|
Los
socialistas utópicos creían a principios del XIX que el
progreso eliminaría todas las miserias humanas, que las máquinas
trabajarían para todos y que la ciencia sería la panacea
para la triste humanidad. No obstante, para que por fin se cumplan sus
sueños, han tenido que pasar casi dos siglos de explotaciones,
guerras, genocidios y desigualdades de todo tipo.
En este sueño que se está cumpliendo a pasos agigantados,
las sandías no tendrán pepitas que incordien, las rosas
vendrán sin espinas y las lechugas serán envueltas en celofán
estéril. Será todo más fácil en el mundo exterior.
Comprarás bonos del estado desde el terminal de casa, desde tu
sillón favorito hojearás libros en las bibliotecas más
lejanas, ligarás con rusas o australianos, verás 800 canales
de televisión. Con un sólo mando a distancia harás,
además, la compra de casa. Así de fácil.
En el mundo interno también habrá milagros. Los calvos dejarán
de serlo gracias a una hormona contra la alopecia, los deprimidos tomarán
una variante del Prozac. Los desmemorizados afinarán su memoria
con el Finestaride, aunque no sabemos si la certera memoria sabrá
mejor que el cándido olvido. Con el Xenical, píldora que
promete vencer los problemas de obesidad podremos seguir comiendo hasta
la saciedad bollos y hamburguesas sin darle al colesterol el gusto de
implantarse en la tripa. Con el Viagra podremos seguir siendo ejecutivos
incluso en las faenas del sexo, la impotencia será una pesadilla
del pasado. Así, la hombría se cotizará bien alta
y por fin haremos el amor como en las películas.
Con Seroxat, la nueva píldora contra la timidez ya experimentada
con éxito en Reino Unido, seremos los amos del mundo. Podremos
platicar en cualquier esquina con cualquier transeúnte que nos
plazca. En toda plaza habrán conferenciantes y disertadores a granel,
y en los pubs y discotecas seremos todos amigos. No tendremos más
vergüenza; no nos sentiremos apesadumbrados ni sentiremos congoja.
Los niveles de seratonina en el cerebro nos producirán una sensación
grata de euforia. A lo mejor con los efectos secundarios de dicha píldora
dejaremos de criticar al vecino y veremos la parte buena de la vida. La
gente se contará sus secretos que en definitiva son como los de
todos y como los de siempre, bobadas.
La felicidad será una realidad aunque venga encapsulada y con marca,
y la eternidad la próxima píldora a inventar. Se descubrirán
las virtudes de la ingravidez y los paseos en el espacio se podrán
de moda a precios de friolera. La química de reacciones rápidas
del imperio farmacéutico se convertirá en la moderna alquimia.
Por fin el plomo se transformará en oro.
No obstante, a la sombra de la utopía nadie se ocupará de
la completa erradicación del tifus y la malaria. Los que no tengan
créditos bancarios no se podrán hibernar. A los marginados
del mundo se les prohibirá soñar. No habrá píldora
contra la pobreza pues la maquinaria gigantesca sentenciará su
imposibilidad. Las sagradas fórmulas de beneficios no funcionarán
con la globalización del bienestar. Así que tendremos también
pastillas contra el dolor y la injusticia del mundo.
Y seremos felices.
|