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Visita a la Escuela Sahiadri de Krishnamurti

 

Mis primeros contactos con la obra de Krishnamurti debieron realizarse hacia el año 92. Una compañera del Instituto de Educación Secundaria en el que aún trabajo, el Instituto San Blas de Aracena, profesora de Historia, me prestó un librito del que leí algo, pero no llegué a sentirme atraído por su estilo. No recuerdo su contenido. Tuve dificultades de comprensión. Devolví el libro antes de terminarlo.

Cuando pedí excedencia voluntaria en octubre de 1993 y me fui a la India sin saber cuando volvería, a los cuarenta días de estar allí estuve ojeando libros en una de las librerías de Pondicherry, donde se encuentra el importante ashram de Sri Aurobindo y a 10 kms. de la ciudad utópica de Auroville donde viviría 4 meses seguidos.

No tenía muchas ganas de contactar con nada educativo. Mi excedencia tenía mucho de ruptura con el pasado tanto de trabajo como de afectos como de estilo de vida en general, por eso recuerdo que cuando vi el título de esos dos pequeños libritos: "Letters to the Schools" escritos por J.Krishnamurti vacilé en cogerlos y ojearlos. Estaba harto de la escuela. Acababa de terminar una dirección en el Instituto de tres años que me había dejado exhausto.

Todo lo que tuviera que ver con educación quería quitarlo de mi vida por lo menos por algún tiempo. Con la perspectiva de la distancia sé que hice algo estupendo. No pertenecemos a nada, ni nada nos pertenece. Estaba en los albores de una gran revolución interior y hoy día su huella es patente.

Pues bien, temerosamente abrí aquellos finos libritos y empecé a leer. Todo me resultaba familiar y me encontré con un lenguaje que hablaba directamente a lo que siempre había querido escuchar. Es más me decía. Todo esto que estoy leyendo aquí no ha habido nadie que me lo diga antes ¿Por qué? He estado queriendo escuchar esto.

Yo que me había ido a la India con un par de mochilas. Una grandecita y otra más pequeña para llevar delante del pecho, tomé la decisión de comprarme esos dos libros, cuando sabía que toda compra suponía un peso que tenía que medir al máximo. No sabía yo entonces la importancia que iban a tener esos libros el resto de mi vida. Sabía que ahí tenía una "bomba" y que llegado su momento le hincaría el diente. Eso viene a ocurrir dos años más tarde.

Estando en Madrid y aun de excedencia, tras mi vuelta de la India, que tiene lugar en Septiembre de 1994, me presento a una oposición para ocupar una plaza de profesor de inglés en la Facultad de Ingenieros Técnicos Forestales. Los requisitos los cumplía y tras realizar una exposición de mi curriculum vitae, tenía que defender un tema cualquiera hablando en inglés ante el tribunal.

Elegí entonces hacer una exposición del mensaje fundamental resumido de las Cartas a las Escuelas de Krishnamurti. Estamos en el año 1995 y he profundizado en estas cartas en las que compruebo que hay una densidad extraordinaria y un vapuleo formidable a toda una manera de pensar que no se ha cuestionado lo importante de la vida. Sé que si llegase a poder exponer esta segunda parte de la oposición ésta tendría un cariz algo provocador pues cada vez era más claro en mí que vivimos en una "sociedad corrupta" en la que estamos todos medio jugando a tirar para adelante sin arremeter verdaderamente y seriamente con lo que tenemos entre manos.

Llegado el día del examen, de los 21 que nos presentamos sólo estábamos dos para defender nuestros proyectos. La antigua profesora de la Facultad , para quien se creaba la plaza, y yo. Después de exponer mi curriculum y defender mi proyecto no me autorizaron a seguir con la segunda parte en inglés que tendría que ver con Krishnamurti. En fin a veces hay que agradecer no haber conseguido algo que uno ha pretendido. Lo cierto es que el trabajo sobre K. había sido hecho y ya tenía la impronta de un ser formidable que afectaría toda mi enseñanza futura a lo largo de los 5 años que llevo ya trabajando desde que reingresé en la Enseñanza Pública desde octubre de 1996.

Para llevar a cabo mi trabajo de presentación en la oposición universitaria contacté con personal del Centro de Krishnamurti en Madrid y mediante ellos supe de sus actividades, como los pases de los Videos grabados de las charlas de K que actualmente se llevan a cabo los Miércoles a las 19 horas. Que existe un grupo de Diálogo el viernes a la 19 horas y finalmente un grupo de Meditación los martes a las 19,15. Hoy día la persona que se puede contactar que tiene como cometido la difusión del Centro se llama Pedro Cánovas y su nº de teléfono es 91-5170955.
Me hablaron del Encuentro anual que se celebra un fin de semana al año en la Fuencisla en Segovia y al que asistí dos veces. En la primera ocasión expuse los carteles del trabajo de mis alumnos de 2º de Bachillerato sobre "Las Cartas a las Escuelas" y expliqué ante los que se quisieron apuntar a esta actividad cómo lo había llevado a cabo. Esto dio paso a un diálogo sobre el tema educativo y Krishnamurti. Este encuentro duraría unos tres cuartos de hora y quedé satisfecho del interés que demostraron los asistentes. En estos encuentros se procura que no haya grandes exposiciones y se favorece mayormente el intercambio entre las personas por pequeños grupos.

En la segunda ocasión que asistí me invitaron a que impartiese una clase de Hatha Yoga por la mañana y también expuse en esta ocasión carteles de mi visita a la India en la que fui a conocer la Escuela Sahiadri en el Estado de Maharastra cerca de Puna. En esta ocasión yo no hice ninguna exposición pero sí escuchamos a Javier Gómez Rodríguez que es actualmente un Trustee de la Fundación Krishnamurti Latino-Americana y que yo considero como uno de los máximos exponentes de la Obra krishnamurtiana. No hay más que ver su extensa labor dedicada a este tema, sus contribuciones en la revista "The Link" sus viajes alrededor del mundo invitado para dar charlas vinculadas con K. Su participación como responsable de una semana del mes que se organiza en Saanen Suiza. Tengamos en cuenta que Javier Gómez Rodríguez fue alumno de la Escuela de Brockwood tras leer algo de K a los 14 años solicitó una beca para ir a estudiar allí y se las compuso para continuar a pesar de sus dificultades económicas. Tras terminar estudios en Estados Unidos fue profesor y Jefe de Estudios en Brockwood y últimamente también ha trabajado como traductor de las ingentes obras escritas en inglés de charlas y Preguntas y Respuestas a K.

Tuve la ocasión de entrevistarme con él en su pueblo natal de la Coruña pues salió una Orden en el B.O.J.A. ofreciendo ayudas para llevar a cabo estudios en la línea de la Enseñanza en Valores. Hacía falta que el profesor en cuestión que llevase a cabo la Investigación tuviera contactos con personal preparado, así que acudí a él y al Profesor Suances de la Universidad a Distancia en el Edificio Central de Madrid, con quien departí un día completo sobre este tema y quien también avaló un escrito apoyando el trabajo. Tenía yo intención con el dinero que recibiese, poder desplazarme a algunas de las escuelas de Krishnamurti y permanecer allí algún tiempo con objeto de empaparme de la alta calidad de empatía y buen ambiente que en ellas debe reinar. Lamentablemente, aunque nunca se sabe, me respondieron diciendo que mi petición no se ajustaba a las bases....¡Ay! La administración y sus oscuridades.

Hace un año o así, recibí una llamada telefónica de un entusiasta de K que quería abrir un centro K. en Viso del Alcor. Me puse en contacto con ellos y les animé a que fueran al encuentro de Segovia. Así lo hicieron y expusieron sus ideas. Posteriormente les acompañé para ver una antigua casa señorial de los señores ingleses que se contruyeron por la zona de las antiguas minas de Huelva. Desconozco la utilización que se le esté dando al Centro de Viso del Alcor.
A principios de este curso 2000/2001 dando una vuelta por Madrid coincido con María Luisa López en el Círculo de Bellas Artes, estudiante seria de K, que había conocido en Segovia en los encuentros de la Fuencisla. Me dice que está en su segundo año de Tesis Doctoral trabajando en la sensibilidad o en la sencillez, no recuerdo con exactitud, de la Obra de K. también me comunica que acaba de llegarle a sus manos una tesis doctoral desde Granada 1997 titulada: Paz y Educación en J. Krishnamurti, en la Facultad de Ciencias de la Educación. Departamento de Pedagogía. de un tal Alfonso Fernández Herrería dirigida por el Dr. D. Enrique Gervilla Castillo. Le hablo de que he empezado este año los estudios de doctorado y que tenía en mente profundizar sobre K.

Tras unos cuantos días de clases de Doctorado del curso 2000- 2001 el Profesor Luis Carlos Contreras expone que deberíamos llevar a cabo las lecturas de un par de Dossieres sobre los que íbamos a trabajar a lo largo del año, pero que si existía algún alumno que tuviera otra propuesta que se lo planteara. Al día siguiente y dado que ya había leído unos cuantos artículos de los Dossieres presentados, sin encontrar mayor estímulo en esas lecturas, propongo con todo lujo de detalles y de libros relativos a K, ante los profesores Contreras y Estepa, que optaría por profundizar en los aspectos educativos de K. Les aporto el trabajo que ya llevo hecho de las Cartas a las Escuelas y les indico que me acaban de hablar de una Tesis doctoral que puedo conseguir para continuar profundizando sobre el tema, entonces también me ofrezco para dar una charla a mis compañeros de Doctorado sobre mis estudios. Lo consideran aceptable e inmediatamente encargo la Tesis doctoral que me llega de inmediato y me pongo a trabajar sobre ella. En este año he leído esta Tesis de 536 folios, que he subrayado, hecho comentarios y estudiado. Una labor que me ha ampliado, consolidado y sin duda aclarado el pensamiento de K. Hemos estado a punto de tener en la Universidad de Huelva este año al estudioso y traductor de K al castellano D. Javier Gómez Rodríguez pero la falta de presupuesto de la Universidad ha abortado tal desplazamiento.

Ayer 26 de Mayo de 2001 tuve la oportunidad de contactar con un grupo de asiduos lectores de K. que se reúnen en Sevilla desde hace poco y me llamaron para que les acompañara. El interés por K está mucho más extendido de lo que pueda parecer y es algo a nivel mundial. Es una gran oportunidad poder hacer esta intervención en la Universidad de Huelva, pero no por mí sino por lo que su contribución pueda suponer de esclarecimiento a nuestras condicionadas mentes.


Visita a la Escuela Sahiadri de Krishnamurti

Hace exactamente tres años, cuando cumplí los cincuenta, que me quise brindar un homenaje a mí mismo concediéndome un buen viaje, visitando de nuevo la tierra que más alegría, paz y salud me ha aportado... LA INDIA.

En principio andaba yo pensando que debería ir a Daramsala y escuchar el discurso anual del Dalai Lama a los fieles budistas. Me habían aconsejado en O Sel Ling, centro budista en las montañas granadinas ,que llevase una radio para poder escuchar bien las charlas que se impartirían, así que me fui con un pequeño grabador-radio. Volví a coger conmigo la muy traqueteada mochila que me acompañó al subcontinente 11 meses repartidos entre el 93-94, metiendo en esta ocasión en su interior un petate militar que me serviría luego para traer recuerdos abundantes:
Sólo la mente que no tiene murallas ni apoyos ni barreras ni lugar de reposo, que se mueve completamente con la vida, eternamente avanzando, explorando, estallando, sólo una mente así puede ser feliz, perpetuamente nueva, porque es en esencia creativa(...) Todo esto forma parte de la verdadera educación. Krishnamurti, J 1992c, 156)

Cabezas de Buda, un tangka tibetano que ahora anda colgado en mi dormitorio de Aracena, una extraordinaria campana en forma de cuenco, que una sobrina mía pensó al llegar a mi casa y verla sobre la alfombra que era donde yo comía, sabedora de mis rarezas orientales. Me dijeron que su sonido iba dfirecto al Anahata chakra y siendo el que más ha necesitado siempre de consuelo, me pareció excelente. Ha sido una delicia escucharla tantas veces en las meditaciones en solitario y en grupo... un dhoti blanco con alguna filigrana azul de varios metros, y que utilizaría porsteriormente cada vez que se me ha invitado a que impartiese una charla sobre la India, como en mi Centro de Enseñanza Secundaria y en el Ateneo Verde de Sevilla.... un turbante rojo de 9 metros comprado en Amedhabad, la capital de Gujarat, donde está emplazado el Ashram de Mahatma Ghandi que me encantó visitar.... pero quizás lo que más me hubiese gustado traerme es la humildad y la sencillez de la gran mayoría de la gente para evitar vivir en el conflicto que con tanta facilidad surge en occidente.

El vuelo que me transportó a Bombay por un mes era de la compañía Alitalia y claro hizo desde Madrid una escala el norte de Italia para salir tras hora y media hacia Bombay. Llegué de noche. Nadie me esperaba. Iba en solitario. Suponía que estaba lo suficientemente curtido como para arrostrar lo que me fuera viniendo. No sabía yo que la primera y la única, me la iban a dar en la frente nada más llegar. Pequeños toques desde arriba para mantenerse en lo humilde. A decir verdad el incidente que me ocurrió lo relaciono al temor que fui autorizando crecer en mi interior desde el autobús del aeropuerto de Bombay que nos acercaba a la policía y control de pasaportes. Un indio con el que hablé me calmó indicándome que la India era como Italia - menuda comparación- y que no había nada que temer.

Tras pasar bastante rápidamente las formalidades aduaneras me acerqué a un Banco para cambiar algunos de mis cheques de viaje. Al llegarme el turno la jovencita india vestida con sari me indicó que firmase igual que la firma que aparecía en el cheque. No le dí mayor importancia y firmé cuatro cheques que ella los miró con estupor diciéndome que no eran las firmas iguales y que no pensaba darme ningún dinero, Por más que le insistí en que las firmas podían ser ligeramente diferentes, y que no tenía ningún otro dinero posible que utilizar, no se atendió a ninguna explicación y dio paso a la siguiente persona en la cola. ¿Adónde voy yo ahora con estos cheques firmados doblemente y sin una sola rupia en el bolsillo? Bueno pues tras un par de minutos angustiosos me acerqué a un policía al que le expliqué lo que me había ocurrido y me señaló otro Banco que pertenecía al Estado y quienes me cogieron los cheques sin pedirme explicaciones de por qué estaban firmados ya. Casi estuvieron a punto de darme más dinero del que me correspondía y solucioné la situación un tanto embarazosa en cuestión de cinco minutos. Pasé de un extremo al otro, en cuestión de trato, en un abrir y cerrar de ojos. Me acerqué al mostrador de taxis pre-pago, indiqué el hotel que me había recomendado desde España una amiga traductora de temas orientales y tras un largo viaje de casi una hora, allí llegué. No había hecho reserva pero me entregaron una habitación aunque pagué por ella lo que nunca me había permitido en otras ocasiones en 9 meses anteriores en la India. La cuestión era descansar algún tiempito antes de iniciar un viaje que no tenía destino fijo, ni propósito específico... me encontraba en un estado de apertura al fluir de la vida...
Si quieren cruzar el río deben alejarse de esta orilla(...) Ustedes desean estar libres de desdicha y, sin embargo, no quieren cruzar el río (KRISHNAMURTI, J. 1979b,54)

Y todo se iría desarrollando a las mil maravillas, como siempre me ha ocurrido en este país de ensueño. No me lo podía creer, apenas llevaba tres horas medio dormitando cuando empecé a escuchar cánticos espirituales. Las noches indias, vayas por donde vayas, están llenas de sobresaltos : bien te ponen altavoces con músicas festivas o los musulmanes te invitan a la primera oración del día. Había caído en un hotel- templo de los Hare Krishna. Al bajar me concedí el lujo de desayunar en el Hotel. Sabía que en breve volvería a mis austeridades y que todo... a su debido tiempo.

Aunque en la India, cualquiera de nosotros occidentales, no cesa en varios meses de ser afectado de continuo por una vida nueva, a lo largo de los primeros días, las impresiones son desbordantes. Salí del Hotel para acercarme al templo y echar una ojeada. De entre la magnitud de impresiones no se me olvidará nunca la visión de una joven bellísima que iba parándose de enormes cuadros con escenas religiosas hindúes, rezando desde lo más íntimo de sí misma ajena a cualquier mirada de asombro como la mía.

Sin duda había llegado de nuevo al país de la interioridad y que expresa de continuo su vinculación con lo divino. Se notaba que llevaba 5 años sin estar en la India y volvía a ser una tábula rasa dispuesta a dejarme imprimir por toda la belleza y espiritualidad que ya me rodeaba. Hice una llamada telefónica a la Day Host de SERVAS Jaya Shetty quien me invitó a que la conociera y a las pocas horas emprendí un viaje en autobús con aire acondicionado hacia Puna a unos doscientos kilómetros de Bombay. El aire acondicionado lo dejaron puesto hasta entrada la noche, haciendo ya frío. Al preguntar por qué lo dejaban puesto, me respondieron que si lo quitaban algunos que lo habían pagado, como todos, podían quejarse y exigir que siguiera puesto.
En fin, qué le vamos a hacer. Era ya de noche y así y todo el bullicio era formidable en estas calles de Puna. Telefoneé a algún otro miembro de SERVAS quien me recomendó un ASHRAM evangélico regentado por una monja alemana. Al pasar de los días , esta encantadora anciana me invitó a leer en un libro que mostraba la vida de algunas mujeres insignes por su labor espiritual, su propia historia. Me dejaron sorprendido sus manifestaciones de sinceridad, como tantas veces se comprueba en la autobiografía de Gandhi. Son muchas las ocasiones en las que se nos demuestra que los pasos en la verticalidad van de la mano con el reconocimiento de los propios engaños.

Mientras me adaptaba al lugar con algún que otro percance, como cuando alquilé una bicicleta para ir y venir a mi aire, primero por poco me tira al suelo un rickshaw al enganchar su capota con el muy sobresaliente freno metálico de la bici. El pobre indio estaba descorazonado al ver su recién comprada capota rasgada. No se lo podía creer cuando le dí 100 rupias, unos quinientas pesetas, por daños y perjuicios aunque fue él el que por poco me estampa contra el suelo. Al día siguiente uno de los pedales se desprendió de la bici en plena marcha. Menos mal que me devolvieron íntegramente la fianza.

Quien me iba a decir a mí que la anfitriona de día de SERVAS, arriba mencionada, tuviera una hija de 12 años en la Escuela Sahiadri.de orientación Krishnamurtiana, quien me facilitó el Fax de la Escuela, así que les redacté en un folio algunos de mis pasos y trabajos en relación a Krishnamurti para solicitarles que me autorizaran a pasar unos días con ellos. Me respondieron con un permiso de un par de días debido a que ya estaban reservadas las habitaciones de huéspedes para un encuentro de estudiosos de K.

Ya tenía pues un importante motivo para empezar a viajar fuera de la ciudad, y visitar de paso las famosas obras de arte de arquitectura y pintura de Ajanta y Ellora. Tras unos diez días en Puna que me habían permitido hacerme al nuevo ambiente, visitar la casa madre del formidable maestro de Hatha Yoga Iyengar, a la que se acercan a estudiar occidentales que llevan ya mucho tiempo perfeccionando su cuerpo y mente con esta escuela en sus propios países.

Al llegar había una clase en curso y no se me permitió pasar. Se cuenta que los americanos en tiempos atrás asistían a estas clases como observadores, tomaban notas de diferentes posturas y las enviaban corriendo por fax a su país. Quizás por estas y otras ramplonerías, estén cerradas las clases a cal y canto. De todas formas me acompañaron a dar una vuelta por el salón algunos minutos después de que terminara la clase. Desde cierta distancia pude ver al hijo e hija del maestro Iyengar, ambos dos de considerables dimensiones que están hechos unos militares de la práctica del Hatha, tal como pude oír desde abajo y exterior del famosos salón que está en un primer piso y lleno de elementos de ayuda, cuerdas, maderas de todos los tamaños y potros casi de tortura, para doblegar las rigideces implantadas en el cuerpo por la angustia de la mente. Yo que soy un gran admirador de Iyengar, no podía menos que mirar con ojos extasiados todo el lugar, las inclinaciones de respeto hacia los maestros, las estatuas de Iyengar. Hay una en la que sobre un solo pie en el suelo se sostiene el otro con un brazo por encima de la cabeza que recoge el pie levantado por detrás de la espalda. Lo más asombroso es que Iyengar siempre fue un hombre corpulento, lo que no quitaba para que con su práctica diaria de varias horas lo domeñara como pocos.

También había tenido la ocasión de visitar durante cuatro días el mejor de los ashrams desde un punto de vista occidental, que hay en la India. El de Osho, Bhagwan Shree Rajneesh, en el que tuve sentimientos encontrados, pero que me causó impresión y quizás deba explorar más en otras ocasiones.
Si tú observas tu propia vida, verás que hay muchas cosas que suceden sin que tú hagas nada. ¿Qué haces cuando aparece el amor? La hierba crece por sí sola. De pronto la primavera está ahí y algo florece dentro de tí. Estás enamorado. ¿Qué has hecho? Rashneesh, B. The Grass Grows by itself P.43

Pero estoy aquí hoy queriendo terminar con mis vivencias en la Escuela Sahiadri. Siempre cuesta un poquito lanzarse al camino, pero una vez lo inicias, si es bajo los auspicios de las fuerzas superiores, todo son bendiciones.

Mis medios de transporte serían los autobuses, que como cualquier otro medio en India llenarían mis ojos y todo mi ser del colorido y exotismo de este diverso pueblo. Seguía en el estado de Maharastra, el de Bombay, y tenía que llegar a un lugar perdido de la civilización, mejor dicho, perdido de la aglomeración. Tuve que hacer uno o dos cambios de autobuses, que cada vez iban siendo más antiguos. Uno de ellos utilizaba una bocina de goma que fotografié con cariño. Al ver las máquinas que estrujaban las cañas de azúcar para sacarles el líquido, me acerqué para disfrutar de lo novedoso, en un cambio de autobuses, y saciar la sed.

El autobús me dejó al pie de un cerro que no era puntiagudo sino plano. Era una gran planicie en alto sobre otra gran planicie, y en lo alto de aquella se encontraba la escuela. Hice la ascensión a pié durante una media hora, junto con unos trabajadores de un futuro templo, que puede ser que ya esté construido, de no recuerdo qué divinidad....

Al acercarnos a las primeras casas desde cierta distancia un señor me dio la bienvenida, pronunciando mi último apellido e indicándome que llegara hasta el final donde encontraría las casitas de huéspedes. Eran preciosas y tenían hasta termos de agua caliente. Qué pintaditas, habría unas seis u ocho, en un estilo como de pueblo blanco de Andalucía con tejas rojas y perfectamente acabadas. Estaban dispuestas en forma de media luna y en su centro un jardín, pero no puede uno imaginarse un jardín con la profusión típica de Europa. Allí se cuidaban raros ejemplares de flores enormes con tallos muy fuertes y que tenían un redondel muy bien inclinado para que no se escapase el agua que utilizaban para su riego. Posteriormente me enteraría que la casa de los huéspedes es lo primero que tiene que estar terminado. ¿Por qué? Pues porque los huéspedes si son bien atendidos lo propagan y vienen más y si son ricos, o simplemente extranjeros dejan un buen dinero para las múltiple necesidades de una escuela.
La verdad es que yo estaba en un lugar privilegiado. En otra casita habitaba una irlandesa que se preparaba en el ambiente para en un futuro ser profesora de inglés allí. Y digo privilegiado porque sin saber bien donde iba me detuve un tiempo en otro edificio con habitaciones, que luego descubrí que era para los familiares de los niños/as de la escuela o de los profesores. Aquellas condiciones no eran las mismas que las mías.

Ya desde aquí empezamos a darnos cuenta de que no estamos en una escuela normal. Es muy llamativo ver cómo algunos familiares del personal de la escuela, viene y pasa unos días acompañando al estudiante o al profesor, colaborando en múltiples tareas. La extensión de los terrenos de la escuela era amplísima. Apenas había árboles pero los habían plantado ya y en forma de L estaban cubiertos por un protector de rafia que minimizara el envite del viento.

Me dijeron que me iban a traer de comer y vi a un joven que venía desde las lejanas cocinas con un montón de cacerolitas cilíndricas encastradas unas en otras. Se me sirvió esta excelente comida india en un comedor para los visitantes y se me dio conversación por un responsable de éstos en inglés. Me sentía un poco incómodo siendo yo el único que comía y siendo servido tan atentamente. Esto es algo que ocurre en India con frecuencia. Incluso en casas particulares, si te invitan a comer, están observando cómo lo haces mientras ellos están al servicio. Es algo cultural que hay que conocer mejor y ver cómo hacer para que no exista este descabale para nuestras mentes.

Tras un corto descanso me acerqué pausadamente hacia los edificios grises
cementosos de la escuela. Su entrada no era nada espectacular. Un cartelón a la entrada indicaba que había exámenes en curso y que no se debía pasar por un pasillo determinado. Indiqué que me agradaría hablar con el Sr. Director y al poco fui atendido. Le comenté lo feliz que era de encontrarme en la primera escuela Krishnamurti que visitaba tras haber estudiado a K. con tanta fruición y por encima le hice saber de mis trabajos sobre Las Cartas a las Escuelas de K. y algunos pasitos dados con mis alumnos de inglés. El Sr. Director conocía a Javier Gómez Rodríguez. Bueno, pues teníamos a un conocido común. Luego le dije que estaba muy interesado en ver y saber cómo hacían ellos por transmitir la enseñanza de Krishnamurti.

No puedo recordar las palabras exactas que me dijo, pero la idea fue la siguiente: Todos estamos aquejados por preguntas fundamentales sobre nuestra vida, muerte, violencia, amor, conflicto, condicionamientos.... todos estos elementos viven con su inquietud y alegría en nosotros y aquí estamos para resolverlos primero nosotros mismos y de paso para apoyar a estos alumnos a solventarlos de igual manera, pero enseñar, lo que se dice enseñar a Krishnamurti, eso no se puede hacer.

Me encantó la respuesta, su presencia, su amable seriedad, su sufrimiento sobrellevado. Sí son muchas cositas las que todos recibimos de los demás en muy corto espacio de tiempo.
Es solamente cuando empezamos a entender la profunda significación de la vida humana que puede haber verdadera educación. (Krishnamurti, J.1967, 97-98)

A los diez minutos de estar con él consideró que lo mejor que podía hacer era presentarme a un par de profesores que estaban en una salita a la espera de que fueran llamados por los examinadores del estado en caso de presentarse algún problema con los alumnos que estaban siendo examinados.

Los dos eran varones e indios. Uno era profesor de francés y algo más, quizás de canto, pues al día siguiente estuvo dirigiendo una sesión de reunión de la comunidad en la que asisten todos los miembros de la escuela en un gran salón y todo el mundo se sienta en el suelo. Al parecer cada día debe dirigir ese principio de día un profesor diferente. El otro profesor de guardia era de matemáticas. Su amabilidad era exquisita, su voluntad por saber de mi, excepcional, su disponibilidad por responder a todo tipo de preguntas por mi parte, exquisita.

Allí me quedé con ellos charlando hasta que acabaron los exámenes y luego di una gran vuelta por las inmediaciones del lugar acompañado del profesor de francés que me enseño el lugar, casita en la que habitaba. La zona de residencia de los profesores. Nada que ver con nuestros estilos. Son sabios pero casi de tradición oral. Apenas tienen libros en sus casas. Incluso la luz con la que trabajaba era una que pendía del centro de la habitación. Le dije cuan importante era que tuviera una luz cercana a la mesa de trabajo y que le hacían falta unas estanterías para sus cosas. Me escuchaba con mucho interés y me dijo que iba a comunicárselo al ecónomo.

Me encantaba su apertura de corazón y su hablar inocente. Cuando le pregunté si tenía mujer, me dijo que no y que se había apuntado a una revista para conseguirla y que tenía grandes esperanzas de iniciar pronto una relación amorosa. Se le veía triste, quizás esa tristeza de los hombres solitarios, aunque Krishnamurti dice en algún lugar que: Solo aquellos que están internamente solos y libres del dolor de la soledad son verdaderamente humanos, porque pueden descubrir la realidad y recibir aquello que es eterno.
Esta es una parte esencial de la educación: aprender a permanecer solos. Krishnamurti, J. 1992c.51

El profesor de francés me invitó a dar una paseo por el lugar y pasamos delante de la casita del profesor de arte que tenía el patio delantero de su casa con construcciones artísticas de piedras puestas unas encima de otras, cogidas de aquí y de allá. Al llegar la hora de la cena yo ya había solicitado no ser servido en solitario sino que me permitieran estar en el bullicio del alumnado y profesores. Pues bien allí vi la algarabía de estos jóvenes y del trato tan amistoso y paternal existente entre los profesores y los alumnos. Incluso más tarde llegada la hora de acostarse escuchaba la alegría con la que saltaban encima de la cama jóvenes de unos doce años antes de que llegara el toque de queda definitivo.

Al día siguiente asistí a una clase del profesor de matemáticas. El curso no era muy numeroso. Unos veinte alumnos. Los observaba y no daba crédito a mis ojos-. Durante toda la hora los alumnos seguían y respondían comprendiendo perfectamente a su profesor. No existían alumnos escondidos, rezagados, escurridizos, molestos, incómodos, perdidos.... Y tenían unos trece años.Estaba en otro mundo. Al igual que 5 años antes cuando me inviaron a una casa a comer en el pueblo de Shantivanam (el ashram de Bede Griffith, excepcional monje cristiano que mezcló en su mejor sentido el cristianismo y la cultura india. Recomiendo sus libros: Christian Asharm y A New Vision of Reality.

Me acerqué a la Sala de Profesores para escuchar una charla que venían a darle a estos, siempre en Inglés, un Señor que había sido de los muy cercanos a Krishnamurti y que recalcó que había que estar encima de los críos en todos los aspectos de su cuidado: cómo se vestían, peinaban, lavaban, si comían de todo, si comían con elegancia incluso a la hora de hacerlo con la mano derecha...

Solo sentimos la riqueza de la vida, su profundidad y su belleza, cuando nos rebelamos contra todo -contra la religión organizada, contra la tradición, contra la presente sociedad corrupta- de modo que como seres humanos, podamos descubrir por nosotros mismos lo que es verdadero. No imitar sino descubrir, eso es la educación. (Krishnamurti, J 1992c,11). Y la educación es tan corrupta! Sólo nos condiciona para que nos convirtamos en un ingeniero, un oficinista(...) No nos educa para comprender la belleza, la totalidad de la vida. Nos dan muchísimos conocimientos par que podamos actuar en el mundo.(...) Eso no es educación. Es sólo una parte muy pequeña de la educación. (Krishnamurti, J1992a,120-121).

Cuando terminó la charla en la que tuve tiempo de fijarme en los bellísimos rostros de los profesores y que se fueron rápidamente a sus clases, me quedé con un par de profesores. Uno estaba sentado sobre el suelo alfombrado y escribiendo en una mesita super pequeña y ligeramente inclinada. Era iraquí y su descubrimiento de Krishnamurti le había traído hasta aquí. Era el autor de un sistema de preguntas y respuestas en un tablón de anuncios. En éste se podían ver las preguntas que planteaban los alumnos y las respuestas que le daban otros. El hacía de moderador. No recuerdo cuál era su asignatura pero me quedé con la impresión de su humildad.
Mientras se amolden, mientras sean ambiciosos, codiciosos, mientras corrompan y destruyan a otros persiguiendo la posición y el poder, se los considerará ciudadanos respetables (Krishnamurti, J. 1992c,31).

Había también una profesora de Historia que me habló de los conflictos diseminados que tenía la India. Cuando le hablé del nuestro con ETA en el País Vasco no podía creerse que no fuéramos capaces de reducir algo tan pequeño. También hablamos de las Cruzadas contra el Islam y ella me dijo que cómo podíamos haber tenido una osadía tal e imponer Religión casi por fuerza como en las cruzadas misioneras de otros momentos. Era bello verse pinchado desde fuera y reconocer los pecados de prepotencia en tantas esferas de nuestro proceder y cómo sigue siendo occidente respecto a oriente minusvalorándolo por ser más aceptante, respetuoso, tolerante... en líneas generales, claro está.

Me dijo así mismo que el profesorado iba a tener una reunión en la que iban a hablar sobre la envidia entre ellos mismos. Asombroso. Para esto hay que tener ese valor que supone abrir el alma, ponerse al desnudo, pero sin temor pues estás en tu casa donde se te va a respetar y acoger más allá de tu debilidad o fortaleza.

La educación moderna, al desarrollar el intelecto imparte más y más teorías y datos, sin llevar a cabo la comprensión del proceso total de la existencia humana. Somos altamente intelectuales(...) Estamos enredados en explicaciones. El intelecto se satisface con teorías y explicaciones, pero la inteligencia no. (Krishnamurti, J.1988b,71).

Cuando hablé más en privado con el profesor de Matemáticas y le pregunté por sus conocimientos de Krishnamurti me dijo que eran muy pocos pero que estaba en el buen camino y que su manera de ser y actuar con los alumnos era la justa y apropiada así que los directivos de la escuela estaban felices con él.

El era un ingeniero que ganaba bien su vida qpero que había ido comprobando que no era nada feliz con lo que estaba haciendo, así que indagó en lo que podría hacer y solicitó una plaza de profesor en esta escuela a 2500 kms. de su tierra natal. Le siguieron su mujer e hijo y puesto que apenas podían gastar nada allá en el cerro, no podían quejarse aunque no cobrasen mucho como profesores.

El verdadero maestro es rico interiormente y por o tanto no pide nada para él; no es ambicioso, ni busca el poder en forma alguna; no usa su profesión como medio para conseguir autoridad o posición y está por lo tanto libre de toda coacción de la sociedad y de todo contro gubernamental(Krishnamurti, J. 1967, 114)

También me confesaba que reconocía el apego que tenía a su esposa y que era consciente que en ese aspecto tenía que aprender aún.

Aún me quedaban horas preciosas en aquel lugar por el que me movía con toda facilidad observando clases como las de canto a un alumno solamente con un profesor que insistía una y mil veces en la perfección de la entonación, en la actitud o pose... con tanto amor y seriedad a la vez que no pude resistir ser tocado en el corazón y sotar alguna que otra lágrima.
El acto de aprender es un acto de purificación, no de adquisición de conocimientos. Aprender es purificarse. Yo no puedo aprender si mi mente está llena(...) tiene que vaciarse de todo cuanto ha conocido. (Krishnamurti, J. 1989a, 96)

No me faltó ni una clase de Hatha Yoga, donde comprobé que los alumnos no eran una maravilla sino más que normalitos pero eso sí muy silenciosos y educados hacia el profesor.
Antes de marcharme se me ocurrió la idea de pedirles a dos encantadoras estudiantes que me escribieran una carta para alumnos míos que yo elegiría especialmente para que se comunicaran por correo.

A la hora prefijada poco antes de mi partida apareció una de las chicas a las que le había pedido una carta y permitiéndome leerla comprobé la madurez exquisita de la personita que tenía delante.

No sé si la relación entre estos alumnos continuó o no. Los profes vamos sembrando semillas entre nuestros alumnos y cuando se den las condiciones, como dicen los budistas, florecerán o no.
Hice muchas fotos y muy buenas, como la de los muchachos y muchachas observando la puesta del sol al llegar el atardecer. Tantas y tantas cosas bellas que claro está cuando volví a mi entorno en España no podía menos que sentir nostalgia de un mundo feliz y acogedor del que carecía por la razón kármica que fuere.

El destino me llevó a conocer el ambiente del santón que vivió tantos años en silencio. Meher Baba, luego visitaría tribus en fiestas y todo tipo de templos grandiosos y ruinosos. Amigos invisibles de SERVAS estaban allá esperando mi llamada para venir a recogerme en Vespa y llevarme por lugares encantados. No es broma. La India es eso y más.

 

 

Luis Carlos Rodríguez Leiva 
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