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Ayer
vi en Dvd una película de Bahman Ghobadi, “Las tortugas también
vuelan” y quedé impactado por utilizar una palabra amable.
La saco a colación porque este director muestra con crudeza extrema
el sufrimiento. Un chico mutilado, su hermana preadolescente y un niño
pequeño llegan a un centro de refugiados kurdos en la frontera
con Irak. La hermana fue violada por soldados iraquíes y el niño
pequeño con problemas oculares es su hijo al que llama bastardo
y que termina por hundirlo en el lago y suicidándose después.
El chico mutilado junto con los otros niños de la región
se gana la vida desactivando bombas antipersonas que hipócritamente
occidente compra después de habérselas vendido a dictadores
de la región. Un negocio redondo. La película está
ficcionada pero evidentemente es un calco de la realidad.
Estos niños, estas gentes sufren, y la guerra, las culturas reaccionarias
y los intereses geoestratégicos marcan sin duda sus destinos. Hay
muy poco margen para la libertad, y no digamos para la felicidad. Sufrimiento
es sufrimiento sin maquillajes y no el grano en el culo que nos incomoda
al sentarnos en nuestro apoltronado sofá occidental.
Sufrimiento es un sentimiento de limitación tal que no vemos salida,
una constricción del Ser, un ahogo existencial, algo que no nos
deja respirar, vivir, en definitiva ser. Y pareciera, al hilo del ejemplo
que he puesto, que el mal, valga decir, la limitación está
en las circunstancias adversas y ya sabemos que no, al menos desde un
forma absoluta, desde la comprensión que nos proporciona Patanjali,
la raíz del dolor está en una visión ilusoria, deformada,
sesgada de la realidad. Pero ¡ojo! no nos confundamos.
El que nos instalemos en el mundo con una visión estrecha del mismo,
un traje hilvanado con unos pocos pespuntes de racionalidad o de sentido
común no le quita al mundo su crudeza ni su contundencia. El mundo
duele tal como el adoquín en la cabeza, la pérdida de un
ser querido o la soledad no elegida. El dolor es consustancial a la vida.
No es regateando con el mundo ni desvalorando sus circunstancias como
nos iluminamos. Es algo más. Es la dificultad en saber dónde
estamos lo que alienta el error y sus consecuencias dolorosas. Lo difícil
es permanecer ante las circunstancias adversas y no llevarnos a engaño,
no pedir a la realidad lo que ésta no puede dar. Aceptar la realidad
y simultáneamente no rendirse. Fácil de decir ¿verdad?
Para leer bien el mundo, despacito y con buena letra hay que mirarse en
él sin distorsión. El espejo nuevo que hemos comprado sin
tiempo a que se acumulara el polvo muestra nítidamente la imagen,
pero el espejo de nuestra mente condicionada tiene demasiado polvo. De
tal manera que en realidad no vemos el mundo, nos vemos, sin saberlo,
a nosotros mismos proyectados allá afuera. Establecemos diálogos
para sordos, monólogos de 24 horas con la realidad sin posibilidad
de diálogo. ¿Por qué? Porque hay miedo a la existencia,
porque lo otro es tan cuestionador que corroe nuestros cimientos, porque,
en definitiva, indagar en la lógica del mundo es desmontar la propia
ficción.
Podríamos decir que en avidya hay una pereza en
ir más allá de lo inmediato, más arriba de la percepción
subjetiva, más al interior de lo socialmente aceptado. Temerosos
de ser señalados, estigmatizados o tomados por locos nos acostumbramos
a un prêt-a-porter alienándonos de lo que originalmente somos,
de nuestra propia unicidad. Y eso nos hace sufrir.
Asmita es el sombrero de prestigio e importancia que
se coloca el ego. Es el envoltorio de celofán que colocamos a nuestros
queridos pensamientos como si éstos tuvieran alma, cuando en realidad
nuestro pensamiento en la gran mayoría de circunstancias es meramente
estéril, rumores de ecos percibidos en la lejanía. Pretensiones
de control o seducción que arremetiendo contra la roca dura de
la realidad nos hiere.
Todos hemos nacido con medio mapa de un tesoro dibujado en la palma de
la mano y pensamos que el otro medio está en la estela que dejan
los gustos y regustos que encontramos en el camino cuando en realidad
está grabado en el corazón. Raga o la búsqueda
compulsiva del placer (y su correspondiente apego) nunca ha allanado el
camino de la felicidad aunque haya calmado la ansiedad momentáneamente.
Querer llenar los huecos del alma con golosinas del mundo es de insensatos.
Y al contrario, retraerse de la vida porque en su momento no nos dio lo
que quisimos o nos hizo daño en el sitio más sensible provoca
sequedad, tristeza y rencor. Las heridas cicatrizan y en el mejor de los
casos se llevan encima como recuerdo de que caminar por los lindes de
la vida comporta riesgos que hay que asumir. Dvesa, las
aversiones son territorios escondidos a la luz del día que no han
querido madurar y que tarde o temprano supuran un dolor que no se ha sabido
cortar.
La promesa de la seguridad es un constante en nuestra sociedad porque
demasiados viven a costa del miedo. Aprender a reconocer que la vida es
insegura, que nos movemos en la incertidumbre y que la belleza tiene el
don de la fugacidad es enraizarse en lo más profundo. Abhinivesha
es ese miedo a desaparecer instigado por el ciego instinto de la supervivencia.
Por eso que de tanto querer vivir le cortamos las alas a la criatura por
temor a las caídas, y si el pájaro no se lanza al vacío,
de seguro, que no vuela.
Es importante saber dónde estoy con respecto a esa tosca ignorancia
y cuáles son los frutos de sus cuatro hijos en mí. Sin asustarse,
sin reaccionar, sin poner ni quitar nada a la medición de nuestro
dolor. Porque el mensaje de Patanjali es esperanzador, hay una PRÁCTICA
que podemos llevar a cabo para reducir esas aflicciones. Una práctica
que por otro lado debe ser como mínimo inteligente, progresiva
y permanente. Una práctica que debe ir de la mano con un fuerte
sentimiento de desapego porque a medida que la práctica da resultados,
éstos pueden reactivar paradójicamente aquello que pretendía
eliminar. Si te sientas para conseguir calma, cuando la consigues pues
te pones una medalla y te sientes orgulloso de haber conseguido semejante
meta. Somos así, la debilidad es nuestra naturaleza.
En este sentido Patanjali además de darnos un Yoga de los ocho
miembros nos da un Yoga menor que se aplica perfectamente al Yoga de la
vida, de la acción a la que estamos todos sometidos, el Kriya Yoga.
Tapas, Svadhyaya, Ishvara Pranidhana tiene que ver con
la voluntad, la inteligencia y el corazón, respectivamente.
La acción, lo sabemos, es un vínculo con el mundo pero de
doble filo, lo mismo nos libera de lo estrictamente terrenal como nos
ata y nos esclaviza. Si la acción no es realizada con determinación,
con sentido y hecha de todo corazón dejará una estela de
interés, error o egoísmo, que como nos dice el karma se
volverá en contra nuestra para repetir la enseñanza no aprendida.
En eso estamos.
Estamos en que no somos dueños de nuestros actos ni siquiera de
nuestro pensamiento. Hay una mano izquierda que no controlamos y una sombra
que proyectamos. Hay una inconsciencia que no queremos asumir y ese es
nuestro drama, no somos completos. La idea de que hay un camino por transitar
es una celebración porque nos marca una posible, entre otras muchas,
salidas al plus emocional y psíquico con el que teñimos
el sufrimiento. Que en ese camino habrán interrupciones debe ser
realista. En mi caso, por poner el ejemplo que más a mano tengo,
Avirati y Prâmada, distracción y prisa, se convierten en
interrupciones de ese andar firme y sosegado, anhelo de mi práctica.
Tenerlo en cuenta me ayuda enormemente. Cada uno debería tener
claro sus propias interrupciones que, lógicamente, forman parte
de la práctica.
Esos niños kurdos arrojados a la miseria de la guerra también
están dentro nuestro. Dentro mío hay un niño mutilado
y dentro tuyo hay una niña violada por la barbarie humana. Aunque
tengamos manos sanas muchas veces no sabemos manejar nuestra vida, no
atinamos a coger las riendas y a dirigir el carro con la sabiduría
que ya nos ha dado la vida. Alegrémonos porque el sufrimiento nuestro
y por ende el de los que nos rodean tiene que ver con la transformación
de nuestro sentir, de nuestro pensar, de nuestro coraje en ser lo que
somos. Y esto es posible. Sin duda.
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