Estas cosas no se pueden agradecer.
El agradecimiento queda pequeño. A Carlos, guía de mi alma.
La primera imagen que tuve de él quedó fijada y detenida
en mi recuerdo. Como una de esas fotografías antiguas de bordes
blancos y recortados que has ido guardando año tras año
de tu vida y que cada vez que la miras te transporta a un instante hecho
ya eterno.
Después de años de oír hablar de él, ya instalado
en mi universo particular, llegó el día de conocerlo. Yo
iba cargada con mi habitual mochila de escepticismo, desconfianza y superioridad
tras la cual me protejo cuando tengo miedo.
Habíamos tomado el tren a Sóller. Quien no haya hecho nunca
ese viaje aún no ha descubierto que existe un camino a los paisajes
de nuestros cuentos. Sin embargo no recuerdo ni las montañas ni
los almendros. Sólo nuestro paso lento y en silencio, desembocando
en la plaza del pueblo y ¿Casualidad? justo él asomando
en ese instante al otro extremo. No necesité ni dos segundos. Mirarlo
fue reconocerlo.
No hace mucho, en una de las últimas películas de Woody
Allen, uno de sus personajes se volvía borroso, desenfocado. Todo
a su alrededor permanecía nítido mientras él se convertía
en una mancha de esas que al mirarlas te producen mareo. Pues bien, en
el caso de Carlos el efecto fue justo el contrario. Su figura resaltaba
sobre el fondo de casas y gente con mayor nitidez, como si hubiesen perfilado
con lápiz negro los contornos de su cuerpo. Era extraño,
estaba a más de 50 m y pude distinguir su mirada con toda claridad.
Nunca se lo digo a nadie, pero en realidad, a mi vida racional y ordenada
siempre la ha gobernado algo oculto en el centro de mi pecho que, cuando
decide pronunciarse, le imprime un giro de 180 grados lanzándola
por nuevos derroteros. Jamás se me ocurrió poner en duda
esos pálpitos que me empujaron a lo desconocido y que en cada ocasión
me abrieron a un nuevo universo. La certeza que me llegó ese día
no fue ni mucho menos una excepción.
De esa primera entrevista recuerdo un jardín romántico de
casa mallorquina, que de por sí ya están un poco fuera del
tiempo. Yo intentando hacer como que no pasaba nada y mi cerebro ralentizándose
hasta detenerse y dejarme sin pensamientos por unos instantes que me parecieron
eternos.
Carlos ese día me regaló una cartografía precisa
para el alma donde estaba marcado con una señal roja el punto exacto
donde me hallaba perdida. En mi corazón quedó la certeza
de que me había mirado en un espejo donde pude atisbar eso que
pregunta el Zen en sus koans y que es imposible responder desde el pensamiento:
mi rostro antes de que me concibieran mis padres.
Luego pasó tiempo y acontecimientos que me dejaron sin piel ni
huesos. En ese estado acudí de nuevo a verlo, cansada de andar
hablando con él por los rincones oscuros del vacío de mi
pecho.
Ahí empezó de nuevo la vida. Otra vida. La que en el fondo
siempre había estado buscando. ¡Que difícil se me
hace explicarlo! Me he pasado cerca de 40 años dando tumbos, como
ese borracho del chiste que busca la llave bajo las luces de las farolas
en lugar de dirigirse a la oscuridad donde se le perdió. Y resulta
que en esa oscuridad hay más luz que en todas las farolas juntas.
Por fin he orientado correctamente la búsqueda y tengo el privilegio
de recibir la ayuda de alguien que conoce perfectamente la ruta.
Hace poco le escribía esto a un amigo: "Descubro que finalmente
tomé la opción que aún tenía por tomar en
mi vida: yo para ir hacia Mí; y siento esa opción firme
y clara en mi corazón. Descubro que vine al mundo por amor a Mí.
No hay ningún fragmento fuera de Mí que pueda completarme.
Estoy toda en Mí. Yo soy la puerta a lo "completo".
Esto es lo que estoy aprendiendo con Carlos. Pero mucho mejor que yo se
expresa él mismo; así que me voy a permitir rescatar de
mis notas cogidas al vuelo algunos fragmentos de su discurso rápido
y lúcido.
"Uno no persigue cosas, en realidad persigue sus proyecciones
mentales."
"Creemos que si no nos apagamos al cuerpo, al ego y al mundo, la
vida y el vivir no se producen. La vida se produce sola. Nos apagamos
para autodefinirnos porque nos da angustia no saber quién somos.
"
"No hay definición que sirva para nada en el conocimiento
de sí mismo. La pequeña noción a la que se llega
cada día te lleva a la totalidad, siempre que no te apagues a esa
noción de cada día."
"Eso que me hace existir es lo que me impulsa a buscar y es lo que
mueve mi entorno y circunstancias para acercarme a lo que soy realmente."
"Uno es el Ser y tiene la capacidad de darse cuenta. El problema
es que uno dirige la atención a todo menos a sí mismo. La
causa fundamental de la dispersión de la atención es el
miedo a Ser. "
"Uno no existe por sus medios, sino que es existido por el Yo. El
trabajo interior es la investigación de eso que me hace existir".
"El ego tiene que aprender a hacerse pasivo, a hacerse nada, a no
ser reactivo. La meditación no se puede hacer, la meditación
tiene que ocurrir. Meditar es el estado de experimentar el Ser. "
"El trabajo interior es la vida o no es trabajo interior, porque
el trabajo es Ser, vivir. Yo vivo vivo o estoy muerto. Aprender a vivir
Siendo, eso es vivir vivo. "
"Todo el trabajo interior consiste en "callarse a tiempo"
para experimentarse."
"La realización es hacerse real"
"Todo es AQUÍ, AHORA, EN MI"
|