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| Los Órdenes del Amor (2ª parte) |
La actitud amorosa |
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Las
ideas principales de Bert Hellinger sobre los Órdenes del amor,
tal como han sido expuestas en un artículo anterior de esta Revista,
se hallan en la base de su práctica terapéutica. Estas ideas
-es importante dejarlo claro- no constituyen en modo alguno algo parecido
a un cuerpo dogmático ni tampoco un conjunto de afirmaciones metafísicas.
Buena parte de ellas son comunes a otras escuelas de terapia sistémica,
como la estructural (Salvador Minuchin) o la transgeneracional (Ivan Boszormenyi-Nagy).
Otras son aportaciones originales de Bert Hellinger. En cualquier caso
todas ellas se basan en la práctica clínica, a modo de hipótesis
que se confirman una y otra vez. “Os doy
las gracias. Lo tomo todo de vosotros. Veamos, en relación con este texto, algunas precisiones importantes:
Acto seguido N.N. mira la imagen
de sus padres o de su representación. Poco a poco se da la vuelta
hasta quedar de espaldas a ellos, pero apoyándose en ellos. Con
este cambio de configuración se puede representar el agua fluyendo
de su fuente. A partir de aquí N.N. está en disposición
de encarar la vida o cualquier realidad concreta de la vida (personas,
acontecimientos) que N.N. necesite encarar. “Me
inclino ante vosotros como mis anteriores. Incluir expresamente a otros
antepasados produce, normalmente, una experiencia de mayor fuerza para
encarar la vida. Utilizando la misma imagen anterior, cuando N.N. se da
la vuelta y se apoya en sus padres se encuentra, tras ellos, toda la hilera
de antepasados, tan larga como pueda imaginar o confeccionar. Todo un
caudal de vida anterior tiene su continuidad hasta N.N. y, a través
de él, hacia generaciones nuevas. “Ahora
te veo, y te doy un lugar en mi corazón. Si dos antepasados han sido infelices juntos, o han tenido conflictos importantes entre ellos, se puede incluir: “Me
inclino ante vosotros, y no os juzgo. Un aspecto importante en el enfoque de Bert Hellinger es que los vínculos de sangre que conforman el alma familiar no son sólo los de vida, sino también los de muerte. Dicho de otra forma: entre perpetradores y víctimas (asesinatos, violaciones, hechos de guerra, etc.) se crea un vínculo tan fuerte que los incluye igualmente en el alma familiar (de unos y otros, en este caso). Y, como vimos en el artículo anterior, el alma no tolera exclusiones. Por ello, en los hechos trágicos que N.N. mire en relación con sus antepasados, es necesario incluir a las otras personas afectadas, sean víctimas o perpetradores, de la siguiente forma: “Te
veo a ti, y te veo también a ti. Sólo es posible lograr la paz cuando, más allá del cualquier esquema de buenos y malos o de culpables e inocentes, N.N. o cualquiera de nosotros podemos confiarnos a la vida y a sus, a veces, inexplicables vericuetos.
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Paco Sánchez |
Paco Sánchez. Psicólogo. Terapeuta gestáltico. Formado en Psicoterapia Integrativa con Claudio Naranjo y en el modelo sistémico aplicado a familias. |
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