomo también porque aquel
que gobierna el asunto grande me lo manda y probablemente me lo manda
para provecho de mi alma. Como la película “El gran silencio”
donde apenas hay diálogos, pero un diálogo muy interesante
es el del monje ciego, mayor, que está lleno de felicidad. Creo
que es una felicidad real porque está profundamente en paz con
la vida y le agradece a Dios incluso que le haya dejado ciego porque Dios,
“sabe mejor que yo mismo qué le conviene a mi alma”
dice, y en este hombre hay una grandeza, una belleza y una alegría
interior porque no hay oposición. Esto sí que es rendirse
a los grandes propósitos de la vida, de sintonizarse con los grandes
misterior de la vida. Yo creo que la espiritualidad tiene mucho que ver
con rendirse, con una rendición a lo que la vida nos trae aunque
no sea aquello que nosotros desearíamos que nos trajera.
Arjuna:
Entonces fácilmente estamos vendiendo un tipo de espiritualidad
o de terapia y yo intento no pintar el mundo espiritual de color de rosa,
por ejemplo esas palabras que me parecen muy sabias de ese maestro zen,
Suzuki, que cuando un discípulo le preguntó sobre la iluminación
le dijo: “¿Quieres saber sobre la iluminación?
Tal vez no te guste”, porque es que si supiéramos lo
que nos espera desde la perspectiva del ego al otro lado de la iluminación
o de eso que nosotros llamamos realización probablemente saldríamos
corriendo, porque ahí precisamente es donde duele más el
mundo, el sufrimiento del mundo, donde se ve más la ignorancia
y la codicia, la propia y la ajena, y ahí nos encontramos que aparece
lo desconocido.
Joan: No tengo ni
idea de lo que debe ser eso que llaman estar iluminado, pero mi opinión
personal es que esto de la iluminación es algo de lo que nos gusta
más hablar que no personas que lo experimenten, porque yo con todo
el respeto no estoy seguro de haber conocido ningún iluminado,
igual hay muchos y no sé reconocerlos. La única persona,
no sé si iluminada, que he conocido y me parece que está
completamente libre de sí misma y creo que esta es una buena expresión:
“libre de sí misma”, en el sentido de que
esto a lo mejor refleja la iluminación, la única que me
ha parecido así es Amma. Sin duda es una fantasía que yo
le he adjudicado. Por lo demás yo no veo que abunden estas personas
que están libres de sí mismos, lo que abunda es una gran
adicción a sí mismo.
Esto que se dice que a lo mejor nos gustaría estar iluminados,
pues la verdad es que no tengo ni idea. En el fondo quizá no importa
en absoluto. ¿Y si ya estamos todos iluminados y simplemente no
lo reconocemos? Mejor me callo y me rindo a mi ignorancia.
Arjuna:
Yo creo que hay que poner cierto rigor en este sentido, porque precisamente
el que busca la iluminación se aleja de la iluminación porque
el ser está siempre presente, mientras que si lo buscas te estás
alejando. Como dice el Vedanta el buscador es lo buscado, lo que pasa
es que probablemente el camino espiritual no es más que una ficción,
pero es a través de esa ficción que es el camino que te
das cuenta de que ya estabas donde siempre habías estado.
Joan: Es esto. Esta
formulación del Vedanta Advaita me gusta.
Arjuna:
Cuando le preguntaron a Ramana Maharshi y ¿Usted donde irá
cuando muera? Y él dijo “dónde voy a ir, donde
siempre he estado”. En el Ser que es la pura conciencia. De
todas maneras como yo en los pequeños y grandes maestros que he
conocido he visto grandes y pequeños pecados, que tenían
que ver con el sexo, el dinero, la fama y poca cosa más….
Joan: Esto no son
pecados, son aficiones, son entretenimientos. La iluminación no
debe ser aburrida (Risas).
Arjuna:
Pero lo que me parece interesante desde esta experiencia es que esto vale
la pena porque el camino no es fácil, porque precisamente esto
es la grandeza del ser, que es capaz de colocarse en otra posición,
en otra óptica desde la propia inercia.
Joan: Creo que muchos
que hemos buscado o buscamos qué es trascendencia o iluminación
en el fondo lo que buscamos es más amor o más envanecimiento
o más tonterizamiento por llamarlo como quieras, porque
en el fondo lo que más nos cuesta a todos es pensar que no somos
especiales, asumir que no somos especiales, es decir, asumirnos miserables,
asumirnos como cualquier otro, asumirnos nada o asumirnos nadie y la promesa
espiritual de que uno estará allí sentado, vestido de blanco
y mirando al horizonte… ¡Ja, ja!.
Arjuna:
Pero no hablemos tanto de lo espiritual también hablemos de lo
terapéutico ¿no se estará convirtiendo el terapeuta
también en un nuevo gurú?
Joan: Hombre, yo ya
hace años escribí un artículo que hablaba de la figura
del terapeuta como prostituta, como científico, como sacerdote
y como gurú. Se trataba sólo de metáforas por supuesto.
Quería decir que el terapeuta atiende, –pone atención-,
el cuerpo y la energía, las emociones, los pensamientos y los asuntos
trascendentes.
Arjuna:
No será fácil estar delante de la miseria del otro cuando
uno de alguna manera está en el otro bando, diríamos que
uno de los grandes pecados del mundo espiritual es que tú no tengas
tu propia práctica. La pregunta en la terapia sería ¿realmente
das un soporte al dolor del otro cuando tu vida es liviana, cuando juegas
a ser terapeuta?
Joan: Yo creo que
el terapeuta debe de estar torneado con los asuntos cruciales del vivir,
a través de su propia experiencia o acumulándola, con respeto
a las personas, en la consulta. Luego tiene que ser humilde y no creerse
mejor que nadie, sobre todo no mejor que sus pacientes, y también
tiene que saber que no es muy importante y que no es muy significativo
para sus pacientes, que está de paso, que es tangencial y que acompaña
o ayuda, a ser posible de una manera no muy prolongada en el tiempo. Los
grandes vínculos terapéuticos, me refiero a cuando se prolongan
mucho en el tiempo, pretenden en cierto modo la ficción de que
hay algo que va más allá de un encuentro tangencial, como
si pudieran suplantar vínculos verdaderos de pareja o entre padres
e hijos por ejemplo. Un vínculo entre terapeuta y paciente nunca
es muy significativo en el Alma. Puede haber agradecimiento o respeto,
o reconocimiento, o cariño, o todo esto a la vez pero a nivel de
vínculos profundos del alma no es muy significativo. En este sentido
el terapeuta prudente creo que aprende a saber que no es muy importante
para sus pacientes y que está bien que así sea, que está
de paso.
Arjuna:
¿Y tu relación con tus maestros?
Joan: ¿Con
mis maestros terapeutas, espirituales, o...?
Arjuna:
No sé ¿dónde está la frontera? ¿Dónde
has necesitado una honestidad del maestro? ¿Dónde le has
aplicado lo mismo que dices para el terapeuta, que no es tan importante
la persona, etc.?
Joan: Lo primero es
que si uno está en la posición de paciente, de discípulo
o, llámalo como quieras, uno tiene que aprender a no esperar la
perfección. A mí, por ejemplo, nunca me han interesado los
maestros ni las personas perfectas. Las prefiero reales, genuinas. Me
han interesado cuando son imperfectos y cuando están cómodos
con su imperfección entre comillas según cánones
muy limitados. ¿Por qué en verdad quién tiene el
poder de juzgar y condenar a nadie? ¿Quién se encarga de
dictaminar sobre lo perfecto y adecuado?
Por ejemplo, una de las cosas que más siempre me ha conmovido y
atraído de Claudio Naranjo es su transparencia, no estar pretendiendo
ser distinto de lo que es. Su saber estar con sus cosas tal como son con
dignidad y espontaneidad, sea lo que sea, incluso en lo que resulta incómodo.
Para mí esto ha sido una gran lección de vida: aprender
a estar con lo que uno es y segundo que las cosas no son blanco o negro,
que la vida está hecha de matices y colores. De Claudio, por ejemplo,
también he aprendido mucha conformidad con lo que la vida trae
y al mismo tiempo mucha capacidad de arriesgarse y empeñarse con
lo que uno quiere y desea. En este sentido uno aprende por espejo vicario
que si te relacionas con alguien que sabe o ha aprendido o está
en el camino de estar cómodo consigo mismo, incluso con aquello
que parece que sería feo, pues uno aprende también a estar
cómodo consigo mismo, incluso con aquello que le parece feo de
sí mismo. Y esto es una alquimia, esto es una transformación
también. Lo que parece amenazante y difícil se convierte
en recursos y talentos. En Gestalt hablamos de aprovechar la propia patología
al servicio de la ayuda y de la vida.
Lo que me pasa también, y tengo que confesarlo, es que pensar en
la iluminación no se me había ocurrido hasta hace tres o
cuatro años. Nunca me lo había tomado muy en serio, siempre
me habían parecido juegos cortesanos más bien –sin
duda el cortesano era yo-. Siempre he sido, no sé como te lo diría,
como si yo me sintiera en lo hondo muy espiritual pero al mismo tiempo
como si me pusiera muy frívolo para que no se notara por un lado
y por otro lado en el ambiente nunca he sido de los que se ponen devotos,
esforzados, de los que muestran la fe o la creencia. Pero sí que
confieso que hace tres años, un día, en una meditación,
aún y asumiendo que no sé de qué se trata, pensé
que quizás estaría bien, pero lo que pensé es que
probablemente se parecería mucho a estar vacío de uno mismo,
que probablemente se parecería mucho a tener una especie de silencio,
que es un silencio que está conforme con todos los ruidos del mundo.
Pero tú me preguntabas la relación con mis maestros ¿en
qué sentido?
Arjuna:
En el sentido de lo que uno espera de los maestros. Diríamos que
para ir a donde uno no sabe tiene que ir por donde uno no sabe, como diría
San Juan de la Cruz, y entonces gracias a esa cantidad de sabios que han
dejado algunas huellas en el camino, gracias a esa generosidad, pues vamos
por un camino donde al menos podemos tener alguna lucecita. Entonces lo
que quiero decir, con todo el respeto del mundo, que a mí me parece
que colocarse a veces en la posición de maestro teniendo detrás
un linaje o unas piedras tan sólidas y bien colocadas pues es para
pensárselo. Es decir, más honestidad al menos con lo que
uno puede transmitir, con lo que uno más o menos ha ido integrando.
Joan: Ya te entiendo,
pero es que yo debo ser un poco ácrata espiritual porque a mi toda
la parafernalia de los linajes, de los rituales, etc., me aburre.
Arjuna:
Yo tampoco la conozco mucho…
Joan: Yo ¿sabes
qué pienso Arjuna? Que el maestro está en todas partes y
entiendo lo que dices de que es una bendición cuando te encuentras
con personas que están más libres de sí mismas, que
comprenden que nada es tan importante y que no se creen sus pensamientos,
ni sus emociones, ni su cuerpo, que gozan de una cierta libertad y ahí
uno parece como que se impregna de algunos conocimientos, de algunas comprensiones.
No sé, igual yo no soy muy devoto de nada.
Arjuna:
Yo nunca he seguido ningún maestro en concreto pero más
que la parafernalia del linaje simplemente son unas personas que se despiertan
a las cuatro de la mañana y se acuestan a las once de la noche
en silencio, como los monjes cartujos, o de una tradición o de
otra, pues yo me quito el sombrero por esa gente que están abriendo
un camino a la paz o a la comprensión, digamos que es muy serio.
Un cirujano que deba abrir un pecho y sacar un corazón y poner
otro debería saber lo que es la válvula del corazón,
lo mismo digo yo, es decir, que puede haber una tendencia a que con dos
o tres experiencias más o menos, con un cierto arrobamiento o con
una subida de la energía y uno dice ya está, yo ya tengo
algo que decir, ya estoy iluminado.
Joan: Yo me fiaría
más fácilmente de los maestros que son sencillos, que están
en la tierra, que no hacen mucho ruido, que no se venden mucho en los
anuncios de maestros espirituales y que no son pretenciosos. Además
me gusta si dudan un poco sobre si tienen la verdad de alguna manera,
aunque en el fondo de su corazón palpite el universo entero en
su verdad.
Arjuna:
Incluso yo diría que el falso maestro o el falso terapeuta está
haciendo una función en esa gran cadena del universo, digamos que
está acelerando el que empecemos a tener un cierto criterio para
saber qué es lo que se cuece, qué es el camino. Seguro que
todo está bien…
Joan: Yo, por ejemplo,
fui a Poona ver a Osho, debe hacer veinte años y a mi no me pasó
nada. La gente estaban todos como enamorados de Osho, como flipados con
Osho, y mira que a mí me gustan algunos de sus libros y algunos
de sus textos, y me gustaba lo que decía. Pero a mi no me pasó
nada especial.
Arjuna:
Porqué te fijarías en las chicas que había….
(risas)
Joan: Esto es lo que
me hizo sospechar… que no era normal la cantidad de mujeres hermosas
de media por metro cuadrado.
Arjuna:
A lo mejor ibas para ligar…
Joan: Lo cierto es
que no ligué (risas), aunque me prometí volver para resarcirme
pero todavía no lo he hecho. Yo iba para curiosear. Cada uno es
como es pero quizás yo tengo una cierta alergia al espectáculo
y me siento más cómodo en una charla amigable. Por supuesto
que hay gente que dan lecciones en el sentido de que te hacen ver muchas
veces de que esto no es importante, lo otro no es importante, lo otro
tampoco es importante, que miran compasivamente la tontería en
la que uno cae una y otra vez, y supongo que lo hacen desde un lugar donde
ya tienen la perspectiva de lo infinito, la perspectiva de lo eterno,
y se dan cuenta del juego de la vida y lo miran como diciendo, bueno…
paciencia.
Sin embargo como te decía yo debo tener una cierta alergia a la
parafernalia y al discipulismo espiritual.
Arjuna:
Que es lo que yo directamente critico….
Joan: Es que es como
todo, como esto del new age y de las corrientes de autoayuda,
es como que aquí se vende de todo. La espiritualidad vende también
porque hay mucha gente necesitada y a veces digo (si esto tiene que salir
en algún lugar ya lo retocaremos –risas-) ¿en lugar
de tener sentido del humor, por qué no podría ser más
psicópata yo? Porque pienso que si fuera más psicópata,
un verdadero psicópata sin fisuras, me pondría de gurú
jodido y perverso, que me dieran sus patrimonios, que me dieran todas
la mujeres. No es tan difícil… Pensándolo bien tampoco
sabría que hacer con los patrimonios y las mujeres. Bueno volvamos
a la realidad.
Arjuna:
Te saldrían competidores.
Joan: Pero hay mercado
para todos. En realidad lo que te estoy diciendo es que hay maestrillos
espirituales que son verdaderos psicópatas y su bondad huele a
azufre, y que se alimentan de almitas descarriadas, pero bueno cada uno
con su destino, las almitas descarriadas con su destino y el Lucifer disfrazado
de Santa Ágata con su destino también. ¡Oye! creo
que a estas horas me empiezo a poner sarcástico.
Arjuna:
Yo de todas maneras, para ir acabando, lo que diría es que cuando
aparece una experiencia digamos extraordinaria, de cualquier tipo, de
gran paz o de gran visión o de gran energía, etc., cuando
has visto que el ego se ha quedado en paréntesis ha aparecido esta
otra experiencia, pero llega un momento en que el ego vuelve y ahí
está el problema, porque el ego lo primero que hace es colocarse
una medalla y esto en la tradición estaba muy vigilado.
Joan: Muy encauzado
para que no se perdiera tanto…
Arjuna:
Después de una experiencia lo que venía a continuación
era una colleja y a lavar platos. Esto es a lo que yo tengo más
miedo, es decir, le tengo miedo a gente que empieza ciertas experiencias
y yo que tengo algunos alumnos de este tipo, que empiezan a hablar directamente
con Dios, y que empiezan de alguna manera a descolocarse y a manipular,
y entonces si no hay una claridad en ese sentido, un ego fuerte digamos
que pueda poner las cosas en su sitio, pues nos encontramos con un verdadero
problema.
Joan: Pero esto son…
Arjuna:
Gajes del oficio, o algo irremediable que forma parte del camino.
Joan: Yo creo que
forma parte del camino, pero uno puede perderse muchas veces y luego reencontrarse.
Arjuna:
O no.
Joan: O no, pero cada
uno con su destino. Seamos honestos también ¿quién
no ha tenido experiencias extraordinarias? ¿Quién no ha
tenido momentos donde siente la liberación, donde siente la unión?
Yo creo que todos hemos tenido pequeñas experiencias, o más
grandes quizás algunas personas, donde sentimos o sienten esta
vibración, esta conexión con la totalidad o con la vida,
es decir, que se diluía algo, que estábamos libres y bueno,
y luego volvemos al redil y la vida funciona así. Aunque puede
ser que haya personas que han tenido experiencias que les han resultado
tan interesantes o tan originales que luego las proclaman como el camino,
puede ser, y a lo mejor ayudan un tiempo y hay gente que les viene bien
eso… que sé yo. Son ideas.
Arjuna:
Tampoco no sabemos los caminos que nos depara la vida.
Joan: Pero yo soy
más partidario de vivir ya que en el vivir uno encuentra los caminos
del espíritu y no al revés, es decir, se puede ser partidario
de buscar la espiritualidad y mientras uno la busca vive. Yo soy partidario
de vivir.
Arjuna:
Yo también. Es la vida la verdadera maestra.
Joan: En el vivir
también se puede dar el máximo goce y la máxima libertad.
A lo mejor es pura ignorancia, son temas tan difíciles que en realidad
somos bastante ignorantes.
Arjuna:
Por supuesto.
Joan: De todas maneras
para terminar una anécdota, porque tú hablabas de lo sagrado
y nosotros estuvimos en Chile este verano y una amiga, nos contó
que en el sur de Chile una vez se encontró con una indígena,
una chamana, una mapuche y entonces fue a preguntarle ¿este árbol
para vosotros es el árbol sagrado, no? Y la mapuche la miró
y le dijo: No. Y ella preguntó ¿cómo que no? Y la
chamana respondió: No, para nosotros todo es sagrado. Y esto es
la enseñanza también. A veces la persona que pregunta esto
es la que busca el icono espiritual para lucirlo en la feria de artesanías
espirituales del sábado en Central Park, por decir algo, y la mapuche
le dice que todo es sagrado, que todo es igualmente digno y respetable,
lleno de la vida que nos inflama a todos.
Arjuna:
Pero ahí está el que cambiamos el collar de lo profano por
lo aparentemente sagrado, otro collar, y entonces ahí es donde
no se acaba de entender qué significa la sacralidad. Yo a veces
pongo como ejemplo que el árbol desde la visión profana
es tanta madera, tantos frutos, etc., digamos el árbol desconectado
de lo que lo envuelve, y la visión sagrada es que ese árbol
es un ser con sus raíces, que de alguna manera la nube, la lluvia
y la tierra, todo eso es un todo, todo ese microuniverso que vive en el
árbol, esa globalidad, esa profundidad, esa no separatividad, es
lo sagrado.
Joan: También
nos podemos preguntar qué diferencia hay entre hacer la carrera
de la riqueza o hacer la carrera espiritual.
Arjuna:
Es lo mismo, depende de la actitud.
Joan: La zanahoria
es la misma, la carrera no es muy distinta, uno persigue los millones
de dólares en el banco y otro persigue las visiones de Dios en
lo alto de los Himalayas. Entonces no hay mucha diferencia.
Arjuna: No, no la
hay.
Joan: Esto de la espiritualidad
tiene que estar en lo cotidiano, en la respiración, en la mirada,
en el ser, en el encuentro, en todo. Todo tiene que ser sagrado, todo
tiene que estar lleno. Esto es lo que dicen en el advaita, no hay que
buscar nada porque todo está aquí.
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