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Un ciclo de conexiones
Sobre la obra de Denys Blacker


La obra de Denys Blacker ha completado un ciclo. Su producción reciente, que incluye esculturas discretas de bronce y barro y los meticulosos dibujos semi-abstractos que ha producido durante estos últimos años, ponen en evidencia la formación clásica que recibió en Inglaterra. El viaje que ha emprendido como artista, ha sido una exploración de su propia psique, la cual ha evolucionado paralelamente a lo que estaba ocurriendo en el mundo del arte europeo durante estas últimas dos décadas, aunque no totalmente en tándem con él. Es evidente que desde el principio de su carrera se ha apartado deliberadamente de la expresión conceptual que ha sido el sello de este período posmodernista de los últimos veinte años, durante el cual los límites de la estética convencional han sido infringidos en nombre de la libertad y la experimentación y que, como consecuencia, ha producido una riqueza de ideas interesantes y provocativas, pero en ocasiones ha fracasado a la hora de conmover al espectador o al oyente. Mientras que, naturalmente, esta moda general ha influenciado la obra de Denys, ésta siempre ha conservado un sentido de lo orgánico. Sus primeras piezas, incluyendo sus primeros pasos en el terreno de la performance, eran una especie de extensión escultural de su cuerpo. Utilizando barro, tela, madera y cuerda dio vida a estos materiales por medio de su movimiento físico. Los trajes que confeccionó para aquellas performances debían ser vestidos por su piel, que les daba poder, de forma que después, cuando se los quitaba, conservaban una cualidad específica de aquella pieza. Más adelante integraría otros elementos- fuego, agua, luz, tierra- a sus actuaciones que siempre poseerían esta cualidad de una experiencia escultórica viva, nunca algo intelectual ni fríamente objetivo. Si en alguna ocasión fue influenciada por el aspecto conceptual del arte de la performance, fue para utilizar la situación como expresión de los sentimientos, más que de ideas.

Después de los años, en la oferta extensiva de Denys se distingue claramente una cadencia que yo describiría como “conexión”, que no es una cualidad fija, sino un proceso que continúa. Empezó con una conexión entre su cuerpo y el barro u otros materiales que ya he mencionado. Gradualmente, mientras el aspecto espiritual de su arte la atraía cada vez más, la conexión se estableció entre el corazón, el cuerpo (que en el proceso de una performance podría invariablemente incluir otros cuerpos) y la mente. Esta obertura de la imaginación, conectándola a otro nivel, y la exploración de una energía colectiva mediante la performance, ha sido un contexto importante para ella en la última década y ha contrastado con mucho de lo que estaba ocurriendo en el mundo de la performance, y ciertamente con el aspecto individualista de ésta. Durante estos años y de alguna manera a contra corriente, Denys ha seguido explorando su arte como vehículo de transformación espiritual. Temas como la fe, la generosidad, la no violencia, han guiado sus performances, y la risa nunca ha estado muy lejos. La línea que la separa del público y a cada uno de los miembros de éste, a menudo queda borrada de manera que un sentimiento de conexión y solidaridad se crea espontáneamente. Su nuevo trabajo, lejos de la performance, completa el ciclo, porque es esencialmente la misma expresión que ha estado desarrollando, solo que ahora está encapsulada en un lenguaje más formal y quizá sea más obviamente accesible. Sin embargo, sigue habiendo un sentido de conexión. Los dibujos sirven como diseños para la contemplación y las pequeñas esculturas están ahí para ser tocadas y utilizadas de una manera que es, a la vez, juguetona y profundamente reveladora. Existe aquí un sentido de la participación y el elemento humorístico que siempre ha estado presente en su obra, es ahora más refinado.

En esta exposición tenemos el privilegio de ser testigos del ciclo completo de la obra de Denys Blacker, que la sitúa en una posición especial. En un período en el que el concepto ha sido el foco dominante en la creatividad artística, ella es una de las pocas artistas que ha mantenido una confianza casi inocente en el espíritu como guía de la creatividad, lo que en el pasado significó la falta de reconocimiento y atención que se otorgó a otros artistas de su generación, seguidores de las corrientes de la moda. Aun así ha emocionado a sus muchos admiradores que intuyen en su obra una cualidad mágica, de transformación de la vida, que es lo que ofrece su arte. Para nosotros su arte refleja un movimiento radical, lejos del intelectualismo, de vuelta hacia el poder visceral de la imaginación. Este es, pues, un momento oportuno para reconocer a una artista viva muy importante y de gran influencia.

 

Tew Bunnag
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