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probable que Murphy descubriera sus leyes en el desayuno cuando se dio
cuenta que la tostada siempre caía por el lado de la mantequilla.
O yendo al trabajo al comprobar que los semáforos se ponían
en rojo cuanta más prisa tenías. Murphy no era un pesimista,
un ser gris y amorfo, ¡que va!, era un verdadero pragmático,
un artista de la observacion de lo cotidiano.
Horas y horas de meticulosa observación lo llevaron a la conclusión
de que cuando no tiene nada que hacer en casa nunca suena el teléfono.
Ahora bien, en el momento en el que te deslizas en un merecido y delicioso
baño caliente, empieza a sonar. Y es que el mundo de las cosas
que nos rodean tiene su propia lógica, su funcionamiento misterioso
y sus desafortunadas coincidencias. Las cartas de amor, los contratos
de negocios y el dinero que nos deben siempre llegan con tres semanas
de retraso. En cambio, la correspondencia inútil llega el mismo
día en que se despachó. El coche funciona peor después
de una puesta a punto, y la temperatura de la oficina es inversamente
proporcional a la cantidad de abrigo que llevamos.
Murphy era un filósofo que miraba a ras de suelo, lejos de aquellos
grandes pensadores que se entretenían con la grandeza del espíritu
y la metafísica de la razón. En su larga experiencia como
humano normal, corriente y mediocre encontró una gran sabiduría.
Se metió en el mogollón del quehacer cotidiano y supo ver
con nitidez las paradojas de la vida. Para él era evidente que
todos los pros tienen sus contras. Que siempre hay más excepciones
que reglas, y que dentro de cada problemita hay un gran problema forcejeando
para abrirse paso. Por eso, su filosofia básica era que si algo
puede ir mal, lo hará porque las cosas tienen una inercia que contradicen
nuestra voluntad. Así era de tajante.
Su gran descubrimiento fue que la rutina de la vida no era tal rutina
y que la psicología del ser humano no era para nada razonable.
El caos de la vida, el ruido humano, las contradiciones persistentes,
la hipercomplejidad de nuestra sociedad, nuestras grandes limitaciones,
las confusiones constantes y la tupida red de multirrelaciones hacen de
nuestra vida un rumrum donde todo es posible. Veámoslo.
Cuando se trata de buscar algo, siempre puedes hallar lo que no buscas.
Por eso el modo más rápido de hallar algo es ponerse a buscar
otra cosa. Hasta tal punto que lo que se perdió en la primera mudanza,
será hallado en la segunda, y así sucesivamente. Así
se establecen las leyes de Murphy, su corolarios, sus sentencias. Todo
se encuentra en el último lugar donde buscamos.
Murphy señaló cosas que todos sabemos, que la burocracia
siempre puede esperar, y que el seguro cubre todo excepto lo que sucede.
Así son las cosas. La oportunidad siempre llega en el momento menos
oportuno. Murphy es simplemente realista, no nos engaña, es un
eremita con batín de casa que ha visto la otra cara de la humanidad,
aquello que se cuece entre bambalinas. Puede ser muy criticado por científicos
y pensadores pero estos, cada vez saben más y más de menos
y menos, hasta tal punto que lo saben todo de... nada. En fin, sólo
confía en aquellos que pueden perder tanto como tú si algo
funciona mal.
No vivimos en un tiempo lineal y controlable aunque vivamos rodeados de
relojes y calendarios. El tiempo es terriblemente caprichoso puesto que
siempre se tarda más en llegar que en regresar, y la duración
de un minuto depende de que lado de la puerta del lavabo estés.
En cambio, si llegas temprano a un encuentro, evento o cita, lo cancelarán.
Si llegas puntualmente, tendrás que esperar, y si llegas tarde,
llegarás demasiado tarde. Véis, no hay salida, la vida deja
muy poco margen para el regocijo. Y no es que la vida sea un complot en
contra nuestra es que, en ocasiones la gente tropieza con la verdad, pero
casi siempre se repone y reanuda la marcha. Y es verdad, lo decía
también Tagore, leemos mal el mundo y luego decimos que nos engaña.
El mundo de la comunicación humana es aún más complejo.
Quien grita más tiene la palabra. Sin embargo, todos mienten, pero
no importa porque nadie escucha. Ahora bien nadie te está escuchando
hasta que cometes un error. Somos así. La pura y sencilla verdad
rara vez es pura y nunca es sencilla. El mundo es un escenario, pero la
mayoria somos tramoyistas.
Las estrategias para funcionar en sociedad no son nada sencillas. Primero
has de procurar parecer arrolladoramente importante y después has
de ser visto con gentes importantes. Si no, no sirve de nada. Pero atención,
nunca discutas con un tonto. . . la gente quizá no distinga la
diferencia. En caso de duda, procura ser convincente. Y si no puedes convencerlos
confúndelos. Tal es la estrategia más refinada. Por otro
lado, nunca permitas que tus superiores sepan que eres mejor que ellos.
Aún así por bien que realices tu tarea, un superior procurará
siempre modificar los resultados. No obstante, observa que la persona
que puede sonreir cuando las cosas van mal es que ha pensado en alguien
a quien culpar. No te preocupes, por ley, el compañero siempre
tiene la culpa. Y hagas lo que hagas y sea cual fuera el resultado previsto
siempre habrá algun ansioso por: a) interpretarlo mal; b) falsificarlo
o por c) creer que se produjo merced a su teoría favorita. No discutas.
En ningún sistema la gente hace lo que el sistema dice que hace.
En el amor las cosas son mas ambiguas y alambicadas. La carta de amor
que al fin te animastes a enviar se demorará en el correo el tiempo
suficiente para hacerte quedar en ridículo personalmente. Si observas
bien, la belleza es superficial, pero la fealdad es bien profunda. Y es
que la naturaleza siempre toma partido por el defecto oculto. En el amor
todo son escollos, ya lo sabemos. Por eso, todo lo que empieza bien termina
mal. Todo lo que empieza mal acaba peor. Son leyes matemáticas,
irrefutables. En el mejor de los casos, hay amor donde una mujer nunca
obtiene lo que espera y un hombre nunca espera lo que obtiene. Pero claro,
la persona que más te atrae nunca llega hasta el último
día de tus vacaciones.
Siempre vamos contra corriente, somos así de obtusos, lo veía
claramente Murphy que de esto sabía mucho. Nada es tan fácil
como parece.Y todo demora más de tu que crees. El noventa porciento
del trabajo se hace en un diez por ciento del tiempo empleado, el otro
diez por ciento necesita nueve veces más de esfuerzo. Ciertamente,
el mundo es un conjuro. Las cosas van mal de repente, pero las cosas irán
bien gradualmente. Además cualquier intento de simplificar cualquier
cosa sólo causa mayor confusión. Es inevitable, toda solución
genera nuevos problemas. No sé si la culpa la tendrá la
entropía de los científicos pero la mayoría de las
cosas no cesan de empeorar.
Puede que Murphy fuera un tío oscuro, que se levantaba con el pie
izquierdo y que tenía la habilidad de ser gafe dondequiera que
fuera, pero es evidente que tenía un entendimiento muy cercano
a la ealidad de las cosas, una mente de bricolage, una experiencia de
ir por casa y una paciencia templada de hacer colas y colas. Por eso cuando
más esperas en una de ellas es más probab1e que te hayas
puesto en una cola equivocada. Sus máximas favoritas eran que si
descubres algo bueno, ya lo habrán descubierto otros mucho antes,
y que si nadie lo usa por algo será.
Es una filosofía que sirve también para viajar. Cuando empaquetes
para las vacaciones, lleva la mitad de ropa y el dob1e de dinero. Pero
¡ojo!, la informacíón más importante de cualquier
mapa está en el pliegue, que está rasgado. Ningún
problema. Si no te importa donde te encuentras, no estás perdido.
La experiencia es algo que obtienes justo después que la necesitas.
Pero no te preocupes, nadie repara en grandes errores. De cara al futuro
siempre debemos preferir lo imposible probable que lo posible improbable.
Porque el futuro no es lo que era antes. En este sentido, cuanto más
lejano es el futuro, mejor apariencia tiene. Aunque lo cierto es que nada
es tan temporal como aquello que se considera permanente. Relájate,
en el fondo no hay nada nuevo. Esto ocurre desde la noche de los tiempos.
La única sabiduría consiste en saber cuando evitar la perfección.
De hecho, la única imperfección de la naturaleza es la raza
humana, no las leyes de Murphy que bien agudas son y que procuran un conocimiento
profundo del sentido común y del serrín que se acumula en
nuestro cerebro. De todas maneras las leyes de Murphy tampoco son fiables,
y fallarán si pueden hacerlo, con lo cual te encontrarás
en la más auténtica inseguridad e inexperiencia que es en
definitiva nuestra más profunda naturaleza interna. Confiar en
leyes de un signo u otro sólo lleva a quebraderos de cabeza, a
fricciones con la realidad innecesarias, a pelearse con las cosas que
no funcionan, a desanimarse con los que no te entienden, a querer que
el mundo sea un calco de nuestras más bellas intenciones. Y no
es así. Sólo es posible estar despiertos. Pero por si acaso
sonrie... mañana será peor. O no!.
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