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Solsticio estival. Noche de San Juan

 Un buen alcalde emprendió toda una serie de obras y medidas dirigidas a devolverle a la ciudadanía su derecho a disfrutar de su ciudad; eran acciones queridas por casi todos, largamente reivindicadas y desesperadamente pospuestas. La ciudad sin embargo tuvo que ponerse patas arriba para poder alcanzar la regeneración deseada. Apareció en una pared una pintada lúcidamente irónica que refleja muy bien la opinión del individuo medio: "No queremos obras, sólo promesas". Los griegos decían que los dioses castigan a los humanos concediéndoles sus deseos.

La mala prensa que tiene la fantasía –especialmente en esta etapa histórica eufemísticamente llamada neoliberal, que cada vez más pocos ¿disfrutan? y muchísimos más sufren– se debe a que bien bien pocos han estrenado su imaginacion; muy pocos la han disciplinado; y todavía menos la han socializado.

Todo ser humano es capaz de soñar, es capaz de rebelarse ante las condiciones y límites con los que se encuentra en el momento y lugar en el que nace y se desarrolla. Todo ser humano es capaz de concebir una imagen perfecta, completa, divina; y no sólo para sí, sino para todos los demás humanos que también la deseen. Todo ser humano es capaz de ser lo que todavía no es; de vivir lo que todavía no ha vivido; de contemplar lo que sus ojos le burlan. Todo ser humano es capaz de lo imposible.

¿Será cierta esta retahíla de afirmaciones sobre el ser humano? Si es falsa podemos seguir invirtiendo en bolsa sin preguntarnos de dónde o cómo derivarnos nuestros béneficios. Pero si fuera cierta. . . ¿Es viable un mundo en el que para que unos estén bien necesariamente muchos deben estar mal? Si fuera cierto que todo ser humano es capaz de crecer y ampliar su realidad dominando el arte de la construcción imaginaria, ¿de qué le sirve esto a sus semejantes?

Einstein soño que viajaba a lomos de un haz de luz, y que éste se curvaba, Luther King soñó un planeta sin discriminación racial, igual que Mandela; Borges nos propuso el Aleph; John Lennon compuso Imagine... En la misma ciudad otra pintada rezaba: "Dejemos el pesimismo para tiempos mejores".

Ninguna expansión es verdadera si es por cuenta ajena. Ningún crecimiento es real sin paciencia. Ninguna ampliación de límites sobreviene por azar; alguien, quizá milenios antes, tuvo que habérsela imaginado.



Albert Barbé 
23 de junio de 2001 La Plana
 
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