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“Y
la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros,
llena de gracia y de verdad”
Evangelio según San Juan
La expectativa de la muerte tiene
un componente socio cultural y, desde una actitud colectiva, cada uno
elabora ideas imaginarias sobre el morir. En la cultura occidental estas
ideas las imaginamos en un futuro lejano , casi inexistente. Vivimos como
si la muerte no fuera con nosotros: intelectualmente aceptamos el hecho
de morir pero en nuestra actitud hay una negación emocional. Morir
es el único suceso que podemos predecir con total certeza y es
en el que menos nos gusta pensar, porque si lo invocamos llega la oscuridad
y acabamos persiguiendo sombras de temor. Preferimos dejar partir nuestros
temores antes de que penetren en la garganta y en el pecho.
Hegel decía : “ ... la historia es lo que el hombre hace
con la muerte. podríamos tomar la historia de la religión
como la crónica de las diversas maneras en que los seres humanos
han negado la muerte y afirmado que de algún modo sobrevivimos
a nuestro fugaz momento en el tiempo.”
Se puede creer en la reencarnación, se puede creer que después
de la muerte hay algo por allí arriba o simplemente que desaparecemos
definitivamente. Pero hay otra opción : reconocer con toda sinceridad
que no sabemos qué ocurre después de morir. No es necesario
afirmar o negar. Tener presente la muerte no es saber qué va a
pasar después sino qué pasa ahora. Es importante vivir con
lo que sabemos. En la medida en que confiamos en cada momento del vivir
nos disponemos a tolerar la ignorancia del oscuro destino en el que desaparecemos
al morir.
Tener una actitud de aceptación de la muerte es respirar la fragilidad
de la vida, recordar que salimos de la tierra y volvemos a ella. La conciencia
de finitud nos permite responsabilizarnos del presente sin aferrarnos
a la idea de que hay una eternidad de tiempo para hacer cosas para las
que hoy nos hace falta el valor. Nos posibilita experimentar cualidades
del vivir, aventurarnos más allá de la protección
en que vivimos y explorar el vulnerable yo. Podemos usar el temor a la
muerte como instrumento para enfrentarnos con los lugares donde nos ocultamos
y afrontar nuestros miedos a la vida.
La vida se vuelve confusa cuando eliminamos la verdad. Se cierra nuestro
corazón y perdemos el contacto con lo Sagrado de la Vida. Vivir
con la Muerte es bendecir la vida, entrar completamente en ella, abiertos
a lo desconocido, arriesgando, abrir nuestro corazón a lo nuevo
sin apegarnos al pasado.
Viniste a glorificar
las lágrimas...
no a enjuagarlas.
Viniste a abrir heridas...
no a cerrarlas.
Viniste a encender
las hogueras...
no a apagarlas...
Viniste a decir :
!Que corran el llanto,
la sangre
y el fuego...
como el agua!
León Felipe
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