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El trabajo de indagar
acerca del Karma individual a través de la Carta Natal constituye
un sugestivo ejercicio que no siempre se valora justamente. Quizá
el principal responsable sea el propio astrólogo, quien a menudo
ofrece un argumento cuya base es la de atribuir a un pasado remoto y desconocido
el origen de determinados problemas que se manifiestan en forma de conductas
erróneas, o a través de circunstancias especialmente frustrantes.
Personalmente no reniego de tal explicación, pero desde que la
Astrología dejó de describir superficialmente personalidades
y sucesos, seguir atribuyendo causas de índole kármico a
determinados problemas ya no tiene objeto. Ha sido en los últimos
años que a la Astrología se le ha podido lavar la cara dotándola,
no solo de una profundidad, que ya tenía en sí misma, y
de una accesibilidad de planteamientos que los antiguos no ofrecieron
con claridad. Actualmente existe una corriente de pensamiento que, ante
una Carta Natal, se aleja rotundamente de la sordidez, secretismo y fatalismo
que la Astrología tradicional otorgaba cuando indagaba acerca del
Karma individual.
La Astrología Kármica contempla no solo la sustancia espiritual
de la vida individual, sino que la considera como foco motivacional que
reside en nuestro inconsciente que hace que escojamos un determinado rol
a desarrollar en nuestra vida social, profesional, familiar y afectiva.
Mediante este enfoque podemos ver en dónde está el verdadero
talento individual, una serie de virtudes veladas que hay que atreverse
a afrontar si se desea aumentar nuestro nivel de vida. Ahí está
nuestro verdadero pozo de sabiduría que a veces no está
suficientemente valorado, quizá debido a la sobreacentuación
que damos al Yo y al aprendizaje consciente. La verdad es que una buena
parte de lo que llegaremos a hacer en esta vida en realidad está
ya aprendida y, aunque yace latente en un rincón de nuestra memoria
ancestral, el Karma se manifiesta continuamente a través de oportunidades,
encuentros y desencuentros con otras personas, cambios emocionales, enfermedades,
accidentes, triunfos, fracasos, y demás circunstancias con que
nos hallamos y que nos desvelan que la vida es siempre mucho más
de lo que parece ser.
Y es que en realidad la palabra "karma" significa simple y llanamente
"trabajo". El trabajo de administrar, dosificar y pulir la parte
que nos corresponde del inconsciente colectivo que va a sernos necesaria
para evolucionar. Esta parte está integrada en un Todo que se configura
como el lugar y el espacio psíquico en donde se almacena y regenera
la memoria de la humanidad. Cualquier persona podría acceder a
cualquier rincón de esta memoria, pero únicamente la sagrada
necesidad de la evolución es la que determinará para cada
individuo lo que le corresponda vivir y conocer.
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