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Cuerpo extraño
 


"Como los erizos, ya sabéis,
los hombres un día sintieron su frío.
Y quisieron compartirlo.
Entonces inventaron el amor.
El resultado fue,
ya sabéis, como en los erizos."

Luis Cernuda


Oí que hoy las nuevas generaciones están usando el pulgar más de lo que lo usan o usaban las nuestras. Es por la telefonía móvil, los mandos a distancia, los gameboys o gamegirls y las play stations. El dedo pulgar es el dedo que usaban los emperadores de Roma para condenar o agraciar a los gladiadores. Es el dedo de la succión. En los seguros de vida sin particularidades el dedo pulgar de la mano dominante es el que tiene mayor valor si no se estipula otra cosa. El mismísimo sistema arterial privilegia el primer dedo. Es además, por así decirlo, el dedo más
evolucionado. Se sabe que hay una directa relación entre la transición a la bipedestación y el uso de las manos, y entre esos dos acontecimientos y el desarrollo de la inteligencia y el
lenguaje.

En otro orden de cosas, parece que las habilidades que requieren más rigor o delicadeza están de alguna manera asociadas al dedo índice, el dedo que indica. El meñique también tiene sus papeles y no solamente en los mudras, en el baile y en la degustación. Los quirománticos lo llaman el dedo de Mercurio. Pero no es el lenguaje visible u oculto de las manos lo que nos ocupa, sino el ceder la atención a cada dedo por separado, a cada falange, a cada yema y a cada surco. La idea es devolver la atención a la evolución de los dedos gordos y más en concreto a los dedos gordos.

No seré yo quien hable del futuro. Sería de mal gusto. Por ignorancia y porque nos podríamos desviar hacia el catastrofismo y a lo que en propiedad es la escatología: el fin del mundo. Por una sola vez, si acaso, podemos aventurarnos a creer que no se va a acabar el mundo nuestro éste mientras las especies más fuertes o más ingeniosas sobrevivan adaptándose como puedan. Una parte de la humanidad, que ni siquiera tiene por qué ser la mejor, podrá sobreponerse al frío y a las calamidades. Una parte de la humanidad podrá aspirar dióxido de carbono, resistir las obras y las reformas sin enloquecer, salir con bien de las hambrunas y de las comilonas, la transgenia, la falta de agua, las temperaturas impetuosas, las catástrofes naturales y la violencia. Tal vez esa parte de la humanidad tendrá otros pulgares, o tendrá un brazo más desarrollado (como los cangrejos). ¿Serán los seres venideros mejores, iguales o peores a nosotros? ¿Es concebible la involución de la especie, la vuelta del rabo? ¿Quién lo sabe? Parafraseando a Pessoa, para quien el recuerdo es una traición a la naturaleza, podríamos creer que los pronósticos son una aberración de la inteligencia, incluso una entelequia embaucadora y agarrotadora.

Pediría para mí tres cuerpos. Uno para estar en el mundo a pesar de todo. Otro estaría, pues eso, como está la luz cuando baila por la mañana en la pared saltándose todos los orificios de las persianas y tocando el arpa del polvo, o como está la luz cuando pace en la tarde en los ojos de las llaves puestas, como pacían los animales de antes de las explotaciones ganaderas, aquellos bueyes bergantiñanos de 1200 quilos y más. Otra estaría haciendo pruebas, equivocándose, conociendo lugares y tiempos, aprendiendo, experimentando.

El cuerpo es extraño. Están los cinco sentidos. Luego hay otras sensaciones que no son las de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Son sensaciones "menores" o menos cultivadas. Reparamos en la sensación del estornudo malogrado. O en el rubor de las orejas, un escalofrío, los diferentes tipos de temblor, el calambre, el latido a destiempo, la sacudida en el primer sueño, el llanto a costa de los otros, el llanto de la rabia, la risa en el llanto, las lágrimas de la risa, la carcajada, el estornudo en salvas, el movimiento reflejo, el suspiro, el bostezo espontáneo, el bostezo contagiado, el santo cansancio, la modorra, el desperezo, la conciliación del sueño, la risa reprimida tonta, la risa tonta reprimida, el bostezo disimulado, la náusea, la sed, el hambre, la saciedad, el entumecimiento, la tos, el estertor, el ronquido, el pito, el miembro fantasma, el miembro dormido, la mano muerta, el tambaleo, el primer paso, la atracción del abismo, el aumento y la disminución de la gravedad en las atracciones, el aumento de las palpitaciones, el cuerpo en sarvangasana, tragar, atragantarse, babear, tirar hacia sí, retroceder, avanzar, pisar, girar, chupar, empujar, morder, mordisquear, sorber, hacer caca, respirar, transpirar, hacerse la boca agua, mojarse, evaporarse el agua en la piel, las cosquillas, el hormigueo en los pies, las ganas de mear, el goteo de la nariz, el estremecimiento del deseo, el sueño, el gustito, el gusto, el abrazo, la ira encendida, el arrebato, perder pie, tropezar, el respingo, la insensibilidad, la incomodidad, haber encontrado la postura, sofocarse, la tiritona, el asco, el castañeteo de los dientes, el chirrido de los dientes, el crujir de las rodillas, el runrún de los intestinos, sacar humo por la boca, alentar, el beso, flotar, andar contra el viento, andar con el viento, el hipo persistente, el pedo intempestivo, el estrujón, el achuchón, la arcada, la regurgitación, la magulladura, el arañazo, el lapo atrancado, el bocado atrancado, la congestión nasal, el agua retenida en los oídos, el aire retenido en los oídos, la somnolencia, el dolor, el cuerpo distinto tras cada forma de tai chi nunca igual, el cuerpo calidoscopio, el cuerpo rendido, el arraspeo, el alarido, el ahogo, el cuerpo extraño en el ojo, el cuerpo extraño, el cuerpo insepulto, el cuerpo gestante, el cuerpo en la matriz, el cuerpo de jota, el medio cuerpo y el cuerpo entero, el cuerpo en equilibrio, el cuerpo encogido, el cuerpo agachado, el "cuerpo escaparate", el cuerpo pesado, el cuerpo viejo, el cuerpo fuerte, el cuerpo aligerado, el cuerpo ligero, el cuerpo prematuro, el cuerpo a tierra, el cuerpo a cuerpo, el cuerpo de rey, el cuerpo presente, el cuerpo.


(C) Marta-R. Domínguez Senra 
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