Desde
hace unas décadas y al margen de las modas, cada día es
más común en nuestra sociedad el acercamiento a técnicas
originariamente orientales como el yoga, el tai-chi y la meditación
– precisamente ésta última es el fundamento del
tai-chi y el yoga.
La búsqueda del equilibrio mente-cuerpo y de una visión
no dual del mundo crece en una sociedad tan fragmentada como la nuestra.
Quizá por eso cada vez hay más personas que emprenden
la búsqueda de filosofías más introspectivas, somáticas
y armónicas ¿Por qué es una actividad cada vez
más consagrada en los países desarrollados?
La práctica de la meditación está enseñando
a las sociedades occidentales a superar esta tradicional fragmentación,
despertando y desarrollando una renovada vía de conocimiento
hacia nosotros y hacia la realidad, así como una mayor apertura
psicológica, moral e incluso creativa que posibilita en la persona
un crecimiento simultáneo –no fragmentado- de estas dimensiones
humanas.
Dimensión fisiológica
Esta práctica combina una actitud de apertura y tolerancia con
una mayor concienciación que reduce, según diferentes
estudios, la ansiedad y la tensión en la mente, produciendo alivio
frente a la presión de ciertos pensamientos distorsionadores.
También aporta un control emocional; las relaciones interpersonales
mejoran al aumentar el grado de aceptación y apertura a los cambios.
Igualmente, las pruebas de laboratorio realizadas sobre personas en
estado de meditación mostraron que ésta reduce el ritmo
respiratorio, el consumo de oxígeno y el ritmo cardíaco
.
Dimensión cognitiva
Aunque en Occidente ha predominado la creencia de una realidad dual
(creador y criaturas, espíritu y materia, alma y cuerpo), nuestra
cultura se ha ido impregnando de una visión más integradora
y profunda de la realidad. De hecho, el contacto con el pensamiento
oriental ha reavivado formas de conocimiento más profundas que
siempre han estado latentes en la tradición cristiana. Así,
la mística cristiana –que fue condenada al olvido por el
primado de una razón positivista y por la institucionalización
de la iglesia- es una forma de "conocimiento" del mundo que
actualmente está adquiriendo gran fuerza gracias a una nueva
ciencia occidental que acepta hoy por hoy elementos que la acercan al
instinto-intuición de los místicos (la meditación
es análoga a la contemplación de la mística). Quizá
el hombre de las sociedades modernas empieza a sentir cansancio de esa
razón dogmática que entiende a los seres y a la materia
como elementos separados, como ideas abstractas, cuando en realidad
–realidad que los modernos descubrimientos de la ciencia han confirmado-
el tiempo está fuertemente imbricado con el espacio y la materia.
De hecho, es la propia física occidental reciente la que encuentra
en sus investigaciones que, cuanto más se penetra en la materia,
cuanto más se la analiza, más se la ve evaporarse, disolverse
en campos de energía, en huellas efímeras (partículas),
o incluso en puras especulaciones teóricas (quarks). La idea
de unidad que subyace en el conocimiento oriental así como en
la mística cristiana es una luz que puede guiar al hombre en
su interioridad y en el conocimiento del alma del mundo, un deseo que
el ser humano ha tenido desde siempre, pues en nuestro fondo todos intuimos
alguna vez que las radicales oposiciones entre cuerpo-espíritu,
hombre-cosmos… no se corresponden con lo real, con la realidad
última de las cosas.
Dimensión psicológico-moral
En esta época de alienación y crisis espiritual el ser
humano siente cada vez más necesidad de tender un puente hacia
el mundo, hacia los demás y hacia nosotros mismos, pues aceptando
la otredad es como la persona adquiere su verdadera identidad. Creo
que la introspección meditativa, tal y como se está asentando
en nuestra sociedad occidental, simboliza ese puente que nos lleva más
allá de las dolorosas contradicciones que afligen al hombre moderno.
Nos enseña que este trabajo ha de empezar a construirse a partir
de los pensamientos que conviven con nosotros, cultivando una actitud
armónica y cada vez más amorosa entre nuestro yo y nuestras
proyecciones que, como la luz de la luna reflejada en un lago, están
indiferenciadas de la propia mente ("los ojos con que yo veo a
Dios son los ojos con que él me ve", decía Eckhart,
un místico cristiano). Como un microcosmos donde se refracta
toda la inmensidad del universo, como una red multidimensional de joyas
cada una conteniendo el resplandor de las demás ad infinitud,
nuestros pensamientos y emociones pueden ser contemplados a modo de
un flujo natural reflejado en nuestra mente, hacia el cual la práctica
regular de la meditación va desarrollando una actitud tolerante
y ecuánime, descondicionando el habitual apego y rechazo hacia
nuestras proyecciones.
Dimensión estética
Erich Fromm afirma que en el estado meditativo se desarrolla al máximo
la razón: razón no en el sentido de un mero juicio intelectual,
sino de captación de la verdad dejando que las cosas sean como
son; superando el propio narcisismo y siendo abiertos, sensibles, despiertos
y vacíos; en relación afectiva con el hombre y la Naturaleza
hasta rebasar el aislamiento y la alienación para llegar a la
experiencia de sentirse uno con todo lo que existe . Aquí radica
el carácter creativo de la meditación: como si fuéramos
artistas de la vida, vamos renovando nuestra habitual visión
de las cosas, a veces demasiado automática, por una percepción
más fresca y gozosa hacia nosotros y el mundo que nos envuelve,
trascendiendo la separación entre nuestra mente y el universo,
arrojándonos creativamente hacia el aquí y ahora para
vivir cada instante como si fuese el primero.
Conclusión
Antoni Tàpies, un creador que –según él mismo
dice- ha hecho de su pintura un soporte para la meditación, afirma
que aunque aún persiste un sentido vulgar de la idea de modernidad
defensora de una separación definitiva entre la ciencia, la religión
y el arte; esta idea, lejos de triunfar, ha ido decayendo, porque en
los últimos tiempos se han tendido muchos puentes entre formas
de ver el mundo que antes se consideraban antagónicas (el denominado
paradigma holográfico del mundo) . En todos los campos del pensamiento
y de la actividad humana se va encontrando hoy razonable el acercamiento
a una visión no-dual del mundo, con todas las consecuencias favorables
que pueden reportar al hombre y a la Naturaleza. Por descontado que
esto también nos obliga a ver con mayor ilusión el legado
cultural de nuestra tradición judeo-cristiana, siendo la meditación
no sólo un nexo cultural entre oriente y occidente, sino también
un verdadero impulso para la acción pues, como dicen los maestros,
el verdadero sentido de la práctica empieza cuando nos levantamos
del cojín de meditar.