
Con luna llena, cuando el sol se ha ocultado y deja tras de sí una hora
violeta encuéntrense en secreto
hombre y mujer para unirse en el ritual del maithuna.
Se exigirán intensa atención y entrega, con deseo y recíproca admiración.
Después del baño ritual mutuo y de perfumar el cuerpo con almizcle en
el pubis y pachuli en mejillas y senos,
se harán un masaje distendido en todo el cuerpo.
Se vestirán con los colores tántricos, ella de rojo como su sangre y
él de blanco como su semen.
En la penumbra de una habitación cálida, iluminada con velas, habrán
rosas rojas, incienso y música.
Sin olvidar telas, cojines y espejos. En una bandeja de porcelana o
de plata tendremos buen vino,
algo de carne, pescado y cereal, una jarrita de agua y una almendra
con su piel.
Elementos que representan al universo, desde el fuego al aire, desde
la tierra al agua.
En la unión sexual, ella será la diosa, Shakti, él su dios, Shiva.
Ambos celebrarán las bodas divinas en el juego eterno de la energía
y la consciencia.
Meditarán en la luz y los sonidos, en el sabor y los aromas.
Cuando ella cierre los ojos, él la envolverá con su mirada.
Cuando lo haga él, ella sensibilizará su piel con delicadas caricias.
Llenarán las copas y beberán aspirando previamente el aroma del vino.
Tomarán en forma ritual la carne, el pescado y el cereal intercalando
el vino.
En ese momento meditarán sobre la energía kundalini y su ascención desde
la base de la columna hasta la punta de la lengua.
Enjuagándose la boca beberán agua.
Él tomará la almendra y le dará la mitad a Shakti como símbolo de que
la dualidad del mundo no es más que pura apariencia. Después él danzará
ante ella como Nataraya, el danzarín cósmico.
Ambos se tenderán en el lecho uniendo su respiración, lenta y profundamente,
en un estrecho abrazo.
La mirada en el otro aspirando de su boca el aliento, las manos entrelazadas,
el pene parcialmente introducido.
Ella contrayendo su vagina succionará dulcemente el pene, él permanecerá
pasivo.
Sentirán crecer una marea de sensaciones agradables, el calor aflorará
en el pecho,
la excitación sexual se irá transformando en un destello luminoso sin
eyaculación.
Desaparecerán él y ella en pos de un tú inmenso, se vaciarán sus cáscaras
humanas para llenarse de infinito.
La alegría y el amor serán como torbellinos, la paz interior dará paso
al sueño reparador.