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Entrevista a Suzana Stroke
 

Te has dedicado profesionalmente a trabajar para restablecer el vínculo amoroso en las relaciones parentales, a través del Proceso de Cuadrinidad (Proceso Hoffman). Más tarde extendiste tu trabajo para restablecer este vínculo en las parejas, a través de tus talleres de pareja y sexualidad. ¿Qué tienen en común estos trabajos?

–Lo que veo en común es que las personas pueden vivir con más aceptación, más tranquilidad, menos peleas, menos guerras y más comprensión, y de ese modo cada uno se siente mejor en la vida. Mi percepción es que el proceso Hoffman resuelve mucho a nivel individual, abre un deseo de desarrollo espiritual y mejora muchísimo la relación entre padres e hijos, pero entonces la neurosis florece en la pareja más que nunca. La persona se da más permiso y ve más cosas en sí misma, pero también las ve en el otro. Ahí empieza un juego de poder en torno a quién está más "avanzado". Entonces la crisis se instala con más facilidad. De esa constatación surgió mi trabajo de parejas. Y el trabajo de sexualidad surgió como un deseo de profundizar (ya que en los trabajos anteriores no hay tiempo suficiente) en un area muy importante a nivel individual y de pareja que está llena de tabús y prejuicios.


–Como ves el enamoramiento, ¿tiene que ver con creer que hemos encontrado aquello tan incondicional que esperábamos encontrar al nacer y no tuvimos?

–No se busca de una manera consciente, enamorarse es una de esas cosas que ocurren en la vida y abren la posibilidad de vivir algo necesario para poder seguir. Es encontrar en el otro algo que te abre el corazón, y todo cambia. Hay más capacidad de aceptación. De pronto las pequeñas cosas no importan, lo que importa realmente es poder ver el brillo de la alegría en los ojos del otro. Todo esto es mágico y no dura. Es algo que está en la creación como el medio a través del cual se posibilita un encuentro. Un encuentro que después se convierte en trabajo, y ahí aparecen los problemas, que, si son bien aprovechados, pueden llevar a una evolución, en vez de simplemente salir buscando el estímulo de un nuevo enamoramiento o "estado de gracia".


–A pesar de la dificultad, las crisis y los fracasos, ¿qué crees que moviliza en el hombre y la mujer la tendencia a vivir en pareja?

–Existen la complementariedad, las diferencias que se suman, hay todo un potencial de poder realmente realizar algo mayor en la vida. Siento que esto es lo que nos hace unir, ya sea en la pareja o en el trabajo. No es frecuente que la gente trabaje sola, busca socios, se agrupa. Personalmente, cuando hago trabajos en grupo prefiero muchísimo más trabajar en equipo. Me da más seguridad, más tranquilidad, más alegría y más dinamismo. Están los problemas de competencia y todo eso, pero aún así siento que vale. Nos buscamos porque la vida ya nos apunta que solos es mucho más difícil. Hay personas que eligen la soledad y se sienten más seguros, pero yo pienso que es una opción más cobarde. Es como aceptar algo menor donde no haya tantos riesgos. La mayoría de las personas que están solas priorizan no tener problemas y mantener el status quo. Pero la gran mayoría sigue buscando a pesar de las peleas y separaciones, con la esperanza de que algo por ahí pueda resultar en avance y aprendizaje. La evolución para mí es con y a través de otros. Más en la pareja, porque lo que ocurre en una relación de pareja no ocurre de otra manera: la intimidad, el día a día, las manías... Todas nuestras cosas aparecen en una relación de pareja y estamos mirándonos, queramos o no. Es la gran posibilidad de cambio. Pero es difícil y no siempre podemos... ¡los fracasos ahí están! (risas).


–Parece que muchas de las dificultades que hay en una relación de pareja arrancan de la confusión, de la dificultad para distinguir entre entrega y sumisión o dependencia. ¿Dónde están los límites?


–Para mí la entrega involucra una decisión personal y en esa decisión hay independencia, no dependes del otro para entregarte, no depende de que el otro sea de una determinada manera. ¡Bueno, en cuanto teoría! (risas). En la práctica es un proceso lento. Si existe la intención de entregarse realmente en una relación y se está lo más abierto posible, entonces en cada momento uno va viendo cómo no es, cómo la intención no se cumple, y que cada vez tienes que confrontar cosas que antes no se tenían como obstáculos. La idealización de la entrega no corresponde a la realidad del día a día, pero es un proceso. En una relación de pareja ocurren cosas contínuamente. A veces uno imagina que se ha llegado a un punto final, y no, siempre es un punto y aparte. A veces uno está dando vueltas a las mismas cosas desde diferentes ángulos y ocurren otras cosas que le llevan incluso a revisar lo anterior.
También hay tendencias, hay personas con más tendencia neurótica a la dependencia y otras a la independencia. Está la persona que se fuerza a ser independiente tornándose más dura y más incapaz de ver al otro, que impone un montón de cosas y hace los juegos que le hacen posible manipular para que la otra persona esté ahí y le permita jugar su juego de independencia.
Todo esto entra dentro del proceso humano individual y en la pareja aparece con más fuerza. Si hay una persona que tiene tendencia a la independencia y otra a la dependencia, ahí se encuentran y hacen el enganche. Pueden seguir la vida aparentemente muy bien, cada uno está viviendo a tope su rol. Pero si uno de ellos lo confronta y dice que no quiere seguir así, entonces surge la crisis.


–¿Qué es ser independiente o dependiente?


–Para mí ser independiente es no estar enganchado en lo emocional con el otro, no en hechos como salir solo o viajar. En una pareja ocurren frecuentes enganches por celos, sean las personas dependientes o independientes. En la base de los celos está la inseguridad, que se torna aparente en la relación misma, y la persona ni siquiera se da cuenta. Inseguridad acerca de si el otro nos quiere realmente, o si uno es suficiente. Yo misma dije durante muchos años que eso a mí no me ocurría, pero después, cuando acepté que sentía celos, tuve que aceptar mi inseguridad, mi dependencia del otro y un montón de otras cosas. Lo pasé bastante mal, pero lo confronté, hasta que llegó un punto en el que me relajé, "bueno, esto es lo que hay y vamos a vivirlo hasta el momento en que pueda ya no estar".


–Por tu experiencia en el trabajo, ¿qué papel crees que juega la sexualidad en una relación?

–En general hay puestas muchas expectativas en la sexualidad como el punto más alto, el punto que cuaja la relación, y hay mucha frustración porque hay mucho desencuentro, muy poca experiencia real de cómo llevar una sexualidad sana. Y poca paciencia, principalmente en el hombre, para dar a la mujer el espacio para un encuentro más íntimo. Es increíble la poca información y la poca claridad que tienen, incluso los más jóvenes(1), en lo referente a qué es una sexualidad sana. También hay poca capacidad para ver qué es lo que no funciona y porqué. Y está también la influencia de las ideas que tenemos de cómo debe ser el hombre y cómo debe ser la mujer.
Pocas veces las parejas asumen que la relación sexual no va bien, es como una verguenza muy grande, e intentan culpabilizar al otro, o simplemente olvidar. Pero una relación sexual no va bien cuando hay desencuentro ( o desinterés), y poca claridad respecto a cómo es una relación sana en la pareja. De nada sirve leer mucho o tener mucha información si no se tiene el coraje de afrontar los hechos (incluso, y principalmente, detalles aparentemente poco importantes).


–Vemos por el trabajo terapéutico y por nuestra propia experiencia que hay mucha necesidad de deseo, y cómo se juega con ello. ¿Quién lleva la iniciativa? ¿Quién desea más veces? La necesidad de sentirse deseado a veces es más fuerte que el propio deseo y se usa como forma de sentirse importante para el otro. ¿Cómo ves tú eso?

–¡Eso es verdad! Y es un juego peligroso, pero con el tiempo y el compromiso con el trabajo, las personas se cansan de tanto desgaste. Entonces empieza un tiempo de aceptación.


–Cuando eres joven la sexualidad ocupa demasiado espacio, es una energía que te lleva, que te arrastra. A medida que pasa el tiempo se va transformando en otras cosas. ¿Cómo transitar hacia otras cosas?

–Cuando se pierde el empuje sexual más joven no se sabe qué hacer con eso, parece que ya se terminó. Pero no se trata de una transición debida a la edad o a la convivencia, sino de una oportunidad para explorar una sexualidad diferente. Se puede transitar juntos y encontrar algo que es muy satisfactorio, pero hay miedo. Principalmente el hombre se asusta muchísimo y busca otras experiencias para confirmar que es hombre, para sentir que es válido, y pierde tiempo en eso. Ahí la pareja entra en crisis por la incapacidad de reconocer los cambios y por el apego a lo que ya pasó.


–¿Cómo transformar la sexualidad en la pareja en búsqueda de la plenitud espiritual?

–La sexualidad se puede vivir a solas, pero cuando se vive a dos eso puede ser un camino en sí mismo. Ya conocemos los tantra de la vida, etc. pero para mí es un nivel posterior, cuando ya se han pasado por y aprendido con los otros niveles. Hay algunas personas que quieren llegar a la plenitud espiritual a través del sexo sin haber resuelto las cosas más cotidianas o los encuentros sexuales desde el lugar donde están. Pretenden llegar al camino espiritual (a través de la sexualidad) sin antes haber podido vivir la sexualidad común y corriente.
Yo siento que la relación sexual tiene su lugar, y todavía para mí es una incógnita. ¿Qué es? ¿Por qué es tan fuerte? ¿Por qué mueve tantas cosas? ¡Quiere decir algo! ¡Y este algo para mí está en estudio! (risas). Aún estoy buscando las respuestas.
Ese encuentro que buscamos de plenitud con Dios, esa unidad con el todo pienso que sólo es posible a partir del momento en que te puedes encontrar verdaderamente con el otro. Entonces es posible. Si eso ocurre sin las dependencias y las demás cosas que hablábamos, entonces este camino se va abriendo hacia un encuentro de otro orden. A veces pensamos que sea más fácil "estar con Dios" que con un semejante, pues Dios no nos confronta, o por lo menos eso no ocurre en nuestros intercambios con un Dios hecho a nuestra manera (hay muchos engaños en esto de "contactos espirituales"). Algo que siempre digo en los grupos es que "cuando uno puede realmente dejar de lado sus cosas y estar más bien cuidando en vez de cuidarse, y el otro cuida en la misma medida, es cuando las cosas funcionan mágicamente, desde un lugar de verdad y no por una necesidad de "no puedo vivir sin tí"". Es super difícil, lo veo como un camino de todos los días, pero el problema central en la pareja es el egocentrismo (a pesar de que hay personas que son aparentemente "para el otro", pero ya sabemos que esto esconde el "dar para recibir"). Si estamos teniendo que cuidarnos porque no confiamos en que otro nos cuide, o si no tenemos energías para cuidarnos ni queremos hacerlo porque estamos esperando que nos cuiden... y para qué entonces voy yo a cuidarle, y ahí en ese juego no hay realmente pareja. Aún nos estamos preparando para el día que dejemos de estar peleando y esperando.


–Para terminar, ¿qué crees necesario para que una pareja crezca y se desarrolle?


La aceptación de que cada uno es como es. Parar de pelear por querer cambiar al otro para que corresponda a tus ideales. Y también comprender que la diferencia complementa, la diferencia ayuda a que surja algo mejor y mayor que uno solo. Estar disponible para ayudar, mostrar, aportar cosas, porque queremos en un momento dado mirar los dos algo de uno que es importante cambiar, y no desde el tengo que cambiar porque es tu necesidad que lo haga. Es diferente la manera de ponerse. Si tú me dices "tengo un problema serio con mi agresividad", los dos miramos juntos y buscamos una alternativa más constructiva. Eso es amistad, más que otra cosa, es amistad en la relación, es poder confiar en el otro y poder sentir que el otro está por ti. El camino de evolución de la pareja es a partir de la confianza. Confiamos en que tú me quieres bien y yo te quiero bien. Eso es real, esa es la base.n
(1) Uno imagina que a estas alturas –en las puertas del fin del milenio– hubiera más información, más claridad y más experiencia en el tema.

 

 

Entrevista realizada por Teresa Barbena y Antonio Gómez 
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Suzana Stroke nació en Hungría y creció en Brasil, donde ha vivido la mayor parte de su vida. Se recibió en Ciencias Matemáticas en la Universidad de Brasil (Río de Janeiro, 1.965). Desde 1979 viene dedicándose a la psicoterapia, como terapeuta y formando y supervisando profesionales. Es fundadora y directora (junto con el Dr. Alaor Passos) del Centro Cultural de Investigaciones y Desarrollo Humano en Belo Horizonte. Master teacher del Proceso Hoffman de Cuadrinidad, ha trabajado con más de 2.000 personas a través de este método. En los últimos 15 años trabaja más específicamente con parejas y en la armonización de equipos profesionales, visitando varios institutos en diversos países. Es colaboradora, discípula y compañera de Claudio Naranjo, participando en los programas SAT (en Europa y Sud América).
 
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