Cuando mis palabras caen vencidas por su masa inerte se abre una claridad
que deslumbra los mismos ojos por donde el mundo se hizo imagen y no
carne. Cuando mis pensamientos no hacen más que chapotear en
la superficie de las cosas me rescatan las sensaciones cual rayos furtivos
entre las nubes. Y cuando la omnipotencia me invade como respuesta al
caos galopante tu regazo me devuelve a una humildad de cachorro, de
olvido… Entonces dejo caos, masa y nubes, y tus ojos, por momentos,
casi eternos, me fijan por los cuatro costados. Y se paraliza el aire,
el parpadeo, creo que también el tiovivo del mundo.
Cuando bailas te miro a hurtadillas pues los curiosos espantan la belleza,
y la punta de mi lengua sigue, desfallecida, tu estela, y hasta se eriza
mi espalda, de escalofrío. Me vuelvo títere de tus gestos,
ofrezco hilos de mis manos, pies y cabeza por si ellos, como las cañas
pacientes de pescar, se arremolinaran en tus tobillos y en tus caderas.
A escondidas sigo tu aliento por si tu respiración se vuelve
ola, mar embravecido y yo barco, fragilidad en tu inmensidad, vela plegada,
náufrago y me pierdo dentro, muy dentro.
Entre sábanas he descubierto que tu cuerpo tiene mil paralelos,
sendas por donde siempre es nuevo transitar pero nada como tu ecuador,
equidistante y caliente, selva tropical que rodea una boca de fuego.
En tus brazos no hay tiempo, soy el que siempre he sido, el que reconozco
de pequeñíto, el que juega, ríe, llora, baila.
Ya no me importan cuantas letras tenga la palabra amor ni las teorías
que la encorsetan. Siempre indefenso ante el amor que arrecia el destino,
las tentaciones que lo persiguen, el pasado que lo frena y las ilusiones
que irremediablemente anidan. Amor ideal que usurpa el nido y que además
pide cuentas, respuestas perfectas, autocomplacencias. Tímido,
vulnerable y herido, el amor se retira. Pero vuelve cuando me equivoco,
te equivocas, nos perdonamos, cuando una vez derrotados, nos echamos
una mano, nos escuchamos, nos apiadamos; cuando podemos ver relajados
lo que el otro es, hace y piensa, cuando nos cuidamos. Tan duro es cariño
el mundo, tanto frío, hambre, dolor y guerra se deshiela cada
día que sólo una flor, un niño, tu sonrisa bien
vale mantener la esperanza.
RECETAS DE AMOR
Llega el otoño
Recoja las primeras hojas ocres y rojizas del otoño. Caldee la
habitación y cúbrase desnuda con ellas formando un gran
collage. Cuando llegue él dígale que debe separar hoja
a hoja meticulosamente porque el otoño invita a descubrir tesoros.
Fugacidad
Cuando pasee con uno de sus amigos no le diga que la belleza es tan
fugaz porque vive en el delgado filo que media entre dos mundos, las
formas que nos rodean y los ecos entrañables que nos provocan
sin decantarse por ninguno de los dos. Simplemente cójale la
mano procurando que cierre los ojos. Que sólo los abra cuando
sienta un apretón en la mano. Llévele de la mano y en
silencio delante de pequeñas oquedades del terreno, ante horizontes
limpios, por los microuniversos de musgos y hojas, hacia los cúmulos
cambiantes de las nubes, ante un trozo de piel o unos plásticos
a la deriva. Enfoque bien, ajuste la lente y cuando esa fugacidad pase
aprete el dispositivo, en un abrir y cerrar de ojos, se imprimirá
una estela de lo irrepetible.
Reverberación
Pónga espejos estratégicamente en los cuatro puntos cardinales
de bronce bruñido o de obsidiana para retener con su imagen las
almas o para ahuyentar a los fantasmas curiosos que siempre los hay.
En el acoplamiento de los cuerpos miren los amantes de reojo, que las
miradas reboten y hagan carambolas, que se vean desde fuera y desde
arriba, en las más insospechadas ópticas. En la reverberación
imparable de las imágenes no se saturen, conjuguen pasión
y ternura, ilusión manifiesta y realidad sentida.
Bolsa de agua
Esos días húmedos de invierno cuando ella llega destrozada
de la batalla con el mundo prepárele un caldo caliente y métala
en la cama aún a regañadientes. Mientras saborea el caldo
con cara de pajarita empapada, métase debajo de las mantas y
coloque sus pies ateridos contra los suyos calientes. Haga por un día
de bolsa de agua caliente y arrastre sus pies hasta el vientre. Cuando
el primer deshielo le llegue a la sonrisa, desplace sus témpanos
hasta el pecho almohadillado. Más tarde dé cálido
aliento también a cada dedo y ensaye los besos más calientes.
Si después de todo no consiguiera romper la tibiez de sus pies
no dude en convertirse todo usted en brasa ardiente.
Armonía
Si siempres habéis luchado en la cama, si habéis embestido
con fuerza y habéis dominado. Si cuando hacéis el amor
rugís y sudáis para estallar antes de quedar derrotados,
probad a poner música. Si el amor es armonía, danzaréis.
Supino
En las artes amatorias pónte a menudo en posición supina.
Cuando ella cabalgue encima no te entretengas en mirar el techo. Deléitate
con la anteversión y retroversión de su pelvis, el contorneo
de su cadera, su rotación interna y externa y el arrastre de
su pubis; pero, por favor, no mires el techo aunque le falte una mano
de pintura.
Ensalada
Mezclarás tus hojas rizaditas de lechuga con sus rábanos
cortados a cuartos; tus rodajas frescas de tomates con su perejil, pondrás
tu pepino a tiras con sus pimientos picaditos, tus aceitunas rellenas
con su aguacate.
Os mezclaréis con sal, aceite y vinagre y os revolcaréis
en una gran ensalada de amor.
Cumpleaños feliz
No hay cena de cumpleaños que no acabe alegre y que no deje sobre
la mesa un buen trozo de pastel con abundante nata. Se irán los
invitados, se apagarán las últimas risas desternilladas.
Ella todavía embriagada apagará con misterio las velas
casi fundidas, él acechará en los escondrijos travieso,
ella se defenderá con la nata. No tardarán en repetir
pastel pero ya sin manos, plato ni cuchara.
Navegando
Recostados sobre grandes almohadones, ponga la pierna derecha, la de
usted, encima de la izquierda de ella, pero justo al contrario del otro
lado. Sus dedos, los de la mano, entrelazados entre los de ella pero
de sus pies, lo mismo que hará ella con los suyos.
Enfrentados y acoplados dejen que el movimiento de la pelvis se balancee
como un barco. Es necesario que vaya a estribor cuando ella gire a babor.
Deje que ella gobierne las velas tirando fuertemente alrededor del mástil.
Tango
Una música insistente despacha envites a diestra y siniestra.
La estancia a media luz, los zapatos ajustados y livianos. No pierdan
el ritmo del tango, lento, lento, rápido-rápido y lento.
Ocurra lo que ocurra de ombligo para abajo, no pierdan la concentración,
no invadan el terreno del otro, que las piernas no flaqueen, que los
pies no tropiecen. No hagan caso al sofoco, no naufraguen todavía,
no se miren fijamente pues perderán el compás… lento,
lento y lento.