| 
Al poco de instalarme en
Suiza me dije que debería hacer ejercicio pues sabía que
los estudios iban a tenerme muchas horas sentado. Llamé por teléfono
a Clément Lucienne y dejé un mensaje en su contestador.
Me presenté en la fábrica de chocolates Villars, algunos
días antes de mi primer día de clase, para saber el lugar
exacto de la impartición de éstas. Coincidía con
ser el mismo local que el de una escuela de baile y tenía gran
cantidad de espejos por todas partes. Tras la primera clase que recibí
de ella, le tuve que decir que perdía un 10 % de su dicción
debido a que: por una parte no estaba acostumbrado a la lengua francesa,
lengua que aprendí muy bien 25 años atrás cuando
era estudiante de Filosofía en Lyon (Francia), en segundo lugar
porque su voz era muy dulce y los motores de la fábrica mantenían
un continuo ronroneo. El segundo día se esforzó en subir
su voz, ya luego nos fuimos acostumbrando a su lenguaje.
Ese mismo segundo día me sorprendió cuando me dijo: “tras
el sarvangasana, puedes hacer el sirsasana”, añadiendo: “Yo
misma no lo enseño pues siento gran debilidad en la zona del cuello”,
y la gente de aquí, no está preparada aún. Cuando
al terminar la clase le pregunté cómo se le había
ocurrido proponérmelo, me dijo que era muy fácil, simplemente
fijándose en mi constitución. Así que disfrutaba
de un pinito de cabeza, al que ella me invitaba clase a clase, indicándome
que lo mantuviera doce respiraciones.
No falté, el mes y medio que estuve asistiendo a clases de Yoga
más que una vez, por haber hecho un viaje larguísimo desde
Paris, en un fin de semana que fui a entrevistar a discípulos de
Jean Klein a la capital del país vecino, la personalidad sobre
la que preparo mi tesis doctoral.
Estaba yo un tanto incómodo comprobando cómo mis compañeros
de Hatha Yoga pasaban olímpicamente de dirigirme la palabra en
los vestuarios comunes. Comprobando una y decenas de veces el temor que
tienen a importunar. Y ahí está el quid: Donde hay miedo
no hay amor. Deseoso de comunicación en este frío país,
apenas pude arrancar algunas frases a una practicante. Sin embargo, la
persona que emanaba voluntad de empatía era nuestra profesora a
quien acercándose el final de mi estadía le invité
a que me concediera una entrevista y que puesto que no nos conocíamos
casi, que el día que quedáramos pudiéramos charlar
algo sin grabarlo para luego centrarnos ya en la entrevista. Me dijo que
sí y esto es lo que grabamos.
Luis Carlos:
Lo que tengo delante de mí es una revista de la Federación
Suiza de Yoga F.S.Y. Esta ha sido escrita en noviembre de 2001. No ha
pasado ni siquiera un año. Y en esta revista, Lucienne, usted ha
escrito una presentación del Yogaksheman, Bueno Lucienne, hemos
permanecido juntos durante una temporadita de casi dos meses, nos conocimos
hacia finales de abril 2002. ¿Podría decirme cuántos
cursos hay de Yoga aquí en Friburgo a parte de los suyos?
Lucienne:
Hay varios. Tengo unos cuantos amigos que están en este mundillo.
Los cursos de Migros, que son unos grandes almacenes que proveen de clases
culturales de diferentes tipos: como algunos de lenguas y Tai Chi, y desde
hace poco también de Yoga. Por otro lado, los cursos en el Centro
Richmond. Es en este último donde yo entré en contacto con
el Yoga.
Luis Carlos:
¿Con el hombre barbudo de la foto de la propaganda? ¿Y cómo
fue que se puso en contacto con ellos? ¿Por medio de qué,
y cuánto tiempo hace de esto?
Lucienne:
Dentro de poco va a hacer 15 años y fue por mediación de
un pequeño anuncio que encontré en una farmacia diciendo
que se impartían cursos de Yoga. En aquellos momentos practicaba
deporte aunque me faltaba algo y era la seguridad. Tenía problemas
relacionados con el miedo, mucho miedo. En principio empecé a seguir
los cursos de Marguerite Pilloud y posteriormente debido a cuestiones
de horario seguí los cursos de Henri Pilloud y fue ahí que
se inició un principio de renacimiento de mi misma, fue algo verdaderamente
importante. Aunque continué con el deporte, cada vez fui haciendo
menos y prestando más interés en el Yoga aunque en aquellos
principios solamente se impartía una clase semanal, a la que era
de una total fidelidad. Mi interés se acrecentaba poco a poco mientras
al mismo tiempo me apuntaba a la aventura a fines de semana con diferentes
profesores de Yoga: Philippe de Falois; Boris Tatsky, seguidamente como
Henri había seguido la formación de la Escuela de la Energía.
Yoga de la Energía en Évian (Francia).
Luis Carlos:
Por cierto, ¿conoce usted al fundador del Yoga de la Energía?
Lucienne:
Roger Clerk
Luis Carlos:
Es un hombre de unos 70 años. Se lo digo porque en las reuniones
que tenemos en la Escuela Sadhana, en la que yo me preparo para llegar
un día ser un profesor de Yoga titulado. El verano de 2001 teníamos
a un profesor del Yoga de la Energía, francés, más
bien de poca estatura, que nos impartió unas clases en La Plana,
Barcelona.
Lucienne:
Se llama Yves Mangeart y es actualmente el director de la Escuela de Evian
y a su vez fue un alumno de Roger Cler.k
Luis Carlos:
Volviendo atrás. Hábleme de los pasos dados a lo largo de
estos 15 años de relación con el Yoga.
Lucienne:
La Formación en Évian duró cuatro años que
correspondían al Yoga de la Energía que me han facilitado
la titulación y posteriormente existía una continuación
de la formación. Mi profesor Henri Pilloud que también había
seguido esta formación conoció a Sri T. K. Sribhashyam y
fue quien me introdujo en su conocimiento y enseñanza. Al salir
de la escuela de Évian y en relación con el trabajo corporal
descubrí la alegría, la relación entre el pequeño
y gran cuerpo. Nuestro pequeño cuerpo ligado a la naturaleza a
las estaciones, del funcionamiento del cuerpo en relación con la
naturaleza. Para mí fue un descubrimiento maravilloso y sobre todo
la alegría.
Luis Carlos:
Todo el mundo me habla de la alegría. Digo todo el mundo porque
últimamente no hago más que hacer entrevistas a personalidades
que trabajaron profundamente con Jean Klein. Ayer mismo me hablaban de
la alegría en Montreux. Aline Frati en París también
me hablaba de la alegría. ¿Ha sido para usted una alegría
que viniera de forma instantánea, es decir, sin saber como se iba
a presentar, de golpe?
Lucienne:
Ha sido una toma de conciencia de algo de la vida de todos los días.
Pequeños sucesos. El hecho de decirme a mí misma: “Toma
conciencia de la cantidad de personas que te sonríen en la calle”.
Reconocer cuando uno se ve reflejado en un escaparate y ve la cara que
tiene. Decirme a mi misma: “Pero ¿qué cara es esta?”
de forma que libero la tensión de mi rostro y cada vez me encuentro
con mayor cantidad de gente que me saluda. No estoy hablando de seducción
ni nada parecido. Dulcificar el aspecto de mi expresión tanto en
mi cara como en mi cuerpo, sentirlo de forma diferente. También
estar atenta a mi respiración y ligar todo esto a lo que hago durante
todo el día, cantar cuando lavo los platos o escuchar música
o ejercitar incluso mi cuerpo. Esta atención a las cosas pequeñas
de todos los días es algo que aprendí en Évian. En
fin, cosas de este tipo que se han ido fraguando y manifestando en mí,
como mayor sensibilidad hacia la naturaleza...
Luis Carlos:
Y ¿esto ha sido por causa de un profesor en especial en Évian
o por todo el ambiente?
Lucienne:
Por todo el ambiente. En Évian teníamos a Yves y Chris Mangeart;
André Wicolin y a Martine Texier que está especializada
en el Yoga de la Maternidad. Esta escuela estaba dirigida por Yves y el
resto de los profesores daban cursos diferentes.
Luis Carlos:
Dado que yo hablo el francés, cuando Yves Mangeart vino a Barcelona,
me ofrecí para hacer de traductor al español algunas veces
durante la impartición de sus clases. Pues bien, una mujer joven
que tenía malestares de columna vertebral se me acercó en
un descanso, para que yo le hiciese de intérprete solicitándole
que la pudiera tratar. En fin, hice de traductor durante la sesión
y fue una experiencia formidable. Yves Mangeart realizó una imposición
de manos sin tocar a la persona a lo largo de diferentes alturas de la
columna vertebral y la mujer se puso a temblar como si la energía
bloqueada hubiese encontrado una salida, terminando con un llanto desde
lo más profundo de ella misma. Un verdadero regalo haber podido
vivir esta experiencia. Me interesa preguntarle si usted ha conocido a
Yves Mangeart en esta faceta de sanador.
Lucienne:
Sí, por la escuela y por haber charlado con él de vez en
cuando y sobre todo por su capacidad de escucha. Es alguien a quien aprecio
enormemente. Tengo un gran reconocimiento hacia él.
Luis Carlos:
Es asombrosa la manera que tiene de mirar a la gente.
Lucienne:
Es cierto. A cada cual le presta atención. No es indiferente a
nadie.
Luis Carlos:
Lucienne, háblame de Suiza y del Yoga de manera general. Dado que
sois un país pequeño, ¿Existen muchas escuelas diferentes
de Yoga? ¿Es el Yoga algo importante y que esté en fase
de crecimiento?
Lucienne:
Sí, yo creo que sí. Por una parte tenemos la parte alemana
y por otra la franco-italiano-romanche. Existen varias escuelas. En Neuchatel
tenemos la escuela de Sri T.K. Sribhashyam llamada Yogakshemam y en Ginebra
tenemos Yoga 7, que es una escuela reconocida en Suiza En la Suiza alemana
existen muchas más escuelas. Desde la Federación de Yoga
se hacen esfuerzos para que el Yoga se promueva, que se considere como
terapia para superar enfermedades. Se intenta estar presentes cuando existen
Foros y manifestaciones.
Luis Carlos:
Me parece excelente este paso que se ha dado en Suiza de vincular la medicina
y el Yoga. Esto me hace pensar que en España la enseñanza
del Tai Chi ha sido reconocida oficialmente por la unión entre
sus diferentes escuelas, mientras que el Hatha Yoga, debido a la división
de sus diferentes escuelas está encontrando dificultades para su
reconocimiento a nivel de enseñanza oficial, según mi información
hasta el momento. ¿Cómo está la cosa aquí
en Suiza a este respecto?
Lucienne:
La verdad es que algo que me ha impresionado siempre mucho cuando he ido
haciendo mis acercamientos al Yoga ha sido observar el conflicto existente
entre las diferentes escuelas de Yoga. Me ha resultado algo desagradable
que se posicione la gente para enarbolar la defensa de su propia escuela
como la mejor. Sin duda ninguna también falta en Suiza esa unidad.
En cuanto a Friburgo, tanto Marguerite como Henri Pillaud han participado
en semanas deportivas de enseñanza del Yoga, lo que me parece muy
interesante.
Luis Carlos:
¿Existiría la posibilidad de ser un profesor de Yoga en
un colegio o escuela, de la misma manera que existe un profesor de gimnasia?
Lucienne:
Sería excepcional en Suiza que precisamente es un país en
el que el número de suicidios de jóvenes es el más
alto de toda Europa desde hace ya varios años. Eso está
ahí como un deseo, pero no sé, creo que queda aún
un largo camino por recorrer.
Luis Carlos:
Sí, esto que me dices lo acabo de leer hace poco en los periódicos
y cuando lo leí me dije a mí mismo que no me extrañaba,
ya que la gente apenas habla entre sí. En fin, lo que os decía
de mi experiencia aquí en Suiza durante esta corta estancia. Si
simplemente se hablara algo más, ya nos sentiríamos algo
mejor. Experimento como si existiese una timidez para abordar a los demás
extendida por todas partes.
Lucienne:
Es posible que exista eso y también quisiera indicar que en la
enseñanza que vengo recibiendo con Sri T. K. Sribhashyam, me ha
hecho poner en cuestión el tipo de educación que impartimos
a los niños, estoy pensando en mi hija. Creo que hoy en día,
en tanto que padres, se es demasiado permisivo. El niño no tiene
ninguna estructura, no tiene ni ritual ni regla alguna: “Si tienes
ganas lo haces, si no quieres no lo haces; si no te interesa la religión,
pues no te preocupes...” en fin yo creo que un niño necesita
unas directrices que no implican que en su mayoría de edad, tal
como hemos hablado anteriormente, si uno quiere cambiar pues es muy dueño
de hacerlo, pero en la familia debiera existir esa dirección que
ha hecho que seamoslo que uno es ahora.
Luis Carlos:
Una base, ciertamente, aunque eso no ocurre siempre. Por ejemplo, Jean
Klein no procede de una familia que fuera espiritual en absoluto, quizás
debido al ambiente comunista checo del que procede, aunque sí es
cierto que la base que él recibe de su familia es el interés
por todo lo estético: música, arte...
Sin duda, toda nuestra energía es como si fuera dirigida hacia
los objetos, o al menos una gran mayoría de la gente dirige su
meta principal hacia ellos.
Lucienne:
Fijémonos en la calle durante un momento y nos daremos cuenta de
la cantidad de gente que están hablando por teléfono móvil
Podríamos decir que todo es estupendo puesto que eso permite que
la gente se comunique. ¿Pero, no es esto una comunicación
de mercadotecnia? La gente anda con la cabeza baja...¿aumenta esto
el verdadero intercambio, el diálogo, el encuentro con una persona
a la que mirar a los ojos.
Luis Carlos:
Lucienne me está usted hablando de los límites con respecto
a los niños y esto me hace recordar que hace unos días al
terminar la clase de Yoga, hablando con algunos alumnos de la clase decía
que Sri T. K. Sribhashyam podría poneros en la puerta de la calle
si no se ajustaba uno a sus directrices. ¿No es esto un poco rígido?
Sin embargo, esto os parecía oportuno para evitar que en este marco
la gente no se comportara de manera indisciplinada.
Lucienne:
En efecto. Para mi ese estilo hace parte de lo que yo considero respeto.
Es decir, desde el momento en que yo recibo una enseñanza de alguien
y deseo que esta enseñanza me aporte algo, debo comportarme de
forma que mantenga una actitud atenta, de escucha, no interrumpiendo continuamente
durante la exposición del tema en curso. De la misma manera que
enseñamos a los niños a que no interrumpan a sus padres
continuamente cuando ellos están hablando entre ellos. Ese respeto
creo que es algo que está muy bien. Ciertamente, como yo acabo
de escribir en el artículo de la Revista Yoga (noviembre 2001),
en occidente tenemos una tendencia exacerbada a interrumpir de continuo
y a exponer que nuestro punto de vista es tal y cual, que nuestra experiencia
es esta y aquella. Lo podemos ver incluso en los libros que hablan incluso
de espiritualidad cómo están cargados de “mi experiencia
de esto, mi experiencia de aquello”.
Lo que yo aprecio en esta enseñanza es que es una tradición
antigua experimentada que ha sido transmitida de generación en
generación y he descubierto que es algo que me conviene que me
ha calado hondo e incluso que me ha revelado a Dios. Con esta enseñanza,
mi propia fe se ha visto reforzada.
Luis Carlos:
Cuando hemos estado charlando con anterioridad a esta entrevista, le he
hablado de mis descubrimientos de otras religiones, especialmente el hinduismo
y budismo. Personalmente, yo no me he afianzado más en mi catolicismo
primigenio aunque sin rechazar mi buena base cristiana, sin embargo, cuando
entrevisté a Madame de Ronseray, la que fue la secretaria de Jean
Klein durante 23 años, me dijo que toda la enseñanza recibida
del maestro, le había hecho que profundizara en su propia religión
católica. Es decir, vemos, como en su caso, que hay gente que se
afirman más en su religión de infancia. Incluso con maestros
como Jean Klein que están lejos de ser católicos o cristianos.
Lucienne:
Quisiera añadir que Sri. T. K. Sribhashyam nunca nos ha hablado
del cristianismo sino del hinduismo a través de la filosofía
de la Bhagavad G_t_ o los Yoga Sutras y otros textos. La verdad es que
encuentro maravillosa esta ligazón en el hinduismo que nos permite
ir a buscar en nuestra propia tradición. Yo tengo quizá
la suerte de haber encontrado a un canónigo cuando tuve la ocasión
de ir al Hospicio del collado de San Bernardo.
Se encuentra en la montaña a 2500 metros de altitud. Conocí
a este canónigo y tuvo una gran influencia sobre mí pues
hizo que me interpelarse sobre este aspecto místico del que usted
me hablaba que había encontrado en India. También ha acompañado
a numerosos grupos de personas a desiertos de Túnez, Mauritania
y yo estuve en Libia pero no con él sino con otro canónigo.
Esta experiencia me abrió a otra dimensión de mi propia
religión. Cuando yo era pequeña iba a la iglesia y lo que
había en mi mente tenía que ver con las acciones y el posible
castigo de Dios si no cumplía con lo que se me pedía. Esto,
llegado un momento hizo que se desarrollara en mí un rechazo aunque
siempre quedaba dentro de mí una interrogación: “Qui
suis-je?” ¿Quién soy yo?
Luis Carlos:
¿Quién soy yo? Esa es la pregunta más importante
de todas. Se habla mucho de esto. Jean Klein lo hace así como Ramana
Maharshi con su “Vichara”.
Lucienne:
Sí desde luego. Creo que es la pregunta que todos nos hacemos llegado
un momento determinado. ¿De dónde vengo? ¿Adónde
voy?
Luis Carlos:
¿Qué hago yo en la vida? ¿Por qué estoy aquí?
Lucienne:
Sí, sí. ¿Por qué estoy aquí? Pues bien,
el canónigo Gabilloud me ayudó muchísimo a interpretar
tanto la Biblia como en concreto el Evangelio en su relación con
la vida cotidiana. Cada vez que asistía a una Eucaristía
con él siempre me dejaba un mensaje que he podido llevar a la práctica
en mi vida de todos los días. Poco a poco se fue operando en mi
un cambio. Este canónigo es una de las personas más importantes
en mi vida junto con Sri T.K.Sribhashyam, Yves Mangeart y algunas otras
que han colaborado en llevarme por este camino por el que ando ahora.
Luis Carlos:
La Formación de Profesores de Yoga aquí en Suiza ¿cuánto
tiempo dura? Me refiero a su formación específica. Le informo
que la formación que hacemos en la Escuela Sadhana en España,
supone once fines de semana intensivos al año, durante 4 años,
de los cuales en el mes de julio se agrupan dos, que se celebran en Barcelona
en conjunción con las otras escuelas Sadhana de España.
También debemos escribir un mínimo de 7 resúmenes
o respuestas a preguntas, varía un poco de año en año,
relativos a lo que se ha visto en estos seminarios intensivos. Al finalizar
la formación se nos demanda escribir una tesina sobre un tema en
particular, del interés del alumno, que esté relacionado
con la Yoga.
Lucienne:
Es algo diferente lo que yo he vivido en Neuchatel durante mi formación
para la Federación suiza vinculada a la Unión Europea. En
cuanto a Évian los estudiantes se reúnen de 5 a 7 veces
por año, en fines de semana y una semana de convivencia durante
el verano. Aquí hay similitud con lo suyo.
En cuanto a la Federación suiza, todos los estudiantes de las diferentes
escuelas, deben responder a 10 preguntas relativas al samkhya Sobre cómo
se prepara una clase de Yoga. Sobre el pranayama... preguntas de tipo
filosófico, que se elaboran personalmente en una Memoria de unas
70 páginas en la que se incluye un tema de elección personal.
Seguidamente hay que superar un examen de fisiología y anatomía
(sistema digestivo, sistema circulatorio, sistema nervioso). Igualmente
hay que presentar también una clase práctica. El día
del examen hay que responder a una o dos preguntas de tipo filosófico.
Todo esto es lo que supone el conjunto de requerimientos para obtener
el diploma de Profesor de Yoga.
En cuanto a Évian es algo diferente pues es la misma escuela la
que hace el examen a los alumnos. También se hace una Memoria sobre
un tema de libre elección. En el tercer año se demanda la
dirección de una clase práctica. Un Examen de fisiología,
anatomía y filosofía. Las preguntas pueden estar vinculadas
a la medicina, saber por ejemplo: qué es un infarto, una úlcera,
o una hernia de hiato...
Luis Carlos:
¿Estudiáis también la relajación? Digo esto
por la insistencia que siempre ha puesto la Escuela Shivananda en la relajación
al final de sus sesiones de Yoga.
Lucienne:
La relajación al final en la escuela Yogakshemam se realiza en
un trabajo sobre los puntos de concentración. También contemplación
y pranayama. En esta escuela no se trabaja con las relajaciones guiadas
de visualizar una montaña... Todas las sesiones empiezan por pranayama
y cierta concentración y se termina de la misma manera, quizá
con algo más de fijación en los puntos de concentración.
Luis Carlos:
Decía esto porque de alguna forma yo había echado en falta
en sus clases estas relajaciones tan fabulosas guiadas, que son tan formidables
en otras escuelas.
Lucienne:
Se hace en Évian, tumbado sobre el suelo, se deja uno ir mientras
se es guiado en esta relajación. Mientras que en esta escuela procedente
del maestro T. Krishnamacharya. Diríamos que es una particularidad
de la escuela. Para mí la atención a los puntos de concentración
es lo que me lleva a un aquietamiento, me aporta mayor serenidad. DhArana
o concentración sobre los puntos vitales tal como los enseñaba
ya GajnAvalhya hace tres mil años y que favorece la reducción
del flujo incesante de los pensamientos que habitan en nuestro interior
con todas las perturbaciones que de ello resultan.
Luis Carlos:
Y, ¿la meditación?
Lucienne:
La meditación supone sentarse en silencio o visualizar la luz del
sol cuando amanece. No hemos permanecido más de una hora haciendo
esta práctica dado que el mental se escapa rápidamente con
cantidad de cosas. Yo suelo concentrarme en mi corazón. Más
allá de la concentración para apaciguar la mente y el torbellino
emocional interior, la vía del Yoga nos lleva a la meditación,
dhyAna, para volver a encontrar la paz total en la que el alma puede por
fin expresarse en libertad.
Luis Carlos:
Era para saber el lugar de la meditación en su práctica
de Yoga. La verdad es que existen decenas de maneras de practicar la meditación.
Son conocidas las de Vipassana con el recorrido del cuerpo mediante la
atención a todas sus partes. Uno puede igualmente sentarse y llevar
su atención a aquella parte del cuerpo que descubra más
tensa y permitir que se expanda esta tensión entrando en un estado
de mayor amplitud y relajación así como de aceptación
de la situación personal del momento.
Lucienne:
Lo cierto es que yo que trabajo tantísimas horas delante de un
ordenador que me llega en un momento dado, una toma de conciencia de mi
cuerpo. Yo que tengo un problema de espalda con tendencia a encorvarme,
al darme cuenta de mi postura utilizo lo que voy aprendiendo en la enseñanza
que recibo para estirarme, para respirar con mayor profundidad, llevar
mi atención durante un pequeño momento a algún punto
de concentración, todo un conjunto de pequeñas cositas que
pongo en práctica todos los días. Por otro lado para mí,
la meditación la llevo a cabo cuando salgo a la naturaleza, ahí
observo, me siento durante un ratito, escucho a lo que me rodea, miro
a un árbol... La verdad es que hablando de meditación, si
llegado el sábado por la mañana me siento durante una hora
considerando que voy a hacer meditación, esto no lo considero muy
benéfico. Sin embargo, a lo largo del día, vivo momentos
muy cortos en los que me hago consciente de que hay algo más allá
de mí misma. Estos momentitos me nutren mucho más que si
tuviera que sacar tiempo para unas meditaciones que entrarían en
pugna con mis ocupaciones de trabajo, mi hija, mi familia. La perseverancia
de estos pequeños momentos es un aprendizaje que me viene de la
escuela de Yogakshemam y me abre a la vida de cada día con una
apertura de corazón.
Luis Carlos:
Cambiando de tema Lucienne, cuénteme algo de las bellas experiencias
que haya tenido con sus alumnos de Yoga. Algunos que se os hayan acercado
para decirle las cosas bonitas que hayan vivido con sus clases. Los alumnos
que yo he conocido son casi todos universitarios. Hábleme también
de cómo surge la relación entre las Universidades y el Yoga.
Lucienne:
Esto viene del impulso del Instituto de Educación Física
y Deporte. Existe un programa que se edita todos los años a principios
del curso escolar y poco a poco se han ido introduciendo cursos de Tai-Chi,
Masaje, Yoga.... Está plenamente oficializado y la asistencia se
extiende para todos los miembros de la Universidad incluyendo a profesores,
secretarias... Como le vengo diciendo, mi primera formación procede
del Yoga de la Energía. Me inicio trabajando algunos años
con esta base, luego descanso durante un año y paso al Yogakshemam.
Me encuentro pues durante algún tiempo entre dos corrientes diferentes.
Llegado un momento, tomo la decisión de impartir clases en la línea
de Yogakshemam lo que tiene una repercusión en el número
de personas que asisten a mis clases, pero curiosamente las que vienen
son mucho más fieles. Existe una búsqueda. Algunas me han
pedido que vayamos a comer juntas para poder seguir en su indagación,
hacerme preguntas, algunas me comentan que se han sentido emocionadas
y son gente de 22, 23 años, muy joven, me parece maravilloso. En
fin este intercambio me aporta mucho.
Luis Carlos:
Lucienne. ¿Se puede vivir aquí como simplemente profesor
de Yoga, sin tener que recurrir a otro trabajo?
Lucienne:
Yo sé que hay algunos que sí viven de ello.
Luis Carlos:
¿No crees, de todas formas, que si se ejerce como profesor de Yoga
durante todo el día uno puede entrar en un mecanicismo que le restaría
el espíritu con el que se trabajaría si se practicase simplemente
una o dos clases al día?
Lucienne:
Siempre me he dicho a mí misma que no quiero que el lado financiero
que me aporte el Yoga, esté estrechamente ligado a mis gastos de
vida. Sería una preocupación excesiva que esta dependencia
del número de alumnos se instalara en mi vida por encima del placer
de la enseñanza del Yoga. De todas formas actualmente yo tengo
un trabajo profesional al 80%, lo que es demasiado. Pero llevar bien las
clases de Yoga suponen una atención personalizada que me gustaría
llevar cada vez mejor. De vez en cuando me he visto algo desbordada con
todas mis obligaciones. No quisiera llevar a mis clases un mental cargado
con otras ocupaciones, más bien deseo llevar una cabeza purificada
de ideas. Hay que volver a la fuente y eso estaría en contradicción
con tener que impartir muchas clases de Yoga a lo largo del día.
Luis Carlos:
¿Podría darse el caso, que de la misma manera que ya ha
cambiado en una ocasión de estilo de enseñanza de Hatha
Yoga, dada la evolución en la que continuamente se encuentra, en
ese avance espiritual en el que nada permanece, quizá haga menos
hincapié en las posturas y más en el ayudar a la gente a
que mire a su interior? ¿Hacerse más un maestro de meditación
que de Yoga? Digo esto pues yo también me muevo en este ambiente
y el mismo Jean Klein que era un excelente profesor de Yoga de orientación
Cachemira, en los últimos años de su vida comentaba que
incluso el Yoga podía ser un inconveniente para lo fundamental.
Ya que el verdadero trabajo sobre el cuerpo debiera ir dirigido a deshacerse
del cuerpo pues no somos el cuerpo, trabajar sobre el cuerpo para darse
cuenta de que no somos el cuerpo.
Lucienne:
Para mí, de todas formas, me digo a mí misma en toda esta
práctica me acrecienta el respeto hacia mi cuerpo, de manera que
en estas clases de asanas se me fortifica ese respeto hacia mi cuerpo.
Por ejemplo yo no fumo, apenas bebo ni tomo tranquilizantes. Por otra
parte la práctica de asanas le hace muy bien a mi espalda y realmente
lo noto, así pues, esa práctica me es muy necesaria, aunque
lo más importante de todo son esos pequeños momentos que
me tomo para mí misma: pranayama, concentración y pequeñas
sentadas de meditación. Esta es la base y lo más importante
para mí.
Luis Carlos:
Me he preguntado muchas veces a lo largo de sus clases de Yoga sobre la
gran importancia que le concede a la práctica del pranayama. Hasta
el momento en las escuelas en las que yo he trabajado el Hatha Yoga no
se le ha concedido tanta importancia. ¿Podría hablarme de
los beneficios que haya descubierto mediante esta práctica? Quiero
confesarle que yo personalmente no lo he visto muy claro hasta el momento.
Siempre me pareció estupendo el kapala-bhati, que incluso en la
escuela Shivananda se practica con anterioridad a las sesiones de meditación
en silencio. Mis prácticas de meditación y de posturas siempre
las consideré más benéficas que las del pranayama.
¿Qué diría sobre este particular?
Lucienne:
Aparte del artículo que os pasé escrito por Sri T.K. Sribhashyam
tengo que decir que iniciar una sesión de Yoga sin la práctica
del pranayama lo considero una amputación del valor de la sesión.
Sería como una clase de gimnasia sin pranayama. En los textos védicos
se habla del pranayama del principio, las asanas unidas a un número
determinado de respiraciones y del pranayama final. En cuanto a mí
he de admitir que me favorece el encuentro con un estado mental más
pacífico como si surgiera de la misma fuente, es decir, que hace
parte de un todo, aunque no sepa explicarlo muy claramente.Luis Carlos:
Lucienne me gustaría que me hablara un poquitín de la personalidad
de Sri T.K. Sribhashyam. ¿Es acaso un indio que se haya instalado
en Suiza? ¿Y en qué sentido diríamos que es un hombre
de luz?
Lucienne:
Está instalado en Niza (Francia) y en efecto es un hombre que destila
luz y con mucho humor, a la vez es muy estricto e infunde respeto, al
menos a mí, estando en su presencia. Él ha recibido la enseñanza
de su padre, el maestro T. Krishnamacharya, desde que tenía cuatro
años y medio en la lectura de textos, rituales...y su gran especialidad
es la impartición de cursos de Filosofía.
Luis Carlos:
Pero me imagino que él no será un profesor simplemente teórico
como la inmensa mayoría del profesorado universitario de Filosofía
por estos lares.
Lucienne:
Es la Filosofía india lo principal. Cuando tenemos un seminario
con él en un fin de semana. Lo primero que hacemos los sábados
por la mañana es una invocación en sánscrito y en
segundo lugar recibimos la enseñanza de un tema filosófico.
Ahí estudiamos los versículos recibiendo la explicación
que él nos aporta que procede a su vez de la “fuente”,
para mí es algo muy preciado. Quiero decir con esto que la enseñanza
que los profesores de filosofía occidentales imparten, son en su
mayoría conocimientos intelectuales. La verdad es que yo en principio
tenía algo de miedo y pensaba que para enseñar Yoga no hacía
falta ninguna filosofía. Ahí me equivoqué de pleno.
A lo largo de estos 4 años que llevo ya de cursos con él,
aprecio una riqueza tal en esta filosofía india que se ha convertido
en mi verdadero motor para impartir mis clases de Yoga. Continuando con
lo que hacemos el fin de semana. Tras la clase teórica, tenemos
una clase práctica que suele estar muy ligada a lo que hemos trabajado
en la teórica. Quiero hacer notar que también hemos visto
algo de Budismo.
Luis Carlos:
¿Cuál es la razón por la que Sri T.K. Sribhashyam
no autoriza a auditores libres en sus clases?
Lucienne:
Creo que los alumnos para él, deben de seguir en una línea
de progresión que suponga una cohesión. No desea que lleguen
alumnos esporádicos que no sepan de qué va la cosa, que
no comprendan cuando se hable de los textos ya vistos. Sri T.K. Sribhashyam
acaba de recibir el título de Acarya . Se lo concede la Universidad
de Mysore en India. Se va a publicar un artículo mío sobre
este particular en el Boletín de Yoga. El reconocimiento que recibe
en India es de un valor excepcional pues allí es aún más
difícil sobresalir, especialmente cuando no se es un editor de
libros como se le reprocha aquí en occidente que muchas veces es
lo único que se valora.
Luis Carlos:
Le comprendo perfectamente. Bueno, Lucienne, llevas hablando casi una
hora y en principio no querías hablar más de media hora.
Se habrá dado cuenta de que no era tan difícil hablar toda
una hora ¿no?.
Lucienne:
Ha sido fácil porque esto ha sido un intercambio entre los dos
y he podido hablar de mis propios sentimientos. Yo sé que no soy
una persona muy intelectual, soy una persona del terreno, me gusta la
tierra.
Luis Carlos:
Probablemente tendrá usted un jardín, ¿verdad? Con
flores ¿no?
Lucienne:
Sí, sí. Tengo un jardín con flores y hasta llegará
el día en que cultive hortalizas, cuando tenga más tiempo.
Luis Carlos:
Lucienne, muy agradecido.
Salimos del restaurante, me acercó a mi coche en el suyo y me dijo
que mi presencia en el grupo de Yoga había impactado a la gente,
tanto en la fábrica de chocolate Villars, como en el Centro Richemond.
Se debía, según ella, a la naturalidad con la que manifestaba
mi vivencia espiritual al juntar las manos delante del pecho e inclinarme
en agradecimiento al profesor de Yoga tras la clase impartida. Yo le dije
que este gesto lo había aprendido en la India y que lo había
hecho ya mío y no me preocupaba en absoluto lo que los demás
pudieran pensar respecto a esta u otras manifestaciones exteriores de
mis sentimientos más profundos.
Ella me respondió que aún tenía algo que trabajarse
ese aspecto pero que iba en buen camino. Si de algo estoy seguro es de
que si vuelvo por Friburgo no dejaré de ir a visitarla.
|