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Hace muchos años
que conozco a Enric Boada, y muchos desde que oí por primera vez
el borrador de este texto en una conferencia dada en la librería
Tartessos de Barcelona. Fue un texto que estuvo en sedimentación
largos años hasta que no hace mucho la editorial Icaria lo publicó.
Enric fue para nosotros un impulsor de la práctica del Yoga y del
Zen cuando el olor alcanforado de la dictadura todavía se percibía
en el ambiente en el momento que una nueva cepa de gente con entusiasmo
se volcaba hacia oriente en busca de espiritualidad renovada. Desde aquí
puedo decir que Enric ha sido para muchos de nosotros un referente de
honestidad y de coherencia con unas ideas que ha sabido, con provocación
y sin maquillajes, exponer en esta pequeña publicación "Cuando
morir sea una fiesta". Hemos destacado en esta reseña su sueño,
un sueño que creemos necesario para no dormirnos en esta realidad
abocada a un callejón sin salida.
Arjuna
Hasta hace
unos pocos años la humanidad no había podido ver el planeta
Tierra, el planeta azul y blanco, desde el espacio exterior. Desde allí
aparecía como la gran nave espacial en la que viajamos todos y
esta analogía de la nave ayudó a comprender que también
la Tierra podía tener un máximo de viajeros, unas provisiones
limitadas y unas normas de seguridad.
Poco a poco, la imagen del planeta se fue convirtiendo en el gran mandala
para la nueva era que podíamos iniciar, si queríamos. Mandala
como representación simbólica que permite meditar en la
interconexión de lo que antes aparecía como caos y complejidad
inabarcable.
Un mandala en continuo cambio y movimiento desde hace 4.500 millones de
años, que hay que contemplar sin punto de vista fijo, desde todas
las perspectivas. Tenemos que estudiarlo, compenetrarnos con él,
interiorizarlo hasta que esté continua e inconscientemente presente
en nosotros para mirarlo todo desde ese ojo con el que algunas tradiciones
simbolizaron la mirada de la divinidad.
Se dijo que para tener la visión hay que subir a lo alto de la
montaña, y mirar desde allí; para comenzar el viaje hay
que descender al fondo del mar y caminar desde allí. Pero ahora
no basta con subir a la montaña, hay que ver el planeta entero.
No basta con descender al fondo del mar, hay que descender a los orígenes
e iniciar un nuevo camino.
Cada día se hace más evidente que los problemas
de la humanidad ya no pueden ser resueltos desde los planteamientos actuales.
Habría que determinar las condiciones mínimas necesarias
para un mundo viable a largo plazo, saltar luego creativamente a una visión-solución
que cumpla esas condiciones, y finalmente descubrir los pasos que permitan
transitar desde la situación actual al nuevo proyecto.
Ahora, tras miles de años de doloroso aprendizaje, conocemos ya
las condiciones mínimas necesarias para que la vida en la Tierra
sea esplendorosa y pueda llegar a ser gozosa para toda la humanidad.
- Una retirada estratégica de las zonas
expuestas con regularidad a terremotos, erupciones volcánicas,
huracanes, inundaciones, sequías y otros desastres previsibles.
- Una población en cada zona suficientemente
reducida para que sea posible reciclar todo por procesos naturales o
tecnologías suaves, y permitir migraciones en caso de cambios
climáticos importantes y otras posibles catástrofes.
- Unos asentamientos humanos autosuficientes
situados sólo donde se encuentra lo necesario para la vida: agua,
tierra fértil, sol suficiente, clima favorable y demás,
y así no tener que importar energía adicional para suplirlos.
- Un consumo humano basado únicamente
en lo renovable, recuperable y reciclable, tratando la Tierra, no como
una propiedad heredada de los antepasados, sino como cedida temporalmente
en usufructo por los descendientes.
- Una circulación de los humanos, en lugar
de una circulación de las cosas, de modo que todos puedan recorrer
la Tierra a lo largo de su vida, y rotar también en las diversas
actividades y responsabilidades de cada comunidad del itinerario; una
hábil combinación de nomadismo y sedentarismo, para evitar
caer de nuevo en el empobrecimiento que produce la identificación
territorial, racial, laboral, cultural y religiosa.
- Una procreación humana fruto de un consenso
comunitario que favorezca la diversidad genética, asegure un
status privilegiado a las embarazadas y garantice al máximo la
calidad de vida prenatal, perinatal y postnatal, tan determinante en
nuestra especie.
Para cumplir estas condiciones mínimas es
evidente que se requiere un cambio de modelo, un nuevo proyecto, no más
y mejor de lo mismo. Con el sistema actual constituido por culturas basadas
en la propiedad privada, la familia y la nación, jamás podrán
cumplirse las condiciones mencionadas. Se impone diseñar un nuevo
modelo que promueva el paso de la cantidad a la calidad, de la miseria
al esplendor, de la mera supervivencia a la resurrección de la
vida en plenitud.
Habrá que iniciar un gran éxodo, una salida creativa que
permita la liberación del ser humano que a lo largo de la historia
se ha ido convirtiendo en un animal enfermo.
Habrá que despertar de los sueños retrógados y pasar
de un funcionamiento mental compulsivo a una visión integral que
lleve a una acción creativa consensuada.
Hoy, si queremos, con la ayuda de los poderosos medios de comunicación,
podemos hacer llegar a todos los habitantes de la Tierra lo que se ha
hecho ya evidente para muchos:
- es irrealizable, a escala mundial, el modelo
que propone la utopía del llamado primer mundo. Basta con proyectar
el efecto que tendría sobre el planeta que los más de
2.000 millones de habitantes de China e India alcanzaran el nivel de
vida de los ciudadanos de los Estados Unidos de América.
- Compartimos todos un destino común
y no hay nadie al timón. Los dirigentes políticos y económicos
operan a corto plazo, dos, cuatro o seis años, y los grandes
problemas actuales exigen programas a veinte, cuarenta o sesenta años.
- Es posible un nuevo programa humano y disponemos
de los medios para prepararlo, visualizarlo, compartirlo y realizarlo.
- Cuanto más retrasemos el inicio de la
gran transformación más nos costará restaurar la
biosfera y mayor será el sufrimiento.
Hace ya siglos, los estadios de la evolución de la conciencia y
de la historia de la humanidad fueron descritos en lengua hebrea con una
fórmula concisa que puede ayudar a que nos situemos individual
y colectivamente en el proceso:
-Todo lo mío, mío -Todo lo tuyo, mío
-Todo lo mío, mío -Todo lo tuyo,tuyo
-Todo lo mío, tuyo -Todo lo tuyo, mío
-Todo lo mío, tuyo -Todo lo tuyo, tuyo
Para pasar al estadio 4 tendremos que compartir un nuevo sueño,
un sueño que cumpla las condiciones mínimas necesarias para
que la vida en la Tierra sea esplendorosa. Necesitamos un sueño
que nos movilice.
He aquí el mío.
Han pasado muchos años ya. Desde el aire, la Tierra aparece
más verde y en muchos lugares la naturaleza ha recobrado su aspecto
salvaje y la vegetación y la fauna son más variadas.
Las zonas habitadas recuerdan lejanamente los parques naturales y las
reservas de animales, porque la agricultura está integrada y han
desaparecido los monocultivos y laganadería intensiva.
De las grandes ciudades quedan sólo vestigios que nos hablan de
una civilización pasada, como lo hacen las Pirámides de
Egipto o la Gran Muralla de China, que nos recuerdan el poder jerárquico
de estructura piramidal y la parcelación de la Tierra en imperios
autistas.
Los humanos han realizado una gran retirada estratégica. De los
miles y miles de millones que habían llegado a ser, ahora no superan
los cientos de millones. Parece que han decidido vivir sin casi dejar
huella.
Los núcleos de población se ocupan de la conservación
del territorio del entorno y son prácticamente autosuficientes.
Pero los humanos que los habitan se van renovando con un ritmo complejo.
Han adoptado un idioma común y parece que practican una táctica
rotatoria, no sólo dentro de cada comunidad, cambiando de actividad
y responsabilidad, sino que cada ser humano a lo largo de su vida recorre
la Tierra de núcleo en núcleo, como si se hubieran inspirado
en el movimiento de los planetas en el cielo.
Todo parece dispuesto para promover la vitalidad de los humanos. Nada
de echar raíces como antiguamente, esto queda sólo para
los que lo necesitan, los vegetales. Han descubierto una hábil
combinación de nomadismo y sedentarismo, con lo mejor de ambos
sistemas. Se han vuelto cíclicamente migratorios.
Al cabo de los años, la experiencia y los conocimientos adquiridos
en directo por cada persona son de una riqueza extraordinaria. La vida
humana está abierta a todas sus potencialidades.
Procuran que cada día tenga su plenitud para que lo imaginario
y lo simbólico no absorban demasiado su vitalidad. Que no sea una
simple compensación de las frustraciones que genera el diferir
en exceso la satisfacción de las necesidades básicas. Saben
que el lenguaje y el pensamiento deben estar al servicio de la vida, y
no al revés. Como mapas para el viaje.
Su estilo de vida no es ni urbano ni rural. Recuerda, con diferencias
fundamentales, el de los monasterios benedictinos de Europa en su época
más genuina, cuando eran centros de transmisión de cultura
y al mismo tiempo desarrollaban la agricultura, la ganadería y
otras técnicas que les permitían ser autosuficientes. Pero
existen muchas diferencias, entre otras que al integrar ahora la vida
sexual, el voto de castidad ha sido reemplazado por el compromiso de no
fecundación individualista;y que para mantener la circulación
alrededor de la Tierra, según el nuevo sistema, el voto de estabilidad,
que combatía antes a los giróvagos, ha sido sustituido por
un compromiso de peregrinación.
El estilo de vida recuerda la fórmula monástica, sobre todo
por su combinación de comunidad y soledad, comunicación
y silencio, favorecidos por acertadas soluciones arquitectónicas.
La recuerda también por su equilibrado ritmo diario que permite
dedicarse a las actividades de subsistencia, a la conservación
del territorio, al estudio, a la investigación, a la contemplación,
al arte y a la celebración con el canto, la música y la
danza y otras prácticas de antiguas sabidurías, incluyendo
las que desarrollan el potencial polimorfo de la sexualidad humana. Todo
es de una gran belleza.
Pero, como en los antiguos monasterios, el objetivo principal es ayudar
a pasar gradualmente del estadio 2 al 3 y preparar para el 4, que antes
colectivamente sólo se podía simular con el gran juego litúrgico,
y ahora es el nivel en el que está organizado el mundo.
Todo lo que tiene relación con la transmisión de la vida
es objeto de la máxima atención. Cuidan su riqueza genética
y su crecimiento personal; porque el nuevo mundo que han instaurado exige
que cada individuo sea autónomo y esté en la plenitud de
sus facultades. Ha desaparecido el patriarcado, y ahora hay mujeres, en
lugar de sólo madres e hijas. No siguen el antiguo sistema familiar.
La fecundación es excepcional y las mujeres que van a engendrar
son los únicos seres privilegiados, porque saben que el tiempo
del embarazo, el parto y los primeros meses de vida son muy determinantes
en la vida humana.
Los niños, desde pequeños, conviven interracialmente y todo
está dispuesto y adaptado para que puedan casi valerse por sí
mismos desde muy pronto. En la educación se sigue el mismo método
que en lo demás, una acción que es casi una no acción.
Justo la ayuda necesaria para que cada uno lo vaya descubriendo todo por
sí mismo.
Si antes era normal llegar al uso de razón, aunque nunca se pudo
explicar lo que era a quien no lo tuviera, ahora también es normal
llegar al "uso de iluminación", aunque ocurre lo mismo.
Todos saben cómo parar el diálogo interno, despertar de
las ensoñaciones retrógradas y liberarse de la actividad
mental compulsiva, mediante la intuición de la impermanencia y
la interconexión de todo.
La muerte ha dejado de ser tabú, se ha vuelto voluntaria y cada
uno anuncia su fiesta de despedida en plenitud de facultades, para ceder
su sitio a los que siguen, antes de entrar en la decadencia, y permitir
así que la vida continúe en todo su esplendor.
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