|
¿Te
preguntás por qué este mensaje llegó a tus manos?
Mis ojos son tus ojos. Sentimos en un mismo corazón. Respiramos
al unísono la magia del universo. Amamos con idéntica pasión.
Nuestra sangre brota desde la misma vertiente. Vengo en tu búsqueda
para reencontrarme en la luz. Nuestra danza multiplicará la vibración
del amor. Más allá de la ilusión, somos Uno.
El discurso ensordecedor y uniforme de los dormidos anuló mi capacidad
de vuelo. Ató mis alas con palabras sin alma. Te percibí
distante. La mente social me convenció de que sólo los locos
escuchan al corazón. De manera imperceptible, levantaron muros
para que creciera la indiferencia y germinara la desconfianza. Amparados
en cuestiones de raza, sexo o religión me obligaron a mirarte como
si fueses un extraño. ¿Fue así como sucedió?
¿Acaso soy una víctima? Ilusión, así se llama
este juego.
Me vivencié como si fuese otro para poder conocerme. Necesité
fragmentarme para sentirme. Me costó comprender que si te dañaba
me dañaba. Verme en otros piés me hizo suponer que éramos
distintos. La distancia entre los cuerpos ayudó a generar esa falsa
percepción de separación. Me hablé con otras palabras.
Me odié y amé sin saberlo. En boca de ese otro yo, mi voz
sonó ajena, poco familiar. Incluso creí que esas lágrimas
que corrían por tu rostro nada tenían que ver con mi vida.
¡Ilusión!
Necesito escribirme, por eso te escribo. Llegó el momento de despertar
a cada una de mis partes. Ese que hoy mata soy yo. Ese que hoy roba soy
yo. Ese que sufre soy yo. También soy ese que sonríe, ese
que celebra y también el que agradece. Necesito alinear mi esencia.
Quiero danzar y vivir en armonía. Cerrá los ojos. Sentime.
Recordá… Más allá de la ilusión, somos
Uno.
|