Al
igual que los individuos, las sociedades también maduran. Alcanzan
ciertos grados de excelencia, gracias a los cuales brindan contestaciones
satisfactorias a los problemas existenciales fundamentales. La cultura
hindú, por ejemplo, ofrece cuatro soluciones a la pregunta sobre
el sentido de la vida, soluciones que tradicionalmente se han presentado
como “metas de la vida humana”.
La primera meta, que adolece de un grado elevado de inmadurez espiritual
pero que es fácil de entender y ser aceptada es “ARTHA”,
el poder. Suele considerarse que la fuerza bruta, el poder de las armas
o del dinero, forman la parte más importante de esta meta. Pero
también hay una interpretación más profunda: ARTHA
es el dominio de sí mismo, el autocontrol y la disciplina personal.
A un nivel ligeramente superior se sitúa la segunda meta: “KAMA”,
el placer. Se trata del placer en estado puro, o sea la capacidad de
alcanzar satisfacciones. Si bien esta meta ha sido comparada con el
hedonismo occidental, “KAMA” tiende hacia los placeres sencillos
y pacíficos, que están al alcance de todo el mundo. Podría
decirse que se ha llegado a un refinamiento extraordinario en el arte
de hacerse feliz.
La filosofia hindú consigue un gran progreso cuando accede a
proponer una tercera meta humana. El concepto de “DHARMA”
ha sido interpretado de mil maneras, pero en el fondo todas coinciden
en que se trata del camino recto del deber. Como es natural, esta meta
es perseguida por un grupo de personas altamente selectas, que suelen
dedicarse al bienestar de los demás. Es un camino muchas veces
arduo, pero cuyo recorrido premia al caminante con una serenidad inigualable.
Finalmente, y como culminación de las metas humanas, algunos
individuos especialísimos han descubierto una cuarta, llamada
“MOKSHA”, desasimiento. Quien se dedica a adelantar hacia
esta meta va liberándose más o menos rápidamente
de las ilusiones de lo que consideramos real. “MOKSHA” es
la gran liberación final de todas y cada una de las ataduras
que nos retienen en nuestro progreso espiritual. Quien ha conseguido
“MOKSHA” no teme nada, a diferencia de las otras tres metas
que siempre estan limitadas por la muerte.
Las cuatro metas espirituales del hinduísmo muestran también
un aspecto evolutivo complejo, ARTHA se centra en el ejercicio del dominio,
y sólo quien ha aprendido a obedecer está capacitado para
mandar: los niños se encuentran en la situación de obedecer,
y dado que ARTHA también implica ejercer el autodominio, todos
tenemos que retornar a un estado de inocencia espiritual que sirva como
base adecuada para alcanzar plenamente esta meta.
Fácilmente se comprende que KAMA está íntimamente
ligada con la sensualidad y el erotismo (recordemos el famoso tratado
de enseñanza sexual hindú llamado KAMASUTRA); por lo tanto
KAMA es una meta espiritual que comienza a adquirir importancia en la
adolescencia. KAMA también implica no sólo recibir placer,
sino también darlo. Y puesto que se trata de una meta espiritual,
ha habido en el subcontinente indio un desarrollo fantástico
de este tema a través de la escuela tántrica, desgraciadamente
muy mal interpretada en general por la mentalidad occidental, que se
ha rigidificado debido a dogmas procedentes del Mediterráneo.
A su vez, la edad adulta se orienta muy claramente hacia la tercera
meta: DHARMA. La inmensa mayoría de adultos forma una familia
con las consiguientes “cargas” o sea obligaciones y DHARMA
conlleva la alegre aceptación de obligaciones familiares libremente
constituidas. O sea, los deberes paternales y filiales de la familia
nuclear, que pueden ser fácilmente extendidos a los deberes fraternales
de la gran familia constituida por la especie humana entera, sin ninguna
clase de exclusión. En este caso, los “padres” y
las “madres” de hijos espirituales son los maestros y maestras
(gurus) que ayudan a encontrar o reencontrar el camino a los buscadores
o descarriados.Como es natural, los deberes tienen límites.
Tradicionalmente se ha pensado que los hijos no quedan nunca liberados
de la obligación de obedecer a los padres, pero en la India tradicional
éstos pueden alcanzar un momento en sus vidas en el que quedan
liberados de sus obligaciones paternales. Así por ejemplo, los
hombres casados ya mayores quedan “jubilados” de sus obligaciones
hogareñas, abandonan la familia y se convierten en vagabundos
espirituales que intentan alcanzar la cuarta meta. Para ellos, sobre
todo, están los maestros, ya que el tema central de MOKSHA es
la liberación de un temor humano esencial: el miedo a la muerte.Llegados
a la vejez madura todos nos hacemos preguntas sobre la muerte. En la
tradición hindú, MOKSHA trata dos temas esenciales: el
destino ( KARMA) que fatalmente creamos al vivir, y la reencarnación.
En la India pululan las escuelas de MOKSHA que enseñan infinidad
de variantes sobre estos asuntos.