Teníamos
ganas de charlar un rato con Juan José Albert. Conocíamos
su trayectoria profesional: reconocido psiquiatra y neurólogo,
psicoterapeuta clínico integrativo, coordinador y fundador del
I.P.E.T.G. entre otras muchas cosas, pero, sobretodo, persona con gran
vocación clínica y docente, profundizador e investigador
de las corrientes humanísticas de las vías de sanación
psicoemocional… Fue un placer para nosotros realizar esta entrevista,
encontrar ese espacio lleno de disponibilidad, de una profundidad transmitida
con esa claridad que tienen aquellos que realizan un trabajo sincero.
Nieves: Juanjo ¿podrías
explicar de una manera sencilla qué es el carácter y cómo
se forma?
Juanjo: Bueno, si quieres como
definición sencilla de lo que es el carácter, te diría
que es una estructura, una parte de la personalidad que se forma de
manera reactiva a la angustia por la perdida de contacto con uno mismo
desde niño, la perdida de contacto con el amor, con el amor de
uno a si mismo. Esto genera un intenso dolor, y reactivo a ese estado
se forma el carácter, y lo hace en los primeros años de
vida, hasta los siete u ocho años, aproximadamente, y que, de
una parte, nos defiende de las posibles agresiones del medio externo,
agresiones en el sentido psicoemocional. Esto es así, pero también
nos impone una perdida de contacto con nosotros mismos y con los demás.
Por tanto es una especie de estructura más o menos rígida,
y dependiendo de su rigidez va a ser más o menos patológica.
Lo cierto es que condiciona nuestro contacto con la vida. Resulta curioso
porque es imprescindible para poder vivir y para relacionarnos con los
demás, pero hay que intentar que esa estructura sea lo más
móvil posible e, idealmente, habría que someterla para
que seamos nosotros los que cabalguemos el carácter, y no que
el carácter nos cabalgue a nosotros. La estructura caracterial
impone una serie de pautas que son repetitivas. Es la compulsión
a la repetición de las mismas cosas…
Nieves: Pero, cuando hablamos de personalidad,
de ego, de carácter… ¿hablamos de lo mismo o habría
que matizar?
Juanjo: Hay que matizar. El carácter
es una parte de la personalidad. La personalidad es todo lo que cada
uno de nosotros somos, tanto en el aspecto físico, la inteligencia,
el temperamento… todo, y una parte de esa personalidad es el carácter.
Yo lo defino como una función de la personalidad, con “la
misión” de la que ya hemos hablado. En la terminología que manejamos nosotros, todas las personas
que nos dedicamos al desarrollo personal, ego viene a ser lo mismo que
carácter.
Ernesto: Y ¿dónde se encontraría
la frontera entre el carácter como soporte de nuestra expresión,
y el carácter como defensa, como resistencia a la vida plena?
Es decir ¿cuándo se convierte en un obstáculo que
nos impide desarrollarnos?
Juanjo: Bueno, es lo que estábamos
hablando, cuanto más rígida es la estructura del carácter,
cuando la persona está más sujeta a la compulsión
de repetición de los mismos actos, tanto más patológico
es el carácter. Mira, desde un punto de vista estricto de salud
ideal, la estructura caracterial ya es en si misma algo patológica
puesto que nos separa de nosotros mismos, nos separa del contacto intimo
con los demás. Pero creo que mejor no ser muy estrictos. Digamos
entonces que si el carácter me impone condiciones de una manera
inconsciente, y me hace comportarme siempre de una misma manera, aunque
yo sepa que me estoy dañando a mi mismo, ahí es cuando
el carácter comienza a ser patológico. Si somos capaces
de ir desectructurando el carácter hasta romper esta compulsión
a la repetición, y ponemos las virtudes del carácter a
nuestro servicio, entonces se puede convertir en una herramienta muy
útil… algo así como “el abrigo en invierno”,
me lo pongo y me lo quito. Pero eso es ya cuando hemos conseguido domarlo.
Carmen: La infancia, todo el proceso de
crecimiento acaba dejando una huella, y al parecer esto desemboca en
la formación de un determinado patrón de conducta. Pero
¿esa huella es imborrable? ¿Tenemos que acostumbrarnos
a vivir siempre con un patrón más o menos sano, más
o menos enfermo?
Juanjo: Mira, el carácter
es para toda la vida, pero es una herramienta útil, nos sirve
para relacionarnos, para movernos, para conseguir nuestras cosas. En
la medida en que vayamos desprogramando el carácter, conociendo
el cómo, el dónde, el porqué, el cuándo
de nuestra formación de carácter, en la misma medida lo
vamos poniendo a nuestro servicio, podemos utilizar las partes útiles,
las cualidades positivas de éste. Vale, el carácter es
para toda la vida, pero tampoco cabe una visión predeterminista
del sufrimiento. Si nos ocupamos de sanarlo, no. Cuando el carácter
es sano y está lo suficientemente desestructurado… qué
más da un carácter que otro…
Carmen: Pero esa desprogramación
de la que hablas ¿depende sólo de factores internos o
los condicionamientos externos de la vida pueden hacer que ese proceso
sea más rápido, más ligero…?
Juanjo: El carácter se
estructura a partir del momento del nacimiento, y cuando nacemos traemos
una dotación genética, en parte hereditaria y, también,
adquirida intraútero, además nacemos con un determinado
temperamento, y todo esto va a confrontarse con las exigencias del medio
donde estamos viviendo. De esta confrontación sale el carácter
en forma de pautas que el niño desarrolla para mitigar, por un
lado, la angustia y, también, para adaptarse a las demandas del
medio… Así, que la desprogramación podría
parecer sencilla, pero si el carácter se forma desde un punto
de vista conductista con estímulo-respuesta, acierto-error…
la cosa se complica, porque puede haber intervenido la imaginación,
la fantasía, intervienen las emociones… por tanto es necesario
pasar por revivir todas estas situaciones… dónde intervino
nuestra fantasía, nuestra imaginación, qué pasó
con nuestras emociones. Todo esto es necesario para desprogramar nuestro
carácter. Así que ya ves, los factores son internos y
externos. Una persona por si sola ¿podría desprogramarse?
Podría, pero es muy difícil. Casi siempre necesitamos
un referente externo, eso facilita las cosas.
Carmen: Y hablando de ese referente ¿qué
lugar ocupa el terapeuta y el maestro en todo este proceso de autoconocimiento?
Juanjo: Un lugar imprescindible.
El psicoterapeuta es la persona que te ayuda a desbrozar el camino,
a quitar la hojarasca hasta donde esto es posible, y, teóricamente,
es posible hasta que la persona puede asumir lo que los psicoanalistas
llaman la castración, la no omnipotencia. Desde el punto de vista
psicológico, a partir de ahí, poco más o menos,
el psicoterapeuta ya no tiene mucho que hacer. En este momento intervendría
el maestro. Y ¿a qué te ayuda éste? Pues a descubrir
la espiritualidad, desarrollarla a través de las virtudes, de
las ideas santas… Pero aquí llega otra castración
que es mucho más definitiva, y es que, bueno, la trascendencia
existe, pero que te toque a ti o que no te toque a ti es otra cosa…
Claro, asumir esto ya es bastante. Entonces es como volver a hacer todo
el ciclo, volver a encontrarse con el vacío, con la soledad,
con la angustia… Y, por supuesto, hay que estar alerta, también,
ante los diversos maestros y los diversos niveles de maestría.
Sandra: Respecto a cómo desprogramar
el carácter, y la herramienta que supone el eneagrama para ello,
pareciera como que ese estudio de los diferentes tipos se aborda, a
menudo, con una visión negativa, y creo que algunas personas
viven eso de una forma traumática… ¿Tú crees
que sería interesante introducir una visión más
positiva del eneagrama?
Juanjo: Bueno, por lo que yo
conozco, el eneagrama introduce una visión positiva de cada grupo.
Yo creo que cuando en el eneagrama se habla de pecado se alude al sentido
etimológico de la palabra que es errar el blanco, fallar el camino,
equivocarse. En el eneagrama, efectivamente, están los pecados,
las pasiones y las fijaciones, pero también están las
virtudes, las ideas santas, los catalizadores y, además, está
el eneagrama de los instintos. Todo esto ayuda muchísimo…
Pero no hay que engañarse, hay una parte del eneagrama a la que
hay que darle batalla, y esa parte son las pasiones y las fijaciones
y, además, tenemos que colocar a los instintos en su sitio para
que cada instinto trabaje con su propia energía. Cuando todo
esto está lo suficientemente claro para la persona, entonces
podemos apoyarnos en el eneagrama de las virtudes y de las ideas santas,
y esto se convierte en una ayuda muy importante, porque si la parte
que trabaja lo neurótico del carácter es dura, es dolorosa…
la parte que trabaja lo espiritual del carácter es muy gratificante
e ilusionante, energetiza y nos abre a un nuevo mundo. Esto ayuda muchísimo.
Sandra: Sí, pero una vez que has
visto esa parte negativa, pecadora, y se da el paso a la más
positiva ¿no crees que hay personas, tipos que hacen ese proceso
demasiado rápido, que pueden quedarse enredados en la búsqueda
de lo positivo, es decir, quedarse neurotizados en la parte luminosa
de cada tipo sin darse cuenta que, realmente, hay que hacer un camino
hacia la virtud?
Juanjo: Sí, tú
te refieres a las personas que comienzan por la parte virtuosa. Bueno,
yo a eso le doy un nombre: “el triple salto mortal del ego sin
red”. Sí, hay muchas personas que se quedan enredadas ahí.
No es posible desarrollar la parte virtuosa si antes no hemos dado batalla
a la parte neurótica. Es como pretender ver sin quitarnos la
venda de los ojos. Al ir trabajando la parte neurótica va apareciendo
una sensación de vacío, de soledad, donde no hay soporte
ninguno. Ahí hay mucho dolor, es la noche oscura del alma, el
desierto… y la salida de ese desierto es, “yo sé
que la virtud existe, voy a por ello”. Por que en el transcurso
del trabajo con la parte neurótica, en algún momento,
hemos rozado las ideas santas, y, por tanto, “yo sé que
eso existe”. Así que es cuestión de poner la intención
y la voluntad en función de conseguir eso. Pero trabajar sólo
con la parte virtuosa es como desplegar las velas de un velero sin desamarrarlo
del puerto. Eso es puro alimento para el ego, refuerza la estructura
neurótica, y, de hecho, en algunos rasgos, ese es el síntoma,
precisamente, esa es la enfermedad.
Ernesto: En el eneagrama hablamos de un
motor emocional que es la pasión, de una dificultad cognitiva
que es la fijación, en la terminología que utiliza Claudio
Naranjo. ¿Cómo debemos contemplar lo instintivo? ¿Qué
nos dicen “las tripas” ante el dolor, la carencia, la falta
de reconocimiento?
Juanjo: Bueno, los instintos
es la parte menos conocida del eneagrama, creo que tampoco se ha publicado
nada, sólo se ha trabajado experimentalmente. Ya sabes que hay
tres instintos, el instinto de conservación, el instinto social
y el instinto sexual que se corresponden con los tres centros de Gurdjieff,
y cada uno trabaja con su propia energía. Los instintos son lo
que pone energía al apasionamiento. Es decir, mi pasión
está energetizada por un determinado instinto. Por ejemplo, si
el instinto que predomina en mí es el instinto sexual, eso va
a querer decir que mi sexualidad va a estar conflictuada, y que la energía
sexual domina sobre los demás instintos. Esa energía,
por tanto, es la que va a acentuar, a alimentar la pasión, y
esa pasión, la que sea, va estar envuelta en la energía
sexual y, no sólo el individuo va estar abocado a la pasión,
sino que dentro de la pasión todavía va estar más
estrecho… En el instinto sexual domina la fusión de la
pareja, es en la pareja donde el individuo pone el interés, en
el instinto social es en lo social y en el trabajo donde la persona
se polariza, y en el instinto de conservación es en la seguridad
y la familia donde se vuelca toda la energía. Así que
esto hace que el eneagrama no se componga de nueve sino de veintisiete
tipos, lo cual lo hace mucho más rico ya que en algunos rasgos
el instinto los cambia… hasta la morfología, corporalmente.
Carmen: Pero ¿te instalas en un
sólo instinto o esto puede ir variando?
Juanjo: Estás fundamentalmente
instalado en un instinto y en la medida en que vas sanando vas dejando
paso, vas retirando la energía de los demás instintos,
de manera que cada cual pueda funcionar como le es propio. De todas
maneras siempre habrá una tendencia al instinto que predomina.
Nieves: Cuando hablamos de carácter
en un sentido extenso, estamos hablando de una forma de ser, de una
forma de comportarse, de entender la vida. Pero desde la visión
holística en la que todo se interrelaciona, donde cuerpo y mente
son una sola unidad ¿Cómo se manifiesta en el cuerpo ese
carácter, qué huella deja, qué podemos leer en
su estructura?
Juanjo: Mira, anoche llegué
de dar un taller sobre esto. Venimos con una energía. La parte
mas burda de esta energía se puede medir, con un encefalograma
o un electrocardiograma, es un diferencial de potenciales, con un microgalvanómetro
se mide esta energía. Bueno, nosotros transformamos la energía,
hay una energía biológica, otra psicológica y también
hay una energía espiritual. El ser humano no sólo es transformador
de energía, es transmutador de energía, es decir, puede
trasmutar energía biológica en energía psicológica,
en energía espiritual, en creatividad. Eso es transmutación,
es cambiar la cualidad de la energía. Son energías cualitativamente
distintas, pero al fin y al cabo energía. Entonces la dinámica
de esa relación energética necesita un sustento, una base
en la que apoyarse. Nada de lo que nos pasa, nos pasa fuera del cuerpo,
todo nos pasa en el cuerpo, y esa dinámica energética
estructura de una determinada manera nuestro físico… ¿Por
qué? Pues porque los órganos de expresión, de contacto,
los sentidos y los músculos son los encargados de expresar y
de ponernos en contacto con los demás. Si no damos salida al
potencial energético, esos músculos van a reaccionar quedándose
más tensos o excesivamente relajados, y esto va hacer que el
cuerpo vaya adquiriendo una estructura muscular determinada y, ciertamente,
también estará condicionado por la herencia… De
todas maneras cada carácter tiene su propia estructura corporal,
su propia morfología. No es muy difícil diagnosticar el
carácter a través del cuerpo, es una cosa bastante sencilla.
En la estructura morfológica, en la disposición energética
del cuerpo, en el desarrollo del músculo, en los bloqueos, en
las tensiones y en la mirada… ahí se expresa el carácter
corporalmente. Entonces es posible leer sobre un cuerpo la historia
de una vida, a grandes rasgos, claro. Pues como un leñador puede
leer en un árbol la historia de la vida de ese árbol.
Y bueno, si no fuese así seríamos ángeles. ¡Necesitamos
el cuerpo para sentir! Tanto es así que el carácter condiciona
la función de los sentidos, el oído, el gusto, el olfato,
el tacto y la vista están condicionados por la estructura caracterial,
y viceversa. También deficiencias sensoriales condicionan o predisponen
a que el carácter sea de una manera u otra, a la adquisición
de un determinado tipo. Entonces el organismo humano es una unidad que
no puede ser sometida a divisiones. No podemos hablar de mente, cuerpo,
espíritu. No se puede, es una división muy artificiosa.
Sandra: En general ¿qué
ocasiones nos da la vida cotidiana para desmontar el carácter?
Juanjo: ¡Ah! muchas. Bueno,
ocasiones la vida nos presenta muchas. El asunto es que las veamos,
que estemos alerta, atentos. Si te hablo desde lo que observo en mi
profesión, cuando una persona genera síntomas, la vida
le está diciendo que algo va mal, le está diciendo, “ocúpate”.
El síntoma es un gran aliado, el dolor es un gran aliado. Pero,
en general, desde un libro que se pueda leer, a una entrevista que puedas
tener y, por supuesto, situaciones más graves, la muerte de un
familiar, una enfermedad grave que nos coloca “al borde”
o, simplemente, ver un paisaje que, de repente, por alguna razón,
te impacta. El asunto es que uno no esté con demasiado “handicap”,
que uno tenga la capacidad perceptiva suficiente. Sabes, en los preliminares
del budismo lo primero que se hace es dar gracias por estar vivos en
este momento, y tener los sentidos sanos para poder percibir bien las
cosas. Así que las personas que han sufrido en su infancia grandes
traumas, están más discapacitados, están más,
por decirlo de alguna manera, ciegos, con menos capacidad perceptiva.
Necesitan choques más fuertes. De otra parte están las
personas que no han sufrido o han sufrido pocos traumatismos, precisamente,
estas personas tienen caracteres poco sensibles a la angustia, entonces
son excesivamente hedonistas, y esto tampoco les hace ningún
favor. A este grupo pertenecen muchos de los que quieren tomar el atajo
del que hablábamos antes. Personas que tienen poca resonancia
a la angustia y por tanto se sienten poco necesitados de ayuda, se sienten
suficientemente sanos. Estos son los extremos. Lo mejor está
en un término medio.
Sandra: Y en las relaciones con el mundo,
con la familia, los amigos, la pareja ¿cómo deshacer el
nudo neurótico que nos une a los demás?
Juanjo: Eso sí que es
difícil. Uno sólo puede actuar sobre sí mismo.
En la medida en la que vas introduciendo cambios en tu vida, en la medida
en la que tu vas ganando parcelas de libertad y parcelas de poder anímico,
en esa misma medida cambia la relación contigo mismo. Si la relación
contigo mismo cambia, cambia la relación con los demás.
Lo que puede ocurrir es que, si el otro está acostumbrado a un
determinado tipo de persona o de relación, cuando vamos cambiando,
nos van abandonando, y llega un momento en que uno se encuentra solo.
Eso es parte del proceso. Pero la relación con los demás
es algo que va cambiando con el tiempo, salvo en situaciones muy especiales
o en relaciones muy íntimas, como puede ser la pareja o pueden
ser los hijos. El resto de las relaciones se van dando sólo en
la medida en que tú vas cambiando la relación contigo
mismo. Llega un momento en que se te hace insoportable determinado tipo
de relaciones. Y también es verdad que llega un momento que puedes
mantener relaciones “robotizadas”, valga la expresión,
es decir, que puedes relacionarte con personas que no han hecho ningún
camino, normales y corrientes, sin que eso suponga un gran “handicap”.
Ese es otro paso que se da en el desarrollo. Primero, estás en
una situación que te sientes como si estuvieras a otro nivel,
como si miraras las cosas desde arriba... Sólo buscas a un determinado
tipo de personas, y luego te das cuenta que la cosa no es así,
que te puedes relacionar con todo el mundo, incluso desde un posición
muy “ventajosa” porque puedes ver el manejo neurótico
de la otra persona y no hacerle caso, tener más comprensión,
o sea, relacionarte con la parte sana del otro, con lo cual le estás
ayudando también. No hacer obstáculo a la parte neurótica
y relacionarte con la parte sana de la otra persona… puede ser
una manera importante de ayudar al otro.
Carmen: ¿El trabajo con el carácter
puede ser un anticipo de lo espiritual? ¿Psicología y
misticismo pueden reencontrarse?
Juanjo: Sí, claro. A mí
me parece que la espiritualidad es el término de la salud, y
el desarrollo de la salud, con mayúsculas, lleva a la espiritualidad…
Veo difícil que ésta aparezca si previamente no hemos
sanado el carácter. Sí, yo creo que indagar en nuestro
carácter es el camino, el paso previo hacia todo lo demás…
Ernesto: ¿Es posible el amor sincero,
quiero decir, sin condicionamientos del carácter… o ese
sentimiento está mayoritariamente teñido por “las
intenciones” del tipo que te corresponde?
Juanjo: Bueno, el amor, en principio
siempre es egoico. Incluso el amor de los padres a los hijos, que parecería
de los más generosos, es uno de los más egoístas…
Tengo cuatro hijos, sé lo que es… En principio el amor
es egoico mayoritariamente, pero se puede llegar a un amor generoso,
íntimo, claro, consciente. Eso sería la salud, la capacidad
de entrega incondicional. Existe, puede existir… De hecho, cuanto
más amor entrego, de más amor dispongo. Es algo que se
autoregenera al desarrollarlo, al ejercitarlo…
Ernesto: ¿Se puede pensar que un
tipo en concreto de carácter en la madre o en el padre pueden
crear un determinado patrón de conducta en el hijo?
Juanjo: Sí, por supuesto,
pero lo que pasa es que la formación del carácter es multifactorial,
depende del carácter de la madre, del padre y, sobretodo, del
grado de salud de esta estructura en ambos. Cuanto más saludables
sean los padres, más libertad tendrá el niño para
desarrollarse. Quiero decir que si lo idealmente sano es ayudar al niño
a que desarrolle sus potencialidades, con el menor condicionamiento
posible, cuanto más sano es el carácter de los padres,
más se va a favorecer el desarrollo del niño… Aun
así lo van a determinar… Y además están los
hermanos, los tíos, los abuelos, las condiciones históricas
de la familia, la situación económica, la relación
de la pareja en ese momento… Hay tantos factores que por eso es
fundamental conocer la historia y la biografía de la persona
para determinar cómo se ha estructurado el carácter. Desde
luego lo que no se hace es decir “de tal carácter del padre
y tal carácter de la madre sale tal carácter del hijo”…
Eso sería como las leyes de Mendel, y no se trata de eso.
Ernesto: Acerca de las ideas santas de
las que hemos estado hablando, he comenzado a leer el libro de Almaas,
Facetas de la unidad, que en alguna ocasión tú habías
recomendado… Y me gustaría preguntarte ¿cómo
“catalizaría” una idea santa nuestro carácter
para recuperar esa visión unitaria de la que habla Almaas?
Juanjo: Es una pregunta difícil…
Vamos a ver… Las ideas santas es una de las partes del eneagrama
menos divulgada. Yo sólo conozco ese libro. Digamos que esa visión
unitaria de la que me hablas, habría que buscarla a través
de la meditación y de la conexión con el desarrollo de
la idea. Te voy a poner un ejemplo que quizá resulte más
comprensible. Sabéis que en el budismo se utiliza una iconografía,
se utilizan imágenes, algo muy diferente a los santos de la iglesia
católica… Esas imágenes que utiliza el budismo representan
“algo” donde tú puedes proyectar una parte de ti,
por ejemplo, el Buda de la Compasión. Identificándote
con esta imagen tú puedes llegar a desarrollar tu propia compasión,
“haciendo como él” llegarás a ser compasivo…
Entonces los catalizadores actúan de la misma manera; durante
la meditación practicas la identificación con una idea.
Esta práctica va potenciando el desarrollo de las virtudes y
otras partes también, por eso se llaman catalizadores, es como
la gota que hace que todo lo demás cambie. Por tanto, una de
las maneras de trabajarlo es identificándote con una idea santa…
Está claro que no eres un santo, pero actuar “como si lo
fueras” tiene su efecto.
Ernesto: ¿El trabajo con las ideas
santas sería el complemento del trabajo más psicológico
del conocimiento de las pasiones y las fijaciones?
Juanjo: Es necesario, primero,
que la persona no esté excesivamente preocupada por los problemas
cotidianos psicoemocionales, es decir, que no haya niveles de angustia,
de depresión, que los pensamientos no sean muy obsesivos, que
no haya situaciones fóbicas… Es necesario determinado grado
de desenganche de la neurosis para poder dar paso a la contemplación
de la meditación. De no ser así podemos meternos en un
callejón sin salida. La persona tiene capacidad autosanadora,
pero siempre a partir de un determinado nivel de salud. Es necesario,
ante todo, deshacernos de las partes que más nos han condicionado,
y, entonces, a partir de cierto momento del desarrollo podemos iniciar
otro camino… De hecho, los problemas psicoemocionales no resueltos
condicionan mucho a los meditadores… Se empiezan a dar cuenta
que para meditar hay que “estar bien”.
Nieves: Juanjo ¿tú crees
que el ser humano tiene la intuición de que es “algo”
diferente al personaje con el que se desenvuelve en la vida?
Juanjo: Yo creo que sí.
Hasta que las capacidades sensitivas, tanto internas como externas,
pero sobretodo internas, se embotan, el ser humano tiene la capacidad
de percibir la trascendencia. Pero hay que saber que esa percepción
de la trascendencia origina, también, una intensa angustia, y
que en ocasiones se puede confundir con la angustia neurótica
psicoemocional… Pero su cualidad es muy diferente… Sí,
esa capacidad de percepción se va embotando, y recuperarla es
lo que Gurdjieff llama “el choque externo”, el choque nos
despierta… y esto a poco observadores que seamos lo vemos, por
ejemplo en los niños, en los juegos de los niños…
Lo que ocurre es que poco a poco esa intuición se va transformando
en una fantasía neurótica…
Ernesto: ¿Es el eneagrama algo
más que un mapa del carácter? ¿Podríamos
considerarlo como un mapa de la vida?
Juanjo: El eneagrama es un mapa
del universo. Hay una frase que no recuerdo de quién es, no sé
si es de Claudio Naranjo, de manera que, Claudio, si lees esto, yo no
estoy seguro si lo dijiste tú… dice la frase que una persona
abandonada en el desierto con un eneagrama, y conociendo el mapa, saldría
adelante… Sí, es un mapa del universo. Ya sabéis
que a cada número le corresponde una nota musical, un color,
los planetas… Es un mapa muy complejo, pero si nos quedamos con
el mapa de las pasiones y las fijaciones, de los instintos, de las virtudes
y de las ideas santas ya tenemos para trabajar toda la vida.
Carmen: Y no es un sistema cerrado…
Juanjo: Desde luego… Sabéis
que hay un movimiento periférico, que también hay un movimiento
interno y otro externo. La gente está acostumbrada a ver el eneagrama
como un plano, y el eneagrama no es un plano, es una espiral. Cada uno
de los movimientos de la circunferencia de esa espiral nos marca en
que momento estamos de nuestro desarrollo personal, podemos ubicarnos
en el mapa, podemos trazar una especie de coordenadas, y saber en que
momento nos hallamos en nuestro camino, incluso en que momento estoy
en el desarrollo de determinada virtud o con determinado aspecto. Puedo
tener varios eneagramas de mi momento actual… sin que esto tenga
nada que ver con la carta astral. Es algo distinto. Pero, claro, para
aplicar todo esto hay que tener un gran conocimiento del eneagrama o
gozar de la ayuda de alguna persona que te ayude a ubicarte. Algún
día, si queréis, podemos hablar de esto…