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Amor y SIDA

 

 Todavía no hace un año. Ella estaba sentanda delante de su doctora. Dos meses antes la conoció. Había roto su relación de pareja, no asimilaba la comida, perdía peso y el dolor de corazón la estaba consumiendo. Aquella persona con la que estuvo compartiendo seis años de su existencia se había vuelto un desconocido. La desconfianza hizo que se hiciese la prueba del SIDA. Ahora volvía a estar en la misma consulta, esta vez para escuchar un resultado: POSITIVO.

De repente una nube la envolvió y una serie de sensaciones le recorrieron todo su cuerpo. Siempre había vivido la vida detrás de una cámara de fotos, observando como pasaban sus propias imágenes en un tiempo y un espacio determinados, como si nada fuese con ella. En esos instantes la cámara se rompió. La realidad le hizo ver que ella era la protagonista de su propia vida. Era incapaz de escuchar aquellas palabras amables de su doctora, que le retumbaban de lejos. Se sentía desorientada,, como si llevase una venda en los ojos, dando tumbos con las manos alzadas para encontrar una pared dónde apoyarse.

Cómo se sentiría su familia y sus amigos cuando lo supiesen? Quién la querría? Tendría que ir al hospital continuamente, tomarse medicación.... Tenía que buscar información y conocer gente que estuviese pasando por su misma situación.... Todo esto y mucho más le llenaba su mente....

Todavía no hace un año, pero ya soy consciente que ella soy yo, que he tenido mucho apoyo familiar, de los amigos. Que por el camino he encontrado a gente maravillosa. Que he ido andando cogida de la mano de mi propio miedo, sin darle la espalda. Que el bicho que llevo dentro ha pasado de ser un intruso a formar parte de mí, que tiene su espacio para él. Que las pocas defensas que me quedaban han estado luchando solas hasta hace poco, pero que ahora me tienen a mí...

No siento miedo a la muerte, no siento miedo a vivir, siento miedo a no saber vivir. No hay mucho tiempo, pero el que hay está todo por delante. Siento amor por todo y por todos, y me siento más viva que nunca, llena de esa mezcla de miedo, tristeza y amor acumulado. Es un camino lleno de bajadas y subidas, es un camino cansado y duro, pero sé dónde quiero llegar, no quiero perder la intensidad de poder llorar, de poder reir. Volver a nacer. Vivir con amor.

Gracias a todos a los que me estáis acompañando. Os quiero.


Laura 
 
 
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