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La
realidad es siempre concreta. La realidad es física, tangible.
Y en este mundo nuestro, físico y tangible, de nada vale elevar
el vuelo y tomar conciencia de las más sublimes revelaciones si
va a pasarnos desapercibida la realidad humana más inmediata. Hay
que estar atento. Porque no es oro todo lo que reluce. Porque caemos en
la trampa de la ilusión con gran facilidad. Porque hay dolor en
nuestro mundo, hay dolor. Y miseria. Y es necesario que las personas tomemos
conciencia del dolor porque esa conciencia abre las puertas a la posibilidad
del cambio. Eso es algo que funciona a nivel personal y que tiene un paralelo
evidente a nivel social.
Hemos delegado en las instituciones la función de atender a los
más desamparados, a los más débiles. Lo que no podemos
delegar en ellas es nuestra conciencia. Porque las instituciones están
formadas por seres humanos más o menos organizados en torno a objetivos
que a menudo se olvidan, o se relegan, o se malcumplen, y su función
se ve perturbada por intereses que nada tienen que ver con esos objetivos.
Volviendo a la realidad concreta. Entre Barcelona, Santa Coloma de Gramanet
y Cinturón, casi 200 menores magrebíes malviven sin hogar
ante la desidia de la Administración, que en el momento actual
todavía no ha encontrado el modo de ofrecerles un techo donde cobijarse
o una formación que les permita desenvolverse más adelante
en el mundo laboral. Han llegado persiguiendo un sueño, con la
ilusión de encontrar trabajo en la tierra prometida. Algunos de
ellos mueren en el camino. Para los que consiguen llegar, el desengaño.
Y un submundo en el que sí tienen cabida: el de la delincuencia.
Y este es el tema. Hacer llegar hasta los responsables políticos
la información de que la vida de esos niños nos interesa
realmente. Que no nos creemos que no hayan soluciones, que lo que sí
se evidencia es una distribución injusta de la riqueza y una penosa
falta de imaginación.
Sólo hay un modo de que las instituciones respondan adecuadamente,
según la función que se les ha encomendado: la conciencia
social. Un despertar en los ciudadanos de un interés genuino por
el bienestar de la comunidad. Porque ese interés genuino otorga
a cada cosa su valor, y exige por sí mismo una respuesta.
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