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La Forma II

Efectos terapéuticos


De sobra son conocidos los efectos beneficiosos para la salud que tiene la práctica de tai Chi Chuan: nos aporta calma, mejora la respiración, la circulación sanguínea y energética, tiene un efecto directo sobre los diferentes órganos y el sistema inmunitario…
Algo que comprobamos enseguida es la relajación general en todo el cuerpo; aunque en mi opinión el tai Chi necesita de una buena serie de estiramientos para conseguir una mejor elasticidad y elongación de nuestros músculos (disciplinas como el Yoga o algunos tipos de Qi Gong pueden ayudarnos a conseguirlo). En caso contrario la relajación que nos aporta exclusivamente la forma puede quedarse a un nivel más superficial.
Las diferentes posturas de la forma tienen también en cuenta los meridianos o canales de energía (qi), de manera que al ejecutar la forma vamos abriendo y estimulando la circulación energética. En un principio tenemos una sensación de hormigueo o de calor en las manos y brazos, pero poco a poco la sensación se convierte en una suave vibración más generalizada. Tanto a un nivel más físico, por ejemplo en nuestros músculos, órganos; o más sutil, como el Tan Tien o determinados puntos energéticos. La importancia no está en el hecho de sentir el qi sino en que eso indica que se van despertando y sensibilizando diferentes partes de nuestro cuerpo.

Si miramos los efectos en cada uno de los tres niveles, cuerpo, corazón y mente, la forma puede ayudarnos en cada uno de ellos dependiendo de dónde pongamos el énfasis al realizarla. El primer aspecto sería el más físico, la estructura. En muchas ocasiones podemos observar a un practicante ejecutar la forma de una manera muy suave y estética, pero si prestamos atención a sus pies, rodillas, caderas y pelvis nos damos cuenta de que su estructura a ese nivel está rota o bloqueada. En estos casos, podemos conseguir una determinada calma al realizar la forma pero la exigencia muscular es todavía grande, sobretodo a nivel de los músculos que rodean las rodillas y la zona lumbar. Esto quiere decir que la relajación es menor y menos efectiva. Cuando pasamos a la etapa de ir perfeccionando la forma deberíamos dar más importancia a una colocación correcta de los diferentes segmentos y articulaciones de nuestro cuerpo que a realizarla de la manera más estética posible. La suavidad arriba sin una buena base o enraizamiento no es una suavidad de verdad.
Lo mismo ocurre con los brazos con respecto a la espalda: en ocasiones encontramos formas que se recrean demasiado en movimientos de los brazos y manos, produciendo una tensión extra en los hombros, pecho y zona cervical. En muchos casos el movimiento no viaja desde los pies por todo el cuerpo hasta las manos, sino que proviene directamente de los hombros; convirtiéndose en un movimiento fraccionado y rígido.
Igualmente es importante la armonía en la postura: la posición de los brazos y piernas debería relacionarse con el cuerpo en una proporción natural, cómoda y efectiva. Debemos evitar sobre-extensiones de nuestras extremidades o quedarnos a medio camino sin terminar de hacer un movimiento hasta el final.
Si conseguimos una estructura correcta y adecuada a las características de cada uno el efecto terapéutico a nivel de relajación muscular, tendinoso y articular será mayor y más efectivo: nuestro cuerpo podrá ir reequilibrándose con el tiempo. También en este caso la estimulación circulatoria del qi será más efectiva. Por supuesto, todo esto facilitará un mayor equilibrio emocional y mental.

El siguiente aspecto del que podemos beneficiarnos es el nivel de los sentimientos y emociones. Al utilizar los diferentes ritmos entrenamos y desarrollamos diferentes cualidades y dependiendo del momento en el que nos encontremos puede ser más útil uno u otro. En los períodos en los que nos sentimos demasiado cansados o decaídos un ritmo fluido nos puede dar energía para afrontar ese momento. También en los casos en los que la confusión no nos deja ver o decidir con claridad. El ritmo de agua nos ayuda a mover y despejar los aspectos que nos tienen atrapados. La mente debe estar ocupada en el ritmo, en que el movimiento no se “desborde”, en no precipitarse… y por lo tanto se encontrará más libre con respecto a lo que nos está inmovilizando. Esto, a su vez, puede ayudarnos a una posterior reflexión y elaboración más efectiva de nuestras dudas y conflictos.
Si en cambio nos sentimos demasiado bloqueados, estancados o tensos, el ritmo rápido puede ayudar a desahogarnos, a “romper” y “limpiar” esas tensiones encerradas en las diferentes partes de nuestro cuerpo. Incluso es posible que se hagan más conscientes aspectos emocionales encerrados en dichos bloqueos. Es importante aquí poner mucha atención en la ejecución del gesto para evitar lesiones innecesarias.
Por último si estamos demasiado eufóricos o impulsivos, el ritmo lento es el que nos dará la calma que necesitamos. Quizás por el ritmo de vida que llevamos en el que es esencial ralentizar y parar, este ritmo lento es el más utilizado.
De la misma manera, el vivir los movimientos de la forma como el cambio constante entre el Yin y el Yang nos puede ayudar a saber cuándo en nuestra vida nos encontramos en un momento más yin o más yang y cómo debemos actuar de la manera más efectiva: escuchando, cediendo y desviando o tomando la iniciativa, actuando y enfrentando de cara nuestros problemas; o incluso cuándo cambiar de una actitud a otra.

En cuanto a la mente, ya desde la primera clase podemos experimentar un efecto de calma debido a que al ser todo nuevo nuestra mente debe estar al cien por cien en el entrenamiento y no tendrá tiempo de distraerse y divagar. Normalmente nuestra mente está demasiado ocupada en el pasado, futuro, problemas, deseos… tenemos una cascada constante de diferentes pensamientos pasando de uno a otro con rapidez. El hecho de estar concentrados en una sola cosa (siempre que esa concentración no sea demasiado tensa) hace que la mente experimente calma tras la sesión. Lo mismo ocurre en las etapas de ir memorizando y perfeccionando la forma. La mente debe estar pendiente de cada detalle y lo normal es que no se distraiga.
Una vez superadas estas etapas, la mente no necesita estar tan pendiente de los diferentes movimientos y pasamos al aspecto más sutil, que sería la actitud meditativa, en el cual se puede desarrollar la presencia y la atención. El poder mantener la mente desapegada de todo lo que vaya apareciendo mientras realizamos la forma y a la vez receptiva y atenta al momento presente nos aporta una relajación mucho más profunda.
Si fuéramos capaces de integrar este aspecto en nuestra vida cotidiana conseguiríamos caminar de una manera más sana en la vida, tanto en lo que nos gusta como en lo que no. Podríamos sentirnos mejor y disfrutar un poco más de todo lo que nos toca vivir. .

 

 

Juanolo 
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