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| Salir del templo |
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La
vida me ha hecho un regalo. Me ha dado palabras de otros, escritas en
transparentes hojas de papel. Me dejo sorprender
y tocar por ellas... "Deja ya esa salmodia,
ese canturreo, ese pasar y repasar rosarios ¿A quién adoras
en ese oscuro rincón solitario del templo cerrado?. Abre tus ojos
y ve que tu Dios no está ante tí. Dios está donde
el labrador cava la tierra dura, donde el picapedrero pica la piedra,
está con ellos en el sol y en la lluvia, lleno de polvo el vestido.
¡Quítate ese manto sagrado y baja con tu Dios a ese terruño
polvoriento! ¿Libertad? ¿Dónde quieres encontrar
libertad? ¿No se ha atado él mismo lleno de alegría
a la creación? ¡Sí, él está atado a
todos nosotros para siempre! Sal de tus éxtasis, déjate
ya de flores y de incienso! ¿Qué importa que tus ropas se
manchen o se andrajen? ¡Ve a su encuentro, ponte a su lado y trabaja,
y que sude tu frente! (Rabindranath Tagore, La Ofrenda lírica,
XI). ¡Y me llevan
más allá del pensamiento!. Me transportan al recuerdo de
mí. Yo en la más absoluta soledad y silencio. Mis aislamientos,
mis retiros del mundo, entregada a la meditación y a la búsqueda
de silencio interior. Oscuridad y soledad. Me recuerdan, también,
el olvido, la separación que, en nombre de la unión con
el uno (Dios), hago del otro (el Mundo, el Prójimo). Me traen el
sabor de la aridez de la práctica y de la mentira que a veces encierra. Mis ojos se empañan,
se inundan de lágrimas y cuando ya es imposible contenerlas, entonces
resbalan por mis mejillas. El llanto limpia mi corazón. Lo calienta
trayendo a mi memoria la humanidad de la que formo parte. Recuerda que
la mirada del otro es su alimento, que con la palabra del otro él
existe. La existencia del otro
hace que no me olvide de la mía. Y así, en un constante
movimiento de ir y venir de mi a ti y de ti a mi, vivo la vida y la vida
me vive a mí. |
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Fina Morera |
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