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Sebastian Elsaesser
Apuntes personales de una conversación


"Lo sagrado no es una cosa. Es la cualidad luminosa de las cosas. Consiste en una irradiación que emana de todo lo existente, de cada persona y del universo entero. (…) El misterio no constituye un enigma que, descrifrado, desaparece . Misterio es la profundidad de cada realidad que, conocida, nos desafía a conocer más permaneciendo siempre el misterio en todo conocimiento. Misterio no es el límite del conocimiento sino lo ilimitado del conocimiento. El conocimiento-misterio no es frío y formal. Está cargado de emoción, de significado y de valor. Por eso es un conocimiento realizado desde el corazón. Produce una experiencia interior traspasada de conmoción. La percepción de lo sagrado de las cosas es un elemento originario e irreductible."

Leonardo Boff "O despertar da águia" (Traducción libre)


 
Me parece que éste podría ser un resumen de lo que Sebastian Elsaesser me transmitió en la charla que sostuvimos. No fue casual que yo encontrase el fragmento reproducido más arriba. Fue él mismo quien puso en mis manos esta sencilla y luminosa obra de un autor brasileño hasta ahora desconocido para mí.

Sebastian habló de cómo todo está ahí, ante nuestros ojos que simplemente no hacen otra cosa que mirar erráticos hacia otro lado; poner su objetivo, lejos, fuera de nosotros. Habló de cómo la separación entre materia y espíritu, luz y sombra, no es otra cosa que parte de nuestra alucinación en la que, al construir esta realidad, dividimos todo en dualidades hechas de opuestos. De cómo el conocimiento no consiste en seguir mecánicamente métodos y filosofías milenarios, sino que es una experiencia viva, "conmocionada" a través de la cual entramos en contacto con lo luminoso presente en todo lo creado, dialogamos con ello y, así, nos introducimos en el misterio y lo sagrado. Y, por último habló de cómo ese proceso no es una práctica llevada en la reclusión del cojín de meditación, sino una forma de estar en el mundo, una actitud y una acción que se plasma en todas la áreas de nuestra vida desde nuestro manejo del dinero hasta las tarea de la casa o la forma en que nos relacionamos con los otros.

Sebastian es uno de esos seres cuyo valor reside precisamente en lo difícil que se hace catalogarlo. Mi primer contacto con él tuvo lugar en el verano del 97. Colaborador de Claudio Naranjo en su programa SAT, asistí a su taller simplemente por la curiosidad de conocer a alguien nuevo.

Durante ese día mi desconfianza natural fue en aumento. No podía entender su forma de trabajar y su particular manera de reír incluso en los momentos más dramáticos. Más adelante esa risa sería para mí la señal más clara de su desapego y de su percepción más allá de nuestra conciencia cotidiana. El, con un simple gesto, con una carcajada casi infantil, hizo añicos los sueños convertidos en pesadilla y sacó a las diferentes personas que se abrieron a él –incluida la que aquí escribe– de los más variados infiernos.

Esa risa y esa mirada pícara y cómplice con la sabiduría más profunda del otro, resultó ser una poderosa palanca con la que removía el "punto de encaje" en el que estaba atascada la persona, poniéndolo en otra perspectiva mucho más amplia de su situación.

En ese taller se produjeron pequeños momentos de magia. Vi romperse a una persona con la única indicación de que repitiera un leve gesto; descargar un formidable aguacero justo en el momento en el que él mencionó la palabra poder; llenarse la sala de brillos de espejo cuando alguien habló de su espejismo y abrirse para todos un espacio colectivo en el que los sueños de unos daban respuesta a las vivencias de otros y cada uno éramos parte de algo que nos integraba a todos.

Después de eso, mis suspicacias no sólo se disiparon, sino que la experiencia me dejó con la convicción de que esta vez sí después de mucho tiempo, había sido testigo de un trabajo realmente transpersonal. O sea, por primera vez vi a alguien intervenir desde un lugar que está más allá de lo personal y despejar en el otro una percepción desde el mismo lugar.


CARMEN: Sebastian, quiero hacerte una entrevista. He traído la grabadora.

SEBÁSTIAN:
No, eso no tiene sentido ¡Qué vas a hacer con eso?

Sebastian me devolvió la propuesta, como sospecho que es su costumbre, de manera que se convirtiera en una oportunidad de aprendizaje para mí. La cosa quedó en una conversación con un pequeño indulto para algunas anotaciones a vuelapluma. Acepté el reto y aquí estoy, delante del papel estrujándome el cerebro para que llegue a destilar, no tanto lo que él dijo, que ya se transformó entre los filtros de mi memoria, como algo que proporcione un atisbo de lo que es este ser tan especial para mí. Así pues lo que aquí vais a encontrar no es tanto a Sebastian, como la versión libre de Sebastian a la que llegó quien aquí escribe. Ya sé que no podré transmitir la calidez del pequeño cuarto de su casa donde se llevó a cabo la entrevista, ni la casi grave seriedad de Sebastian al responder, su tranquila presencia y su persuasiva voz aún más suavizada por el portugués, idioma que nos posibilitó entendernos.


CARMEN:
Un tema siempre de fondo en el trabajo con personas, sea cual sea el tipo de intervención, es su vivencia del hecho de estar en el mundo. Esa búsqueda inmemorial del sentido de la vida que se concreta en algo tan inmediato como la forma en la que me despierto por las mañanas. Sebastian ¿Qué sentido crees que tiene la existencia?

SEBÁSTIAN:
En la época actual no tenemos una definición del sentido de la vida. En otros momentos de la historia de la humanidad, era parte del patrimonio de la comunidad una definición clara del sentido de la existencia. Este hecho propiciaba la existencia de seres que cuidaban del desarrollo de los miembros del grupo de tal manera que la tarea del individuo consistía en integrarse en ese sentido general. Hoy en día hemos perdido ese conocimiento colectivo, no tenemos una respuesta general a esta pregunta. Para cada ser la vida, su vida, adquiere un sentido; es algo particular. Cada persona tiene que descubrir el sentido que tiene la vida.


CARMEN:
Muchas de las tradiciones espirituales plantean que nuestra existencia tiene un sentido bien definido: el de trabajar para llegar a la trascendencia, o dicho de otra forma, para alcanzar la luz, para llegar a la iluminación ¿No tiene vigencia hoy esa respuesta?

SEBÁSTIAN:
¿Qué quiere decir alcanzar la luz?
La luz no es algo que haya que ir a buscar a ningún lugar. La luz está ahí; de hecho todo es luz. La luz es parte indisociable de la materia. Toda la creación es luz y nosotros luz con ella. En este sentido ya estamos en la luz, no hay nada que alcanzar. Esto en cuanto a la luz.

En lo que respecta a la trascendencia, resulta entonces que no hay nada que trascender. Hablar de trascendencia implica hablar de separación, de dualidad, ¡de algo que no está bien y que hay que dejar atrás para alcanzar algo mejor que está lejos, fuera de nosotros. Mas ¿Qué puede haber que esté fuera de mí si yo ya soy todo, si yo ya soy esa luz que busco?


CARMEN:
Desde la perspectiva que estás planteando ¿Entonces qué sentido tienen las vías tradicionales de trabajo espiritual?

SEBÁSTIAN:
Esas vías llegaron a un conocimiento mucho más elevado que el que tenemos en la actualidad. Si estudiamos los textos sagrados de estas tradiciones encontramos una comprensión de una enorme profundidad de la realidad espiritual. Sin embargo, y a pesar de la constatación de este hecho, no podemos pretender que fórmulas creadas hace cientos de años puedan ser aplicables a las personas de hoy. El tipo de práctica, diseñada para abrir nuestra percepción a esa realidad luminosa de la que hablamos, debe adecuarse a las características del individuo al que van dirigidas. En el mundo actual las personas han estructurado su alma de forma distinta a los orientales de hace 100 años, lo cual hace que las fórmulas tradicionales nos sean inaccesibles a nosotros. El individualismo de los hombres y mujeres occidentales del S. XX hace que sea necesaria la creación de fórmulas nuevas adecuadas a esta situación.


CARMEN:
¿Y cual podría ser esta fórmula o, mejor aún y para concretarlo más, cuál es el método de trabajo que tú llevas a cabo?
La fluidez que hasta ahora había tenido la conversación se quiebra por un momento. Sebastian es la persona que hasta ahora he conocido con más resistencia a las etiquetas, los esquemas fijos y las fórmulas preestablecidas. Sé que el simple hecho de que sus palabras queden prendidas sin vida en el papel, cerrando toda posibilidad al diálogo y la creación, lo coloca en una posición incómoda. También sospecho que lo único que le anima a acceder a mi petición de respuestas es la perspectiva divertida –para él, claro– del lío en que me voy a meter yo al intentar plasmar sus ideas.

SEBÁSTIAN:
Yo no sigo ningún método. No creo que exista un método si entendemos por ello un conjunto de procedimientos de aplicación universal. Precisamente esa estructuración individualista de la persona actual exige también que los procedimientos
sean personalizados. Se trata de seguir el proceso de cada individuo y cada individuo tiene su recorrido particular a realizar en la apertura de su percepción. Claro que existen elementos generales, pero el proceso es particular.


CARMEN:
Y ¿podrías describirme algunos de esos elementos generales?

SEBÁSTIAN:
Uno fundamental es el trabajo con la atención en tres aspectos: Intencionalidad, concentración y receptividad.
En la actualidad nuestra atención está totalmente dispersa. Hemos perdido la capacidad de dirigirla voluntariamente y, sobre todo, de mantenerla allá donde hayamos decidido hacerlo; hemos perdido la intencionalidad y la concentración.
El tercer elemento está totalmente ligado a los dos anteriores. Si mantenemos la atención en forma concentrada con la suficiente intensidad y durante el tiempo necesario en un objetivo que hayamos decidido, nos convertimos en aquello a lo que estamos atendiendo. Si escucho una melodía con la suficiente concentración, leo un libro o contemplo un paisaje, llega un momento que el espectador que soy desaparece de mi conciencia y yo me convierto en esa música, esa historia o ese entorno que estoy contemplando.

Recuperar estas destrezas inherentes a la atención me posibilita abrir mi percepción a esa luz inherente a todo.

Esa apertura la puedo desarrollar tanto al ponerme en contacto con el entorno urbano como al abrirme a la naturaleza. Este último es otro elemento de mi trabajo. El reconectarse con la naturaleza de modo que pueda llegar a establecerse un diálogo con los elementos presentes en ella.

A estas alturas de la conversación yo ya estoy totalmente fascinada. Me llegan recuerdos de mi infancia y la sensación de profunda unión que tenía con la naturaleza. No lo experimentaba entonces como la observación distante y fría de un paisaje hermoso, sino como una experiencia de contacto profundo de un ser con otro ser que estaba más allá de materia y formas. Me siento entusiasmada con esa puerta que se me abre sólo con la mención de la palabra "diálogo"


CARMEN:
¿Me puedes hablar más de como puede establecerse ese diálogo?

SEBÁSTIAN:
Esta es una posibilidad que encontramos en Goethe o en lo que Jung llamó "imaginación activa" y los Sufis nombraron como "imaginación exacta". El diálogo permite avanzar en el conocimiento a partir de la formulación de preguntas y la captación intuitiva de las respuestas que llegan de los elementos hacia los que hemos dirigido nuestra pregunta. Este procedimiento sigue diferentes pasos:

El primero consiste en clarificar la pregunta. Es un proceso de depuración en el que lo superfluo se rechaza para llegar al núcleo de eso que deseo saber.

El siguiente paso consiste en "cocinar" la pregunta. Se trata de mantenerse conectado a ella durante el tiempo necesario, de forma que ésta por sí sola va madurando, hasta que uno siente que es el momento adecuado para dirigirla al elemento del que se va a esperar la respuesta.

Formulada la pregunta, la manera de obtener respuesta es aplicar los elementos de la atención de los que hemos hablado: dirigir la atención, mantenerla y abrirla de forma receptiva.

La respuesta que llega a partir de aquí es experimentada en un plano de experiencia no verbal. Es importante entonces pasar a la conciencia ordinaria eso que se ha vivido.
El último paso, de gran importancia para que ese conocimiento al que hemos accedido pase a consolidarse en nuestra experiencia cotidiana, consiste en traducir la respuesta desde el lenguaje.


CARMEN:
Esto último que dices me hace pensar en las grandes dificultades que yo tengo a la hora de expresar determinadas experiencias y en cómo también Carlos (ver el artículo "Un ser nítido" en este mismo número) insiste en la importancia de narrarlas con precisión y adecuar el lenguaje al plano de conciencia que se ha experimentado.

SEBÁSTIAN:
Sí, el lenguaje en un sentido no tiene importancia, pero en otro es fundamental. A través del lenguaje construimos nuestra realidad. Para que esa conciencia más amplia a la que accedemos pueda incorporarse a nuestra vida cotidiana, es indispensable que aprendamos a nombrarla y que transformemos nuestra forma de hablar de acuerdo a esa nueva percepción.


CARMEN:
¿Sería ese otro de los elementos generales de tu trabajo?

SEBÁSTIAN:
Sí, ese y otros que no he mencionado y que para mí tienen igual importancia que los anteriores. Uno es lo que yo llamo el trabajo en los "territorios de vida" y que sigue en la línea de incorporar esa conciencia más amplia a la que vamos accediendo a todas las áreas de nuestra vida. Por territorios entiendo, por ejemplo, el manejo de mi trabajo, de mis relaciones, de los asuntos prácticos y los aspectos materiales de mi vida, etc. Es fundamental que todas las actividades de mi vida se vayan transformando a medida que mi conciencia se va haciendo más amplia. No tiene sentido mantener la disociación entre la espiritualidad y la vida en eI mundo.

Otro elemento es el grupo. El trabajo que yo desarrollo por una parte se desarrolla de forma individual, pero en gran parte se lleva a cabo en y a través del grupo. Es ahí donde podemos pasar de la conciencia individual a la conciencia colectiva.

De la capacidad que tiene Sebastian de hacer traspasar las fronteras de la burbuja individual ya fui testigo en el SAT. Podría estar hablando horas y horas con él sobre ese y otros muchos temas. Tengo la sensación de que estoy ante alguien que sólo muestra una pequeña parte del profundo conocimiento que le intuyo. Espero que la vida me traiga nuevas oportunidades de encontrarme con él.

 

 

Carmen Vázquez 
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