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Si una fotografía es un instante de vida detenido, en Vietnam
la vida parece fotografiarse a sí misma, recreándose en
su propia contemplación. Inspirándose profundamente en el
transcurrir del río del Perfume. Expirándose con serenidad
en el atardecer de la bahía de Halong. A Vietnam nunca se va por
primera vez, porque al llegar te das cuenta de que una parte de tí
siempre ha estado allí. Vietnam no es un descubrimiento, es un
reencuentro con tu ser más íntimo.
Las fotografías que componen esta exposición fueron realizadas
durante un viaje por Vietnam y Camboya en enero de 2004. Son, ante todo,
una invitación a detener el tiempo por un instante (¿qué
otra cosa es la fotografía si no?), dejar de lado la urgencia y
disfrutar de otros paisajes y otras gentes que nos recuerdan que todavía
hoy, en la era de la aceleración globalizada, otro ritmo de vida
es posible.
Son también un pequeño homenaje a sus habitantes quienes,
tras sufrir durante años las consecuencias del odio y la barbarie,
han sabido guardar en la mirada lo que la guerra intentó negarles:
la paz interior.
Dedico estas imágenes a Carolina, compañera en el camino.
(Clica en ellas para verlas ampliadas)
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| Amanece
en Camboya |
Buscando
la luz |
El
dragón y la princesa |
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| Brumas
y arrozales |
Calles
de Hanoi |
La
tejedora de sueños |
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| Inciensos |
Perezas
y plegarias |
La
sonrisa de Bayon |
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| Marisqueira
de Indochina |
Ofrendas
de humo |
Pagar
el pato |
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| Meditación
en Angkor Watt |
Río
Perfume |
Soldado
en tiempos de paz |
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| Una
pipa de paz |
Pescador
de frutas |
Privilegio
de la pequeñez |
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