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Dos poesías
 


Estas dos poesías las escribí DESPUES de salir de una crisis muy profunda, en realidad mi última crisis. No fueron escritas en pleno dolor y caos aunque lo pueda parecer. Una vez digeridos y ya pasados el dolor y el odio (paídos, que decís los catalanes) las palabras, insistentes y obsesivas –como soy yo misma por otra parte– surgían a borbotones en mi cabeza y de mi corazón, primero a través de ideas, pensamientos y, después, como una necesidad de mi alma de ser plasmadas a través de la palabra escrita. Lo que yo siento y nombro como mi alma me empujó a escribir y no paró de azuzarme hasta que lo hice.

Quizás fue así para que acabara de decirme a mí misma y a otros hasta qué punto autodestructivo y de autocompasión puedo "aguantar" y vivir fuera de mi centro... y cómo volver a él -el "regreso a casa" del que habla nuestro querido Claudio- me sana y posibilita poner los límites que necesito para VIVIR.

Aprovecho este espacio para agradecer de corazón a Cristina por "recogerme" el odio, a Victor por recogerme a mí en los duros días compartidos, a Inés, Carmen y Begoña por su estar y su apoyo incondicional, a Jorge por ser, alimentarme la fantasía de la vida en la larga distancia y decirme (¡qué cuco!) "yo creo mucho en la pareja" cuando yo ya no creía, a mi familia por aceptar mis decisiones y quererme sin dejar de quererlo a él, a Toni y colegas por creer en mí estando en mi infierno y Claudio, Antonio y Neela por devolverme al centro de mi ser dolorido y gozador.

... Y a nuestro hijo por elegirnos y ser tan lindo y amoroso como es. A él, con quien vuelvo a amar, afortunadamente y tras tanto trabajo y luchas, intestinas unas, más allá y entre nuestras fronteras respectivas otras. A ti, mi amor, ya que somos hijos de la fortuna de trascender el odio en estima.
 

 

PUENTE ROTO
... Desértica, seca
me acerco temblorosa y con temor
a tu cara amplia
en busca del alivio
de una mirada buena,
sin juicio ni prejuicio,
del calor de un "Quédate"...
Y me quedo muda
congelada
desangelada –una vez más–
al encontrar el muro
de un trueno sin ruido,
de un fragor sin batalla,
de una indiferencia enfadada e infinita,
ya sin palabras de tregua,
todo resonancias vengativas
y cautivadoras del sentir,
de metas sin cumplir,
tristes, lejanas
como lejano es el encuentro
en el desierto gris de este invierno.
Y queda el vacío limpio
de la desazón, el desasosiego,
el puente roto
la casa rota,
el dolor profundizado y más profundo aún
de hendir el cruel dedo en la misma llaga,
el dolor del amor no revelado,
del odio engendrado y alimentado
a machetazos, a distancias,
a empellones de hambre voraz de amor
que no sabe aún dónde posarse
y descansar
el corazón mutilado.
 

 

PODEROSO NO...
Cegada de noches sin luz,
herida de propia estima herida,
renazco de mis cenizas
enrabiadas,
cuando del centro oscuro y húmedo
de mi ser, profusamente,
crece sin pausa y con premura
de libertad
un no inmenso
definitivo
preñado de dolor
un no suma
de pequeños y grandes noes callados.
Acallados desde adentro
dichos con la boca chica,
que no es lo mismo pero es igual,
por ignorancia mía,
torpe pero desarraigada de mí misma,
por protegerme de tus anchas razones
anchas como avenidas
no inmunes aún así a los atascos
ni a los asaltos a tus semejantes.
Y cuando me atrevo a encontrar
el momento preciso y libre
de vomitarte mi no
tan temido, tan torneado
en noches insomnes
y días sin soles en plena primavera,
mi no sin forma final...
...hasta ahora,
que me levanto
por sobre todas mis cobardías,
ahora que me atrevo y proclamo
ese no del alma agotada,
me detengo atónita.
Atónita.
El asombro
de que mi tan laborioso no,
tan evitado,
ejerce de llave a tu sí,
a una humedad de dolor apretado, desconocida
en años de no sernos verazmente.
Inundada de falta de confianza
abro mi cabeza a ti,
llanto y perdón mediante,
aún sintiendo mi corazón acorazado.
Y digo sí: condicional, precavida como necesito,
atentísima ahora
a mis conmociones,
a las tuyas y las comunes
–la resbaladiza zona común–
con impecabilidad un tanto implacable
... y enciendo otra vela
en el fondo de la vida,
cien velas,
por si el amor renace.
Así sea...

 


V. Zirtae 
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