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A
veces uno se convierte en “hombre del sí”. Hablo como
si nada pudiera hacer sin recurrir a la aprobación de los demás.
Si algo sale mal, en el fondo muy fondo, sé que yo soy el responsable.
En esta situación tan sólo me queda la salida de ser meloso
y humilde, ya que simplemente el hecho de que alguien me dirija la palabra
-y no importa el tono- es la redención de todos los males.
A veces uno le encuentra defectos a todo. Tengo la sensación de
que si no fuera por los demás todo, absolutamente todo, estaría
bien. Hablo sin esperar una respuesta, ya que sea ésta la que sea,
no tendrá importancia. En el fondo muy fondo, sólo deseo
acabar con todos y todo. En cualquier caso tan sólo me complacería
su obediencia, y ya veríamos…
A veces uno se vuelve correcto y razonable, casi sin sentimientos. Utilizo
las palabras más inteligentes y largas, aunque no tenga ni idea
de lo que significan. De cualquier forma, en el fondo muy fondo, sé
que después del primer párrafo, nadie me está haciendo
ningún caso. No importa, mi única finalidad en ese momento
es no cometer ningún error, tan sólo ser adecuado.
A veces simplemente, uno es “hombre aturdido”. No sé
dónde voy. Y si llego a algún lugar, estoy convencido que
ha sido por casualidad. Sencillamente me siento solo. En el fondo muy
fondo sé que si me muevo con suficiente rapidez y hacia todos lados,
nadie lo va a notar.
A veces, al pararse, a uno le resuena en la oreja aquello que llaman “VOSS
de la mala conciencia”. Repite: No trates de imponerte, no seas
egoísta; no permitas que los demás te humillen, no seas
cobarde; di lo correcto, no respondas; no seas tan serio, alégrate…
La VOSS finalmente, un día u otro se “trabuca”, y produce
una cacofonía incomprensible, ultrasónica e insoportable.
Tras lo cual uno, milagrosamente, tiene la sensación de ser persona
y, espontáneamente, acaba emitiendo un soberbio y sano ALARIDO.
Un ALARIDO: Un sentirse-notarse-pensarse-escucharse-verse PLENO y UNO
(con mayúsculas, es el auténtico)
Cogí papel y lápiz, y escribí los efectos de mi ALARIDO
en forma de QUASI-ORACION de cabecera:
Arrancar a andar sobre mis propios pies. Sacar coraje para dar pasos vacilantes,
pero al fin pasos. Conocerme madurando, con la evidencia constante de
que sólo me sustentan mis propios pies, mejores o peores, pero
mis propios pies. Es lo que hay y no hay más. Saberme prudente
y afrontar valiente la sensación de vértigo… y la
posible caída. Aceptar en mi corazón el dolor de lo irremediable,
ya que por no mirar no es que no sienta. Y lo irremediable va siendo día
a día, con la misma certeza que se acerca la muerte, y no dejo
por eso de estar vivo cada momento.
Soltar amarras, desagarrarme y sentir. Este es el permiso a mantener,
es el compromiso único que me hago a mí mismo. Saber que
todo tiene un precio y hay que pagar peaje. Y el mío es el dolor,
la soledad y el esfuerzo. Sentir que el amor no lo regalan y para mí
es un bien preciado, como para todo bicho viviente. Sin él soy
muerto en vida. En todo esto soy mezquino y sediento. Humano al fin y
al cabo que aunque lloro y necesito, soy digno y persona. Aceptar que
“yo también la cago”, que eso es triste, cierto e inevitable.
Pacientemente, “gota a gota”, me hago amigo de todo esto,
sin odiarme o complacerme en ello. Finalmente, correr el riesgo de que
se vea lo que soy y voy siendo, más allá de que guste o
no, a mí y o los demás.
Gracias a Virginia Satir
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