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La poesía no es sólo
una variedad de literatura, es también un modo de vida en la participación,
el amor, el fervor, la comunión, la exaltación, el rito,
la fiesta, la embriaguez, la danza, el canto, que, efectivamente, transfiguran
la vida prosaica hecha de tareas prácticas, utilitarias, técnicas.
(...) Fernando Pessoa decía que en cada uno de nosotros hay dos
seres, el primero, el verdadero, es el de sus ilusiones, de sus sueños,
que nace en la infancia y prosigue toda la vida; el segundo, el falso,
es el de sus apariencias, sus discursos y sus actos. Podríamos
decir de otra forma: en nosotros coexisten dos seres, el del estado prosaico
y el del estado poético; esos dos seres constituyen nuestro ser,
son sus dos polaridades, necesarias una para la otra: si no hubiera prosa
no habría poesía, el estado poético no se manifiesta
como tal sino en relación con el estado prosaico. Tenemos necesidad
vital de prosa, porque las actividades prosaicas nos hacen sobrevivir.
Pero muy a menudo, en el reino animal, las actividades de supervivencia
(buscar comida, perseguir la presa, defenderse contra los peligros y los
agresores) devoran la vida, es decir el goce. Hoy, en la tierra, los humanos
dedican la mayor parte de su vivir a sobrevivir. Tenemos que actuar para
que el estado secundario llegue a primario.
Hay que tratar de vivir no sólo para sobrevivir sino también
para vivir. Vivir poéticamente es vivir para vivir.
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