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Estas
reflexiones sobre el tema del camino interior, o espiritual, o proceso
terapéutico, pretenden abrir puertas, acercarnos a un pensar diferente.
Son fruto de mi propia experiencia y no buscan sistematizar el tema de
una forma congruente.
En esta era cognitiva ya se tiene bastante asumido que uno de los pilares
de las tradiciones, la realidad, es la realidad de cada uno tal como el
sujeto la construye en su interior (idea ahora usada hasta para vender
cervezas).
Este paradigma centra el poder en el sujeto que posee la capacidad de
cambiar su forma de interpretar la realidad.
La idea de cambio es la clave de todo proceso espiritual, querer ser más
y mejor, o sufrir menos. Por un lado buscamos el cambio de lo que somos
por un modelo interno en base al yo ideal, lo que nos gustaría
ser, o al ideal del yo, lo que deberíamos ser. Por otro lado, buscamos
el cambio por un modelo externo, un maestro, terapeuta, o el comportamiento
ejemplar que sugieren los textos sagrados.
La no aceptación de lo que descubrimos en el panorama vital ( límites,
muerte, dolor), es la principal huída hacia el cambio. Huída
perfectamente comprensible. El cambio necesita modelos y es la desorientación
la que nos remite a modelos externos. Y no porque los modelos externos
sean buenos en sí mismos.
Es posible que la gente piense: aprendo mucho con sus charlas, me ha ido
muy bien tal práctica. Pero en el fondo lo que valoramos y nos
alivia es depositar la confianza en otro, confiar en que el maestro sabe,
en que la tradición no se equivoca. Eso sí, el bienestar
es real. Todos vamos buscando algo con lo que sentirnos mejor. ¿Pero
es eso un camino espiritual?
El tema de las prácticas también da mucho que hablar. Las
respiraciones forzadas, los giros, inmovilizaciones, cantos, incluso las
drogas, muchas veces son confundidas con vías de acceso a estados
de conciencia alterados que son propios de lo espiritual. A través
de estas prácticas se consiguen momentos de ver las cosas con más
claridad, de acceso a sentimientos oceánicos asociados con estados
de iluminación, estados de éxtasis o emocionales que quizás
no consigamos de otra forma. De algún modo nos dan un poquito de
ese paraíso prometido en los cuentos, en las películas,
que de ese modo nos parece más cercano. (Anhelo de un pasado construido
con recuerdos buenos). ¿Pero realmente cambia algo en nosotros?
No hay que confundir chuparse el dedo con comer. Las prácticas
son medios para romper estructuras y hábitos que nos limitan pero
que también nos conforman (identidad). El valor de las prácticas
está en sus consecuencias a largo plazo. La satisfacción
inmediata (de chuparse el dedo) no puede remplazar la necesidad de comer
y el enfrentarse al mundo para conseguir esa comida. En algunos monasterios
taoístas aceptan la entrada de un candidato una vez ha hecho fortuna.
En la India se entiende el proceso del camino espiritual en la última
fase de la vida, una vez criados los hijos.
En occidente la espiritualidad se vende fácilmente a la gente joven
o inmadura. Ante la dificultad de construir una identidad, problema psicosocial
muy actual, las promesas fáciles y atractivas son el mejor señuelo.
El placer después de cualquier técnica se equipara con el
placer de tomar una coca cola, se puede haber llegado a ella por sugestión
y estar en peligro de adicción.
Toda práctica necesita de una elaboración de las emociones
o cogniciones que nos presenta como nuevas, elementos extraños
a integrar en la identidad del sujeto.
Cabe denunciar la poca conciencia y respeto que existe sobre este tema.
Se le da más valor al efecto inmediato, sugestivo y prometedor
que a las consecuencias a veces peligrosas de estos procesos que por un
lado tienden a desestructurar, con los posibles desencadenantes psicóticos
y otras veces a reestructurar de forma rígida (sectas).
Muchas veces se parte de un mito, matar al ego. En los casos más
suaves el mito consiste en desenmmascarar los engaños del ego.
Es un tema confuso que polariza en nuestro interior dos seres, uno más
espiritual al que se le asocian los buenos momentos y un ego como la parte
oscura que hay que cambiar. Este mito del ego es una forma metafórica
de las luchas internas, motores de nuestra construcción como personas.
Es a través de querer ser lo que no somos que nos construimos.
Es en ese momento que la identidad va adquiriendo una forma más
precisa, cuando va apareciendo un sufrimiento enquistado y oculto, no
el padecer dinámico del adolescente que saborea ciertos triunfos.
El adulto ya ha armado su defensa (identidad, carácter, hábitos,
a veces precariamente) y su defensa le ha limitado. El ego se tiende a
asociar con ese aspecto defensivo y limitante olvidando que el ego somos
nosotros. No hay unas rejas que retienen nuestro potencial de ser mejores.
Nuestro potencial es nuestro ego. Tan solo reconociendo esa unidad interna,
aceptando nuestros actos, puede llegar algún cambio (no buscando
el cambio).
En los ambientes espirituales se dan estas polaridades del yo-tu evolucionado
(ideal) frente al yo-tu no evolucionado (ego) Por mi experiencia estas
contradicciones de los procesos de crecimiento personal son alimentados
interesadamente (aunque inconscientemente) por los maestros o terapeutas
de la espiritualidad. En este orden cosmológico tener seguidores
nos hace subir escalones hacia la perfección, generando una gradación,
empezando por los comunes, pasando por los discípulos y llegando
a los maestros. A veces la cuestión es tener un maestro o inventarlo
para no ser un común.
Estos son algunos de los pensamientos que me surgen. Son muchas las dudas
que aparecen cuando analizamos estos temas. Con la experiencia cada uno
se da sus respuestas.
Si alguien ha conseguido seguirme en esta serie de denuncias se preguntará
si yo creo en el camino espiritual. La respuesta es que sí, por
supuesto que creo, creo en la intención honesta e inocente de los
que buscan estar mejor y en la oferta sensata y consecuente con sus propias
necesidades de los que ofertan plazas en el camino de la evolución.
Cada uno con su camino. Gráficamente es un problema de peso, ¿qué
pesa más a la larga, lo que gano o lo que pierdo? La cualidad del
ser humano es la inteligencia "la capacidad de anticiparse a la experiencia".
Estamos en la era cognitiva, hoy construimos la realidad de que cada uno
construye su propia realidad.
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