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La
problemática narcisista es inherente a la especie humana. Creo
que el conflicto actual más extendido del hombre moderno es la
falta de empatía, de respeto hacia sí mismo y por extensión
hacia los otros y hacia su entorno natural.
Una de las diferentes fuentes de sufrimiento es la ausencia de empatía
(incomprensión, insensibilidad, carencia de ternura,...) de los
padres hacia el hijo. Esta inadecuada relación produce un daño
al sí mismo (yo del bebé/niño ), ocasiona un quiebre
en su desarrollo personal (psicocorporal) y reduce su expansión
vital y emocional. Entonces deja de sentirse un ser vivo, convirtiéndose
en un ser corporal-mente muerto, pues sus sensaciones físicas quedan
reducidas. Muere emocionalmente, pues sus capacidades de sentir en su
corazón se apagan. A pesar de que este hombre pueda lucir una fachada
o hacer "como si", en el fondo de él no se siente vivo
y no sabe moverse espontáneamente ni amar. Se encamina hacia conductas
autodestructivas, ya sea bajo formas depresivas (derrum-bándose)
o por medio de formas hiperactivas (endureciéndose).
Que se entiende por problemática narcisista? Desde hace unos cuantos
años, quizás más de medio siglo, estamos viviendo
en una sociedad en donde predomina la imagen por encima del resto de valores
tanto sociales como personales. En el último cuarto de siglo la
veneración por la imagen del poder se ha incrementado; debido entre
otros factores, a un excesivo dominio de la técnica que distancia
y enfría; un ritmo acelerado, una cultura centrada en el afuera,
en el consumo y en la competencia, donde importa más el hacer que
el ser, un sistema desvitalizado de valores y de ética, pero con
una erotización del éxito económico, sexo y fama.
La lucha social entre hombres y mujeres por ganar una posición
igualitaria desmembra la familia y roba tiempo a la intimidad. Las madres
asalariadas tienen menos disponibilidad para criar a sus hijos y el estrés
agota los canales de vitalidad y ternura.
En este contexto las personas se quejan de quiebres en su autoimagen,
dificultades de individuación, dificultad para amar, insatisfacción
en la relación con los otros, sentimientos de vacío y de
alienación. Son personas cuya preocupación es la inflación
de su yo junto al reforzamiento de un sí mismo grandioso. Para
desarrollar este funcionamiento necesitan construirse una coraza rígida,
que les evite caer en un terror o angustia insoportable.En qué
etapa de la vida una persona se encuentra más vulnerable a ser
herida por su entorno , y cómo puede quebrarse su yo?
Desde la simbiosis original con la madre el bebé desarrolla su
identidad corporal a través de la piel, o mejor dicho por medio
del diálogo tónico-sensorio-emocional, como un delimitador
paulatino entre su mundo interno y el externo. La piedra angular de esta
problemática está en un déficit o mala relación
entre la madre y su hijo. En función del grado de trastorno narcisista
la herida puede comenzar en el útero materno, en el parto, post-parto,
o bien durante el primer y/o segundo año. El niño quizás
puede sentir que no habita un espacio suficientemente seguro. Es a partir
de esta relación tan primaria, biológica-intuitiva cuando
se irá gestando la enfermedad del vínculo materno-filial,
fijándose una falta básica en el niño. Es probable
que las señales deficitarias y observables se produzcan durante
el nacimiento y a partir del alumbramiento.
Es en esta primera fase de la vida, vínculo madre-bebé,
cuando se van a nutrir y desarrollar las posteriores relaciones íntimas,
ya sean homo o heterosexuales. Entonces podemos decir que el problema
de la persona narcisista es una falla vincular, en donde el lazo materno-filial
no ha sido atado.
Es posible que la primera sensación que tiene un ser humano de
existir la experimente desde sus ritmos internos, a través de sentir
sus pulsaciones, vibraciones, sensaciones térmicas, auditivas,
olfativas, visuales, etc... Quizás sea debido a esto que los psicóticos
tienen el problema de no sentirse existir. No es un problema de identidad,
es un problema anterior, es decir, de existir estando reflejado en su
existencia. ¿Pero qué es existir, sino percibir sensaciones
primarias esenciales, pulsaciones, algo que produce variaciones tónicas,
es decir propioceptivas y movimientos? Todo esto se comunica con palabras
a la madre que va a captarlas y a responder a ellas.
¿Qué ocurre cuando un bebé no ha podido vivir estas
experiencias humanizadoras y organizadoras de su identidad corporal?.
Un ejemplo de esta carencia puede ser cuando el bebé hace un gesto
espontaneo hacia la madre y ella no le responde, o bien lo hace inadecuadamente.
Entonces, el bebé lo vivirá como un ataque de su madre,
aunque no haya sido intencionado. La repetición de esta disonancia
somatopsíquica va a dar lugar a un clima particular, en que la
desconfianza del bebé hacía la madre será lo que
predomine. ¿Qué defensa utiliza y cómo la emplea
la personalidad narcisista?
Una de las tareas más importantes en ayudar a estas personas, una
vez que han construido un buen vínculo, es el desenmascaramiento
del falso "self". Cuando el hombre, todavía niño
es injustamente agredido por su entorno familiar, se sentirá herido
y al no poder expresar su dolor; él se retraerá, y si la
fuente de agresión persiste se acorazará.
El niño, para protegerse de los peligros externos/internos, lo
cuales vive con una angustia inimaginable, utiliza unos modos defensivos
para negar su realidad interna y construir un nuevo funcionamiento en
relación con las demandas externas; esto lo consigue construyéndose
un sistema protector. Hace más de medio siglo Wilhelm Reich definió
este sistema defensivo como una máscara, que es una especie de
coraza o escudo rígido, que tiene la función de proteger
al yo rudimentario del niño. Sin embargo, al mismo tiempo, inmoviliza
la energía y las potencialidades reales de su organización
somatopsíquica. Tal actitud limita al hombre-niño, llevándole
a sentirse atrapado en su propia trampa, sin saber cómo salir de
su autoencarcelamiento.
Esta coraza se estructura tanto al nivel físico, en forma de una
tensión muscular crónica localizada en la base del cráneo,
en los músculos que ligan la cabeza al cuello. Este bloqueo somático
se transforma a nivel mental en un mecanismo de negación de los
sentimientos. Este patrón de defensa psicocorporal ha protegido
a estas personas desde su más tierna infancia de sentimientos tan
dolorosos como los ya mencionados. Naturalmente que esta protección
narcisista el bebé-niño la ha creado por medio de la asimilación
e imitación de sus modelos parentales. Para conseguirlo el niño
tiene que renunciar a su verdadero yo-corporal y decantarse hacía
los deseos y demandas de sus progenitores, dado lugar a un falso Self.
O sea que el niño deja de existir cómo yo verdadero para
amalgamarse a los otros y convertirse en un Yo falso, superficial, irreal,
etc... Al alienar el niño su Ser , dirigiéndose y fijándose
en los otros, deja de tener una vida interior y se deshumaniza.
El filósofo español Ortega y Gasset nos dice que el hombre
es el único ser que vive desde dentro. Ser verdaderamente humano
es tener un ser interior y una vida interior. Los animales viven en una
constante hipervigilacia, siempre en guardia, mirando fuera en busca de
sustento y protegiéndose del peligro. Las personas con trastornos
narcisistas viven en un estado permanente de hipervigilancia, como expresión
interna de su terror, por sentir inconscientemente la amenaza externa.
Si entendemos el Self o Sí mismo cómo las experiencias que
tenemos de nosotros y con lo que nos identificamos que incluye : necesidades,
deseos, iniciativas, valores, ideales, etc... Y además la conciencia
de sentirse separado, tanto en la forma de sentir, pensar y actuar de
los demás. Precisamente las personas con trastornos narcisistas
tienen dificultades de experimentar a los otros cómo personas separadas.
Utilizando las palabras de Winnicott, un prestigioso psicoanalista inglés,
cuando habla del verdadero Self, refiriéndose a los niños
dice: que el autentico Sí mismo viene de la vida, de los tejidos
corporales, del libre juego de las funciones del cuerpo, de la respiración,
del corazón, etc; es decir de sentir el cuerpo vivo.
¿Y cómo se manifestará este problema al hacerse adulto
el bebé? Si la madre no ha podido encarnar a su hijo con su cuerpo
y su psiquismo, este niño durante el resto de su vida se sentirá
inseguro, desorientado, confuso; planteándose preguntas tan dolorosas
como: ¿quien soy yo, qué hago, a donde voy, etc... ?. A
nivel relacional van a tener dificultades en establecer relaciones estables
e íntimas, debido a la ausencia de intimidad y confianza con su
entorno maternal. Esto va a dar lugar a las patologías neuróticas
y/o psicóticas, como resultado de la ruptura de algún o
varios eslabones de la cadena psicosomática, interrumpiéndose
la continuidad somatopsíquica sensaciones tónicas, emociones,
percepciones y representaciones), que obstaculizan su desarrollo ante
la deficiente integración de las diferentes vivencias que acontezcan
en su proceso evolutivo. Las personas con un narcisismo inflado, que tienden
a creerse especiales y únicas, con la pretensión de que
tienen derecho a todo. Tienen dificultades a reconocer o identificarse
con los sentimientos de los demás. Pero este funcionamiento no
es más que el positivo de la fotografía, en el reverso o
negativo su autoestima es muy baja, tienen incapacidad para quererse a
sí mismos, se sienten vacíos y necesitan a los demás
cómo espejos de aceptación y de compensación. Tienden
agarrarse a lo que sea, tanto si son personas cómo cosas, substancias,
a modo de salvavidas. O sea que para tapar este derrumbamiento depresivo
de la autoestima se "ponen la máscara", que ha sido construida
por las apariencias de las imágenes prepotentes alimentadas por
el ego, que se mueve hacía el éxito, el poder y la fama.
La sustitución de nuestra humanidad por una imagen que no admite
fallos se debe a una herida o a muchas heridas a lo largo de nuestro desarrollo.
Un pensamiento típico de los trastornos narcisistas es : "Es
más fácil controlar las cosas sino tienes sentimientos".
Hay personas que expresan una imagen estatuaria, como producto de su rigidez
muscular; pero que debajo de esta fachada se esconden fuertes sentimientos
de vergüenza y de humillación. Esta sería la otra cara
subyacente a la imagen de grandeza que han construido inconscientemente
para enmascarar y negar su realidad interna. ¿Cómo ayudar
a estas personas? Para trabajar con estas personas es necesario crear
una atmósfera particular, es decir que tenemos que construir un
espacio seguro, por esto la actitud del terapeuta es fundamental. Debido
a que la herida es muy profunda y sigue abierta, su sistema de alarma
va a estar muy activo en la relación terapéutica, es decir
que van a estar muy sensibles a la cualidad de presencia del terapeuta.
Para ayudarles es importante que el terapeuta sepa discriminar cuando
se toca, o no se toca y cómo se toca; ya sea con la mirada, con
el tacto, o con la palabra. Entendemos que la verbalización tiene
que ir acompañada de palabras vivas, llenas de sentimientos y sensaciones.
Por ejemplo: van a prestar más atención al lenguaje no verbal:
la postura, los movimientos, las miradas, los tonos de voz, que al contenido.
O sea, que van a dar más importancia al cómo, que al qué.
Otro ejemplo: A veces hay pacientes que llegan a la terapia llenos de
terror y el terapeuta no lo ve. Pueden terminar la terapia sin ser "vistos,
oídos ni tocados". Es por esto, que es imposible trabajar
con pacientes narcisistas si nosotros como terapeutas no nos hemos trabajado
nuestras heridas narcisistas arcaicas. Por lo tanto la clínica
de estas personas nos empuja a revisar nuestras vivencias históricas,
hasta ahora enfocadas hacia nuestras estructuras neuróticas. Cada
vez son más y más las personas que vienen a pedir ayuda
psicotera-péutica, tanto a la clínica privada cómo
a la consulta pública, que padecen una ruptura en sus primeros
eslabones de la cadena que cohesionan la estructura de su identidad corporal
de base. Son precisamente para estos casos, que clínicamente están
diagnosticados como problemáticas narcisistas, límites,
psicosomáticas y psicóticos, en donde los profesionales
que se relacionan exclusivamente desde la palabra encuentran muchas dificultades
en el proceso de restauración de la herida. Aquí es donde
encuentro necesario la herencia del trabajo psicocorporal que Wilhelm
Reich nos ha legado y que A. Lowen ha continuado a través del Análisis
Bioenergético. Para Lowen la clave de la terapia es la comprensión,
que toma más relieve en el tratamiento de este tipo de desórdenes.
Sin comprensión ninguna aproximación terapéutica,
ni ninguna técnica tiene sentido y eficacia a nivel terapéutico.
Es por esto, que para ayudar de manera eficaz, el terapeuta tiene que
estar en contacto con su cuerpo sensorial, emocional y mental; para poder
resonar empáticamente con el dolor del otro y comprender el terror
y la lucha que está sufriendo interiormente para no volverse loco.
De esta manera el paciente puede sentir que esta persona le da seguridad
y confianza. Para amar, amarse a uno mismo y a los demás, hace
falta que el "adulto-bebé haya experimen-tado principal-mente
este amor, seguridad y confianza en carne propia. Es decir que la calidad
tónica-sensorial del primer contacto de nuestra vida, la relación
materno-filial, cohesiona, estructura y edifica al niño una identidad
corporal de base. El sentirse digno de ser querido ante uno mismo y ante
los demás tiene que ver con esta primera relación que se
construye antes del lenguaje, antes de la palabra; que se trasmite a través
del tacto, del tono de la voz, de los ojos que nos miran y nos ven. Para
restaurar la herida, de un individuo con trastorno narcisista tendrá
que explorar sus miedos primarios, llenos de angustia, odio, desconfianza,
vergüenza, confusión, etc... Hasta que no consiga atravesarlos
, difícilmente conseguirá recuperar el amor hacia sí
mismo. Transformando la autoagresión y autoinvalidación
en ternura, confianza y aprecio hacia su yo-corporal. Este puede ser el
camino para recuperar la humanidad y la dignidad. Y desde esta conquista
ser capaz de dar y recibir amor con libertad y autenticidad.
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