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Cuando morir sea una fiesta

Entrevista a Enric Boada

Arjuna: Hola Enric, empieza el otoño y estamos en el puerto de Barcelona después de varios años que no nos vemos. Yo te conocí hace más de 25 años en unas actividades veraniegas en pleno Montseny. No hacía mucho que había muerto Franco y todo estaba en ebullición. Nos interesaba el naturismo, el nudismo, el Yoga, la expresión corporal... teníamos demasiadas asignaturas pendientes. Claro y tú eras un referente para nosotros los jóvenes, habías apostado por otro tipo de vida, se veía una luz al fondo de una sociedad mediocre, de una cultura represora. Pero tú viviste en plena dictadura, ¿cómo empezó todo para ti?

E. Boada: Bueno, diría que hay un antecedente, dos antecedentes que son importantes… Hacia los doce o trece años, una vez en el colegio, estaba en clase… Recuerdo la luz que entraba por la ventana, cosa rara en aquel colegio donde todo era tan oscuro. Debía ser medio día, y alguien, no sé, un profesor estaba leyendo algo del Evangelio… Todo esto para mí está muy confuso, pero sí recuerdo claramente que tuve un flash; que lo que yo escuchaba, lo que decía aquello no tenía nada que ver con lo que nos enseñaban en el colegio, ni con lo que veía en casa, ni con nada de lo que nos habían enseñado… allí se estaba hablando de otra cosa, estaba pasando otra cosa… Esto por una parte… luego llegó la universidad y, claro, en ella te abres porque, imagínate, era la época en que todo estaba prohibido, Lorca estaba prohibido… Y allí apareció un personaje que nunca más he vuelto a ver, un italiano que tenía, en italiano, claro, el Tao Te Ching, el Bhagavad Guita, los Sermones de Buda que eran preciosos… Así que me compré una gramática en italiano para poder aprenderlo y poder seguir esas lecturas… Bueno, todo esto fue para mí un impacto tremendo, pero no lo podía compartir con nadie porque nadie sabía nada de estas cosas. De hecho, en España ni aún ahora hay gente muy preparada como en Alemania o en otros sitios… Además, en esa misma época, para colmo, encontré un libro con fotos de âsanas de Rishikesh que eran del mismo Visnhu Devananda al que años más tarde, cuando ya él era famoso, conocí…


Arjuna: Es curioso porque yo el primer libro que conocí era de Sivananda, y las fotos eran del mismo Visnhu Devananda. Recuerdo que aparecía un jovencito delgado, muy acrobático que después una vez lo vi en Barcelona… bastante cambiado físicamente…

E. Boada: Cuando yo fui a verle, recuerdo que estaba bebiendo agua todo el rato… y recuerdo que, al final de la visita, a mí la pregunta que me surgió fue “¿… y cuantos años de yoga hay que hacer para llegar a estar así? Pero al final me reprimí y no se la hice… Y es que aquella agilidad impresionaba… El caso es que llegué a casa, cogí el libro, probé a hacer el loto y pude hacerlo. Supongo que si no hubiera podido hacer el loto, hubiera dejado el yoga y no me hubiera interesado nunca más… (risas). Probé alguna otra postura y, a partir de ahí, muy riguroso yo, deje de dormir en una cama… Imagínate… Aquello en mi casa fue un escándalo…


Arjuna: ¿En qué año pasó todo eso?

E. Boada: Primer año de universidad, año 49. Yo tendría dieciocho años o así. Así que yo cogí una esterilla, la coloqué en una galería que había en casa, y allí dormía, en el suelo. No sé cuanto tiempo me duró esto, pero nunca encontré nadie con quien compartir todo aquello, así que con los años la cosa fue disminuyendo… Tiempo después comenzó a influirme la filosofía perenne, la lectura de Aldous Huxley… El caso es que termine emprendiendo un viaje al Sahara siguiendo los pasos de un ermitaño francés. También me fui a Medio Oriente, Líbano, Siria… en fin, todos estos países, siguiendo en todo caso una búsqueda religiosa, queriendo encontrar, quizá, algo de verdad en todo lo recibido del cristianismo. Pero lo cierto es que todo esto se fue deshaciendo, y, al final, terminé volviendo a Europa. Estudié Políticas en Francia; estuve inmerso en política clandestina en España, en un partido que ahora casi todos están en el poder… de izquierda, izquierda… en fin, es igual, esto no es nada importante. Y la verdad es que todo ello también se me fue deshaciendo poco a poco. En ese momento entré a trabajar en una empresa multinacional. En ella permanecí más de diez años como director nacional. Era una empresa dirigida por diferentes países, entre ellos Australia, Nueva Zelanda… y la sede estaba en Londres. La verdad es que esto me hizo contactar aún más con la realidad del mundo y su funcionamiento…


Arjuna: Claro, de repente te ves inmerso en ese mundo. Tú, de alguna manera, también puedes conocer el gran atractivo que hay en el poder…

E. Boada: Sí, viajas por todo el mundo con todo pagado. Estuve dos meses viajando por Australia, Nueva Zelanda. Aproveché también para ir a la India, a China… Pero, al fin, comenzó a surgir un gran vacío… Y en ese momento surge una especie de desencadenante: me quedé enganchado entre la cuarta y quinta lumbar, me quedé clavado. Era el mes de Agosto, todo el mundo de vacaciones, y sólo encontré un amigo médico de otra especialidad que se encargó un poco de mí, me dio algunos calmantes y me dijo que tenía que estar tumbado sin moverme para nada… Pero, fíjate, no me lo tomé mal… En esa época yo me acababa de separar y, ahora que lo pienso, quizá el enganche de las lumbares fue por la gran actividad sexual que mantenía en ese momento y lo poco en forma que me hallaba. Mi vida entonces discurría entre cócteles, comidas, reuniones, mítines… Así que le saqué partido a la situación y, durante esta convalecencia, no sé cómo, me llegaron las músicas del festival de Woodstock, me llegó un libro de Erich Fromm y Suzuki sobre el Zen… Y todo ello mientras yo continuaba trabajando desde casa, seguía dirigiendo la empresa desde allí. Creo que el hecho de haber tomado calmantes durante ese mes, me paró y me hizo tomar conciencia del estrés en el que vivía. Así que cuando ya empecé a moverme un poco, alguien me habló de hacer yoga… y el yoga me fue fantástico… Recuerdo que mi compañera de entonces me decía “por qué no haces otra cosa… no sé, natación...” Pero a mí me iba muy bien. Es gracioso porque lo practicaba en la estupenda moqueta de mi despacho, y, a menudo, cuando en la empresa se decía el señor director está reunido, es que el señor director estaba haciendo yoga… (risas). Practicaba en todas partes, y a los tres meses de hacer yoga, me hablaron de que venía un discípulo de Ramana Maharshi que practicaba mahayoga. Yo asistí varios días, no a todos, pero lo cierto es que ahí se me despertó un proceso que consistió en que estuve como dos semanas en que por mi mente pasaba toda mi existencia, todos los momentos álgidos de mi vida… Yo tenía cierta información al respecto por que de muy joven había leído a San Juan de la Cruz, había estado interesado por la vida eremítica… Así que en aquel momento me escapaba cada vez que podía dos o tres días a la montaña, me quedaba en una cueva y esperaba a que saliera lo que tenía que salir…


Arjuna: ¿Cómo recuerdas tú aquella época de los años 70 aquí en Cataluña? Yo lo recuerdo como un momento de “explosión”… porque por una parte existía una inocencia de todo lo que venía de Oriente, y por otra parte toda una revitalización de lo que era higienismo y demás.

E. Boada: Sí claro, allí se movían muchas cosas. Creo que de la misma época era Can Valls (un camping naturista en Les Gavarres, Girona). Este era el primer lugar en España en el que se podía ir desnudo en mitad de la montaña… Recuerdo las visitas de la Guardia Civil que venían con cualquier excusa, y recuerdo el recibimiento que le hacíamos, ellos con su tricornio, y nosotros totalmente desnudos y orgullosos de nuestros cuerpos… aquello era fantástico. Todo entonces era descubrimiento… el nudismo, el vegetarianismo, el naturismo, hacer el amor con libertad, no sé… ciertas tendencias tántricas. Recuerdo que por aquella época me pidieron que llevara el Instituto Tantra que estaba por Calonge, y durante dos o tres veranos se intento seguir una línea de inspiración tántrica. Sí, sí fue un momento en el que hacíamos todos los cursos, la gente viajaba a Inglaterra, a la India, y se seguían todas las terapias posibles, cosas de las que aquí nunca se había oído nada de nada. Fue un tiempo muy intenso… Luego llegó Arco Iris con miles de gentes que pasaron por allí; cada semana recibían a doscientas o trescientas personas. Yo también estuve por allí y conocí a Emilio y Carlos Fiel, lo que pasa es que no terminé de conectar con la visión que ellos tenían… Por aquella época yo ya daba clases de yoga.


Arjuna: Claro, porque aquellos tiempos pasaron, pero tú seguiste en la línea del yoga…

E. Boada: Sí, yo continué con el yoga. Digamos que todo lo que se había despertado en mí, cuando yo tenía dieciocho años, volvió a presentarse a los cuarenta. Pero al mismo tiempo yo tenía una gran orientación política y marxista. Me acuerdo que llegué a dar conferencias en París sobre marxismo. Me mandaban desde España para promover la lucha antifranquista, la lucha universitaria sobretodo… Y esto, de alguna manera, implicó que yo siempre quise unir esas dos cosas… Siempre estuve influido por algo que dijo un teólogo alemán, Guardini: y es que el siglo veintiuno sería el encuentro de la tradición oriental, seguramente a través del budismo, y del cristianismo en sus diversas formas. Y esto coincide bastante con mi camino, porque a mí nunca me ha bastado con aceptar la visión de una de las dos partes, siempre he intentado leer todo lo que podía, sobretodo de filosofía, y, aunque hago de profesor de yoga, tampoco me satisface absolutamente la llamada visión oriental, aunque esta manera de denominar termina siendo un poco banal porque Filipinas, Australia es Oriente… y además la filosofía oriental pasa por muchos caminos como el Taoísmo, el Zen –que yo también he seguido–, el Yoga… Así que al final he terminado resumiendo todo esto. Me pasa un poco como a ti… Pero, a veces, en las clases me queda un poco la sensación de que no puedo pasar lo más importante, porque la gente busca sobretodo relajarse un poco, poder calmar algo la mente, mejorar físicamente… y, claro, esta es la urgencia de nuestro tiempo. De manera que tú no te vas a poner a lanzar toda la caballería… Pero te sigo contando… Luego hubo un segundo impacto… Una de las veces que me fui a los montes, no sé si había dejado ya la empresa, tuve una estancia bastante larga, digamos a tumba abierta, y comencé a aplicar los horarios que se aplican en los monasterios zen. Así que estuve cuarenta y dos días en una cueva en la montaña. Recuerdo que casi perdí el hábito de vestirme y, en una de estas, iba caminando y me encontré con unos guardias civiles. Todo esto en tiempos de Franco. Yo no llevaba nada… pero, mira, les conté tantas cosas… (risas)… Me preguntaban qué hacía, y nada de lo que yo les contestaba les servía para explicar mi presencia allí, más bien podía generar todas las sospechas del mundo… Entonces mi practica consistió en ocho horas de meditación, hacía yoga para estar en forma, caminaba por la montaña, dormía pero poco porque a media noche también meditaba… Y un buen día sentí que ya se había acabado. Estuve cuarenta y dos días y, fíjate las cosas, en aquel momento yo tenía cuarenta y dos años… Fue allí en la montaña, subiéndola, por cierto, donde tuve, no sé como llamarlo, una experiencia auditiva, allí percibí una serie de cosas que están en el origen de lo que luego escribí años después, pero que en aquel momento yo no logré entender… Y a partir de ahí volví a leer todo lo que yo ya había conocido, desde Mao Tse Tung a Freud… En un mes me leí más de cuarenta libros, intercalando en la lectura la práctica de yoga para poder seguir. Era un poco como intentar unir todo lo que yo sabía para ver si, de alguna manera, todo se podía conjugar, organizar… Recuerdo que, en medio de todo este proceso, encontré en una librería de Zaragoza un libro que se llama Manifiesto para la supervivencia, escrito por unos ingleses. Lo que era curioso –y muy inglés– es que ellos veían una transformación del mundo en cien años; lo que pasa es que esa visión sólo la tenían para Inglaterra… y, claro, esto daba un poco de risa… pero, dejando aparte esto, yo pensé “caramba, estos tíos están diciendo cosas que yo he visto allí arriba…” Y a partir de ahí, todo esto que te he contado se fue trabajando y trabajando…


Arjuna: Sí, y todo ello lo plasmaste, recuerdo, en tu libro que se llama Cuando morir sea una fiesta…

E. Boada: Que, por cierto, había tenido dos o tres redacciones anteriores que nadie quiso publicar.


Arjuna: Y, por fin, se publicó en la editorial Icaria. Aquel sueño que tú cuentas en el libro… después de los quince años que han pasado ¿cómo lo sientes?

E. Boada: Es curioso yo no he vuelto a escribir. Creo que si lo volviera a hacer lo haría más radical. En el libro aquel yo todavía me cubría mucho, hay cosas que están dichas, pero pienso que la gente cuando lo lee sólo lee una frase . En la editorial me decían que ese libro era como el índice del libro que tendría que escribir. Pero a mí escribirlo me proporcionó mucho descanso, porque así tuve la oportunidad de poner junto mi pensamiento, y, además, el esfuerzo de escribir ayuda a una concreción mayor… y yo tiendo a dispersarme mucho, porque me lo paso muy bien pensando, más que en la acción misma… Creo que según El Eneagrama yo soy un número cinco… Pero, en fin, yo quiero decir que no nos damos cuenta de que el mundo no va a ninguna parte, hacia nada que tenga un mínimo sentido si no propiciamos una revolución, si es que queremos seguir existiendo en este planeta. Bueno, sabemos que muchas especies ya han desaparecido, y también sabemos que el sol terminará quemando la tierra, aunque sea dentro de millones de años… En fin, que sabemos que esto no es para siempre… Y en este momento la revolución es totalmente necesaria, y va más allá de todas las religiones… Es necesario otro modo, hay que variar este sistema. Por eso yo hablo, por ejemplo, de “detener” la procreación. No creo que esto se pueda sostener, simplemente, porque los animales y, entre ellos, nosotros tengamos el instinto de reproducción. A veces me gusta recuperar el término sobrenatural, y es porque yo creo que el hombre puede trascender esa naturaleza que, efectivamente, tiene, y hacer algo que funcione. La última vez que estuve por los montes, hace dos o tres años, no me venía nada especial, excepto la última noche en la que si aparecieron algunas percepciones fuertes. En una de ellas me vino la imagen de que todos los políticos o jefes de estado, un buen día, si nos volviéramos un poco lúcidos, tendrían que pasar por una especie de proceso de Nuremberg. Lo utilizo como metáfora, pero es curioso como se critica a la sociedad alemana del nazismo por su manera de no querer enterarse de lo que ocurrió en aquella época… y, sin embargo, todos sabemos actualmente que se está destruyendo el planeta, que existen masacres horrorosas, genocidios; nos estamos cargando el mar, el aire, el agujero de la capa de ozono… en fin, montones de cosas que saben millones y millones de personas, y hacemos como aquellos alemanes, no queremos enterarnos… y encima soportando que todo los que están en el poder no hagan alusión a ello, sino más bien todo lo contrario. Por lo tanto, son cómplices absolutos de ello y encubren una realidad que, si se conociera en su totalidad, sembraría el terror. Así que se intenta ocultar todo esto mientras se transmite la sensación de que ellos lo que están es para dar más justicia, más libertad… Y la otra percepción que tuve en el monte tiene que ver con la anterior… y es que, en general, cuando hablamos de estas cosas: del desastre, del hambre por aquí, las inundaciones por allá, y nos creemos que tomamos conciencia e intentamos crear los caminos para remediar toda esa “porquería” con nuestra acción, la de las O.N.G. y demás… no sé, creo que nos estamos quedando cortos… La visión –si se le puede llamar así– que yo tuve iba en el sentido de lo sumamente maravilloso que podría ser todo si consiguiéramos partir desde otro punto; porque el ser humano ha hecho cosas fantásticas, podría contribuir a que el mundo fuera absolutamente increíble. Es decir, dejar de partir de la idea: “el mundo va mal y hay que hacer algo para remediarlo”, sino más bien poner la energía en que vivir sea algo fantástico.


Arjuna: Es decir, tú reivindicas la utopía como motor, principio del movimiento, de la consecución de grandes ideales… Pero sabes que está la otra visión, y es que el mundo va a la deriva. En realidad esos grandes políticos de los que antes hablábamos controlan menos de lo que creen, y el mundo es tan sumamente complejo que… ¿quién le pone el cascabel al gato?

E. Boada: Ya, pero lo que ocurre es que nosotros, a menudo, funcionamos de una manera muy básica. Entonces nos centramos en nuestro pequeño entorno, pensamos en nación, pensamos en familia, en propiedad privada… en fin, esta concepción del mundo que, por otra parte, nos viene de miles de años. Pero esta visión ya no nos vale, es retrógrada y, sobretodo, con ella no vamos a ninguna parte. Podemos hacer como que funciona y ayudarnos con terapias, libritos de autoestima, cosas de este tipo que nos hagan creer que somos buenos… Está bien, yo lo respeto; que cada cual haga lo que quiera. Pero, por favor, que no piensen que hablan y actúan en serio… Estamos en un planeta. Creo que observarlo desde arriba de dar una idea de lo estúpido de todo este montaje… Así que yo creo que hay que atreverse a cuestionar absolutamente todas las tradiciones sagradas, todas las grandes culturas, las grandes nacionalidades… y, desde ahí, remitirnos al planeta y habitarlo con una cierta racionalidad, con una cierta capacidad de relacionar el máximo de cosas; en eso se basa el progreso de la ciencia: en ver, analizar e ir relacionando cada vez más cosas. Pero parece que esto nos cuesta mucho trabajo. Sólo sabemos partir de nuestro pequeño mundo, nuestra cultura y demás… Para mí el camino comienza en cuestionarlo todo a lo bestia... Cuando me entero de las inundaciones de Bangladesh, de China, las catástrofes de los volcanes… yo pienso: estupidez, estupidez humana. ¿Por qué nadie se atreve, de una vez, a decir que en esos lugares no puede vivir la gente? ¿Tenemos que esperar a que se vuelva a repetir otra vez? Porque a veces parece que tenemos que vivir en un lamento continuo, en un valle de lágrimas para que algunos se sientan felices ayudando. Me acuerdo de algo que decía Osho respecto a cómo sería la vida de todas estas personas que se sienten tan buenas ayudando a todos los desfavorecidos, si el mundo, de repente, funcionara a la perfección. Suponía él que se sentirían muy desgraciados. Me gusta su planteamiento porque introduce la sospecha sobre algunas buenas intenciones que, a menudo, sólo cumplen la función de hacernos sentir mejor… En fin, hay que revisar todo esto porque nadie lo ha hecho, tampoco el marxismo lo hizo. Habría que poner todos nuestros avances al servicio de ello, utilizar los avances en comunicación y tecnológicos, tener valor para decir: “a ver, hablemos en serio, este es el mundo ¿cuánta gente pueden vivir bien aquí? ¿cómo van a vivir?”… Pero, claro, si por el sólo hecho de que seas una mujer puedes tener todos los hijos que te da la gana, pues entonces no podemos seguir hablando…


Arjuna: Tú, en tu libro, apuntas cuatro niveles que retomas de la tradición judía. En ellos hablas de “todo lo mío es mío, todo lo tuyo es mío” hasta llegar a “todo lo mío es tuyo, todo lo tuyo es tuyo”…

E.Boada: Sí, pero con alguna objeción, sobretodo, en el primer y segundo nivel. Yo hablo de esto porque, de alguna manera, me ayuda a organizarme con la historia y la evolución humana. Y por ello lo apunté en mi libro. Algún amigo, después, me ha comentado que esto es lo yo tendría que haber desarrollado más… Cuando yo observo a un niño pequeño, no veo en él esa conciencia de “lo mío es mío y lo tuyo es mío”. Creo, más bien, que somos nosotros, desde los otros niveles, los que decimos que los niños sienten así… Y luego también te encuentras que, por ejemplo, el nivel “lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo” es bastante impracticable por el conjunto de la humanidad, salvo en las grandes religiones, en los mensajes de Jesús o Buda. Ahí sí se propone la entrega desinteresada. Casi diría que esta propuesta coloca al santo en el ideal de supervivencia de los cazadores-recolectores, en un mundo, digamos más básico, que no te atrape en compromisos como la familia, la propiedad, en una sociedad que condiciona tremendamente y que no permite evolucionar demasiado… Y esta es la línea que, en un principio, yo creo intentaron seguir los monjes, los sannyasines y demás, pero que a la larga fue cediendo lugar a la propiedad… Lo que está claro es que cuando se alcanza la totalidad, ya no tiene sentido “lo tuyo” o “lo mío”. Pero de alguna manera esto que parece tan inalcanzable, a veces, lo practicamos en nuestra vida cotidiana, por ejemplo, en como compartimos, sin sentido de pertenencia, determinados lugares de la casa. Y a nivel social o con la naturaleza esto también ocurre. Podemos estar en un bosque, compartirlo, sin necesitar que sea nuestro. Pero cuando comenzamos a privatizar, no nos damos cuenta de que esta propiedad priva a los otros de lo tuyo, pero también te priva a ti de lo de los demás, incluidas las personas… Esta propuesta no se ha desarrollado nunca, nunca se ha podido llevar a cabo. Y a mí me parece que el momento actual exige algo por el estilo. La tierra tiene unos límites, y la libertad aparece cuando se reconocen los límites… Así que ese nivel del que empezamos hablando, ese “lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo” lo debieron de concebir como una manera de que, al menos, existieran unos cuantos que demuestren que el mundo se puede vivir de otra manera, pero estos siempre han sido una minoría, y lo que impera es gente totalmente sometida a una sociedad que “te hipoteca” en todos los sentidos…


Arjuna: Sí, pero como decía Galeano “dejemos el pesimismo para tiempos mejores”, y recuperemos la idea de que el ser humano crece y está en evolución. Lo que ocurre es que estamos todavía en una etapa muy adolescente, y, en eso coincido contigo, existe el grave riesgo de que en este crecimiento nos podamos cargar el planeta, si ese proceso no se hace lo suficientemente bien o deprisa… De hecho es evidente que vivimos una etapa oscura, como podemos observar en la gran cantidad de guerras, hambrunas, de genocidios…

E. Boada: Mira, existe un gran tabú, algo de lo que nadie quiere o se atreve a hablar… Y es que existe un gran problema actual que es la superpoblación del planeta. Mientras cada vez haya más gente, no hay nada que hacer. No está muy bien visto decir ciertas cosas… Por ejemplo, creo que todos sabemos que los hombres tienen que poner límite a determinados instintos, sin ir más lejos el sexual, para poder “ajustarse” mejor al funcionamiento social… Pues, de igual manera, yo pienso que sería el momento de que las mujeres revisaran su instinto maternal. ¿Por qué cualquier persona, esté como esté, puede decidir traer un ser al mundo? Sería necesario un parón de la procreación durante un tiempo, cambiar esto de una vez porque está claro que no funciona. Pero, claro, tendría que existir una mentalización muy profunda de que es lo que está pasando.


Arjuna: Pero observemos, por ejemplo, el caso de China y sus políticas de hijo único. Aquella sociedad es compleja, y resulta que en el mundo rural los hijos son la fuerza, la mano de obra. No se puede olvidar que no existe una seguridad social para la gente mayor; así se entienden que los hijos representen esa seguridad. Por tanto, el equilibrio es muy difícil de conseguir…

E. Boada: Claro, pero es que, para mí, esa tampoco es la solución. Es que mientras no haya una visión más amplia, una toma de conciencia de cómo haríamos un mundo mejor, y creyéramos, firmemente, en esa posibilidad, no hay nada que hacer… Por ejemplo, ningún programa educativo tiene sentido si, previamente, no se ha concebido el mejor mundo posible… Y ese debería ser el único sentido de la educación: preparar a los más jóvenes para desarrollar “un mundo posible”. Todo lo que nos dijeron que era bueno, ha resultado ser malo. A mí, durante una época, me iba muy bien hacer, exactamente, lo contrario de lo que se me decía. Así, solía acertar… Mira, si no hay una visión de conjunto, todo es defendible. Fíjate, por ejemplo, la defensa de las culturas… Todo esto es una tontería. Las culturas para qué están montadas: pues para sobrevivir, para comunicarse y para relacionarse con el resto del planeta. Por lo tanto yo me las cargo todas, no les doy tanta importancia. Otra cosa es que muchas de ellas hayan aportado cosas interesantes. Por suerte, a ampliar nuestra mirada, nos ha ayudado mucho la antropología; nos ha mostrado las innumerables maneras de vivir diferentes a la nuestra… Si fuéramos capaces de plantear sin miedo cuántas personas, verdaderamente, pueden vivir bien en el planeta, y qué hay que hacer para ello… esto supondría un salto, sobretodo, un salto de conciencia, pero a la vez totalmente realista, en absoluto mágico… El reino de los cielos –del que habla el Evangelio– está aquí, y la fe es creer que es posible. Las religiones no han favorecido mucho esto, porque siempre han situado ese cielo en otro lugar… En todo caso, yo, de ellas, extraigo lo esencial, aquello que me unifica. Utilizo sus textos, sus oraciones como una manera de situarme en el planeta. Creo que era uno de los Panikkar el que decía, que la oración es algo que nos vertebra en el mundo… Pero lo que ocurre es que este mundo es literalmente imposible. Mira, sin ir más lejos, lo que está ocurriendo entre judíos y palestinos. Es brutal. A menudo los periodistas sitúan este conflicto en la ley del “ojo por ojo…” Y a mí eso me resultaría “un avance”, porque lo que verdaderamente está ocurriendo es que si un bando mata a uno, el otro mata a diez. A la humanidad le está costando mucho tiempo darse cuenta que la pura venganza no conduce a ninguna parte. Aquella famosa frase de Jesús que hablaba de poner la otra mejilla, quería decir que hay que romper por alguna parte la espiral, y, una vez más, que hay que tener otra visión y darse cuenta de que lo que estamos haciendo es imposible… He leído algunos escritos de un arquitecto francés que son muy interesantes, y que están en esta línea. Dice él que, por primera vez en la historia, podríamos estar cerca del colapso total, del accidente total… Que se entienda, podrá o no podrá ser, pero es concebible. Esto va bien para darse cuenta de que no todas las épocas son iguales, y que lo que estamos viviendo ahora no tiene nada que ver con ninguna otra época, aunque a los historiadores les guste buscar analogías. Basta con echar una mirada a las ciudades que hemos creado, en las que no existe ningún contacto con la naturaleza; la mierda de trabajos que acepta la gente para poder comprarse un piso o tener hijos; y, sobretodo, los derechos que creemos tener cuando hemos conseguido ese dinero, porque, ahí, decidimos ser irresponsables de, por ejemplo, saber de dónde vienen las cosas que compramos. Así que la perversión del sistema es que un hombre buenísimo, que cuida al perrito, que además hace caridad y que cuida a sus hijos, puede estar contribuyendo a la devastación de cualquier parte del mundo, eso sí, con muy buena conciencia. De manera que esto no tiene remedio si el ser humano sigue sin medir el resultado de sus acciones.


Arjuna: Es cierto que el cambio social es muy importante, pero también lo es el cambio personal, y para éste último hay un abanico muy grande de posibilidades en forma de terapias, métodos, religiones que se han incluido, demasiado genéricamente, en el término Nueva Era. Pero creo que cabe cuestionarse si esa Nueva Era, realmente, es nueva, o si, por lo contrario, hay una misma ideología de codicia, especulación y engaño, eso sí, muy bien camuflada… ¿Cómo lo ves tú esto?

E. Boada: Yo creo que parte de lo que hacían los sacerdotes antiguos, confesar a la gente, consolarla y, básicamente, conducirla a aceptar el sistema, cumplir con las normas, aceptar la bondad de Dios, transmitir la idea de premio y castigo, en forma de cielo e infierno… en fin, todo esto lo vinieron a asumir posteriormente algunos psicólogos… y muchas de las terapias a las que tú te refieres, vienen a decirte que te consueles, te ayudan para que, al menos, dentro del horror en el que estás, puedas respirar un poco y demás… Y lo que hay que decir es que, generalmente, casi ninguna de estas terapias viene a proponer un verdadero cambio del mundo. Es más, en muchas ocasiones, se desaprovechan determinadas crisis por las que atraviesa el ser humano, tapando los síntomas con calmantes, o llevándote a la idea de que tú eres el único responsable de lo que te ocurre, y que aceptar las cosas tal como son es la única manera de pasar por el mundo. Y lo cierto es que muchas de estas crisis podrían influir en el crecimiento de la persona, podrían hacerte concebir el mundo de otra manera… Me acuerdo ahora de un chiste sobre el psicoanálisis: un tío que se meaba y acudió a un psicoanalista para solucionar su problema. Y al cabo del tiempo se encuentra con un amigo que le pregunta cómo va su problema, y éste le contesta que bien, que ahora simplemente se mea… Es esta aceptación de todo lo que te pasa, a la que te conducen algunas terapias, lo que yo pongo en cuestión. Me acuerdo que hace muchos años, leí en alguna parte que una de las grandes tragedias de la humanidad, era la compasión. Porque en nombre de la compasión se hacen unas cosas horrorosas… la gente a la que no le dan derecho a morir con dignidad, por ejemplo…


Arjuna: Y ¿por qué titulaste tu libro Cuando morir sea una fiesta?

E. Boada: Porque la muerte es el gran tema. Como decía San Pablo “la muerte será la última en ser vencida” Y esa idea yo la reflejo en mi libro, y muchas otras de la tradición zen… Para mí, la única manera de vencer la muerte, es hacerla voluntaria, como ocurre cuando creamos una nueva vida. Y es que al sentido de la muerte va ligado el sentido de la vida. Yo en mi libro digo que el sentido de la vida, es el esplendor y la gloria de la propia vida. Me acuerdo que alguien me preguntó qué significaba esto, y yo le dije que si él no lo entendía, si no lo había experimentado nunca, yo no podía explicárselo. Es como plantearse el sentido de un castillo de fuegos, es como no encontrarle sentido a hacer el amor, no percibir como en ese momento todo aumenta, aumenta la belleza, o esa plenitud de la meditación, cuando no existe pasado, ni presente… Entonces, para mantener el esplendor, tenemos que asumir como humanidad nuestro derecho a concedernos la vida y la muerte. Primero tenemos que asumir el disfrute y la plenitud de la vida, pero luego creo que tenemos derecho a no asumir la indignidad de la dependencia, a poder decidir sobre nuestra muerte y sobre la memoria que de ti quede a la otra gente. Creo que se puede asumir “he vivido, y ahora que sigan otros seres”. La muerte es lo único que ha permitido la evolución…


Arjuna: Claro, la muerte es una estrategia de la vida.

E. Boada: Exacto, es una estrategia, no es lo contrario de la vida. Los contrarios son nacimiento y muerte, no vida y muerte.


Arjuna: Pero, claro, es la individualidad la que teme al cambio, a la transformación, y a eso estamos aferrados…

E. Boada: Creo que tenemos que darnos cuenta de que se puede vivir con plenitud… A mí me gusta mucho el término gloria, y no sé lo que es, pero algo siento profundamente dentro de mí que es la gloria…


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Julián Peragón 
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Agradecimiento especial a Carmen Cruz por su colaboración en la realización de esta entrevista

 
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