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El
análisis biogenético es un enfoque psicocorporal que ayuda
a la persona de manera activa a recuperar y regular su energía
vital y a sentirse segura e independiente en el mundo.
Todos sabemos que la vida en las grandes ciudades nos conduce hacia un
ritmo de vida acelerado y estresante. La raiz de este mal-estar humano
parece radicar en su propio desarraigo natural, debido a la ruptura y
a la separación del hombre con la naturaleza y su destierro a un
medio artificial y complejo. De esta brecha nace la escisión psicosomática,
alterando los ritmos fisiológicos y alienando a la persona en relación
con su hábitat. Esta ruptura externa, por extensión, nos
conduce a activar nuestros conflictos internos, provocando una desgarradura
entre lo que sentimos y lo que pensamos. Como resultado se produce una
lucha permanente entre los instintos de vida (sensaciones, sentimientos,
etc...) y el mundo de los pensamientos (imágenes, ideales, etc...).
Las adicciones son un problema tan generalizado en nuestra sociedad actual
que podemos considerarlo como una gran epidemia (pandemia). El aspecto
social es un factor importante en las problemáticas adictivas,
pero no es determinante. El problema básico de las adicciones es
personal, el aspecto social lo activa y lo intensifica. La pregunta más
inmediata sería ¿porqué una persona se droga?, y
hay otras preguntas correlativas a ésta, como ¿porqué
a las personas les asusta la soledad?, ¿porqué necesitamos
algo o alguien para vivir, mejor diría sobrevivir? Nos resulta
difícil estar bien a solas con nosotros mismos y tenemos tendencia
a engancharnos a un "objeto-consolador" externo. Necesitamos
llenar de diferentes modos nuestros vacíos y carencias afectivas.
Las adicciones no sólo se establecen a través de substancias
tóxicas capaces de alterar el funcionamiento de nuestro organismo.
Incluyen otras formas compulsivas de actuación, como la dependencia
de los juegos de azar (ludopatías), la adicción a los ordenadores,
a la televisión, y también la dependencia de animales y
personas.
Si un individuo necesita de una manera imperante cualquier "objeto-persona",
significa que la vida se le hace insostenible y que necesita imperiosamente
poseer "algo" para colmar su vacío/soledad y calmar su
ansiedad.
La tendencia que tienen la mayor parte de los adictos es buscar "algo"
o alguien en el exterior que les saque de su sufrimiento, aburrimiento,
soledad y/o confusión mental. Sin embargo, en esta búsqueda
imperiosa por encontrar "algo" que calme su tensión,
caen en un patrón adictivo de funcionamiento repetitivo, compulsivo:
Necesidad/tensión (droga) - Satisfacción/placer (ingestión)
-Vacío/angustia - Necesidad...
Podemos decir que las drogas tienen como función alejar a la persona
de su cuerpo (sentimientos), de modo que deja de percibir sus sensaciones
propioceptivas. La transportan hacia el mundo de los pensamientos en forma
de imágenes exteroceptivas y/o virtuales (fantasías). Los
diferentes patrones adictivos tienen la función de tapar y/o negar
nuestros miedos, angustias, terrores, etc... Pero lo que quizás
no se tiene en cuenta es que para enterrar nuestros temores tenemos que
suprimir nuestros sentimientos. El resultado es una autoinvalidación.
Un ejemplo de cómo las adicciones se convierten en autodesprecio
hacia nuestro cuerpo es la forma en que nuestra sociedad nos enseña
a ver la secualidad, de una manera estrecha y banal, como una función
del cuerpo físico bruto en lugar de como una función energética
transformadora que nos ayude a explorar y conectar con una mayor amplitud
de conciencia y comprensión de nuestro Ser. En la historia occidental
las actitudes hacia el sexo han oscilado entre los extremos de represión/mojigatería
y hedonismo/corrupción. Ambos extremos han promovido cierto desprecio
hacia el cuerpo. Desde la perspectiva mojigata, la única función
legítima del cuerpo es la reproducción, y el deseo está
moralmente teñido de culpa. Desde hace unos años, el culto
hedonista al cuerpo ha llevado a utilizarlo como un objeto de consumo,
y la explotación masificada del cuerpo es la forma en que esto
se manifiesta.
Existen un gran número de terapias en el abordaje de las adicciones,
desde las más clásicas y conocidas pertenecientes a la medicina
y psiquiatría hasta un considerable número de terapias alternativas
actuales, que tienen entre sus objetivos disminuir las tensiones.
La diferencia de estas últimas respecto a las anteriores es que
son tratamientos no agresivos y por lo tanto no generan efectos secundarios,
como ocurre con los psicofármacos.
El enfoque desde el Análisis Bioenergético no pretende solamente
ayudar a distender las tensiones, a pesar de que eso puede proporcionar
una sensación agradable y puede llenar temporalmente el vacío
interior. Esta ayuda es necesaria pero no suficiente. En el momento en
que se disipe la "anestesia" volverá nuevamente la sensación
de vacío y/o de sentir que "falta algo" (un cigarrillo,
una copa de alcohol, una pastilla para los nervios o para adelgazar, etc...).
Para salir del círculo vicioso que crea la dependencia adictiva
es necesario que exploren y descubran las fuentes que alimentan el sufrimiento
y que habitan en el cuerpo.
La actitud pasiva-demandante impide a la persona salir del círculo
vicioso-adictivo. El proceso terapéutico consiste en que perciba
lo que está haciendo con su cuerpo y que sienta cómo lo
habita. Ese es un trabajo vivencial, donde participa el cuerpo a través
de la expresión de las emociones que están retenidas por
las tensiones y defensas psicocorporales, y participa la mente, por medio
de la palabra para comunicar, dar sentido y significado a las vivencias,
para su posterior comprensión e integración psicocorporal.
De este modo el Análisis Bioenergético ayuda a la persona
adicta a aceptar e integrar su carencia. Paradójicamente, ocurre
que este vacío se llena, transformándose en un sentimiento
de autoposesión. Esto permite hacer frente y regular de manera
creativa y sana las dificultades que antes al paciente le resultaban infranqueables.
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