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Creo que profundizar sobre el tema de la belleza
y la fugacidad está muy bien. Tu estilo, lo sugestivo de tus palabras,
como siempre me resulta prodigioso y admirable. Y sin embargo, yo no me
atrevo a recorrer períodos de tiempo tan largos como los que incluye
tu artículo, ni podría sostener más que muy brevemente
y muy concretamente el recurso de comparar dos "civilizaciones"
o como queramos llamarles a Occidente y Oriente. Es atractivo, pero a
mi entender es más fructífero argumentar una idea por ella
misma y luego ilustrarla con ejemplos bonitos. Me parece que de otra manera
le hacemos una injusticia a nuestros antepasados. Es por esos antepasados
por los que me atrevo a darte mi opinión y me costará ser
breve porque es una materia que me apasiona.
En lo que yo más tiempo he confiado, que es en la literatura (no
necesariamente escrita, no necesariamente culta) en donde el relevo de
los antepasados es tan importante, hasta la fecha no he llegado a tus
conclusiones. Me atengo a mi experiencia, que es tan válida como
cualquier otra, claro. En los poetas (profetas), he encontrado una identidad
de sensaciones y de vivencias que muy (pero que muy) raramente he encontrado
en otros círculos de amigos vivos. La frase "poetas muertos"
es ahí donde arraiga su sentido. Las palabras de este Babel, éso
que nos separa a los diferentes pueblos, paradójicamente, han pervivido
y son un vínculo entre personas que estamos física e irreparablemente
distanciadas.
¡Qué curiosas las coincidencias literales entre p.e. un poeta
chino del siglo XIV y nuestro Bécquer del siglo XIX!. O entre Heráclito
y Lao Tze. He leído el Elogio de la sombra de Tanizaki, pero también
he leído prácticamente toda la obra de Shakespeare, Rilke,
Lorca, Horacio, Marçal, Rimbaud o Garcilaso. He leído el
Viaje al Oeste, pero también he leído Paradiso. ¿Qué
me dices de Séneca? ¿De qué ha tratado la poesía
de nuestra cuna cultural, desde Homero, sino de la fugacidad? El concepto
de fugacidad en Shakespeare existe pero es uno de los 38.643 conceptos
que puedes encontrar en uno solo de sus sonetos. Son verdaderos poliedros
diamantinos, son una maravilla en donde no es que haya que pararse a admirar
la polisemia, la alquimia fonética, los malabarismos lógicos,
sino esa especie de divertida melancólica benevolencia que admite,
que perdona erasmistamente, que incluye al interpretador y a la ironía,
todo. Sobre todo la fugacidad. Soy incapaz de leer poesía china
en su forma original. No sé nada de poesía china y he leído
pocos tankas. Los de Carles Riba. Sé que nunca podré leer
comme il faut poesía en chino. Pero es muy seguro que los
recursos de la ideografía son compensados por nuestra civilización
con los recursos de nuestra sintaxis. La metáfora es universal.
Ya hace muchos años, gracias a los antropólogos precisamente,
que a ningún filólogo se le ocurre decir públicamente
que una lengua es más efectiva o bonita o sutil o loquesea
que otra. El Sol (subjetivamente) gira alrededor de la Tierra y todas
las lenguas son en realidad una sola lengua, la lengua humana. Todas las
poesías son una misma poesía, la poesía.
Aparentemente la música de Mozart recuerda a un jardín francés,
tan simétrico. Y cuando la empiezas a amar, a necesitar, un día
adivinas un antecedente clarísimo del jazz en un solo de fagot.
Mozart no es lo que parece.
La aportación del Renacimiento a nuestra cultura es tan apabullante
que defender por mi parte simplemente el autorretrato, el claroscuro o
la perspectiva me parece injusto, pretencioso y ridículo. De verdad,
me cuesta creer que los renacentistas, que pasaron "hambre, frío
y calamidades", exilios y demás, aún se asocien a una
especie de artista megalómano, egocéntrico, individualista
y narcisista. Simplemente se desarrolló la idea de "autor"
puesto que se descubrió al hombre, la conciencia del hombre. Seguramente
el psicoanálisis y todas esas cosas no existirían si no
hubiera habido un interés por el individuo a partir de finales
del siglo XIII. En mi opinión podíamos pasar muy bien sin
el psicoanálisis. Si el Renacimiento no hubiera llegado a producirse
hubiéramos perdido todo el saber de la Antiguedad clásica.
No digo nada de las leyendas sobre qué cosa fue el Romanticismo
porque es un movimiento que no me interesa demasiado. Sí me interesa
el Simbolismo, pero ya me estoy alargando por demás.
Y, fíjate, Arjuna, hay subproductos oficiales del arte oriental
que no tienen más valor que el antropológico y anticuario,
y que no tienen nada que envidiarle a toda la parafernalia del rococó
atiborrado y lleno de dorados y pitti y furrufuños de nuestro siglo
XVII. Por último, creo que hay que distinguir entre la mirada del
arte y lo que es el acto de la creación, entre lo que hay en los
museos y las necesidades reales estéticas.
Bueno, creo que estarás de acuerdo conmigo. No se me ocurre que
pueda ser de otra manera. Creo que lo que caracteriza nuestra cuna cultural
es la obsesión por dos temas: eros y thanatos. Y debe ser porque
no los tenemos solucionados.
Besos,
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