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Planetarización de la conciencia
 

 Formamos parte de un Todo regulado por la misma ley. El axioma hermético nos dice que lo que está arriba está abajo, que lo que estuvo en el pasado reaparecerá también en el futuro. Cada ser viviente es una representación a escala del Cosmos. En la vida de cada uno se refleja lo que sucede en lo más alto, de tal manera que en nuestro cerebro los planetas giran tal como ellos lo hacen alrededor del Sol. La ciencia reconoce elementos esenciales comunes entre lo más pequeño y lo más grande hasta ahora descubierto. Entre los macro-descubrimientos hechos en el espacio y los micro-descubrimientos hechos en laboratorios de precisión se deducen estructuras semejantes. El Ser humano, como integrante del Cosmos, contiene a éste de forma perfecta en su interior.
La vida está gobernada por ciclos que se dejan ver en la naturaleza a través de las mareas, de erupciones volcánicas, de los cambios climáticos, de las estaciones, etc,...
La vida del Ser Humanos está regulada por ciclos análogos a los existentes en la naturaleza que nos afectan tanto individual como colectivamente. Cualquiera de nosotros podría ver cómo a lo largo del mes nuestro estado físico, emocional o intelectual experimenta un ciclo con un punto de arranque y un punto de retorno que dará lugar a otro periodo de igual duración que el anterior. Y esto sólo es un ejemplo de un ciclo perfectamente constatable en nuestra vida individual. También existen ciclos de distinta envergadura y alcance que afectan a grandes colectivos como, por ejemplo, el ciclo de 13 años que afecta a esquemas políticos y económicos, o el ciclo de 84 que regula la creatividad colectiva, y que en sus momentos álgidos produce oleadas de descubrimientos e innovaciones cuyo desarrollo se perfilará y perfeccionará a lo largo del periodo. Y desde luego que existen ciclos de mayor amplitud temporal y de mayor complejidad temática.
El reloj cósmico humano, nuestro cielo interior, nos dice que toda la vida se genera y regenera bajo pautas cíclicas, pero sólo la libertad del individuo puede hacer que cada ciclo, por repetido que parezca, le aporte cosas distintas. El hombre es libre si acepta la ciclicidad de la vida. Desde esta aceptación es posible hacer que nuestra existencia sea algo más que un mero hecho biológico cuantificable mediante instrumentos de precisión. La libertad y la creatividad se sustentan en un esquema cíclico que nos ayudan a ver siempre nuestro Norte personal.

 

 

Jesús Gabriel 
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