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3 poemas para una despedida
 

Cena de Navidad

Contemplo contra mi infancia
esa casa misteriosa plagada de ratones,
de fantasmas esquivos,
de escaleras pintadas de peligro,
de inclinadas terrazas vertiginosas.
Esa casa vieja, derrumbada,
que desprende silencios cuajados de presagios
inmóvil tras el jardín que huele a geranios dispersos
a hierba María Luisa oculta entre hierbajos
a rosales sin podar de largas ramas marchitas
a aguas verdes, a herrumbre,
a perros enterrados.
Esa casa desolada
con dibujos infantiles con chincheta en las paredes
las puertas que no cierran
las ventanas amarillentas y pringosas
y pegatinas de bollicao en las cortinas de encaje,
los muebles incómodos, rotos, sin alma,
la suciedad, la fealdad, el caos devorándolo todo.
Y tú, madre, esa vieja ciega y entrañable
llena de amor y desesperación,
cocinando con ilusión la cena de Nochebuena,
cruzando la cocina,
chocando contra la puerta que no hubiera debido estar abierta,
preparando un café a tientas,
cosiendo al tacto bajo un foco de luz
balanceándote en tu pequeña silla
con los brazos cruzados frente a la televisión
empeñada en no ver tu implacable ceguera.
He visto tus ojos, madre,
ese pozo incoloro donde crece la nada.
He escuchado tu voz,
como un ladrido hijo de la impotencia.
Y he sido más amable que nunca. Más amable que nadie.
Y te he abrazado luchando con mi sonrisa
contra tus pequeños odios.
Y has sonreido sin mirarme a los ojos.
tú llena de mi amor pero incompleta.
Yo príncipe y mendigo en tu tristeza.

Barcelona, diciembre de 1985.




 

 
La luz diluye aquella idea fija
con lentitud.
El autobús escapa. Parpadeo.
En mis bambas hay agua de mar.
En mi bolsillo
el tiempo deposita sus peces de colores.
Camino con paso fácil
hasta el final de la calle
y me detengo en el lugar
donde todos olvidan su camino.
Enciendo un cigarrillo.
Es hora de volver atrás.

Cala Alcaufar, mayo de 1988




 

 
A pesar del dolor, amor.
Tras la puerta terrible, alado, ondeante amor.
Desnudo de palabra, más veloz que la idea,
inasible, inmaculado amor.
Sin valor y sin grado, sin medida, sin precio,
sin contrarios ni opuestos, a pesar del dolor, amor.
Oculto en la invisible trastienda de las formas,
ajeno a quén, a cómo, inapelable, sólo
a pesar del dolor, tras el dolor, amor.

Barcelona, septiembre de 1999

 


Laura Martínez Mirón 
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