Ir al página principal
   

Revista
Autores
Números


Quiérete y atrévete a ser tú mismo
 

Aprendí en propia piel que las manos son sólamente instrumentos,
pero quien las mueve y siente a través de ellas es la mente lucida
y el corazón amoroso como resonadores del alma,
como expresiones de la conciencia, que llamamos sanación.

Vino a la consulta, María una mujer de 65 años, con sobrepeso, que apenas podía caminar debido a un fuerte dolor en la pierna izquierda. Apenas podía estar sentada, o de pie, y ante su cara de sufrimiento, le ayudé a tumbarse de costado directamente en la camilla, ya que esa era la postura de menor dolor.

Observé y palpé la pierna, y me pareció encontrar un derrame sinovial en la rodilla. Ella me contó que hacía tiempo que la rodilla le dolía y que estaba operada de la otra. Me puse “manos a la obra”. Estaba deseoso de encontrar mediante el tacto etérico un alivio total.

Le pasé la mano a unos pocos centímetros, con la intención de sentir las condiciones energéticas del cuerpo etérico. Pregunté por cantidad, calidad de energía, por fugas, hice mudras,…. y para mi sorpresa la pierna y el resto del cuerpo eran “mudos para mi” . Era la primera vez que me ocurría.  Así que hice una técnica de tejidos blandos a nivel del sacro, del piramidal y los trocanteros. Era una zona muy dolorosa en ella. Despacio se fue relajando la zona, lo que provocó una disminución del dolor de la pierna y pudo ponerse en posición supina. Volví a pasar la mano por la pierna y otras partes del cuerpo, y seguía como al principio, “mudo”.

Entonces me senté a la cabeza, puse las manos sobre el área esfeno temporal, con los dedos anulares sobre la frente a nivel y el resto sobre la mandíbula. Visualicé el triángulo de magnetización, y llevé los ojos hacia la pierna. Me vino el pensamiento: "quiérete" y una onda de ternura espontánea surgió de mi corazón hacia su canal central por el 7º centro. Me levanté, y ahora sí, al pasar las manos había respuestas, podía interactuar y dialogar con el campo etérico de la paciente, y lo hice.

La volví a ver al cabo de dos días, y ya tan solo le dolía la rodilla. Le sugerí que fuera al traumatólogo. Ella me contó que lo más significativo era que esa noche durmió más de nueve horas, ya que ella padece de insonmio desde hace años.

Relato este caso porque me ha enseñado en vivo, que la medicina manual etérica y la sintergética en general es una cuestión de corazón, de alineamiento, de estar en contacto con el Alma. Ante lo urgente perdí el contacto; ante el deseo de querer  aliviar y enorgullecerme de ello, perdí la paz, y sin paz  no es posible conectar con el paciente. Sin estar en el centro es imposible ir detrás de las apariencias y acceder al nivel implícito. Su dolor de la pierna era un grito del alma de paz y ternura.

Aprendí en propia piel que las manos son solamente instrumentos, pero quien las mueve y siente a través de ellas es la mente lucida y el corazón amoroso como resonadores del alma, como expresiones de la conciencia, que llamamos sanación. Ahora al escribir estas líneas me pregunto en cuantas ocasiones me he de acordar: quiérete Víctor, quiérete y atrévete a Ser Tu mismo.

Gracias a todos los pacientes que como María, me enseñan el sendero de la Libertad, del desafío y de mis límites. 

 

Víctor Morera
Enviar correo
 
 
Ir hacia arriba
Revista
Autores
Números