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El Gran Mago
 

Semanas de guerra absurda, injusta y prepotente. Un revuelco más de la historia de siempre, el poderoso y el enmascaramiento de sus verdaderas motivaciones con la propaganda eterna: los malos están allá fuera.

El mundo está en un brete a partir de otra guerra injusta y desproporcionada. La mayoría de los analistas durante estas semanas de guerra y los meses prebélicos se han puesto de acuerdo en considerar el temible polvorín que significa Oriente Medio y la reacción en cadena de odio y actos terroristas que puede estallar a partir de la humillación al pueblo iraquí y por extensión al mundo árabe. No sólo es evidente el doble rasero que utiliza el gobierno norteamericano. Ha hecho la vista gorda ante el conflicto palestino-israelí en el que Israel ha incumplido innumerables veces las resoluciones de la ONU, mientras que se ha obsesionado con el régimen tiránico de Sadam Hussein vinculándole con el mantenimiento de lazos con el terrorismo internacional aunque no se han aportado pruebas de esta vinculación.

Los datos que han aportado estos analistas de política internacional han sido tantos y tan claros acerca de los intereses de EEUU que sobraría hablar más de ello. Todo suena a la misma música de toda la historia de la humanidad, los imperios y sus hegemonías, la expansión de sus valores, la explotación de los recursos, las campañas ideológicas para justificar sus actos y un largo etcétera. La diferencia con el actual imperio americano es que nunca en la historia un país tuvo tanto poder militar, económico y cultural, nunca dispuso un país con tantos recursos y medios, nunca en la historia los gobiernos tuvieron la posibilidad de destruir toda la humanidad no una vez sino muchas veces. Así que creo decir que estamos viviendo unos momentos históricos críticos a muchos niveles.

De esta guerra que es una guerra por petróleo, por intereses estratégicos, por negocio en la reconstrucción de un Iraq destruido, etc, etc, sólo hay una cosa rescatable y es la reacción mundial ante esta guerra ilegal que ha dejado la ONU relegada a un papel meramente de ayuda humanitaria. Millones y millones de personas han dicho, como nunca en la historia, NO a la guerra, no a el sacrificio de vidas inocentes, no al saqueo de Iraq, no a nuevos sacrificios de la población iraquí que se han prologando más de una década.

Pero mi interés no es hablar una vez más de la guerra sino intentar rescatar alguna enseñanza de ello, alguna sabiduría que se nos escape, algo que nos aclare el presente y que nos sirva para no volver a caer en lo mismo más adelante.

Pues bien, por un momento pensé en Jung y en las cuatro funciones psíquicas de las que hablaba y del camino de individuación que uno tiene que hacer para realizarse. Pensé en que el abordaje a un tema no debierá ser siempre el mental, ni siquiera el emocional, y me propuse el intuitivo. Como la intuición es una función elevada de la psique humana que requiere cultivo y sensibilidad que quizá, yo no tengo desarrollada, recorrí al simbolismo y cogí una carta del Tarot con la pregunta sobre el tema de la guerra, y me dije, ¿qué podemos aprender de todo ello?. La carta que salió fue el Mago. Perdonen esta incursión en un medio que para muchos quizá les resulte gratuita, o algo peor.

El Mago en un aspecto general del símbolo, significa la creación de una personalidad para funcionar en el mundo. Ese carácter que llevamos implantado en nuestra propia piel, introyectado en nuestra psique se hace a golpe de magia. Con los elementos básicos, el papá, la mamá, la escuela y la sociedad uno recorta sus experiencias y se las pega en forma de collage haciendo un traje a medida. Al monigote que nos sale le llamamos autoexpresión o personalidad, y lo adornamos con las pegatinas de nuestros fans o ídolos.
Sea como sea, el Mago nos recuerda que es preciso soñar, y que hay que decir en voz alta YO QUIERO, yo quiero ser tal y tal. Después vendrán las rebajas porque en la dinámica del deseo lo importante es aquello que realmente se consuma, lo que se hace verdaderamente carne. Eso ya lo veremos.

El Mago nos recuerda que en el acto de vivir tenemos una chistera donde habitan todas las posibilidades que nuestra imaginación pudiera considerar. Esto se representa en el sombrero que posee una forma de infinito. Infinitas son las posibilidades de ser y cada uno debe encontrar la suya. Aunque también nos recuerda que en ese acto de ser, de búsqueda de nuestra forma (llámese yo, ego o carácter) hay que pagar un precio, el precio de la transformación.

La alquimia de todo buen mago debería consistir en transformar el plomo en oro, es decir, con respecto a nuestra personalidad, convertir el monigote hecho de recortes extraídos de aquello que nos daba seguridad, poder o brillo, convertirlo en un ser animado, con alma. Y esto requiere toda una vida, tras recorrer innumerables senderos, y superar insidiosos obstáculos. Tal vez por ello, el Mago, está al inicio del camino y todavía faltan veinte arcanos por recorrer.

Es cierto que cada etapa del camino representa la culminación de la etapa anterior, y a la vez, la resistencia a la siguiente. Cada arcano nos previene de quedarnos complacientes en esa etapa y nos invita a dar un paso más, a recorrer un recodo nuevo del camino. El Mago nos dice que hay una magia blanca que es la de rehacerse a sí mismo en esta experiencia vital y lograr el redescubriendo del alma, eso que es más esencial en cada uno de nosotros. Pero también nos previene de la magia negra, que consiste en hacer el truco facilón, en dar un golpe de efecto que satisfaga a nuestro pretencioso ego pero que no deje rastro de aquella transformación. Hasta para hacer magia negra hay que ser astuto, el prestidigitador mueve con velocidad las manos, el truhán mira hacia un lado mientras por el otro hace trampas. El vendedor de sueños se asoma al precipicio de tus inseguridades y te susurra al oído, confía en mí, yo te daré poder.

Pues bien, ¿y qué tiene que ver esta carta cogida al azar (que nosotros llamamos sincronicidad) con la situación mundial?. De la misma manera que el adolescente teje con los elementos que tiene a su alcance su personalidad, la humanidad, en su concepción global, percibida más allá de lo estrictamente tribal o nacional, se halla en una etapa inmadura. Los Derechos Humanos apenas han salido del papel donde fueron escritos. La democracia es un asunto formal pero no real, siguen siendo los poderes fácticos los que mueven los hilos. Son las grandes corporaciones industriales, los grandes bancos, la empresa farmacéutica, la armamentística, los grupos de presión los que imponen sus criterios. La basura informativa a la que estamos abocados es una mera cortina de humo, un atontamiento colectivo, migajas de placer para las clases populares. Lo que realmente importa, la noticias relevante, las decisiones que cambiarán el mundo se hacen a escondidas. Siempre ha sido evidente.

Pero en estos momentos creo que se ha producido un cierto despertar. La gran mayoría de la población mundial ha salido a la calle porque se le ha visto" el truco" al Gran Mago. Detrás de la estatua de la libertad como detrás de los grandes discursos para “liberar” un país, un territorio o una población hay lo que hay, interés puro y duro. Y esto no se nos olvidará nunca más.

Es posible que la salida de la inocencia (la superación de la “adolescencia”) sea dolorosa. Adquirir una conciencia histórica ecuánime, escuchar al político con ojos críticos, votar a un programa y no a una imagen edulcorada que promete seguridad y pleno empleo, crear estructuras de seguimiento, implicarse en lo social, pedir cuentas, es complejo, pero es necesario. ¿Cómo es posible que un Bush por no hablar de otros lideres europeos, hayan sido elegidos con un discurso infantil que pretende arreglar el mundo a golpe de puñetazos y bombazos?

Temo más la respuesta que la pregunta que hago, temo que la respuesta es que estemos enfermos de miedo, un miedo que se utiliza porque es rentable para el poderoso. Temo que la respuesta sea que tenemos problemas con el poder, es decir, con nuestro instinto, con nuestro deseo, con nuestra satisfacción, y necesitemos de una figura fuerte, aunque grotesca para que podamos dormir tranquilos. Hasta mi abuelo hubiera entendido que unos políticos que están en el poder con intereses en las industrias petroleras, o que tiene en sus manos los medios de comunicación de medio país, o como el virrey de Iraq, ex general con industria balística, la misma que se ha cargado todo un país, no puede ser cosa buena.

Alguien nos ha hecho creer que no tenemos poder, y sí lo tenemos. No lo tenemos cuando nos callamos, cuando votamos (o dejamos de votar) con indiferencia, cuando alimentamos con nuestro consumo multinacionales sospechosas, cuando no hacemos el esfuerzo de discriminar sobre la información dada, cuando decimos “es que todos son iguales”. Pero, claro está, lo podemos recuperar.

El Mago del Tarot nos dice que no dejemos de soñar, que la imaginación tiene gran alcance, que innumerables veces la historia se ha superado a sí misma por encima de todo pronóstico. Nos dice también que ante la magia negra, existe la magia blanca, y que la verdadera transformación empieza por uno mismo, y sigue adelante porque el siglo XXI, lo vaticinaba poco antes de morir André Malraux, será religioso o no será.


Julián Peragón 
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