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La atención
 



Cuando nuestros ojos están viendo una cosa, y sin embargo, nuestra atención está puesta en una imagen de nuestra mente, se produce una división. No estamos unificados.
La realidad del instante que ven nuestros ojos, no es la misma, que en la que está nuestra atención.
La realidad que oyen nuestros oídos, que ven nuestros ojos, el suelo que tocan nuestros pies y el ambiente que percibe nuestra piel, no es lo que estamos percibiendo con nuestra atención, si ésta, está puesta en algún pensamiento, imagen de nuestra mente.
No sólo no seremos uno con nuestro cuerpo, con nuestros sentidos, sino que tampoco seremos conscientes, de nuestra atención y por tanto de nosotros mismos.

Cuando nos damos cuenta de la atención, automáticamente nos damos cuenta de nosotros mismos. Es decir que cuando somos conscientes de lo que observamos, o de en qué estamos, también somos conscientes de nosotros. Es como si nos hubiéramos olvidado de nosotros y en ese momento volvemos a ser.
Otra manera de decirlo sería, que cuando ponemos conciencia en algo, siempre sentimos que estamos ahí, nos hacemos presentes.
La conciencia sobre algo y el uno mismo son inseparables.
Siempre que hay conciencia, nosotros estamos ahí.
Por el contrario, si estamos en un pensamiento o imagen mental y nosotros no nos damos cuenta de que es eso: Un pensamiento, una imagen o historia mental, tampoco nos daremos cuenta de nosotros.
La atención, conciencia y uno mismo van unidos.
Si además se une la realidad del momento, es decir, que están en los mismo, no hay división y por tanto nos hacemos completos. Y la realidad que estamos viviendo se nos hará plena y suficiente.

El olvido de nosotros mismos nos hace sentirnos incompletos, insatisfechos, carentes.
Como dice Thich Nhat Hanh:
"La tierra pura (o el cielo) está aquí.
Pero la condición para su encuentro es la presencia
O como dice el Buda:
"El sufrimiento proviene del deseo"
Pues se está refiriendo principalmente a la imposibilidad de esa unificación, en el instante, en el hecho presente, cuando estamos deseando otra cosa (algo que no ocurre en ese instante), ya que si estuviera ocurriendo no estaríamos ocupados con el deseo.
No podemos estar plenamente si la mente está ocupada en otra cosa. Si no estamos contentos con lo que somos, sí estaremos ocupados en ése sentirse mal o en la idea (deseo), de que siendo de otra manera sí que estaríamos bien.

El Buda señaló el deseo como principal obstáculo, pues es la razón principal por la que nuestra mente, no puede estar simplemente en lo que sucede. Y la conciencia no puede ser una, con ella misma y con lo que esté aconteciendo en ese instante.
La imposibilidad de estar presente, cuando estamos ocupados en pensamientos del pasado o del futuro, por ejemplo sobre nosotros, deseando ser otra cosa de lo que somos; o cuando el deseo de estar en otro sitio o con otras personas, nos ocupa parte de nuestra conciencia y no la podemos poner totalmente en el instante presente, en éste momento. Nos resta la oportunidad de sentirnos al completo y caer en la cuenta de cómo somos en ese estado.
Casi por definición no se puede vivir la vida (tal como es en este instante), si estamos en las vidas de nuestra mente.
Ni nos sentiremos completos, si una parte de nosotros está aquí y la otra en otro lugar, (pasado o futuro).

El estar presentes comporta también, ir arreglando las cosas pendientes ya sean del mundo consciente y/o inconsciente. Pues, al igual que no podemos disfrutar plenamente si se nos ha quedado algo necesario por hacer, los impulsos, deseos o malestares inconscientes, los notamos en forma de cierta insatisfacción. Un ejemplo, de esa insatisfacción es: cuando nos hemos olvidado de hacer algo que no recordamos, pero que notamos su presencia.
Por eso la atención plena nos irá exigiendo el ocuparnos de las cosas de nuestra vida, de forma que no estorben el momento presente.

Cuantas menos cosas dejemos postergadas y sí acabadas, más libres nos sentiremos. Desde las cotidianas, hasta los asuntos internos, que no admitimos y que nos mantienen ocupados, en mantenerlos tapados, (aunque no seamos conscientes).
Si pudiéramos convencernos de que todo lo que nos horroriza de nosotros mismos, es más o menos común a toda la especie, nos sería más fácil destaparlo y poder convivir con ello.
También se refiere a lo mismo el maestro Zen, Sosan, cuando dice:
"Si no hay rechazo o apego, todo está claro y es evidente".
"Si se quiere captar el aquí ahora, no ha de haber preferencia ni aversión".
No se puede estar unificado en el presente si hay apego o rechazo.
Por ejemplo, si tenemos que andar por un camino lleno de piedras. Lo podemos hacer teniendo la atención puesta en poner los pies de manera que nos sea más fácil pasar, y ahí estaríamos unificados, o lo podemos pasar con media parte de nosotros renegando de tener que pasar ese camino, lo que nos comportaría más sufrimiento y menos capacidad de ocuparnos del cómo pasarlo.

El apegarse, sería el estar pegados a nuestro ego, en el sentido de estar en pensamientos sobre nosotros. Por ejemplo, en la injusticia de que nos haya tocado ese camino, o el deseo de otro camino mejor y en el sufrimiento de no tenerlo.
Los seres humanos, seguramente, somos los únicos animales que pasamos el camino con la mente en otro sitio, que no sea el mismo pasar.
No se trata de que nos tenga que agradar, o no agradar, sino el de estar unificados en lo que estamos haciendo o viviendo.
Pues, está en ese pasar cuando todo es uno, todo está completo. Como explica refiriéndose al misterio de la vida el mismo Sosan:
"Es redondo y uno como el gran espacio, nada le falta y nada le sobra"
Se está refiriendo a ése "aquí y ahora", a ése mismo instante completo (redondo), cuando estamos totalmente en él.

Podríamos decir que la libertad es el poder estar en el aquí y ahora y la falta de libertad es estar atrapados en la mente, con sus historias de apego y rechazo, que no permiten ni tan sólo ver el día tal cual es, ni mucho menos a los otros ni a nosotros mismos.
El anhelo de ser o de libertad es lo mismo y es un impulso intrínsico al ser humano.
Los seres humanos tenemos la posibilidad de ser conscientes de nosotros mismos, pero nuestra mente que es la que nos capacita, para ese darnos cuenta, es a la vez el impedimento principal para la experiencia de hacernos completos en ése aquí y ahora.
Aprender a usarla y dejarla a un lado, cuando queramos, nos hace libres.
Para eso es importante aprender, como dejar de estar en el pasado y convencernos de que la felicidad no está en ninguna ilusión del futuro. Y que es esencial descubrir, que cuando simplemente somos, ése que está, es el que verdaderamente vale la pena.

A este momento
Recojo mi atención de entre mis ideas.
Las dejo y no sé que pasa con ellas,
creo que de nada se vuelven.
Te vuelvo a mirar por primera vez
y te veo tal cual eres.
Me sorprendo en todas las ocasiones
pues nunca eres como pensaba.
Sólo contigo soy,
y me vuelvo de no sé que nada.
A todo le doy las gracias
que sólo en ti encuentro.

Xavier Jiménez Jiménez 
 
 
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