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El mismo Kant ya empezó
a preguntarse acerca de los límites de lo humano. Hizo tres preguntas
fundamentales, ¿qué debo saber?, ¿qué puedo
hacer? y ¿qué me está permitido esperar?. Preguntas
que resumió en una cuarta, ¿qué es el hombre?.
Se dice que su metafísica fue la primera piedra que articuló
el pensamiento actual, la antropología filosófica, y que
desde entonces los sabios y filósofos se han interrogado no sólo
por el hombre sino también, el por qué preguntarse por él,
puesto que, aunque ahora nos parezca evidente, no siempre el concepto
de hombre ha sido fundamental en la historia humana.
Todas las respuestas dadas acerca de esta pregunta esencial han sido parciales
cuando no precipitadas. Han sido también premeditadas en cuanto
había bajo mano una ideología o una idea preconcebida que
eregir acerca del hombre. Y sus pretensiones han quedado en eso, vanas
pretensiones.
Durante mucho tiempo la Antropología Filosófica ha deambulado
por eternos meandros en su necesidad de justificar su pregunta fundamental
y de colocarse en el lugar central del pensar filosófico. Sin embargo
se ha constatado algo importante, el carácter problemático
que tiene la pregunta por el ser del hombre contemporáneo.
Heidegger nos decía: "Ninguna época acumuló
tantos y tan ricos conocimientos sobre el hombre como la nuestra. Ninguna
época consiguió un saber acerca del hombre tan penetrante.
Ninguna época logró que este saber fuera tan rápida
y cómodamente accesible. Ninguna época, no obstante, supo
menos que sea el hombre. A ningún tiempo se le presentó
el hombre como un ser tan misterioso".
Desde la biología a la psicología, desde la etnografía
al psicoanálisis, todas las ciencias sociales tienen el objeto
de definir que es el hombre, cual es su funcionamiento, su sociología,
su química, sus sueños y sus símbolos, como si éste
fuera un objeto hueco a llenar de información y de saber. Información
que, hoy por hoy, está a punto de salirle por las orejas y de hacerle
estallar en tal multitud de pedacitos que ninguna enciclopedia por muy
amplia que ésta sea le dará siquiera una visión de
conjunto o le explicará qué demonios es esto de ser humano.
Dios hace tiempo que murió y el ser humano ha tenido que vivir
sin presupuestos mágicos y sin un cielo protector. De aquí
que no haya ninguna instancia superior que dé el visto bueno a
los valores humanos. E1 hombre se verá obligado a elegir su propio
destino y a cargar con toda su responsabilidad. Las fronteras entre el
bien y el mal, entre lo justo y lo injusto, entre lo humano y lo no humano
han quedado definitivamente diluidas. Asistimos al desmembramiento del
hombre. ¿Asistiremos a su muerte?.
Las heridas han sido brutales. Primero fue el giro copernicano, la tierra
era redonda y no era el centro del Universo. Feuerbach colocó en
el lugar de Dios la proyección de los valores excelsos del hombre.
Robespierre destituyó a la monarquía absoluta por un sistema
democrático de valores humanos. Darwin eliminó todo mito
de la creación con el aguijón científico. Marx estableció
un primer análisis social sobre la desigualdad de las clases sociales.
Freud despedazó la ilusoria unidad interna del ser humano. Einstein
rompe el estrecho marco cartesiano donde se inserta el universo humano.
Las artes diluyen la realidad hasta convertirla en magma o en pura expresión
surrealista. La tecnología rompe el mero control humano y la biotecnología
está dispuesta a modificar la misma esencia de la vida.
Puede ser que no nos demos cuenta y que vivamos en espacios cerrados o
en paraísos alternativos pero hoy el ser humano sufre un fuerte
tirón, un profundo desgarro y una aceleración sin precedentes.
No es exagerado hablar de amenaza.
La modernidad ha roto las solidaridades tradicionales y ha atomizado al
individuo en su soledad. E1 Estado ha negado a la persona su propia capacidad
de decisión bajo el manto de una democracia vacía de contenido.
Y la informática está cumpliendo los sueños de control
de los poderosos.
Los medios de comunicación crean una segunda realidad más
poderosa y "más real" que la realidad misma, y la publicidad
una "segunda piel" más sugestiva que la propia.
E1 mundo está a punto de estallar. La bomba atómica que
pende fantasmáticamente sobre nuestras cabezas, la bomba de los
pobres y desheredados que pueden invadir el mejor de nuestros mundos,
justifican el rearme militar y leyes inflexibles de extranjería.
La inseguridad ciudadana, la manipulación política, el pillaje
mercantil, la vulnerabilidad del consumidor, el crack económico,
la complejidad legal, la corrupción militar, la burocratización
de la sociedad, la instrumentalización sanitaria, la crisis de
la pareja, la falta de rigor y calidad en la educación, la desmembración
de las ciencias sociales, las ciudades inhabitables, el mismo cáncer
o la impotencia del sida, necesariamente sumergen al individuo en una
implosión de la que sólo emerge malestar, neurosis, fanatismo
e insolidaridad.
E1 futuro aparece incierto y oscuro. Una vez rota la relación hombre
naturaleza y forzada la máquina industrial, el planeta sucumbe
poniendo en peligro toda vida. Están desapareciendo cientos de
especies animales y vegetales.
Hubo un tiempo mítico que lo importante era ser hijo de los dioses,
y otro en el que lo que primaba era ser bueno ante los ojos de Dios. Hoy
lo que cuenta es ser normal. Y cuanta más angustia por ser normal,
más psicosis y más esquizofrenia. Cuanto más se ajusta
uno a la norma, más depresión, y cuanto más huída
de la realidad y del propio conflicto, más dolor y más enfermedad.
Todas las informaciones aunque científicas sobre el ser humano
no podrán nunca colmar a este sujeto de reconocimiento, a este
ser que vive y que busca un ámbito de sentido. Necesitamos tener
esa posibilidad de ser lo que uno determina que és. Y necesitamos
un marco abierto desde donde sea posible poder volver a pensar lo que
sea el hombre, no tanto por definirlo sino en el que señalar las
potencialidades, múltiples potencialidades de lo humano.
Participamos de unas Ideas en las que y por las que nos reconocemos como
seres humanos. Pero Nietzsche nos dirá que estamos soñando.
El ser humano se parece a ese funámbulo sonámbulo que despierta
de repente en medio del sueño y ante el "vértigo existencial"
no le queda más remedio que continuar soñando para mantenerse
en pie. Parece que no queda otra que seguir creando valores, que son siempre
permanentes e prescindibles, con lo cual la conciencia aparece como mendaz,
o como un bucle que vuelve siempre a su propia esencia, a su propio ombligo.
Foucault pone la puntilla cuando dice: "A todos aquellos que plantean
aún preguntas sobre lo que es el hombre en su esencia, a todos
aquellos que quieren partir de él para tener acceso a la verdad,
a todos aquellos que en cambio conducen de nuevo todo conocimiento a las
verdades del hombre mismo, a todos aquellos que no quieren formalizar
sin antropologizar, que no quieren mitologizar sin desmitificar, que no
quieren pensar sin pensar también que es el hombre el que piensa,
a todas esta formas de reflexión torpes y desviadas no se puede
oponer otra cosa que una risa filosófica es decir, en cierta forma,
silenciosa".
Llegamos a la conclusión de que no es posible determinar lo que
és el hombre sin descubrir cual es nuestro discurso acerca de él
y cuales son las ideas reguladoras que hemos puesto bajo el mantel. Quizá
sólo es necesario determinar bien la pregunta para que podamos
pensar de nuevo al hombre. Podremos, no obstante, elegir una idea de hombre
y unos enunciados autotransformadores pero ya no estaremos en posición
de pensar que nuestra postura es la válida o absoluta, sino una
más, y tal vez, dejando de lado los dogmatismos estemos dispuestos
a ser más humildes. Cuántas veces hemos hablado del Nuevo
Hombre, de la Era de Acuario, del Ser Andrógino. Cuántas
veces nos hemos sentado en postura de meditación sintiendo que
reproducíamos un ideal. Cuántas veces hemos utilizado enunciados
de la biología o de la psicología para demostrar nuestras
verdades y cuantas veces nos hemos olvidado que esas verdades se parecen
más a esperanzas o señales luminosas en un universo humano
siempre confuso, que en verdaderas verdades.
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