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En
general, los ciudadanos no nos consideramos consumidores. El término
consumidor está muy manipulado y tiene muchas connotaciones.
Visto como colectivo, se habla mucho de los consumidores. Empresas, comerciantes,
operadores... los distintos sectores económicos utilizan el término
como argumento de venta de sus productos, con mensajes demostrativos de
la preocupación por el colectivo, al cual dedican una especial
atención. Lo cierto es, sin embargo, que en muchas ocasiones lo
único que se pretende es vender a toda costa, introducir un producto
aunque éste no reúna las condiciones adecuadas y, con esta
idea, se aplican técnicas de venta a menudo muy agresivas, poco
transparente, con publicidad engañosa. En definitiva se manipula
el concepto "consumidor" en beneficio propio.
Desde un punto de vista individual, no somos conscientes de ser consumidores.
El término esta rodeado de ciertos aspectos despectivos. Consideramos
que el consumidor es el que, sin necesitarlo, compra por comprar, gasta
para compensar su insatisfacción, su disgusto, adquiere un producto
de forma compulsiva, etc.
No pensamos que el consumidor es alguien titular de derechos y obligaciones.
No pensamos que formamos parte de un colectivo revestido de una especial
protección por parte de los poderes públicos y que existe
una legislación específica que vela por sus intereses.
Únicamente, y no siempre, nos sentimos consumidores cuando tenemos
algún problema, es decir, cuando el producto o servicio que hemos
adquirido no ha resultado conforme a las expectativas esperadas, o bien
nos sentimos engañados por métodos de venta poco correctos
o agresivos.
Entonces sí nos quejamos; pero no actuamos. Hablamos con las personas
de nuestro entorno. Hablamos mucho, tenemos grandes discusiones, porque
consideramos que se nos ha tratado de forma injusta.... sin embargo, no
llevamos a cabo actúaciones eficaces. Para no actuar, nos justificamos
diciendo que, hagamos lo que hagamos, no servirá de nada, que es
una pérdida de tiempo, etc. Frecuentemente acabamos por cargarle
las culpas a la sociedad en la que vivimos, a las empresas que nos manipulan,
a los políticos por no tener más en cuenta a este colectivo...
A veces, cuando protestamos de forma más activa, no reconocemos
que lo hacemos para mantener nuestro bienestar: falsamente decimos que
lo hemos hecho para que no les pase lo mismo a otras personas. En cambio,
en general, nos cuesta menos sentirnos ciudadanos de un país, vecinos
de un municipio, socios de un club, miembros de una organización
ecologista, etc. Sentimos que formamos parte de un colectivo y, en este
sentido, sí que actuamos o defendemos nuestros intereses.
Nos movilizamos, por ejemplo, frente a un plan hidrológico que
nos afecta, por el peligro de contaminación de una central nuclear,
ante la subida de impuestos en el suministro del agua. Reciclamos cada
vez más nuestros residuos. Utilizamos gasolina verde, pedimos la
mejora de la escuela pública, etc. Pero, ¿qué hacemos
en nuestra calidad de consumidores? Falta, habitualmente, cultura en el
consumo, educación en este campo, que comporte una serie de actuaciones
por parte de distintos agentes sociales.
Los consumidores bien informados hemos de tener presente que, continuamente,
realizamos actos de consumo... al contratar el servicio telefónico,
al abrir una cuenta corriente, al alquilar un piso, al llevar una chaqueta
a la tintorería.... hemos de realizar acciones concretas y directas,
pensando tanto en nosotros mismos como en el colectivo del que formamos
parte. Debemos actuar utilizando los medios que las administraciones ponen
a nuestro alcance. No hay que esperar a tener un problema para actuar
como consumidores, debemos informarnos antes de contratar. Y, cuando surge
el problema, debemos utilizar los sistemas de resolución de conflictos
que existen, para conseguir mejores productos y mejores servicios.
Las empresas serias, responsables, conscientes de la importancia que tiene
el colectivo al que van dirigidos sus productos o servicios, deben comprender
que no es rentable ofrecer a sus clientes productos de escasa calidad,
aplicar precios elevados, utilizar técnicas publicitarias engañosas,
introducir en los contratos cláusulas abusivas, puesto que, finalmente,
además de perder un cliente, su actuación repercutirá
en el sistema económico del que forman parte. Las empresas deben
dar información suficiente a sus clientes, ofrecer garantías
de calidad junto con los productos o servicios, garantías de su
profesionalismo y, así, diferenciarse de aquellos que no actúen
siguiendo estas premisas.
Las asociaciones de consumidores deben transformarse en organizaciones
sólidas, representativas tanto de los intereses de sus asociados
como del colectivo de consumidores, subsistiendo por sus propios medios
y llevando a cabo actuaciones concretas en defensa de los intereses de
los consumidores, a través de las cuales los consumidores nos sintamos
identificados. Es necesario que estas entidades lleven un control de productos
y servicios, haciéndose eco frente a los medios de comunicación
de cualquier problema que pueda surgir o fallo que puedan detectar.
Las administraciones públicas deben seguir dedicando más
recursos a este colectivo, velar para que los productos y servicios que
se ponen a disposición del mercado reúnan las condiciones
necesarias de información, seguridad y salud.
Educar en el consumo, informar y facilitar la utilización gratuita
de sistemas alternativos de resolución de conflictos (mediación
y arbitraje de consumo) deben ser objetivo de las administraciones públicas
que están, todas, directa o indirectamente implicadas.
Es importante tener en cuenta que el grupo más numeroso del actual
sistema económico es el de los consumidores y los diferentes agentes
sociales deben saber que cualquier decisión económica que
adopten, sea pública 0 privada, repercute en este colectivo y,
por lo tanto, deben actuar en consecuencia. No se puede olvidar que todos
somos consumidores.
Se trata de implicar a toda la sociedad y de que los distintos agentes
sociales difundan que una sociedad de consumo bien organizada mejora la
calidad de vida de sus ciudadanos.
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